Grandes arqueros argentinos: Agustín Mario Cejas

Esta vez homenajeamos al primer arquero argentino que salió campeón mundial con un club de nuestro país. Ícono de las décadas del ´60 y ´70 y figura muy destacada en el fútbol de Brasil, su nombre también está emparentado con una de las mayores frustraciones de la selección nacional.

Agustín Mario Cejas nació el 22 de marzo de 1945, en la Ciudad de Buenos Aires. Hijo único, desde muy chico se curtió en los potreros que por aquel entonces abundaban en  su barrio -Parque de los Patricios-, mientras se hacía hincha de Huracán y empezaba a admirar a algunos arqueros que jugaban allí, tales los casos de Edgardo Madinabeytía y el uruguayo Walter Taibo.

A diferencia de varios colegas que llegaron al arco de adolescentes y hasta medio de casualidad, Cejas desde los comienzos se inclinó por el puesto que le daría fama y prestigio; en tal sentido, es dable señalar que varios años después de su retiro declaró en una entrevista realizada por alumnos de Deportea: “Desde el vientre de mi madre vine a este mundo a atajar”.

Más allá de los picados en los que se cansó de jugar, el primer club que lo acogió fue uno del barrio porteño de Villa Soldati, que se llamaba “El Cachafaz”. Hasta que un día se presentó a una prueba en el Racing Club y quedó fichado. ¿Pero cómo se dio su llegada a la institución con la cual se lo ligaría hasta sus últimos días? Así se lo contaba el propio protagonista a la revista “Noticias”, en un reportaje brindado en 1998: “A los 13 años mi primo “Lalo” decidió que me probara en Racing porque en la novena división el delegado era un pariente suyo que se llamaba don Emilio. Recuerdo que no jugué y sólo me mandaron al arco, y después de unos 10 tiros me dijeron que quedaba”.

A partir de 1958 entonces, en el club de Avellaneda fue quemando etapas muy prontamente en base a sus extraordinarias condiciones, y la oportunidad de debutar en la primera división le llegó cuando apenas tenía 17 años de edad, toda una rareza en el puesto.

Racing Club: identificación y la gloria mundial

Cejas debutó en la elite antes de cumplir la mayoría de edad, el 11 de noviembre de 1962, por la 26º fecha de un torneo en el que Racing anduvo bastante mal (una muestra de ello es que utilizó 4 arqueros en sólo 28 fechas) y no pudo retener la corona lograda el año anterior. Y aunque al joven arquero le metieron varios goles en su estreno, el hecho de que la “Academia” haya vapuleado 7-3 a Chacarita hizo que el estreno fuera con saldo positivo para él.

Para 1963 se fue Rubén Bravo, gloria del club en el tricampeonato 1949/51 y el técnico que le había dado la chance de debutar. Llegó así Néstor Rossi como entrenador y decidió darle el arco a Luis Ángel Carrizo, un arquero llegado desde la Primera “B” (jugaba en All Boys) que tenía un físico y una historia muy particulares: medía casi 1,90 mts. y pesaba casi 100 kg, además de que mientras jugaba en el ascenso, se ganaba la vida como pintor de cocinas. La campaña fue muy buena, dado que la Academia terminó en el 3º puesto, lo que hizo que un Cejas que fue varias veces al banco no pudiera jugar ni un minuto a nivel oficial durante ese año.

En 1964 la situación cambió drásticamente para el protagonista de esta historia, toda vez que fue titular en 17 partidos contra 14 de un Carrizo que durante varios años sería su principal competidor. El carismático “Pipo” Rossi continuó siendo el DT de un equipo que cayó a la 6º posición, y si bien se inclinó por el corpulento arquero en el comienzo del torneo, una lesión del “Oso” le permitió a Cejas volver a atajar en la elite más de un año y medio después de su primera vez. Y no lo hizo nada mal, atento a que Racing empató sin goles ante Atlanta en Villa Crespo, la tarde del 21 de junio. En el resto de ese torneo recibió 20 goles en los restantes 16 encuentros que disputó, un número aceptable para un pibe de solamente 19 años. Sus condiciones le inspiraron confianza no sólo a José Della Torre -quien se hizo cargo del equipo en la fecha 13-, sino que incluso tras la renuncia de “Pipo” Rossi y antes de que llegara el nuevo DT, sus compañeros Federico Sacchi, Norberto Anido y Oscar Martin fueron los encargados de armar el equipo para un clásico ante River y mandaron a Cejas al arco, respondiendo el juvenil al mantener su arco invicto (fue 0-0 el 26 de julio).

Cabe destacar que ese año ´64 fue muy importante en la vida de la “Academia”, porque no sólo se asentó Cejas como arquero, sino porque debutaron dos zagueros de las inferiores llamados Alfio Basile y Roberto Perfumo y un delantero también de la cantera, cuyo nombre era Juan Carlos Cárdenas… nadie podía imaginarlo en ese entonces, pero ellos cuatro serían puntales para que menos de un lustro más tarde Racing conquistara el mundo.

