Historias de Eliminatorias: La Agonía de Doha

Retomamos esta sección que cuenta aquellas historias que hacen que las Eliminatorias a los Mundiales de fútbol sean una de las creaciones más grandiosas de la humanidad entera. Hoy hablaremos de La Agonía de Doha“, un partido que aunque en su momento por estos lados ni lo sentimos,  marcó uno de los momentos más dramáticos de la historia de las clasificatorias. Se disputó un 28 de Octubre hace 24 años y por acá le contaremos como fue.

Históricamente los japoneses se han destacado en muchos campos: industria electrónica, videojuegos, anime o exterminio de la población nativa de los territorios que conquistan en sus guerras. Sí, en muchos campos menos en los de fútbol: solo en tiempos recientes han logrado al menos aparecer cada cuatro años en los álbumes de Panini de los Mundiales de Fútbol. De hecho recién clasificaron por primera vez a uno en 1998, pero para 1994 estuvieron a un pelito de clasificar, y no lo lograron en circunstancias que clasifican para llamarlo con toda justicia “pecheo“. Se conoció como “La Agonía de Doha“, y aquí te lo contamos.

El honorable deporte de la pelota moteada en Japón (NO, no hablaremos de Supercampeones, virgo)

¿Cómo se dice fútbol en japonés? No se vayan, por favor, que no voy a tirar un mal chiste… según nos informa nuestro corresponsal Brayan Estiven Nagatomi, por allá llaman sakkā (サッカー) al deporte que nos conmueve, término derivado del inglés “soccer” y mucho más usado coloquialmente que futtobōru (フットボール), y si creen que estoy inventando vayan cómanse una コック. Lo que no sé es si el término viene de los británicos o de los gringos, ergo si la influencia del fútbol en Japón fue más efecto de lo que hicieron aquellos antes de 1945 o de estos después.

Aquí los japoneses practicando “Kemari”, un juego que se disputaba en la aristocracia japonesa hasta el Siglo XVI. En este juego era más importante la manera de jugarlo que el ganar, por lo que se deduce que su figura más importante se llamaba Sensei Bielsa san

¿Cuántas veces hemos comenzado una historia de estas diciendo “el fútbol en equis país tiene más historia de la que pensábamos”? Bueno, lo mismo diremos de Japón, país del que se registro como primer partido de fútbol a un match entre miembros de la Academia Naval de Tokio en 1873 (¿alguno de los equipos se haría llamar Lakadé?”), organizado por un oficial británico llamado Archibald Douglas. Dicen las crónicas que el respetable público que acudió al encuentro quedó asombrado porque asociaron el tipo de juego al Kemari, una especie de práctica-rito de la religión Shinto de la cual no doy detalles en respeto a los seguidores de este culto en este sitio.

Recién en 1888 se disputó el primer partido oficial entre dos clubes diferentes de tipo deportivo-recracional, el Kobe Regatta y el Yokohama Country, (ambos existen aún hoy pero no como instituciones dedicadas al deporte que nos mueve el mango), y en 1917 se fundó el club de fútbol más antiguo del país, el Tōkyō Shūkyū Dan que aún compite en campeonatos amateur. Fue hasta 1921 que la federación nacional fue fundada, y casi como de casualidad: como la FA inglesa envió de regalo a un torneo universitario nipón una réplica del trofeo de la FA Cup, los locales decidieron formar una organización nacional equivalente para poder disputar campeonatos. ¡Chúpate esa!

Pero a pesar del impulso y las ganas, el fútbol no terminaba de agarrar onda en Japón; su práctica se vio confinada a competiciones universitarias y el que tomó la posta como el deporte popular del país fue el béisbol. Hasta 1965 se estableció un campeonato nacional, la Japan Soccer League (JSL) con equipos de Tokio, Osaka, Hiroshima y Kitakyushi, todos aficionados a pesar de que sus dueños eran compañías como Hitachi o Toyota. El nivel no alcanzaba para convocar aficionados, cuya gran mayoría acudían en masa a los juegos de la liga de béisbol (algunos ciudades tenían clubes en ambas ligas) y así el fútbol nipón no salía de ser una curiosidad para algunos entusiastas supongo que también virgos.

