Grandes goleadores argentinos: Herminio Masantonio

En la tercera entrega de la sección, vamos con la historia de quien es casualmente el tercer máximo goleador en la historia del fútbol argentino. Símbolo de las décadas del ´30 y ´40, el mayor ídolo de Huracán también pasó con éxito por la selección nacional.

Herminio Masantonio nació el 5 de agosto de 1910 en la ciudad bonaerense de Ensenada. Su carrera como futbolista comenzó en la Liga Platense, más precisamente en el modesto club Villa Albino de su ciudad natal. Allí estuvo entre 1924 y 1928, en tanto que durante 1929 siguió jugando en el mencionado torneo, aunque con la camiseta del Club Platense de la capital de la Provincia de Buenos Aires. Pero un día y quizás de manera inesperada para él, la gran oportunidad golpeó a su puerta… pero antes retrocedamos un poco en el tiempo.

Don Rafael Masantonio llegó hacia 1880 a este rincón del mundo, dejando atrás su pueblo natal en Italia y con la ilusión de encontrar una vida mejor para él, su esposa y su pequeño hijo Guerino. Luego, irían llegando muchos más hijos a la familia Masantonio (serían 10 en total), siendo Herminio el cuarto varón.

Como Don Rafael era albañil, cuando los chicos apenas dejaban los juguetes ya estaban trabajando, especialmente en los frigoríficos, porque había que “parar la olla”. Herminio andaba por los 14 años cuando terminó el colegio primario y también debió salió a trabajar: primero en un frigorífico -como peón de embalaje en “Swift”- y después junto a su padre, cargando baldes y dándole a la cuchara, sacando buena parte de los músculos que años después le servirían y mucho dentro de un campo de juego.

El gran problema para Masantonio era que a su padre no le gustaba nada eso de que anduviera pateando una pelota, por lo que más de una vez debió aguantar en silencio las palizas de Don Rafael. Así fue que, aún siendo un pibe pero ya curtido por el trabajo y las necesidades, en el pequeño Boxing Club de Ensenada empezó a descargar su bronca dándole a los guantes, saltando a la soga, aprendiendo la nobleza de estar frente a un rival, cara a cara, sin trampas ni rodeos, peleando por ser el mejor. Pero pese a ello, el fútbol podría más. Al respecto, esto contó alguna vez Guerino, su hermano mayor: “Todos sabíamos que jugaba al fútbol. Jugaba en un club que se llamaba Villa Albino, en la Liga Platense, pero no pasaba mucho, aunque todos hablaban de él como un futuro gran goleador. Y como mi papá no quería que jugara, él hacía lo que podía. Lo buscaron de Estudiantes y también de Gimnasia, pero no sé qué pasó que no lo contrató ninguno de los dos y posteriormente llegó a Huracán. Él tenía 20 años y estaba en el servicio militar. Esa época era toda una locura, porque los clubes buscaban desesperadamente a los shoteadores… así fue que lo contrató Don Tomás Adolfo Ducó (N.deP.: quien había oído sobre Herminio y sus virtudes futbolísticas mientras éste cumplía el servicio militar obligatorio). El resto es historia conocida”.

Huracán: idolatría eterna a base de goles

Mayo de 1931. Un todavía desconocido teniente del Ejército, llamado Tomás Adolfo Ducó, es dirigente del Club Atlético Huracán y está colaborando en la conformación del equipo que afrontará el primer torneo profesional del fútbol argentino. Informado de las notables condiciones del protagonista de esta historia -y ante la necesidad de contratar un centrodelantero en forma urgente- un Ducó que en 1938 llegará a la presidencia del club para el primero de sus 3 ciclos como mandamás, decide enviar un soldado a la modesta casa de los Masantonio en Ensenada. Luego del imaginable susto al recibir esa visita, el joven Herminio marcha hacia la vieja sede huracanense ubicada en la Avenida Amancio Alcorta, donde en cuestión de minutos firmará su primer contrato profesional.