En 1965 el club de Avellaneda repitió el 6º puesto del torneo anterior (aunque ahora eran 18 equipos contra los 16 participantes del ´64) y si bien el nuevo entrenador -José García Pérez- lo puso como titular en el tramo inicial del certamen, Cejas jugó 10 encuentros en ese campeonato contra los 25 que disputó Carrizo. Es imposible hablar de este campeonato y no contar que al término de la rueda inicial Racing era un verdadero desastre -iba penúltimo con apenas 2 triunfos-, motivo por el cual el “Gallego” García Pérez debió dar un paso al costado y llegó Juan José Pizzuti, el hombre que cambiaría la historia racinguista.

 “Tito” Pizzuti, campeón en el club como jugador en 1958 y 1961, debutó en la segunda fecha de las revanchas y su equipo dio un verdadero batacazo: el 19 de septiembre le ganó 3-1 en el “Cilindro” al entonces puntero River, que terminaría perdiendo el torneo a manos de Boca como pasó varias veces en esa década del ´60. Cejas ingresó esa tarde faltando media hora por lesión de Carrizo, pero el nuevo DT respetó la titularidad de éste y como se repuso rápidamente, ya Agustín no tendría minutos hasta el año siguiente, mientras la “Academia” cumplía una gran segunda rueda y empezaba a armar el famoso equipo del ´66.

También llamado “El equipo de José”, porque en 1966 los dirigidos por Pizzuti ganaron el certamen local en forma indiscutible, en lo que fue la última coronación de Racing a nivel argentino hasta el año 2001. En la pretemporada Cejas pudo ganarse el puesto y por ello el 6 de marzo fue titular en el 2-0 logrado ante Atlanta en Avellaneda, en el inicio del torneo.

A partir de allí y hasta la fecha 6 inclusive, este arquero de apenas 21 años no recibió goles: se sucedieron un 0-0 en Liniers, el 2-0 ante Newell´s, el 5-0 en Quilmes, un 0-0 de local ante Banfield (“Me vino bien el banco que comí el año pasado. Desde afuera se aprende una cosa muy importante para todos los jugadores: la modestia”, declaró tras ese encuentro) y el 1-0 en San Martín. Era un comienzo de ensueño y todo parecía perfecto… hasta que llegó el duelo ante River.

En un verdadero choque de candidatos, el 17 de abril Racing le ganaba por la mínima a un “Millonario” que iba camino a la final de la Copa Libertadores, esa que perdería increíblemente poco después con Peñarol. Pero apenas comenzado el segundo tiempo Miguel Loayza conectó un centro bajo del uruguayo Cubilla y marcó la igualdad, poniendo fin en 586 minutos al invicto que tenía Cejas desde el arranque del campeonato.

Pero no sólo se destrozó una marca de imbatibilidad con ese gol riverplatense, también un dedo del arquero fue destrozado involuntariamente por el jugador peruano. El médico racinguista declaró aquella tarde: “Cejas se lastimó feo el meñique de la mano derecha. Una herida de cuatro centímetros que desgarró piel y tejidos, aunque felizmente el tendón parece estar sano. Luego tuvo una crisis nerviosa, lógica por otra parte: el gol, la lesión, tener que salir…”. Esa jugada con Loayza fue entonces un antes y después para Cejas en el inolvidable ´66, ya que solamente pudo jugar un encuentro más: fue el 5 de junio, cuando ingresó en el complemento por lesión de Carrizo en la agónica victoria 2-1 lograda en campo de Lanús. El “Oso” terminó atajando 32 partidos contra 8 de Agustín, pero la taba se daría vuelta al año siguiente, el que fue el más importante en la historia del club hasta el día de hoy.

Para 1967 la “Academia” tendría doble competencia, motivo por el cual la dirigencia consideró que no alcanzaba con sus dos arqueros y trajo desde Rosario Central a Antonino Spilinga. Pero eso no fue óbice para que Cejas, dejando atrás los fantasmas del año anterior, se hiciera inmenso: de los 62 partidos oficiales jugados a lo largo del año el tipo fue titular en 44 de ellos, y casi siempre en los más importantes.

Racing 1967

Sus únicas ausencias notorias se dieron en el tramo final del Metropolitano, en el cual atajó en gran parte del mismo, pero por decisión de Pizzuti quedó afuera de la semifinal (ganada 2-0 ante Independiente) y de la final, en la que los de Avellaneda cayeron 3-0 en Boedo ante el sorprendente Estudiantes, primer cuadro “chico” que ganaba un título en nuestro país. Igualmente ese golpe fue rápidamente dejado atrás, cuando Racing -con Cejas como firme guardián de su arco- y tras un par de empates sin goles en las finales de la Copa Libertadores, venció 2-1 a Nacional de Montevideo en el desempate jugado en Chile y trajo nuevamente el trofeo para la Argentina, tras las conquistas de su eterno rival en 1964 y 1965.

