Las purgas sampaolistas

 

Tras la dificultosa clasificación argentina al Mundial de Rusia, la revolución de Sampaoli atravesó el regreso al Oktubre ruso (Noviembre) con un estandarte de su parte como Messi en la victoria por la mínima ante el anfitrión de 2018. Sin su presencia, Argentina fue un kulak de mediocampistas librados al colectivismo, acumulación de fuerzas productivas sin sentido y una industrialización de los extremos ofensivos. La debacle del segundo tiempo ante Nigeria derivó en un 4-2 y ha desatado una enfática crítica a la troika defensiva instaurada por la nomenklatura bielsista del entrenador ¿Lo prefieren igual?

Terminó el segundo semestre 2017 de Jorge Sampaoli con la primera derrota tras ocho partidos al frente de la Selección Argentina. La estadística (cuatro partidos ganados y tres empatados además del reciente partido perdido) no refleja el vaivén emocional que sufrió su equipo tras la guerra con el periodismo al que no daban declaraciones y la salida del menchevique (?) Edgardo Bauza (párrafo aparte para su tercer despido en el año tras no clasificar a Emiratos Árabes Unidos y solo dirigir tres partidos a Arabia Saudita, secando su potencial pozo de petrodólares).

El comienzo fue tranquilo con las victorias sobre Brasil y Singapur en amistosos preparatorios con dos sistemas completamente diferentes. Respetando la línea de cuatro en el primero con Mercado, Otamendi, Maidana y José Luis Gómez y sin la presencia de Mascherano. Con Singapur cualquieró con dos defensores porque se sabía que no había equivalencia alguna entre ambos equipos.

Ya desde el primer partido se observaron dos patrones bien definidos que se han prolongado en su corto ciclo. Un buen primer tiempo con presión sobre la salida del rival, juego asociado y posesión de la pelota y un segundo tiempo totalmente desquiciado ante el primer obstáculo que tira por la borda cualquier buen funcionamiento al comienzo del partido. Lo que queda es ese gusto amargo por lo mal jugado tras 90 minutos y la justificación del hombre de Casilda con el buen funcionamiento inicial.

El otro problema se observó durante las Eliminatorias con tres empates consecutivos. Entre la inútil disputa de egos de superclásico sobre qué estadio debía albergar a la Selección, existió una verdadera pelea entre el deseo del técnico de jugar con tres defensores sin el debido entrenamiento para que el equipo se adapte a ese dibujo táctico y la resistencia de los jugadores emblemáticos a establecer ese tipo de defensa. Con Garay autoexiliado en Siberia al no ser del favor del soviet santafesino que maneja el vestuario, Federico Fazio sufrió los desacoples de Mascherano, quien había retornado tras los primeros dos partidos preparatorios. También los sufriría Pezzella en los siguientes amistosos. El dilema del doble cinco que no marca ni distribuye la pelota encarnado en jugadores como Javier Pastore y Ever Banega, donde los volantes extremos como Lautaro Acosta, Marcos Acuña o Eduardo Salvio corrían constantemente las bandas por los 105 metros de la cancha, mientras la estrella del fútbol italiano Paulo Dybala nunca se adueñó del juego cuando Lionel Messi no aparecía. ¿Su solución? el tranco cansino y apesumbrado entre un mar de piernas deseperadas y gritos oligrofrénicos del doble de André Agassi y el ayudante de cabello sedoso Becaccece. La falta de gol por parte de Darío Benedetto, el tan pedido Mauro Icardi hacen preguntar por qué han sido purgados ese gulag de memes conocido como Gonzalo Higuaín, Lucas Alario o, más atrás en el tiempo, Lucas Pratto, uno de los pocos aciertos de la gestión anterior. ¿Acaso el taxi que los llevaba de un recital también chocó como le pasó al Kun Agüero? Poco importa porque cualquiera fuera el 9 sufrió la amnesia de poder meterla en el arco y recibió menos aistencia que zek en los campos de trabajos forzados. Este gulag de goles fue tal que Venezuela lo hizo en contra para el empate argento. En el medio estuvo la seria posibilidad de quedarse afuera de un Mundial tras México 70. El gol ecuatoriano en la fecha decisiva por los malabares mal hechos por Mascherano y compañía pudieron ser salvados por una noche barcelonesca de Messi para lograr el pasaje a Rusia y por suerte no fue en un tren hacia el interior de la tundra rusa.

De Putin al Arco

Sin esa mochila a cuestas, la Selección de Sampaoli se disponía a hacer borrón y cuenta nueva ante el local estrenando estadio mundialista en Moscú. Icardi se borró de la foto del once titular y desistió de la convocatoria por lesión. Apareció Giovanni Lo Celso para no extrañar el transitar de Pavone con la camiseta nacional y hasta retornó la línea de 3, apoyada por el trabajo de quite cercano de Matías Kranevitter, de buen partido, acompañado por Enzo Pérez que se afianzó en el partido ante Ecuador y aprovechó la lesión de Fernando Gago. El efecto Guardiola se trasladó a las actualidades de Nicolás Otamendi y Sergio Agüero que regresó con goles. Además confiscaron definitivamente el balde de Cristián Pavón, quién ingresó en los minutos finales, sin VAR de por medio, picó en velocidad y en posición adelantada para que Agüero defina el 1-0 a minutos del final. ¿Messi? Visitó la Plaza Roja, pidió por el regreso de Higuaín mientras el marido de Wanda Nara se quedaba en Italia para no sentirse solo en eso de no jugar un Mundial. ¡Ah! Hizo una promesa con Martín Arévalo de ir caminando a la Virgen de San Nicolás desde Rosario. Nada, eso (?).

