Pelota de Papel: La maldición del 9

LA MALDICION DEL 9

El calor que hacía esa tarde era insoportable, lo único que podía siquiera paliarlo era el desvencijado ventilador de techo que a duras penas se mantenía sin desplomarse. El ruido que hacía incluso a velocidad máxima había sido objeto de quejas por parte de los vecinos, pero esa tarde era demasiado como para tenerlo apagado. Recuerdo que estaba con la Glock en la mano apuntando a la puerta por si venía otra vez Rosa, la vecina del 5º piso que era casi tan exasperante como el calor cuando divisé la sombra a través del vidrio difuminado de la puerta de la oficina. Ya tenía el dedo en el gatillo cuando vi que la cabeza de la persona que esperaba afuera no tenía ruleros y desistí. Maldición, tenía demasiadas ganas de disparar…

Aunque debo decir que me inquietaba un poco ver que la figura no se movía de ahí. Pensé que podía ser algún asesino pago que estaba tratando de abrir la puerta sin que lo notara (Qué pensaba? Que era un novato de la Academia?), por lo que al parecer mis deseos se estaban por hacer realidad. Cuando tomé nuevamente la pistola y me puse en posición para tirar, sentí un ruido lejano. Era el timbre de la puerta, maldito ventilador de techo, malditos auriculares ozonizados. Rick decía que por eso no teníamos clientes nuevos y puede que ese condenado tenga razón. Guardé el arma y le abrí.

El sujeto del otro lado de la puerta era un rechoncho setentón con la frente, el pecho y las axilas bañadas en sudor. Se lo notaba excesivamente nervioso y terriblemente malo a la hora de elegir antitranspirante. Le hice un gesto con la cabeza para que pasara y por suerte entendió el lenguaje corporal, estaba manteniendo la respiración para no vomitarle encima, su hedor era casi repulsivo. Le dije que tomara asiento y me dijo que prefería tomar agua, que la madera no la procesaba bien. “Un chistoso o un idiota, en todo caso, es peligroso seguirle la corriente” me dije y le señalé el asiento apoyando mi trasero en el mío. Lo entendió y paso seguido le serví un poco del agua que tenía en una jarra, donde los cubitos hacía bastante se habían suicidado. Lo bebió como si la vida le fuera en ello. Luego, comenzó a hablar.

Dijo que era el tesorero de Pasión y Gloria, un club de fútbol que militaba en Primera División. Al decirle que desconocía totalmente el deporte y que no me interesaba, el Sr. Gurbich (tal era su nombre), me dijo si era homosexual. Cuando le apunté con la Glock en el medio de la frente tuvo por contestada la pregunta, pidió disculpas y seguimos. Que a uno le guste tener cortinas a tono con el resto del mobiliario y uno que otro unicornio en la oficina no le da derecho a nadie a acusarme de nada, por mil demonios! A continuación me dijo que el club estaba enfrentando un problema muy grave y que, habida cuenta que se encontraba en el primer lugar del campeonato, que ese tema salga a la luz podía complicarlo, por eso no fueron a la policía y vinieron por mi. Por eso y por el cupón que había salido en el periódico local donde dábamos descuentos los días jueves, en esa tenía que darle la razón a Rick, ese jodido demonio la había acertado con esa “movida de marketing” como la llamó.

El problema tenía nombre y apellido: Silvio Botella, 1,85, cabello castaño, contextura corpulenta, 9 de área, 45 de pie. Era el goleador del equipo y por sus goles estaban punteros en el campeonato. Pero había algo que acosaba al goleador y ahí era donde precisaban nuestros servicios.

_Botella está maldito…Sus goles son una bendición para el club, pero una maldición para otra gente

_No creo en maldiciones, supersticiones o realities, señor Gurbich. El vidrio de la entrada dice “Henry Pool – Detective Privado – Electricista – Clases de Spinner”, no parapsicólogo o algo semejante. Tengo una reputación que cuida.

_No es eso, yo tampoco creo en supercherías, pero lo que le está pasando a Botella sobrepasa lo normal…No sé cómo explicarlo, pero mejor vea esta carpeta y saque sus propias conclusiones.

_Mmmmm, color Manila oficio, con Nepaco rojo, horripilante combinación.

_Le hablaba de lo de adentro…

_Si no especifica…ya le dije que no soy parapsicólogo._ Le dije y me puse a analizar el expediente.