Pero tras esa enorme alegría de agosto se venía la disputa de la Copa Intercontinental, ante un Celtic escocés que había sorprendido a varios ganando la actual UCL ante el Inter. El 18 de octubre jugaron la ida en Glasgow y si bien Cejas no pudo evitar el gol de Billy McNeill promediando el complemento, de no haber sido por su labor el 1-0 final pudo haber sido mucho más abultado. Ya el primer día de noviembre se vieron las caras en Avellaneda y ahí solamente lo pudieron vulnerar con un penal (nunca se destacó en ese rubro), aunque Racing puso corazón y fútbol para dar vuelta la historia y con el 2-1 final forzar el desempate, tal como se estilaba en aquellos tiempos. El 4 de noviembre en Montevideo, Agustín bancó el 0 en su arco durante los 90 minutos y gracias al famoso zapatazo del “Chango” Cárdenas, los dirigidos por Pizzuti se convirtieron en el primer equipo argentino en alcanzar la gloria mundial y por ello quedaron en la historia.

Su rendimiento en ese año ´67 (en el que por segunda vez en su corta existencia se tuteó con la muerte, por culpa de ese avión que llevaba a la delegación racinguista desde Medellín a Bogotá a punto estuvo de caerse) fue sublime, y fue sin dudas uno de los puntales en la obtención de las dos copas ganadas en esa temporada. En lo que fue una de las mejores tareas de su extensa carrera, su aporte fue vital por ejemplo para que los de “Tito” Pizzuti no cayeran en el “Centenario” en la final de vuelta de la Libertadores ante Nacional, que tenía como arquero justo a un fenómeno surgido en Avellaneda como era Rogelio Domínguez.

Sustentado en sus notables condiciones y con una gran espalda gracias a los títulos logrados, entre 1968 y mediados de 1970 Cejas se consolidó como dueño indiscutido del arco racinguista. En épocas donde ya se jugaban dos torneos al año en el fútbol argentino, las mejores performances de su equipo fueron el 3º puesto del Nacional ´68 y la semifinal alcanzada en el Metropolitano ´69. En ambos torneos Racing sufrió grandes frustraciones, que tardaron un buen tiempo en cicatrizar: en el ´68 perdió la punta a una fecha del final y después cayó sin atenuantes en el recordado triangular compartido con Vélez y River; mientras que en el torneo del ´69, en la semifinal le alcanzaba con el empate ante Chacarita para llegar al duelo decisivo, por tener más puntos en la etapa regular. Pero a los 42 minutos del complemento la defensa racinguista se descuidó y el cabezazo de Luis Recúpero fue inatajable para Cejas, por lo que el festejo en La Boca fue del “Funebrero”, que pocos días más tarde ganaría el único título de su historia en la máxima.

Párrafo aparte merece la edición ´68 de la Libertadores, en la que Racing defendía el título logrado el año anterior pero en una verdadera batalla de semifinales fue eliminado ajustadamente por Estudiantes, que en esa ocasión ganaría el trofeo. Si ya había “pica” con el “Pincha” por la final del Metro ´67, luego de lo que fueron los 3 partidos por copa al año siguiente todo se potenció, sobre todo por lo duros que fueron los 270 minutos de juego. Cejas logró mantener su arco invicto en el duelo de ida (la “Academia” ganó 2-0 en Avellaneda), pero tuvo un bajo rendimiento en 1 y 57 pocos días más tarde, cuando ELP venció 3-0. Lo que pocos sabían era que recientemente había perdido a su madre y que uno de sus rivales -Carlos Bilardo- se lo recordó muy seguido y no de la mejor manera en aquella noche platense, lo que lógicamente lo hizo desencajarse en más de una ocasión. En el desempate, jugado en River, atajó casi todo lo que le tiraron, pero sólo le faltó hacerlo con una hermosa chilena de Juan Ramón Verón… ese gran gol le permitió a los de Osvaldo Zubeldía rescatar un 1-1 que los depositó en la final, poniendo fin así a las participaciones de Racing en esta copa hasta 1989.

Para 1970 Pizzuti se fue de la “Academia”, al igual que antes lo habían hecho otros jugadores del famoso “Equipo de José”. Y este fenomenal arquero no fue la excepción, ya que lo vinieron a buscar desde Brasil y después de tantos años en el club, no veía mal la posibilidad de cambiar de aire; ello sin perjuicio de que le venía muy bien en lo económico y que el equipo que lo pretendía era nada menos que el Santos, donde todavía la rompía un tal Pelé.

Ni bien comenzó el Nacional llegó la despedida para Cejas, quien jugó los 2 primeros encuentros del torneo y se marchó tras la derrota 1-0 en el viejo “Gasómetro” (el 13 de septiembre) con un gol que irónicamente marcó en contra ese fenomenal defensor que fue el “Mariscal” Perfumo. Esa primera etapa con los colores celeste y blanco tuvo 175 partidos oficiales -155 a nivel local- y como gran ídolo del club que era, muchos soñaban con que algún día volviera a defender el arco local del “Cilindro”… deberían pasar varios años, pero Cejas iba a terminar regresando a su casa futbolística.

Santos: ídolo en Brasil

Habiendo sido contratado por el “Peixe”, la verdad es que Cejas no pudo haber caído en mejor momento en el Santos. Y es que si bien a nivel logros los mejores años del club paulista ya habían pasado, recordemos que en 1970 Pelé era sin discusión alguna el mejor futbolista del planeta.