Una de las pocas alegrías japonesas en una cancha de fútbol en tiempos pasados fue en los JJOO de 1964, en donde vencieron a Argentina 3-2 en primera fase del torneo. Luego Checoslovaquia les clavó cuatro y les puso el tate kieto. Nota: los japoneses en la foto son los que no tienen camiseta a rayas y están mirando rcon sospecha

Pero a partir de la década del 80 la popularidad del deporte en el país comenzó a aumentar paulatinamente – algunos dicen que un famoso manga contribuyó bastante – y ya eran frecuente asistencias de 50 o 60 mil espectador-sama en encuentros clave de Liga, aunque el promedio en los demás encuentros del campeonato seguía más bajo que el de la altura de su selección de basquetbol. Lo que parecía pasar es que a la gente le gustaba el fútbol pero no lo que veían en su campeonato, y eso explica el por qué los partidos de la vieja Copa Intercontinental lucían estadios llenos mientras que en los de liga no pasaban de 5,000. Ah, es que los clubes seguían siendo aficionados en plenos años 80, y eso no ayudaba a meterle sustancia al nivel general.

Todo comenzó a cambiar desde que el delantero Yasuhiko Okudera (aka “El Japonesito” según las transmisiones ochentosas de Transtel) fuera transferido al fútbol alemán en 1977, en el que duró nueve años desempeñándose de manera muy respetable en FC Köln, Hertha Berlin (en segunda) y Werder Bremen. Luego llegó Kazuo Ozaki (en 1983 al Arminia Bielfield) y ya con estos la JFA comenzó a considerar la creación de una liga profesional para impulsar el deporte en el país. Todo se formalizó con la creación de la J-League en 1993. La figura que terminó de despertar el entusiasmo de la afición en el país fue el legendario Miura Kazuyoshi, alias “Kazu“, nacido y criado en Japón pero formado como futbolista en Brasil a finales de los 80, en donde jugó para clubes como Juventus (São Paulo), Santos, XV de Novembro de Jaú y Coritiba. Regresó a Japón en 1990 para jugar con el Yomiuri S.C. de la JSL, club que rebautizado como Verdy Kawasaki sería uno de los fundadores de la profesional J-League en 1993. La creación de la liga profesional sería el quiebre definitivo para instaurar el fútbol como el deporte de masas que se vive hoy en Japón, pero faltaba clasificar a un Mundial para terminar de consolidarlo.

Yasuhiko Okudera en sus tiempos con FC Köln, club con el que se convirtió en el primer jugador asiático en meter gol en Copa de Campeones de Europa (bueno, la Champions), al Nottingham Forest en la semifinal de 1979.

La selección japonesa y su sueño mundialista

Ruy Ramos y Kazu Miura jugando para Japón en las Eliminatorias de 1994

Como selección Japón intentó por primera vez clasificar a un Mundial de Fútbol para el de Suiza en 1954, en el que quedó eliminado tras perder los dos partidos ante la misma Corea del Sur que fue vejada vigorosamente unos meses después ante Turquía (0-7) y Hungría (0-9). Ambos partidos se jugaron en Tokio (ni idea por qué) y viendo cómo le fue a los coreanos capitalistas en el Mundial suizo se puede decir que menos mal no clasificaron los japoneses porque hubiese sido un Hiroshimazo bravo…. los nipones volvieron a intentarlo en 1962 (de nuevo los sacaron los surcoreanos) y a partir de 1970 sin éxito; la única vez que estuvieron cerca fue en 1986, en donde llegaron a la final por uno de los dos cupos asiáticos después de eliminar en la ronda anterior a Hong Kong, pero perdieron el cupo a México contra… otra vez Corea del Sur (!). A estas alturas lo de los surcoreanos contra los japoneses era más cercano a una toqueteada de culo que a rivalidad.

