¿Perché, Porco Dio? ¿Perché?

Lo venimos diciendo desde el ochendaisei, pero nadie nos dio pelota. Ellos algo sospecharon, pero siguieron deambulando sin sentido hasta que se pegaron la nariz contra la pared. Italia está afuera de un Mundial despúes de 60 años y acá te explicamos las razones. ¿Nos importa? Muy poco, pero es un llamadito de atención para ver como andamos por casa.

“¿A mi que carajo me mandás a calentar? Que vaya él! (por Lorenzo Insigne) No tenemos que empatar, tenemos que ganar!”. El grito de Daniele De Rossi en el banco de suplentes es clarificador. Italia empata sin goles con Suecia y se queda afuera del Mundial. El habilidoso delantero napolitano ni siquiera entraría para tratar de cambiar el rumbo de un barco que viene yéndose a pique desde hace rato. Supimos explicar algo de esto en esta nota que refería más a nuestros jugadores que a los de ellos, pero que explica claramente la tremenda decadencia del fútbol italiano en los últimos diez años.

En primer lugar, hay que entender que hoy por hoy al futbolista italiano carece de algo que jamás hubieramos imaginado que podría faltarle: el hambre de competitividad. A excepción de la linea defensiva de la Azzurra y del propio De Rossi -los sobrevivientes generacionales de aquel Calcio feroz-, desde hace años que los jugadores italianos no tienen asentado en sus cabezas la mentalidad necesaria para afrontar paradas bravas. Me podrán decir “pero Juventus llegó a dos finales de Champions y el Inter con Mourinho la ganó”. Si amigos, pero tanto en uno como otro no resalta la presencia italiana. De hecho, la final en la que el Inter vence al Bayern Munich la juega con once extranjeros. Entonces, ¿porqué decimos que el jugador italiano perdió esa mentalidad? Pues bien, lo encontramos desde la postura de la FIGC, la Federación Italiana.

El poderío económico trajo prosperidad de nombres a los equipos. Cansados de escuchar que su liga era aburrida y estereotipada con el Catenaccio, los dueños de la pelota decidieron darle libertades a los equipos para mover guita a lo pavote. Apoyados por la expansión de fronteras para los extranjeros que pasaban a ser comunitarios, los equipos no sólo trajeron jugadores profesionales sino también juveniles, dejando de lado la proyección y decayendo notablemente la cantidad de jugadores italianos en la Serie A. La FIGC miró solo ese horizonte y olvidó la preparación y formación de jovenes para su selección, creyendo que el sólo impulso de la obtención de la Copa del Mundo del 2006 era motivo suficiente para seguir creciendo. Pero esa camada se forjó en la ultra competitividad. Porque Buffon se cansó de ser figura en Parma, porque Chiellini se forjó en el ascenso con el Livorno, porque Pirlo demostró ser Pirlo en el Brescia y así con casi todos. Ninguno forjó su fiereza y hambre de ganar jugando en un equipo grande que ganaba caminando una liga, como ocurre hoy con la Juventus. La mentalidad ganadora italiana se perdió, se fue, no está mas. Sin esa mentalidad competitiva y dispuesta a dejar la piel, Italia no hubiera eliminado al maravilloso Brasil del ’82. No hubiera pasado aquella instancia frente a Nigeria en el ’94 jugando con uno menos. Son meros ejemplos que hoy no se pueden ni comparar con la pena que dieron frente a Suecia. Pero esto no viene de ahora, viene desde hace ya dos Mundiales, en donde quedaron afuera en Primera Ronda.

Svezia-Italia-Belotti
Belotti se quiere esconder. El 9 del Torino es el mejor proyecto de delantero que tiene el fútbol italiano, pero aún así no es garantía de nada.

Retomando lo de los juveniles, Italia también demuestra que sus divisiones formativas son una mera pantalla, sobre todo en los clubes grandes. Por caso, si repasamos los juveniles (Mundiales Sub-17 y Sub-20), los números son claritos y los dejan en evidencia.