Santos 1971

De hecho, el argentino llegó al club brasileño por recomendación del astro, quien lo conocía de su paso por la selección argentina, pero que además, había quedado deslumbrado con su rendimiento en el Santos 0-Racing 2 jugado en Vila Belmiro el 9 de diciembre del ´69, en el marco de la Supercopa de Campeones Intercontinentales (N.deP.: un torneo que jugaron los nombrados equipos más Estudiantes y Peñarol, en su condición de clubes sudamericanos que habían ganado la Copa Intercontinental).

Entre septiembre del ´70 y fines de 1974 Cejas disputó en Brasil la friolera de 253 partidos, habiéndose transformando en un verdadero ídolo de la torcida al momento de su partida. De hecho, cuando casi 41 años más tarde falleció, la dirigencia del club blanquinegro decretó 3 días de duelo para homenajearlo, algo muy poco frecuente en el mundo del fútbol y menos con un extranjero. Ello, sin perjuicio de que la cuenta de Twitter de la institución lo despidió con un sentido “Descanse en paz, muralla argentina”.

En el Santos, el argentino no sólo dio un enorme salto económico -alguna vez confesó que ganaba 5 veces más que aquí- sino que además se dio el gusto de recorrer el mundo de la mano de Pelé: estuvo en países como Haití, Jamaica, Indonesia, Corea del Sur, Tailandia y Australia. Además, aprovechó el tiempo que tenía libre para aprender idiomas, tales como el inglés y el italiano.

Sin dudas, de su etapa santista 1973 fue su mejor año, ya que no sólo ganó su único título mientras estuvo en la institución de Vila Belmiro (el Campeonato Paulista, en una recordada final con definición por penales ante el Portuguesa), sino que también en esa temporada fue distinguido como el mejor futbolista del Brasil, un notable reconocimiento teniendo en cuenta que hablamos de un arquero y de los monstruos que en ese entonces jerarquizaban la liga de aquel país. La revista “Placar” entregó por primera vez la “Bola de Oro” y le tocó recibirla a Cejas, un galardón que compartió con el uruguayo Atilio Anchetta que era figura en el Gremio.

Huracán: volver vigente

Luego de su exitoso paso por Brasil y al igual que otras grandes figuras que para 1975 hicieron lo propio -al ya nombrado Perfumo pueden agregarse por ejemplo Oscar Mas, Carlos Buttice y Norberto Madurga- Cejas decidió volver a la Argentina. Aunque sorprendentemente en su caso, no enfiló hacia Avellaneda sino que rumbeó más bien cerca de su barrio, siendo contratado por el Club Atlético Huracán.

“Pinino” Mas, Buttice, Cejas y Roberto Perfumo

Cabe recordar que apenas un par de años antes el “Globo” había ganado el Metropolitano con uno de los equipos más destacados de la historia del fútbol argentino, y que si bien ya no era dirigido por un César Luis Menotti que ya estaba en la selección, aún estaban en la institución varios de los campeones del ´73: Alberto Fanesi, Nelson Chabay (compañero suyo en el Racing del ´67), Jorge Carrascosa, Omar Larrosa, Francisco Russo, Miguel Brindisi, René Houseman y Roque Avallay.

Por ello, no extrañó a nadie que Huracán cumpliera un notable papel en la primera mitad del año, siendo subcampeón en el Metro de un River que -por fin- pudo cortar una sequía que llegó a los 18 años. En su retorno a nuestras canchas un ya maduro Cejas no desentonó en absoluto y fue el titular indiscutido del arco “Quemero”, jugando 35 de los 38 encuentros del torneo.

Huracán con Cejas en1975

En el segundo semestre el rendimiento del conjunto dirigido por el brasileño Delem bajó un poco y pese a la buena campaña en el Nacional, una inesperada derrota ante Gimnasia y Esgrima (Mendoza) en la fecha final de su zona, lo privó de meterse entre los 8 mejores que buscarían la corona.

Ese partido del 30 de noviembre en Cuyo fue el último de los 49 que Agustín disputó para Huracán. A fines del ´75 lo vinieron a buscar desde aquel país donde había dejado tan grato recuerdo y el tipo decidió armar nuevamente las valijas.

Gremio: la despedida del Brasil

Su segunda y última etapa en el fútbol brasileño no fue ni larga ni fructífera, aunque no por ello se la puede catalogar como olvidable. Cabe destacar que el Gremio no tenía la fortaleza que desarrollaría desde comienzos de los 80´s y para colmo, su eterno rival venía arrasando ininterrumpidamente en el torneo estadual desde 1969. De hecho, el Internacional también ganó el Campeonato Gaucho en ese 1976 y para colmo de males, en esa temporada también repitió en el Brasileirao la conquista del ´75.

Gremio de 1976

Su tarea en el cuadro de Porto Alegre fue más que digna, siendo una de las figuras del conjunto que fue subcampeón a nivel estadual y que terminó 6º entre los 54 (!) clubes que disputaron el campeonato nacional en la segunda parte del año. Cejas pudo refrendar las buenas actuaciones que había mostrado en la primera mitad de la década en el Santos, pero a pesar de que podía haber continuado en el equipo tricolor, recibió un llamado desde Avellaneda y no se pudo resistir… era el momento de volver a su casa.