El panorama para 1994, sin embargo, pintaba por primera vez favorable para los paisanos de la tripulación de Sankuokai. Como años después recordó su DT holandés Hans Ooft (otro que hizo su carrera – en este caso como entrenador – en Japón) “Tuve un buen grupo de jugadores, todos de 25 a 30 años de edad, y sabía que podía hacer algo (…). Ganamos la Copa Asiática en 1992, sabíamos que en 1993 tendríamos mucha resistencia para clasificar, porque éramos el objetivo a vencer ahora”. Gracias, Hans. Las eliminatorias para los Samurai Azules comenzaron en Abril de 1993, un mes después del inicio de la primera temporada de la J-League, pero ya con una Copa de Liga disputada con los equipos profesionales, lo que le dio ritmo de competencia y mayor nivel de exigencia a los jugadores de la selección. Eso les sirvió también para ganar la Copa Asiática de Naciones en 1992, su primer logro internacional. Los dos figurones del equipo eran el ya mencionado Kazu Miura y un brasileño semidesconocido cuya carrera futbolística se desempeñó toda en Japón: Ruy Ramos, un 10 de aquellos que ya no se ven. Esto último no necesariamente es un elogio: el juego de Ramos era insoportablemente ochentoso: toque cansino, lento, cambios de frente fastuosos y no siempre útiles y menos ritmo que Sigur Rós. Pero esto le alcanzó para ser un referente del fútbol japonés de los años ochenta. Para estas Eliminatorias Ramos ya contaba con 36 años encima de los cuales solo los tres últimos los había jugado con la selección japonesa: me imagino que allá la pensaron mil veces antes de meter a un extranjero a la selección.

Los japoneses comenzaron bien las Eliminatorias pasando la durísima primera ronda (solo clasificaba el primero de cada uno de los seis grupos de a cinco participantes a la fase final) con siete victorias y un empate bajándose a los favoritos Emiratos Árabes Unidos y a los horribles Tailandia, Bangladesh y Sri Lanka (los de EAU también eran horribles pero ustedes me entienden…). La AFC ya había determinado que la Fase Final sería un hexagonal a jugarse en Doha, Qatar, entre el 15 y el 28 de Octubre de 1993, en el que clasificarían al Mundial los dos primeros.

Iraníes (de rojo) e iraquíes en el partido entre estos por la tercera fecha del hexagonal final, en el que no hubo muertos. El capitán de los iraquíes es el histórico – allá, pues – Ahmad Radhi, el autor del único gol de su país en Mundiales, contra Bélgica en 1986

La lista de los clasificados al Hexagonal Final hubiese generado comités conjuntos de crisis entre la CIA, el FBI y el Pentágono, si los gringos hubiesen tenido algo de puta idea de que existía el soccer: Irán (uhh), Irak (uhhhh) y Corea del Norte (uhhhhhhh) acompañando a Corea del Sur, Japón y Arabia Saudí, toda una pesadilla para los futuros anfitriones de la Copa Mundial de 1994 en caso de haberse clasificado alguno. Gracias a Yavé que esto no pasó hoy en día porque seguro Trump mandaba su misilazo a Doha sin consultar con la OTAN. Incluso sin estos concerns de los yanquis, este Hexagonal pintaba áspero por tanta rivalidad ancestral – y no tanto –  encima: iraníes e iraquíes venían de matarse mutuamente por ocho años en una guerra que había terminado apenas tres atrás; coreanos buenos vs coreanos malos; saudíes vs iraníes (ergo, árabes suníes vs persas chiítas) y sobre todo coreanos unidos vs japoneses, por el recuerdo aún fresco de las cagadas que estos últimos hicieron en Corea durante la ocupación en la IIGM. Hermoso marco para disputar el torneo, lo que motivó a la FIFA a enviar árbitros europeos con más rodaje internacional para pitar en el Hexagonal.

Tantas expectativas parecieron pesarle a los japoneses, que agarraron un solo punto en sus dos primeros partidos: empate sin goles ante Arabia Saudí y derrota 1-2 ante Irán. Parecía que el sueño mundialista se esfu maba, pero el 3-0 ante Corea del Norte y sobre todo el 1-0 ante Corea del Sur (gol de Miura, que también hizo dos en el anterior) encarrilaron la Eliminatoria para los dirigidos por Ooft. Porque los puntos obtenidos y la tendencia de los rivales de quitarse puntos entre sí resultaron en que Japón llegó a la última fecha como líder del Hexagonal y por ende clasificado, con los mismos puntos (5) y mejor DG que los árabes saudíes, y uno por encima de los hasta ese momento eliminados Corea del Sur, Irán e Irak. Corea del Norte era el único eliminado: para la última fecha cinco equipos tenían posibilidades de clasificar: el más jodido era Irán por tener -2 de DG, pero si se fajaba a goles y se le daban los resultados en los otros dos partidos podían clasificarse. ¿Qué necesitaba Japón? Ganar para no depender de nadie: si empataba tenia que rogar para que o Arabia Saudí o Corea del Sur no ganaran.