Como el abrazo a Fredo.

Los primeros minutos ante Nigeria eran la confirmación de la levantada. Arrancó muy bien con Pavón titular haciendo buena letra como extremo y con el pulgar a arriba de Messi, quien ya había arreglado con su club no disputar este amistoso. Ever Banega sigue salvándose de las purgas: esta vez aportó un gran tiro libre cortesía de la torpeza del arquero Akepty que tomó la pelota con la mano fuera del área y regaló el palo en el gol del 19 argentino. Allí se dio lo mejor de Sampaoli. Lo dicho: los primeros tiempos son el punto fuerte del equipo en cualquiera de sus versiones. El segundo gol es parte de esa precisión con posesión y colaboración entre líneas: Mascherano cede largo para Dybala quien la recibió, giró y levantó la cabeza; Pavón marcó el sector donde va a toda velocidad: lo encuentra en cortada en el lugar ideal; Agüero bien ubicado empuja hacia la red. 2-0 y parte de lo que el fanático de Callejeros quiere para sus equipos. Hasta que las manos de Marchesín no estuvieron para contener el tiro libre de Ienacho para el 2-1 el primer tiempo.

Cuatro tan grandes como la pantalla del estadio se comió Marchesín.

El segundo tiempo pareció que el equipo condensó todos los problemas de la etapa Sampaoli. Primero la falta de un cinco quitador, ¿Banega? Por favor. El entrenador nigeriano adelanta su línea de volantes al igual que lo hizo Rafael Dudamel con Venezuela. La defensa de tres hizo agua ante la inexistencia de la barrera del mediocampo. De allí el 2-3 en contra: un centro atrás coronado por Iwobi y una jugada de tres pases rápidos rematada por el ingresado Idowu con una Argentina en babia, con sus famosos problemas sampaolianos: desesperación ante la adversidad, acumulación de volantes y el contagio de gritos y gestos desde el banco. Para colmo de males, la efectividad nigeriana llega a recordar el desastre checheano (no Checheno no, del Checho Batista): Lo que siguió, además de un lujoso gol de Iwobi, la figura del partido, antecedido por un caño limpio a Mascherano, fue también preocupante. ¿Qué Mascherano es el real? El de Rusia de buen nivel o el que fue bailado por todo delantero nigeriano que se le cruce Con el 2-4 ya en el marcador, la Argentina nunca pudo encontrar una reacción. Preocupante pero solucionable porque pasó en un amistoso y no en el Mundial mismo. Sampaoli deberá tomar nota para que no le pase lo mismo que le pasó en el partido ante Venezuela como en esta ráfaga nigeriana que dio vuelta a su equipo que nunca supo reaccionar.

Mensaje mafioso de los Amiguis: Pelado, la próxima poné Línea de 4. Acordate lo que hicimos en Brasil al defensivo de Sabella. (Idea original de QQ) (Arte de Arquero bipolar)

Muchos conceptos para purgar tiene Sampaoli. En primer lugar deberá decidir si quiere mantener la línea de tres defensiva mantienendo su dogma o ceder a los dos marcadores con laterales que se proyecten (eso no significa transformar al Huevo Acuña o Lautaro Acosta en posiciones que no juegan en sus clubes ni cambiarles el perfil). A la troika de atrás se la debe respaldar con un mediocampo no solo dispuesto a correr sin ton ni son para adelante o fantasmear ante la mala. Debe tener recuperación, desarticular al rival cuando ataca y no dejar pagando a defensores que no se destacan por la rapidez para cubrir los espacios. Cuando los delanteros contrarios se mueven en ataque no estaría bueno que el único movimiento para evitarlo sea bailar como el Papu. Sampaoli deberá purgar su equipo de volantes que hagan bulto en la mitad de cancha cuando el plan original no se adapta al juego. Deberá decidir por el nueve definitivo y saber asistirlo bien. Ha tenido ya 50 jugadores para probar en estos partidos. Es hora de ir reduciendo las opciones, ir definiendo un once de memoria e ir purgando a aquellos que han desperdiciado su oportunidad y hasta vienen reptando de Mundiales atrás.

Porque la revolución permanente que plantea el entrenador requiere darle todo el poder al soviet de Messi pero con una estructura de trabajadores dispuestos a hacer realidad en plan quinquenal sampaoliano. Ya nadie va a escuchar solamente tu nombre y tu remera celeste y blanca. Eso sí, cuando no está el símbolo, el equipo no debe caer en el culto a su personalidad. El equipo debe estar a la altura del desafío y ser funcional sin su líder. Se han superado los terribles gulags de la eliminación. Es hora de deportar de la Selección las quintas columnas y ganar la Gran Guerra Patriótica del Mundial. Allí se verá si será la gloriosa Marcha a la Plaza Roja o si un rival nos clave el picahielo de la frustración.

(*) La foto que ilustra el artículo es obra de Matías Pagano.

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