Racing Club: segundas partes no siempre son buenas

Con 31 años de edad y casi 15 temporadas después de su debut, a comienzos de 1977 a Cejas le llegó la hora de tener su segunda etapa en su querido Racing.

Pongámonos en contexto: en el Metro ´76 la “Academia” había zafado de irse a la “B” por apenas un punto, motivo por el cual tras el semestre en el que se jugó el Nacional (campeonato en el que no había descensos), la dirigencia encabezada por Horacio Rodríguez Larreta decidió dar un golpe de timón para no pasar sobresaltos: pagó una fortuna por ese gran mediocampista llamado Julio Ricardo Villa y para la defensa contrató a ese asesino (?) que era Daniel Killer. Pero eso no parecía suficiente y por ello repatriaron a dos de los campeones mundiales del ´67: Agustín desde Brasil y Rubén “Panadero” Díaz, luego de su exitoso paso por el Atlético de Madrid.

Cejas en su segunda etapa en Racing

Sin embargo, la campaña del equipo dirigido por un joven Alfio Basile fue un fiasco y el equipo apenas clasificó en el 13º puesto entre 23 participantes. Lo del veterano arquero a nivel individual fue irreprochable, mostrando un buen rendimiento y jugando nada menos que 53 partidos en el año: 41 en el Metro y 12 en el Nacional, torneo donde ya dirigido por Víctor Rodríguez, Racing quedó a un paso de jugar las semifinales.

Esa dinámica para la “Academia” se repetiría en 1978 y 1979: malos primeros semestres en el Metropolitano y evidentes mejoras en el Nacional, con sendas clasificaciones a la etapa definitoria. Pero lamentablemente para sus hinchas, en ambas ocasiones el sueño de lograr el campeonato se terminó en cuartos de final: en el ´78 el verdugo fue Unión y al año siguiente Rosario Central.

Cabe destacar que en ese par de temporadas y pese a que distintos técnicos pasaron por Avellaneda (Juan Urriolabeitia, Enrique Omar Sívori,  Carlos Cavagnaro), Cejas dio muestra de gran vigencia al jugar 53 y 32 partidos respectivamente, postergando primero a Carlos Suárez –quien ya había sido su suplente en el ´77- y luego a Alberto Vivalda, un joven con muchas condiciones llegado desde Chacarita a comienzos del ´79.

Pero para 1980 la situación cambiaría radicalmente: a Racing llegó Juan Carlos Lorenzo, quien lejos estaría de poder repetir allí el magnífico ciclo que acababa de terminar en Boca. El veterano arquero fue relegado como no le sucedía desde el ´66 (habiendo sido aquella vez por culpa de una lesión y no por bajo rendimiento) y el titular para el nuevo entrenador era el “Beto” Vivalda, quien encima tuvo un guiño de la fortuna: Cejas debutó en el Metropolitano en la fecha 4 con valla invicta, pero a los 10 minutos del partido siguiente se lesionó y recién pudo volver en la fecha 32, en el tramo final de un torneo en el que junto a su compañero Hugo Zavagno, en los encuentros de las fechas 37 y 38 debió cumplir simultáneamente la función de jugador y director técnico… muy Racing todo (?).

Indudablemente, el cuarto fue el peor año de su segunda etapa racinguista, disputando 20 encuentros (8 en el Metro y 12 en el Nacional) contra 31 de Vivalda, a quien no se la hizo fácil de todos modos, sobre todo cuando en el segundo semestre volvió al banco un Víctor Rodríguez que sí confiaba en él.

Cejas y el “Hacha” Ludueña

Pero a tono con su flojo año a la hora de atajar más allá de alguna buena actuación puntual, en su último clásico de Avellaneda -el 2 de noviembre- le cometió un penal sobre la hora a Ricardo Giusti y gracias a eso Independiente ganó 2-1 en el “Cilindro”. Y en lo que sería aunque él no lo supiera, su último partido defendiendo el arco del equipo que amaba, el 23 de ese mes se comió 5 goles en Córdoba por parte del Racing que dirigía justo su viejo amigo Basile, ironías del destino.

Luego de dos campeonatos muy flojos (10º sobre 19 en el Metro y 6º entre 7 en su grupo del Nacional) para 1981 se avecinaban cambios en Racing. El más importante fue la llegada de José Omar Pastoriza como DT, un tipo que venía de un muy buen año en Talleres y que como jugador y entrenador estaba muy identificado con el eterno rival blanquiceleste.

Pero detalle no menor, el “Pato” también conocía el club, dado que en 1964 y 1965 había sido titular en la “Academia”, perdiéndose de ser parte del “Equipo de José” porque justo en el ´66 lo vendieron al “Rojo”. Nunca imaginó Cejas que su viejo compañero era el que le iba a bajar el martillo, pese a que él consideraba que podía seguir jugando en Racing o al menos continuar la pelea con Vivalda.