Por suerte de inmediato cayó Rick, venía de cambiar una llave térmica a la señora del 3ºC, él tenía más conocimiento de fútbol que yo, así que sabía de quién estaban hablando. Abrió el expediente,  era una colección de cadáveres, uno asesinado en circunstancias peores que el anterior. Vio las fotos y se quedó pensando un buen rato, con la mano hundida en su flaco mentón. Luego de cavilar otro rato, dijo_ Creo que no le avisé que la térmica no le iba a aguantar dos aires. Ya vengo_ y salió raudo escaleras abajo. Cuando volvió, se posó sobre el expediente y empezó a analizarlo.

_Qué es lo que estamos viendo?_Dijo, dirigiéndose a Gurbich

_Gente muerta

_Menos mal, no me quisiera imaginar lo que sería vivir sin la mitad superior de la cabeza.

_Sin el parietal derecho, eso es por el segundo gol contra Facundo F.C., centro de Umpierrez y cabezazo de Botella. Un golazo.

_Lo recuerdo, pero…Usted me está diciendo que ese gol tiene relación con esta muerte?

_Así como cada uno de los goles restantes, todos se relacionan con los cadáveres. Cada vez que Botella hace un gol, esa misma noche, a lo sumo el lunes a la mañana, aparece un cuerpo asesinado de acuerdo a cómo fue el gol.

_Necesito que me amplíe la información.

_Por ejempo _ Dice y toma una de las fotografías_ Febrero 24, partido contra Defensores, Botella hace un gol de zurda de casualidad (dado que es diestro), aparece este cadáver con un tiro en la frente. Lidia Gonzalez, argentina, afiliada a la Izquierda Revolucionaria Leninista. Esta otra: Marzo 10, partido contra los Colorados, mete un disparo cruzado desde la medialuna, la pelota pega en el travesaño y gol. Roque Malaspina alias “Judith”, argentino, travesti del Once, impacto directo de un adoquín en la nuca. O esta otra, Miriam Esturza, argentina…

_Disculpe Gurbich, pero yo recuerdo ese partido contra los Cometas, centro cruzado de Arman y Botella la mete de chilena. Y Esturza era argentina.

_No fue chilena, fue media chilena, y Esturza era mendocina

_Juraría que fue de chilena, demonios!

_Muchos tuvieron la misma duda, incluso dentro de la cancha pero para mí fue media chilena. Y para el asesino también.

_Y eran todos hinchas de Pasión y Gloria o del rival de turno?

_Algunos si, como Esturza o Malaspina, los otros no, incluso ni tenían un club al que seguían. Triste terminar así

_Peor que no tener club es tenerlo y nunca salir campeón

_Yo lo decía por sus muertes

_Son puntos de vista _ Dijo Rick, tajante, dando por concluída la conversación.

Así seguimos analizando cada foto, cada historia, cada gol. Decidimos tomar el caso, por lo que pedimos un adelanto en concepto de gastos, sellados y demás justificativos para sacar la mayor cantidad de dinero posible y decidimos ir a la fuente, a hablar con Botella. Lo encontramos en su hogar, totalmente enajenado. Cualquiera lo estaría en su situación, demonios! Nos dijo que tenía miedo hasta de respirar, que se había enterado de lo que pasaba, porque las fotos de los cadáveres empezaban a llegar al club después de cada gol suyo. Pidió que lo dejaran en el banco y así apareció el cadáver de Nemesio Arenas, con las piernas atornilladas al piso y las palomas comiendo los restos, tanto de las migas como de sus globos oculares. Fingió una lesión en el isquiotibial, y Roberto Restrepo apareció con dos lanzas clavadas en las ingles. Probó jugar a errar goles, y ahí la ligó Fernando Moreda, herrero. Parece que además de ser un asesino despiadado y sin alma, también carecía de conocimientos ortográficos básicos. Nada parecía detener al asesino, que parecía empecinado en seguir el devenir de Botella.