Un japonés ante un norcoreano en el 3-0 a favor de los de azul. Los nombres te los debo, seguro el de blanco debe tener un Lee en algún lado

La Agonía de Doha

El 28 de Octubre de 1993 se jugó la fecha final del Hexagonal de clasificación de la AFC con tres partidos simultáneos en Doha (supongo que allá cada barrio tiene su coliseo deportivo con 40 mil cristDIGO espectadores). Al momento del pitazo inicial habría penales los únicos que dependían de sí mismos eran japoneses y saudíes: los demás tenían que ganar y esperar una pecheada de alguno de los dos. A los japoneses les tocaba contra los iraquíes, a coreanos del sur contra los del norte y a los árabes les cayó precisamente Irán en la fecha final, todos partidos con alto nivel de stress no solo deportivo sino en dos casos político. Así lo sintieron los japoneses, que jugaron muy mediocremente y con demasiados errores contra los iraquíes, como vuelve a recordar Hans OoftNo jugamos muy bien, pero anotamos, 1-0“. Tal cual: después de un comienzo en el que ambos rivales se dedicaron concienzudamente a pasarle el balón al rival, los japoneses anotaron el primero gracias a un rebote aprovechado por Kazu Miura (figurón a estas alturas).  Pero sí: los de azul jugaban horriblemente, mostrando más dudas que uno cuando la novia lo confronta diciéndole que tiene pruebas concretas que la estuvo engañando, regalando todo y luciendo impreciso hasta para sacar el arco; pero aprovecharon la suya a los 5 minutos para agarrar ventaja y el cupo a USA 94.

Lo malo es que desde ahí regalaron el balón a los no muy duchos pero voluntariosos iraquíes, y todas las dudas les afloraron. El 10 Ruy Ramos agarraba el balón solo para dársela al de al lado o para perderla majestuosamente con los iraquíes. De todos modos el primer tiempo terminó en un pálido pero suficiente 1-0, con los iraquíes atacando por la victoria que los clasificara pero sin poder concretar nada, para alegría de los cientos de japoneses que celebraban con sus perfectamente sincronizados cánticos en las tribunas de Doha.

El ST pintaba para lo mismo hasta que al minuto 54 el iraquí Radhi Shenaishil agarró un centro cómodamente en medio de los centrales nipones, la acomodó con el pecho y remató para empatar el encuentro y bajar del barco a Estados Unidos a los japoneses, porque en ese momento tanto Arabia Saudí como Corea del Sur estaban ganando. El caso es que el empate no le servía ni a nipones ni a iraquíes, así que ambos se fueron encima buscando la ventaja. A los 69 Masashi Nakayama remata al borde del área chica un pase preciso de Ruy Ramos y otra vez Japón se pone arriba y se monta de nuevo al bus del Mundial; los iraquíes protestaron fuertemente el gol que se gestó casi que encima de un jugador suyo tirado en el piso sin que los de azul pararan el juego, y para rematar con el autor a un paso en posición de offside, pero a los japoneses les balió bastante berga y al árbitro también. 

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Los iraquíes acusaron el bombazo y les costó reaccionar; para cuando lo hicieron los de azul tenían el partido bastante controlado y lo jugaban más en campo rival que en el propio. Pero a medida que se acercaba el pitazo final entre la angustia de los del golfo y el creciente cagazo japonés hicieron que el partido se inclinara con más fuerza hacia el arco de Shigetatsu Matsunaga (¿en serio hace falta aclarar de qué equipo es?). Las ocasiones de gol iban creciendo pero los japoneses aguantaron el 2-1 que les daba el pase a Estados Unidos sin importar los resultados de Arabia Saudí (iba ganando 4-2, terminó ganando 4-3) y Corea del Sur (3-0). Hasta que llegó el minuto 90, con la afición en Japón paralizando el país eufórica y expectante, con los jugadores al costado de la cancha esperando el pitazo final para entrar a celebrar: sería una lástima que llegara un iraquí a cagarles la fiesta. Y adivina qué pasó.