Desahuciado y triste, pero sin armar puteríos, Agustín Mario Cejas armó el bolso y partió. Atrás quedaban los 158 partidos oficiales disputados entre el ´77 y el ´80, los que sumados a su primera etapa, dan la enorme suma de 334. Con estos números, y hasta el día de la fecha, Cejas se mantiene incólume como el hombre que más veces ha defendido en forma oficial la camiseta del Racing Club, algo para nada menor en tantos años de profesionalismo.

River Plate: el ocaso

Luego de terminada la segunda y última etapa en el que consideraba su club, a comienzos del ´81 el ya veterano Cejas encontró la posibilidad de finalizar su carrera en otro de los clubes denominados “grandes”. Fue nada menos que River la institución que lo abrió las puertas, aunque en este caso el protagonista de esta historia llegó sabiendo de antemano el panorama: el amo y señor del arco desde 1975 era nada menos que Ubaldo Matildo Fillol, quien encima pocos años antes había ganado la Copa del Mundo con la selección argentina. Pero como su eterno suplente -Luis Landaburu- se había ido recientemente a Vélez, el viejo zorro Ángel Labruna sugirió la contratación de Agustín y los dirigentes le dieron el gusto.

Por ello, no debía sorprender a nadie -y menos al propio Cejas- que el llegado desde Avellaneda ocupara un lugar en el banco de suplentes. Sin embargo, no debió esperar demasiado para debutar, algo que ocurrió en el éxito riverplatense de la 4º fecha ante Estudiantes y en La Plata. Y si bien Fillol seguía siendo el titular induscutido, para brindarle su respaldo, aquella noche del 11 de marzo, la popular visitante en 1 y 57 lo recibió con el típico “¡Agustín, Agustín!” con el que lo saludaron siempre en Racing. Luego de ese buen debut, Cejas volvió a jugar en la 7º jornada (empate de local 2-2 frente a Rosario Central), teniendo continuidad en las dos fechas siguientes y con aceptables actuaciones: empate sin goles justo ante Racing -el partido se jugó en Liniers bajo una lluvia torrencial y esa noche quedó en el recuerdo por como lo ovacionaron a él los de celeste y blanco- y victoria en casa 1-0 contra la “T”, uno de los equipos más fuertes por aquellos años. En ese Metropolitano ganado por Boca, Cejas disputaría apenas 4 encuentros más, quedando en el recuerdo de mucha gente el doloroso 5-2 que le clavó Instituto a los dirigidos por Labruna en pleno “Monumental”.

Cejas atajando para River

Terminado en agosto el eterno ciclo de Angelito, el 15 de septiembre del ´81 River se estrenaba en el Nacional visitando en Misiones al modesto Guaraní Antonio Franco. El debutante Alfredo Di Stéfano, ante la ausencia de Fillol mandó al arco a Cejas pero las cosas no le salieron del todo bien y los de Nuñez apenas rescataron un agónico 2-2 gracias a un agónico gol de Mario Kempes.

Y ya no hubo más. Fue en algunos partidos al banco y fue parte del equipo que terminó ganando ese campeonato en recordadas finales ante Ferro, pero tras esa tarde en Posadas, Agustín Mario Cejas no jugó nunca más en forma oficial al fútbol. Por ello, no llamó demasiado la atención que a fines de 1981 anunciara su retiro en forma apagada, intrascendente, tal vez demasiado en silencio en relación a su notable trayectoria y a reconocido don de buena gente.

Selección: la enorme frustración

La historia de Cejas con la camiseta albiceleste comenzó muy temprano, toda vez que fue el arquero del equipo subcampeón en los Juegos Panamericanos de San Pablo, disputados en 1963. Al año siguiente, Argentina logró una épica clasificación en el Preolímpico de Lima (la tarde que por primera vez se codeó con la muerte por culpa del fútbol, cuando alrededor de 320 personas perdieron la vida en el Estadio Nacional) y él fue el golero titular, al igual que en los Juegos Olímpicos de Tokio ´64 donde el representativo nacional no tuvo un buen desempeño y quedó eliminado en la primera fase.

Una vez culminada su etapa en las divisiones juveniles a nivel selección, la chance de debutar en la mayor le llegaría un lustro más tarde: lo hizo el 11 de junio de 1969, en la victoria 2-1 en un amistoso ante Chile jugado en cancha de GELP. Completó entre ese año y el siguiente 9 partidos internacionales con la mayor, donde lamentablemente se incluye la Eliminatoria al Mundial de México ´70, única vez que Argentina no se clasificó en la cancha para ir a una Copa del Mundo.

La selección Argentina de 1969

En los meses previos, largamente se venía discutiendo en el ambiente sobre quién sería “el arquero del ’70”. La competencia era feroz: Edgardo Andrada, José Miguel Marín, Hugo Orlando Gatti, Alberto Polleti y Carlos Buttice entre otros, tenían antecedentes y legítimas aspiraciones para ocupar ese puesto.

Pero tanto Humberto Maschio (ex-compañero suyo de los títulos de la “Academia” y recientemente retirado) primero como don Adolfo Pedernera después, se decantaron por Cejas para cubrir el arco de la selección. Y como el fútbol a veces no entiende de justicia, él, que tal vez merecía como nadie ser el arquero del ’70, no pudo serlo por la sencilla razón de que ese Mundial no existió para la Argentina.