  • Mundial Sub-17: clasificaron dos veces (2009 y 2013). De los 21 jugadores que compusieron el equipo de 2009, sólo 7 llegaron a jugar en Serie A y tan solo 2 en la Azzurra: Mattia Perin y Stephan El Shaarawy. En cuanto a los del 2013, al día de hoy tan sólo tres debutaron en Serie A.
  • Mundial Sub-20: clasificó una sola vez (2009). De los 21 jugadores que compusieron el equipo, tan sólo 5 llegaron a jugar en Serie A y solamente Giacomo Bonaventura alcanzó a jugar en la selección mayor.

El análisis de las Eurocopas Sub-19 y Sub-21 son más dificiles de llevar, dado que por el formato que tienen en la fase final puede jugar un jugador ya con 23 años y siendo todo un profesional (caso de Chiellini en 2007). Con la Sub-21, su mejor performance fue en 2013 cuando arribó a la final del Sub-21 donde cayó 4 a 2 frente a España. Pequeño detalle: si tomamos los nombres de esos planteles, los italianos aportaron cinco jugadores a la última convocatoria de su Selección para el partido con Suecia, mientras que España acercó once futbolistas. En la Sub-19 no cambia mucho que digamos la perspectiva: de las últimas diez ediciones sólo clasificaron a la fase final en tres ocasiones. En dos de ellas accedieron a la final y la perdieron: la más reciente, en 2016, fue derrota 4 a 0 frente a Francia. La anterior fue en 2008 donde cayó frente a Alemania por 3 a 1. Muy pocos jugadores de aquel equipo arribaron a Serie A, pero el caso emblemático del desinterés por las inferiores es el de Fabio Zamblera: tras la fase de clasificación a aquel torneo, fue adquirido por el Newcastle United. Tras vagar por varios equipos en sus divisiones inferiores y sin haber debutado siquiera en Serie B, hoy juega en el Casazza, equipo de la Promozione Lombarda (sexta división del Calcio).

La voracidad de representantes y empresarios por acercar jugadores de todo tipo y edad ha hecho mella en la confección de los planteles de la Serie A. Se conforma una pirámide inversa de poder que conlleva a la inequidad total, la disparidad y por ende, la falta de rigurosidad competitiva. ¿Como se pretende tener italianos de nivel cuando no juegan italianos? ¿Como se pretende que los italianos que andan bien sean mejores si el dinero los compra y terminan siendo suplentes de equipos grandes? Conti y Gagliardini, comprados por el Milan y el Inter al Atalanta respectivamente, juegan poco. Bernardeschi, comprado por la Juve a la Fiorentina, lo mismo. La diferencia entre los grandes y el resto es tan tangible que cuando les toca jugar, juegan los partidos de recambio o los de Coppa Italia (los que no son definitorios, claro) y así es imposible que se curtan en esto de jugarse una parada brava. La solución a esto es nacionalizar jugadores. Tan malos son los que tienen que nacionalizan a Paletta, a Ezequiel Schelotto, al brasileño Eder. Mientras, le rezan a todos los dioses que Amadou Diawara, la joya que tiene el Napoli, no juegue para Guinea, su país de origen. Así les va.

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PALETTA JUGO UN MUNDIAL PARA ITALIA

Otras de las cuestiones que se ponen en tela de juicio es la calidad de sus jugadores. Seamos honestos: que la vida de Italia ha pasado por saber defenderse, es vox populi. Pero todos olvidan que los italianos tenían uno o dos asesinos llenos de técnica y gol de mitad de cancha para arriba: Rivera, Conti, Bettega, Boninsegna, Paolo Rossi, Vialli, Roberto Baggio, Zola, Totti, Signori, Inzaghi, Vieri, Montella, Toni, Del Piero… todos ellos te solucionaban la existencia con dos pinceladas. Total, atrás estaban re tranquilos porque siempre fue así. Y lo sigue siendo eh, ¿como no estar tranquilos con el enorme Gigi bajo los tres palos? Pero claro, pequeño problema: adelante son fantasmas, tipos sin alma, picardía o habilidad. Quizá podamos rescatar a Il Gallo Belotti, que se las arregla como puede en el Torino, o mismo Insigne, ese enano diabólico del Napoli, pero casualmente ambos fueron suplentes en el partido más chivo que tuvo Italia en muchísimo tiempo ¿Que gran valor ha dado el Calcio en los últimos años? Balotelli en cuanto vio que Inglaterra era difícil, se rajó a Francia para pasear por Niza. Le alcanzó para dejarlo tercero. Ciro Immobile, ese que hace de a pares en Lazio, hizo sapo en Dortmund y en Sevilla. ¿Zaza, Graziano Pelle, Gabbiadini? Nada, absolutamente nada. Oh casualidad, lo mejorcito se asoma en el fondo con otro Gigi, Donnarumma, y con dos centrales destinados a reemplazar a los escuderos de Buffon: Mattia Caldara y Daniele Rugani.