¿Se cagaron los japoneses? Con todas las letras: faltando 15 segundos para los 90 minutos, Ruy Ramos agarra un balón en campo iraquí, mira y piensa qué hacer con él mientras los rivales lo miran de lejos como extras de película de artes marciales rodeando al protagonista; pero en vez de quedarse con la pelota y hacer consumir el tiempo, intentó huevonamente un pase a un compañero que es intersectado por un defensor. Los iraquíes mandaron arriba el balón y por la punta se fue Jaramondá o ni idea qué jugador y a punto de meter el pase de la muerte el balón es intersectado por un defensa japonés. Tiro de esquina con tiempo ya cumplido, cobro corto que un iraquí – te debo los nombres – agarró, desbordó y mandó el centro que en el área el ingresado Jaffar Omran Salman cabeceó con toda la precisión, saltando como dos cabezas más que los tres azorados japoneses que lo marcaron, y empató el partido angustiosamente. 2-2 y a la mierda la clasificación.

El gol cayó como una bomba atómica para los japoneses – que ya sabían de la categórica victoria surcoreana – que tenían la clasificación como quien dice en el kimono. No hubo tiempo para un carajo más, y cuando el árbitro pitó el final todo el equipo japonés literalmente se derrumbó en la cancha, viendo desconsolados como se les escapó de las manos el cupo al Mundial. Pero nada comparado con el total desplome de las ilusiones de los hinchas en Japón, sumergidos en un devastado silencio, lleno de pasmo e incredulidad por el mazazo del final. Mirémoslo por acá y deleitémonos con morbo por el dolor ajeno, con todo respeto para los lectores que nos visitan desde Osaka y Kobe.

A los que les cayó la clasificación como que del cielo fue a los surcoreanos, que jugaron su partido con total resignación esperando un milagro que no se veía dar. El encuentro fue aparentemente tranquilo y sin angustias para los del sur: Honestamente creo que los norcoreanos estuvieron muy relajados con los surcoreanos“, dijo años después el árbitro rumano Ion Crăciunescu, uno de los que la FIFA se trajo de Europa a dirigir el hexagonal. Cuando terminó el partido entre ambas Coreas con la victoria para los que no se cagaban de hambre por 3-0, los del sur saludaron a sus vecinos con cortesía y tranquilidad, resignados a una triste eliminación y ya mentalizados en devolverse para su casa sin gloria. Ya se disponían a salir del campo con los ánimos por el piso cuando de repente alguien avisó del gol de Irak y ahí se desató la locura entre los surcoreanos. “Los surcoreanos comenzaron a saltar y a celebrar” dijo Crăciunescu, “Creo que vi a los norcoreanos contentos por los del sur y por lo que les pasó a los japoneses“. Claro: la desgracia del odiado rival japonés pudo más que la política y unió a ambos contendientes en la franca alegría que da la mala onda contra un enemigo común. 

Los nipones estaban devastados, como era de esperar. “No puedo recordar estar en el vestuario post partido, o hablando con los medios después, o yendo en el bus al hotel” declaró el volante Hajime Moriyasu. “Me había dedicado al sueño de la Copa del Mundo, habíamos vivido tantos entrenamientos y había gastado más tiempo con mis compañeros que con mi familia. Podía ver la Copa del Mundo en frente de mí pero cuando fui a agarrarla, se desvaneció en el aire“. Tremendo. Para los surcoreanos esa noche de clasificación inesperada se conoció como “El Milagro de Doha“. Pero para japoneses y el resto del mundo, por siempre se conocerá como “La Agonía de Doha” (o “Tragedia de Doha“). Cuatro años después los japoneses se quitaron la amargura clasificando con mucha angustia sobre Irán, en circunstancias parecidas pero que resultaron diferente: el cupo a su primer Mundial lo obtuvo Japón con un gol de oro al minuto 118 del partido de play off contra Irán. A Francia 98 hubo solo dos jugadores que se quitaron la amargura de esa noche en Doha: Masami Ihara y el autor del 2-1 parcial Masashi Nakayama… los demás o se retiraron o se quitaron la vida por el deshonor de la pecheada. Bueno, esto último no, pero lo merecían…

El DT Hans Ooft y Ruy Ramos no creen un carajo
Kazu Miura no lo puede creer tampoco

201405_2Goles de ese hexagonal:

 

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