En una jornada triste de agosto de 1969, en La Boca, la albiceleste empató 2-2 con Perú y se quedó fuera del Mundial. Agustín atajó como un león, sacó pelotas de gol durante los 90 minutos, pero Oswaldo “Cachito” Ramírez lo derrotó dos veces en buena ley. En el primer gol logró eludir la tapada -casi siempre infalible- de Cejas, y en el segundo lo quemó, solo, a pocos metros. El “1” voló hacia su derecha, con todos sus reflejos, tocó la pelota, la detuvo pero no del todo, la bola siguió su carrera lenta pero fatal y cuando parecía que no entraba, entró apenas junto al poste derecho. No hubo un solo defensor argentino para meter un cierre in extremis y mandarla al corner… ahí, Cejas perdió la oportunidad de su vida: ser el arquero de la selección argentina en un mundial.

Su compañero y amigo Perfumo, declaró a “El Gráfico” por aquellos días: “En este Mundial vamos a ver muchas cosas. Muchos de esos delanteros que tanto necesitamos. Pero no vamos a ver a un arquero como Cejas”.

Si bien esa herida tardaría en cicatrizar, en uno de sus últimos partidos cubriendo el arco albiceleste tuvo un verdadero consuelo, tan grande como grande era el que se lo ofreció: Pelé. En un amistoso jugado en marzo del ´70 en suelo brasileño, la selección local venció 2-1 a la nacional, pese a la buena labor de Cejas. En uno de los goles locales, se dio la siguiente secuencia: “O Rei” maniobró entre varios defensores argentinos, al tiempo que Agustín se adelantó esperando que Pelé dribbleara a sus compañeros y él tuviera que salir a achicarle el ángulo de disparo. Pero no sucedió así. Pelé, en un momento en que estaba algo tapado para Cejas, sacó un disparo alto, al ángulo derecho, que dejó parado al arquero argentino. En el post-partido, y ante la consulta periodística el “10” dijo lo siguiente: “Sí, claro que lo vi adelantado. ¿Cómo no lo iba a estar? Es un gran arquero, siempre está en el achique. Ojalá lo tuviera en mi equipo”. Como ya se ha narrado supra, muy poco tiempo después el deseo del mejor jugador del mundo fue complacido y durante 3 años compartirían equipo en el Santos.

El retiro: director y secretario técnico, y un triste adiós

Muy pocos años después de dejar la práctica activa, su querido Racing descendió a la Primera “B”. Por ello, y tras el fracaso de Jorge Castelli en el torneo de ascenso del ´84, promediando el mismo lo fueron a buscar a Cejas (que tenía una espalda enorme en aquel momento) para ver si podía enderezar la nave y lograba el segundo ascenso en el octogonal: pero no fue posible y tras dejar en el camino -muy ajustadamente- a Morón y Lanús en cuartos de final y semifinal respectivamente, en la final Gimnasia y Esgrima La Plata fue muy superior, consiguiendo con un global de 7-3 el retorno a la máxima categoría.

Pese a semejante frustración, la dirigencia decidió confiar en su viejo arquero para ver si en 1985 sí se conquistaba un ascenso que ya era necesario como el aire en ese entonces. Sin embargo, Rosario Central sacó una rápida ventaja de cara al título y promediando el torneo (tras una sorpresiva derrota de local ante el débil Argentino de Rosario) recibió amenazas de muerte de parte de la barra brava: eso lo golpeó, aunque lo que lo decidió a pegar un portazo fue que amenazaran con violar a una de sus hijas, ahí sí que no hubo retorno. Finalmente sería, luego del corto y frustrante paso de Cayetano Rodríguez como entrenador, su viejo compañero Basile quien en diciembre del ´85 devolviera a Racing a la elite.

Cejas como DT de Racing

Luego de esta amarga experiencia como DT, Cejas se dedicó mayormente al rubro hotelero, manteniendo vínculo con la “Academia” solamente como ídolo e hincha (en las décadas del ´80 y ´90 se lo podía ver bastante seguido en las plateas del “Juan Domingo Perón”) hasta que en 1999, le llegó la oportunidad de laburar nuevamente en su Racing, aunque desde otro lugar: en aquellos convulsionados tiempos post-Daniel Lalin, de quiebra y riesgo de desaparición, la entonces síndico Liliana Ripoll lo designó como Secretario Técnico, una función que cumplió durante un breve período y con más amarguras que alegrías.

Y como a veces la vida no entiende de injusticias, un día – cuando dentro de todo era un tipo joven – su salud se empezó a deteriorar demasiado rápido. El mal de Alzheimer hizo estragos en él y antes de cumplir 65 años era una persona que no recordaba casi nada y ni siquiera reconocía a su propia familia. Consultado sobre si se juntaba con sus ex compañeros de Racing, esto le contaba a “El Gráfico” en noviembre de 2011 el “Bocha” Maschio, uno de los mejores amigos que le dejó el fútbol: Nos juntamos seguido con el Chango (Cárdenas), (Jaime) Martinoli, (Juan Carlos) Rulli, que viene desde La Plata y (Juan José) Pizzuti, que tiene más de 80 y sube las escaleras corriendo. (Roberto) Perfumo y (Alfio) Basile casi no vienen por sus obligaciones. Y (Agustín) Cejas, lamentablemente, está en un geriátrico hace unos años. Tiene mal de Alzheimer, pobrecito. ¡Y es el más joven, cumplió 66 años el 22 de marzo! Lo vamos a visitar, pero ya no nos reconoce. No reconoce a las hijas… nos da pena ir a verlo.

