Vas Lacrimae

Todo Superclásico se apoya en la famosa sentencia tanguera “el que no llora no mama”. Por eso Boca y River, con superavit de fallos arbitrales a su favor, apelaron al victimismo, la protesta en patota y al tribuneo para inclinar la muñeca del juez en su favor. ¿Alguien quiere pensar en los otros equipos?

Una semana muy lacrimógena se había dado en la previa de este Superclásico. No muy distinta a otras en ese sentido. Tanto Boca como River son especialistas en “preparar el clima” para presionar al árbitro, ya sea recordándole ofensas específicas del pasado cometidas por su silbato o bien apelando al papel de víctima perseguida ante el referato en general. Porque si ahora a River el VAR lo puso en mal de copas, el año pasado Guillermo Barros Schelotto vociferaba a cuanto micrófono se le ponía adelante que a Boca no le cobraban penales hace un año. Se trata ni más ni menos que de la impunidad del equipo que se sabe grande y que su voz resuena en los miles de programas donde se gritonean periodistas. El xeneize y sus malos recuerdos de Néstor Pitana no difieren de los recordatorios en el pasado de los millonarios sobre la honestidad de Patricio Lousteau que llevó a Pasarella a patalear ante la AFA.

Aprobada por Krupoviesa

Marcelo Gallardo habló en conferencia de prensa de que “nunca hay que bajar la guardia”. Esa inocente frase puesta en contexto no se refería solamente a la actuación futbolística de su equipo en la semifinal de Copa Libertadores, sino también a la actitud de sus jugadores en el campo de juego para demandar justicia arbitral a su medida. River, con el fantasma del VAR en carne viva, salió decidido a que no vuelva a repetirse la historia frente a Boca. Por eso, ante un evidente planchazo al pecho de Nacho Fernández sobre la humanidad de Edwin Cardona que no merecía otra sanción que la tarjeta roja, los de la Banda salieron como tromba a comerse el espacio personal de Pitana como no lo habían hecho el martes ante la mano de Marcone y el pedido de la ayuda tecnológica para definir el fallo. El 1-0 consumado en el tiro libre riquelmeano del colombiano llevó al entretiempo donde los caciques riverplatenses inflaron el pecho. Enzo Pérez aprovechó las cámaras para vociferar cómo el VAR los había dejado afuera de la Libertadores, mientras Leonardo Ponzio plantaba cara como si fuera un actor de la serie Vikingos. Porque no hay que faltarle el respeto a al pendejo de Montiel pero sí decir cualquier barbaridad en la cara de Pitana para sembrar la semilla en la muñeca que compensa el partido.

Conshadetumae Pitana. ¡Qué me cobrá!

El juez misionero, elegido para representar el referato argento en Rusia para el Mundial 2018, cometió el peor de los errores que puede cometer un árbitro. Dejarse comer por el ambiente hostil que le presentaron tanto jugadores como público. Durante el segundo tiempo, Pitana esperó la oportunidad propicia para la tan mentada compensación: un forcejeo entre Edwin Cardona y Enzo Pérez. La carnada estaba preparada: un simple brazo produjo una actuación para el Oscar del volante millonario que el árbitro transformó en su mente en un codazo en la cara y la consecuente expulsión del jugador xeneize. Ahora estaban los dos equipos con diez jugadores y los reclamos aparecieron del lado xeneize atados a Pitanazos del pasado, además de que Guillermo Barros Schelotto le comiera la oreja al cuarto árbitro Germán Delfino sobre la doble vara ante una acción similar del Pity Martínez sobre la humanidad del Nahitán Nandez. Nunca se debe dudar de la efectividad del llanto. El zapatazo de Ponzio terminó la obra de muñequeo e inclinación de cancha en el empate transitorio. Luego la volea del uruguayo Nandez sentenciaría el 2-1 final a favor del conjunto azul y oro.

Pitana comprobando si su muñeca está en condiciones de manejar el partido.

¿El muñequeo es propiedad exclusiva del árbitro? Ni a palos, ya lo dijo Julio Humberto Grondona. Los jueces de línea hicieron lo propio con sus banderines. Un centro de Carlos Auzqui cuya pelota no terminó de traspasar la línea del fondo para la definición anulada de Ignacio Scocco a instancias de Juan Pablo Belatti, uno de sus asistentes, quien le marcó que la pelota se había ido y que debía cobrar tiro de esquina. Era el 2-2 aunque el arquero Agustín Rossi detuvo su accionar apenas observó la bandera en alto. También ocurrió del otro lado por parte de la acción de Hernán Maidana con un offside mal cobrado a Nández cuando se iba sólo hacia el arco defendido por las piernas de Germán Lux.

Pedí el VAR, LPQTP (?)

Lo que NO FUE CORNER en el pasado pasa a ser NO SE FUE y así ambos equipos se vanaglorian de su impunidad en los fallos y hacen berrinches de bebé cuando la justicia caiga para el otro lado. Y de esto son culpables tanto hinchas, jugadores, entrenadores y, sobretodo, dirigentes. Porque es muy común burlarse en la cara a sus rivales cuando te beneficiaron porque “el fútbol es para vivos” como decía Juan Carlos Crespi cuando en otro momento vomitaron la bilis ante el error de Pitana tres años atrás. Matías Patanián, por parte de River,  ha sabido disfrutar de escritorios del pasado pero no se privó de vociferar a los cuatro vientos que “hablaran de este robo” cuando la taba le vino adversa.

El llanto viene con el olvido ante un error del juez en beneficio de su propio equipo. Los protagonistas siempre hicieron la vista gorda apelando a muletillas como “no la ví,” “estaba muy lejos”, “los árbitros se equivocan para los dos”. El clima persecutorio posterior trató de ser disimulado en ambas partes. Al fin y al cabo “nunca dudamos de la honorabilidad de los árbitros” y las lagrimas seguirán hasta que el escritorio nos separe.

Gracias. Vuelva prontos.

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