Por último, está la completa pérdida de la brújula táctica. Pasaron de la supuesta vocación ofensiva de Prandelli, que arrancó bien siendo subcampeón de la Euro 2012 pero se fue todo al tacho tras la eliminación en Brasil 2014, a la mesura e inteligencia de Antonio Conte, que pareció ponerlos de nuevo en vereda en cuanto a la identidad pero que la eliminación por penales frente a Alemania en la Euro 2016 lo catapultó fuera del banco. Hasta hoy, el entrenador sigue siendo Giampiero Ventura, que parecía que renunciaba pero no. No sabemos a ciencia cierta a qué intentó jugar con la Selección ni tampoco qué méritos hizo sobre otros entrenadores. Lo cierto es que a la hora de jugarse la cabeza, falló. Una Italia sin ideas, sin juego, sólo destinada a ir por las bandas y tirar centros a nadie (los comentarios en la redes sociales sobre los centros de Candreva se multiplican por millones). Ni un solo fantasista, como le dicen ellos.

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Candreva, el Banega italiano (gracias Calciatori Ignoranti)

El fútbol italiano deberá quemar todo. Repensar la forma de ver su desarrollo y su visión, en donde priman más los clubes que las selecciones nacionales. Lo vemos con sorna y gracia porque no nos tocó, pero estuvimos muy cerca. En una AFA donde hace rato privilegian los negocios, sigue siendo convocado un Banega que ni siquiera dio la nota en el Calcio y en el que creemos que Diego Perotti es una alternativa, pero entran nuestros Enzo Pérez y Cristian Pavón y voilá: nos damos cuenta que tenemos un volante completísimo y un wing que sabe ir al espacio y asistir al 9. Pero nos encandilan las luces de allá. No estamos diciendo que todos los que juegan en Italia son malos, nada de eso, pero no perdamos de vista que esos jugadores son los que destacan en los partidos fáciles y en las complicadas, ni aparecen. ¿Por qué? Sencillo: la mentalidad se adapta a jugar partidos chivos, a saber que el rival que viene es complicado siempre. En Alemania les funcionó al pelo. Si bien la Bundesliga casi siempre tiene al Bayern Munich campeón, los 17 equipos restantes saben que la tienen parda semana tras semana. Que no se pueden relajar. Tarde o temprano, la cabeza se acostumbra a eso. Si no, el chip es muy dificil de cambiar después.

Que le sirva de ejemplo a nuestro fútbol, a quienes conducen los destinos de la AFA. Sonará utópico, pero habrá que terminar con las mafias de los juveniles, con la desidia y las trabas para ceder jugadores, evitar que en los campeonatos venideros se extiendan los cupos extranjeros o las facilidades para los grandes, porque lo que ha hecho grande a nuestro fútbol no sólo es la gambeta, sino la personalidad para los momentos complicados. La plancha de Kempes en el gol a Holanda, la guapeada de Passarella contra Perú, los goles de Diego ante los piratas, la paciencia del Cani para no fallar la única frente a Brasil y por qué no, por mucho mal que ande hoy, el cierre de Mascherano frente a Robben en la semifinal del 2014. Toda esa personalidad se forjó en un futbol recontra parejo, en donde todos le ganan a todos. La identidad de nuestro fútbol siempre fue la gambeta y la personalidad. Hoy Italia no tiene ninguna y por eso está afuera del Mundial. Nosotros estamos adentro porque la primera todavía no nos falló, pero la segunda nos falta desde hace rato. A no dormirse.

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