Tal merma en su condición física y psíquica, hizo además que en octubre de 2014 no pudiera asistir a la sede del club a recibir una medalla que le iban a entregar por ser el jugador con más presencias en la historia académica. El reconocimiento lo recibió -irónicamente- su hija Lorena, aquella misma que tres décadas antes había recibido aberrantes amenazas de algunos tarados.

Finalmente, Agustín Mario Cejas falleció el 14 de agosto de 2015, cuando contaba con 70 años de edad pero habiéndose “despedido” bastante antes de este mundo terrenal. En el momento de su despedida, llegaron las voces de quien junto a él habían conquistado la gloria vestidos de celeste y blanco. Un ya anciano Pizzuti dijo lo siguiente a Télam: El fallecimiento de Agustín es una gran pérdida, no sólo en la historia de Racing, también del fútbol argentino. Fue un arquero completo, como Rogelio Domínguez”; por su parte, Perfumo lo evocó así: Agustín tuvo un momento futbolístico en el que parecía casi imbatible. Contra Independiente, en el Metro de 1970, se necesitaron tres penales para vencerlo, cuando el juez Humberto Dellacasa hizo ejecutar la pena tres veces”. Además, Oscar Martín, su capitán en el momento de triunfo y gran amigo suyo en la vida, manifestó: Todo el universo racinguista sabía de la enfermedad irreversible que padecía Agustín. Es un gran dolor, era el más joven de todos nosotros.

Nacido para cubrir los tres palos, Cejas se destacó por sus grandes atajadas, por sus voladas impresionantes, por su personalidad y por sus reflejos que lo hacían parecer imbatible. Con una estatura de 1,93 mts. imponía respeto a los rivales con su porte. En tal sentido, esto declaró a fines de los 90´s su viejo competidor, Luis Carrizo: “Era un arquero muy arriesgado, que se hacía respetar dentro del área. Nunca sentía temor cuando debía ir a buscar una pelota entre cuatro o cinco piernas contrarias. Conocía todos los secretos del puesto de arquero. No hay siquiera una mínima duda: Agustín era un fenómeno”.

¿Qué hacía de Cejas el gran arquero que era? No era el clásico arquero “atajador”, pero tampoco estaba enrolado en el grupo de los arqueros “jugadores”: era las dos cosas. Atajaba y cuando había que hacerlo, salía. Pocos en la historia de su puesto, han mostrado su destreza para salir a tapar al delantero que viene con pelota dominada, o igualado su potencia a la hora de usar los puños (siempre usando los dos) para despejar pelotas complicadas. ¿Cómo tapaba Agustín? Hoy, cualquiera puede verlo, muchos arqueros tapan con los pies, o esperan al delantero, lo dejan patear y después se tiran con las manos. Él consideraba que no hay que dejar patear al delantero, y que si patea, se debe estarle “ya” encima, adelantando las manos y protegiéndolas con el cuerpo, estando este siempre entre erguido y arqueado, para evitar que la pelota pase tanto por arriba como por abajo.

Ayudado por su envergadura, era dueño de su área, sabía que ahí mandaba él y siempre fue un garante de la seguridad de sus compañeros. Y hay que decir que pese a su porte, era un tipo bastante veloz. En las pocas cosas que no se destacaba naturalmente se fue puliendo con mucho trabajo (por ejemplo, las entregas desde el arco), y probablemente uno de los grandes secretos de su éxito es que dentro de la cancha siempre tomaba una decisión y una sola. Con humildad, reconoció que las pocas veces que se le ocurrían dos soluciones para una jugada puntual la cosa terminó mal: “Cuando anduve mal era siempre porque se me ocurrían dos cosas para hacer en cada jugada. El arquero debe jugarse siempre a una. Si se le ocurren dos, dudará. Si duda, cuando resuelva esa duda, tendrá que ir a buscar la pelota adentro”.

Respetado por todas las hinchadas del fútbol argentino gracias a su calidad de persona, Agustín Mario Cejas fue un arquero espectacular, que encarnó con dignidad, elegancia y sabiduría el puesto más complejo, difícil y trágico del fútbol. Fue un tipo que no despertó odios, reconocido por su caballerosidad deportiva y que se transformó en un verdadero símbolo de aquellos años 60´s, en los cuales el fútbol argentino tuvo una generación de guardavallas excepcionales.

Puede ser que el Alzheimer que lo aquejó en sus años finales le haya ido quitando de a poco los bellos recuerdos de su carrera futbolística, pero su nombre quedará para siempre en la memoria del fútbol argentino, eso es indudable. A 50 años de la conquista de América y del mundo por parte de Racing, vaya el merecido homenaje para uno de los mejores arqueros que nacieron en esta parte del mundo.

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