El delantero no acusaba enemigos. El 9 suplente, Carrera, era amigo suyo, incluso llegaban a alternar actuaciones sin ningún tipo de enemistad. En el ambiente del fútbol tampoco tenía mayores rivales, nunca tuvo una agarrada ni siquiera con un defensor o un arquero rival. Todos parecían tenerle cierta estima, incluso se estaba hablando de un llamado para la Selección y no se oían voces en contra de esa designación. Ni historias de infancia, ni novias despechadas, tenía la misma desde la primaria y tenía la mejor de las relaciones con los familiares de ella. Todos los caminos hacia una enemistad llevaban al mismo punto: no había una persona a la que señalar como el supuesto asesino, siquiera como sospechoso. De su declaración tampoco pudimos sacar demasiados datos, todo era oscuro y amargo como el fernet sin coca. Decidimos volver a la oficina con lo que teníamos y ponernos a trabajar.

Llegamos a la oficina y desplegamos el expediente sobre la mesa. Movíamos una a una las fotografías, los informes pero no lográbamos dar con la tecla. Rick corrió la foto de Hermenegildo Anega (asesinado por un taco aguja luego de una exquisita de finición de Botella para el 3-1 ante Náutico) y ahí estaba: la presionamos y se prendió la luz. Ahora era posible que pudiésemos ver algo. Nuestros ojos desfilaban como modelo en temporada de una imagen a la otra, de un relato al otro, hasta que mi instinto me hizo dar cuenta de un detalle, de una nimiedad que podía darnos una idea sobre el asesino. Expuse mi duda ante Rick.

_ Escucha, no sé si lo notaste, pero hay cierta alternancia entre una muerte y la otra

_Si, una por semana, los partidos se juegan los domingos

_Ya lo sé, pedazo de idiota! A lo que voy es que, por ejemplo, al club la foto de Gonzalez llegó el mismo domingo, pero la de Esturza lo hizo el lunes a la mañana. A la semana siguiente la de Anega apareció el domingo a la noche, otra vez. Y la de Malaspina, de vuelta el lunes.

_Eso puede ser una pista, pero no sé adonde nos lleva

_Tengo miedo que sea la de un Scalectric y nos quedemos dando vueltas en círculos

_Y sin pilas

_Hay algo, sé que hay algo ahí, pero no puedo verl…_Entonces me detuve, una lámpara se encendió en mi cerebro en ese mismo instante. Los médicos dijeron que fue un microinfarto cerebral, pero no lo pudieron dictaminar, cuando reaccioné en el hospital lo veía todo muy claro. Pasa que la habitación era lo más blanco que vi en mi vida. Pero tenía una pista, por Cristo que la tenía!

Entré a la oficina y sobresalté a Rick, que estaba echado sobre el sillón, tanto por mi tempestiva entrada por el atuendo. Me dijo que ver mi trasero peludo a través del camisolín del hospital (que todavía llevaba puesto) había sido la imagen más perturbadora que vio en su vida, sobrepasando al asesinato de Gary Scurge, ultimado con una prensa industrial. Hice un ademán con la mano para que me dejara hablar.

_Rick, dime una cosa, dónde se jugó el encuentro contra Defensores?

_Dejame hacer memoria…Si no me equivoco, Defensores hizo de local ese día.

_Ese día entonces jugaron de visitante, y el restante? Contra Náutico?

_Ese fue de local…Nota alguna pista relevante en eso?

_Más de una! Por último Rick, dime si el partido contra los Cometas Pasión y Gloria hizo de local

_Si, ahora que lo menciona, fue local

_Creo que tenemos a nuestro asesino, Rick! Dime por el amor de tu madre si el próximo partido de Pasión y Gloria es de local

_Mi madre está felizmente casada y no quiere nada contigo, como te lo dije varias veces, pero te lo diré igual: Hacen de locales.

_Debemos movernos rápido!

Y así lo hicimos, no sin antes cambiar de atuendo, Rick seguía insistiendo que no eran ropas para andar por la calle pero, caray! No sentía tanta frescura desde que era un niño! Entendía un poco más a Mike Amigorena. Nos dirigimos al club y chequeé la información con la gente de seguridad, revisamos videos, estaba todo ahí delante de nuestras narices y no lo habíamos visto! Bastó con ver un par de goles desde otro punto de vista para llegar a la conclusión: El asesino estuvo ahí, en la cancha. La charla con los chicos que hacen de alcanzapelotas fue esclarecedora: En el buffet se servía la mejor milanesa del barrio. Además, supieron aportar un dato fundamental. Teníamos que hablar con Botella y coordinar una jugada que era una locura, pero que si salía, por mil demonios, salvaríamos más de una vida.

