Ultimo tango en Larnaca

Aunque nos quieran convencer de lo contrario, el fútbol no es una isla y siempre está anexada a los sucesos políticos, nos guste o no. Hoy repasaremos lo que fue la desaparición -en términos deportivos- de la selección de la Unión Soviética.

Ya habían pasado prácticamente dos años de aquel Otoño de las naciones. El apoyo que tenía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas había prácticamente desaparecido. El Bloque del Este se caía a pedazos. Mikhail Gorbachov tenía mucha presión sobre sus hombros. Un enorme cambio se avecinaba bajo las consignas claves de autonomía, apertura política y reestructuración económica. Si: las resabidas glasnost y perestroika. De a poco, las piezas del rompecabezas se van separando y esparciendo. Ucrania, Letonia, Estonia y Lituania son las primeras en rebelarse. Lo mas llamativo es que casualmente Ucrania, a través de su parlamento, se declara soberana el 16 de Julio de 1990, apenas ocho días después de finalizado el Mundial de Italia. En aquella selección soviética había diez jugadores ucranianos, entre ellos los enormes Aleksander Zavarov y Oleg Protasov.

La disolución de la Unión Soviética no era moco de pavo, claro está. La intención de una transición pacífica se veía trastocada por las dificultades económicas que agrandaron la grieta entre ricos y pobres. Con los consecuentes movimientos independentistas de las diferentes repúblicas soviéticas, la selección de fútbol debía comenzar a desandar su camino en pos de clasificar a la Eurocopa de 1992 a disputarse en Suecia. Obviamente, lo que menos importaba a las incipientes naciones era conseguir la anuencia de FIFA para ser reconocidas. El gobierno de Gorbachov se aprovechó de esto para presentar, aún como Unión Soviética, un combinado para enfrentar a Noruega en el estadio Luzhniki de Moscú. El objetivo era mostrar concordia entre las partes, un equipo unido en pos de una sola meta. Aquella noche del 12 de Septiembre de 1990 la todavía Unión Soviética formaría con seis ucranianos (Mikhailichenko, Kanchelskis, Protasov, Getsko, Dobrovolski y Tischenko)  tres rusos (Uvarov, Chernysov y Shalimov), un bielorruso (Gorlukovich) y el extraño caso de un alemán: Oleg Kuznetsov, nacido en Magdeburgo (República Democrática Alemana) de padres ucranianos. La URSS vencería por 2 a 0 al combinado escandinavo con goles de Kanchelskis y de Kuznetsov.

 

Ya entrando en 1991, los países bálticos (Letonia, Estonia y Lituania) boicoteando del Referendum realizado en marzo de ese año, donde la amplia mayoría de los participantes había votado por conservar la Unión Soviética pero bajo los parámetros del Nuevo Tratado de la Unión. El 9 de Abril es Georgia quien declara su independencia, apenas una semana antes del encuentro que la Unión Soviética debía sostener en Budapest frente a nada menos que Hungría, con el resabido cariño que allí profesan por el régimen. En aquel partido justamente jugaría Akhrik Tsveiba, nacido en Gudauta, Abjasia. Por aquel entonces Abjasia todavía pertenecía a Georgia y recién se declararía como república independiente en 1992. Sin embargo, a dia de hoy sólo la reconocen como estado independiente cuatro naciones: Nicaragua, Venezuela, Nauru… y Rusia. En la noche del 17 de abril, URSS vencería por 1 a 0 con un solitario gol de Mikhailichenko.

 

 

Apenas cuatro dias después de la victoria en Budapest, nueve repúblicas soviéticas (Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán, Azerbaiyán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y Tayikistán) firman un acuerdo en el cual se formaliza la transformación de la URSS en una Federación de Estados Independientes. Si bien luego Ucrania se bajaría de este acuerdo, las condiciones con las cuales estaba pactado llegarían a oídos de la KGB, a quienes no le hacía mucha gracia esto de la ruptura de la URSS. El 19 de Agosto, bajo el liderazgo de su director Vladimir Kryuchkov, la KGB destituye a Gorbachov en un claro intento de golpe de estado. Esto resultó un cimbronazo que sacudió a todo el bloque y que dos dias después terminó con la declaración de independencia de Estonia y Letonia, quienes atemorizados por la posible vuelta de las políticas soviéticas se tomaron el palo. Nuevamente, todo esto ocurría a pocos días de un nuevo encuentro de la selección de fútbol, quien peleaba palmo a palmo con Italia para clasificar a la Eurocopa. Esta vez, la víctima fue Noruega. El único gol del encuentro lo anotaría un jovencito llamado a hacer historia: Aleksandr Mostovoi. La victoria dejaba con un pie afuera a los italianos.

La presión popular terminó por hacer fracasar al golpe de estado. Tres dias después Ucrania finalmente se declara independiente. En menos de un mes caerían el resto, desde Azerbaiyán a Uzbekistán. El bueno de Yeltsin declara ilegal al Partido Comunista el 6 de Noviembre, justo un día antes de una nueva celebración de la Revolución de Octubre. La URSS se estaba desintegrando a pedazos, pero su selección seguía de pie y representándola como tal. Como no podía ser de otra manera, el fútbol estaba a la vuelta de la esquina. El 13 de Noviembre los soviéticos debían rematar la eliminatoria ante la débil Chipre. Fue un trámite de punta a punta, un 3 a 0 categórico con goles de Protasov, Yuran y Kanchelskis. Sería el último encuentro de la URSS como representativo de aquel país.

Kharine (ruso); Chernyshov (ruso), Galiamin (ruso), Tsveiba (georgiano) y Kulkov (ruso); Mikhailichenko (ucraniano), Kuznetsov (alemán de padres ucranianos) y Kanchelskis (ucraniano); Protasov (ucraniano), Kolyvanov (ruso) y Shalimov (ruso) fueron los once titulares de aquel encuentro. Completaron la nómina en el banco de suplentes Cherchesov (ruso), Tskhadadze (georgiano), Yuran (ruso), Mostovoi (ruso) y Korneiev (ruso).

 

La historia que sigue ya es conocida. Un 25 de diciembre se arriaría la bandera soviética del Kremlin y pasaría a flamear la bandera rusa. Al día siguiente Gorbachov firmaría la disolución. Toda la gloria de los equipos soviéticos quedarían guardados sólo en la retina de aquellos que los vieron jugar. La FIFA, en un acto más que polémico, luego le otorgaría los laureles obtenidos por el equipo soviético a Rusia, algo que hurgaría aún más en la herida de los ucranianos, que consideran -y con razón- que los jugadores con más calidad han salido de sus tierras.

Tras la desaparición de la URSS, la FIFA dio el visto bueno para que se pudiera formar un equipo “unificado”: es decir, de rusos pero con componentes de otros países de la ex URSS que quisieran seguir jugando para Rusia. Así se formaría la selección de la Comunidad de Estados Independientes (CEI o CIS, en sus siglas anglosajonas). El círculo de la desaparición se terminó de cerrar con el debut de aquella selección. Como no podía ser de otra manera, porque así de cruel es la historia, frente a Estados Unidos en Miami.

Anuncios