Los hechos de ese día se sucedieron como una catarata de diarrea posterior a una tarde de cerveza fría, sandía y churros con chocolate. En un momento, hubo penal para Pasión y Gloria y Botella se hizo cargo de la ejecución. Fue gol y el grito inundó el estadio. En ese momento, el oficial Burela se acerca a Ramirez, el alcanzapelotas, y sin sacar los ojos de la tribuna, le dice

_Cómo fue?

_El pavote se resbaló antes de llegar a la pelota, le dio con las dos y fue gol igual

_Con las dos…_Esa fue la última palabra que le escuchó Ramirez a Burela. El partido terminó con ese gol decretando el triunfo de los locales. Luego que se retirara la parcialidad visitante, hizo lo propio la local, escoltada por la policía. Y Burela, el oficial, se apartó del operativo y siguió a dos figuras, unas mellizas que había visto en la tribuna local. Ellas iban a ser su homenaje a Botella. Iba a terminar con las dos al mismo tiempo. Las siguió y el destino parecía sonreírle, porque las dos jóvenes se alejaron del grupo más grande y cortaron por una calle lateral. Burela se acercó de atrás con un taser listo para dormirlas, cuando una de ellas giró y le propinó una trompada, seca como culo de perro, en el medio de la nariz. Era Rick, la otra melliza era yo. El maquillaje hace magia, si lo sabré luego de acostarme más de una vez con una princesa y levantarme con Jabba The Hutt. Nuestro plan había funcionado.

Lo primero que pensé cuando analizaba el caso era que el asesino era bien futbolero, por lo que a buen seguro iría siempre a la cancha. Seguía a su equipo de local y de visitante, pero paradójicamente cuando no jugaban en casa la noticia sobre los asesinatos llegaba antes. Entonces empecé a atar cabos, podía ser que el asesino fuera un compañero de Botella, que después del partido tuviera un márgen de libertad de acción, pero el dato de la muerte de Ezturza fue revelador. La duda en la que entraron el tesorero y Rick me hizo analizar un par de cuestiones. Primero, la diferencia entre una chilena y una media chilena. Después, el uso de dicho término en el fútbol. Esa duda sobre la forma en la que fue el gol me hizo sospechar que el asesino, si bien estaba en la cancha, no podía ver los goles. Se guiaba por lo que alguien le decía. Entonces chequeé la información con los alcanzapelotas, los que afirmaban que había sido de chilena, todos menos Ramirez, que afirmaba que fue media chilena. Cuando hablé con el chico, le pregunté si había alguien que durante el partido lo consultara y ahí salió el nombre de Burela. El resto fue una estratagema urdida entre el club, el árbitro del partido y el club rival, Golondrinas, que se prestaron para la chanza, cometiendo una falta más que evidente para que se cobrara el penal. La imagen del defensor Colman abrazado a la pelota luego que la misma le viniera mansa al pie dio la vuelta al mundo.

En la casa de Burela se encontraron varias evidencias que lo conectaban directamente con las muertes, desde objetos de las víctimas hasta confesiones escritas detallando su modus operandi. Tenía la ilusión de venderlas a una editorial sensacionalista al parecer, por el historial de su navegador, sus mails y un escrito en la pared “OJALA QUE EL NOTICION ME COMPRE EL LIBRO” hecho con sangre de alguna víctima. Incluso encontraron un libro con donde guardaba datos de víctimas para sus muertes como ideas para llevarlas a cabo a futuro. De sólo recordar lo que tenía pensado para un gol de rabona se me revuelve la bondiola que me acabo de comer, pero no puede decir que le faltara ingenio. La pregunta que rondaba debajo de mi sombrero de fieltro era por qué lo seguía a Botella? Los informes periciales hablaron de una prueba fallida en el club cuando era adolescente y fue para jugar de 9. Con que poco se enloquece la gente hoy en día, habráse visto.

Con la tarea cumplida, volví a la oficina solo, dado que Rick debió salir raudo adar una clase particular de spinner a un niño del lado rico de la ciudad. Ese muchacho saca oro de las deposiciones de un boliche bailable. Al llegar, brindé  con lo que teníamos en ese momento en el refrigerador, que resultó ser su muestra de orina, la cual debía presentar al día siguiente. No sé qué le dirá el médico, pero le noté notas metálicas. Creo que tiene exceso de hierro, debería cuidarse más.

 

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