Así las cosas, para el primer torneo del profesionalismo, en un abrir y cerrar de ojos el desconocido Masantonio pasó de los potreros platenses a vestir la camiseta de uno de los cuadros más respetados durante la década del ´20 en nuestro país. Asimismo, el pibe tendría la mochila de reemplazar al gran goleador Guillermo Stábile, quien luego de haber ayudado con sus goles al “Globo” para coronarse en 1925 y 1928 aún en la era amateur, había emigrado pocos meses antes al fútbol italiano. Habría que ver cómo respondía el ensenadense a semejante cambio de contexto y a una presión mucho mayor.

31 de mayo de 1931. Por la 1º fecha del primer campeonato en la era profesional, Quilmes recibe a Huracán en su vieja cancha de Guido y Sarmiento. Al caer la tarde, el equipo de Parque Patricios se ha impuesto por un rotundo 4-0 y el juvenil Masantonio, el ignoto centrodelantero llegado en silencio, con sus goles a los 29 minutos de la primera parte y a los 11 de la segunda mitad, ha marcado los primeros 2 tantos de una campaña que será por demás extensa y prolífica en anotaciones. Era sólo el comienzo de una era brillante.

En aquel torneo del ´31, en el que Huracán finalizó en mitad de tabla (fue 8º entre 18 participantes), se pudieron vislumbrar un par de cosas: que Herminio tenía una gran capacidad de gol, dado que marcó 22 en los 32 partidos que disputó, y también que poseía un temperamento volcánico: en la fecha 21 sufrió la primera de las 7 expulsiones que recibiría en su carrera, un número demasiado elevado tratándose de un delantero; y como se irá detallando, siempre lo rajaron por agarrarse a cazotes con algún rival.

Por ejemplo, ese 18 de octubre de 1931 se trenzó con Anselmo Cerviño, defensor de un Platense que le ganó esa tarde 3-1 al “Globo” en la vieja cancha de River. Y encima, luego de la pelea y de ser expulsados por el juez Eduardo Forte, ambos jugadores fueron a parar a la comisaría de la zona.

Ya en 1932 Huracán volvió a tener un gris campeonato, con un 9º puesto, pero Masantonio volvió a destacarse con 17 goles en 28 juegos. Ese año le atajaron el único penal que pateó en la temporada, en lo que fue una muestra gratis de lo que sería su futuro en ese rubro: Herminio terminaría su carrera con una muy baja efectividad a la hora de patear desde los doce pasos.

En 1933 lo del “Globo” fue aún peor (bajó al 12º lugar de la tabla) pero el ensenadense siguió metiéndola y terminó el certamen con 16 tantos en 27 encuentros. A esa altura y con 55 goles convertidos en las primeras 3 temporadas del profesionalismo, Masantonio indudablemente era una de las principales figuras del fútbol nacional.

En 1934 el artillero dio ventaja porque recién arrancó el torneo en la 8º fecha, y pese a la gran temporada que tuvo (23 goles en 25 partidos), su ausencia seguramente influyó para que Huracán tuviera un año horrible y finalizara en el 10º puesto entre apenas 14 participantes, en aquel torneo recordado por la fusión de Atlanta-Argentinos y de Lanús-Talleres (RE). Fue en este campeonato donde lo expulsaron por segunda vez, en este caso luego de agredir a un rival en la derrota 1-2 en cancha de River; lo particular del caso fue que la sanción derivó en una gresca entre hinchas “Millonarios” y “Quemeros”, motivo por el cual el partido se detuvo durante más de 10 minutos.

A la semana siguiente, sin embargo, Masantonio dejó el episodio en el olvido y metió uno de los mejores goles de su campaña: fue en el 3-1 ante Racing y a Juan Botasso, uno de los grandes arqueros de la época (N.deP.: fue el golero argentino en la final del Mundial de 1930). El tipo arrancó en media cancha, dejó a 3 rivales en el camino, eludió hasta a Botasso cuando le salió a achicar y definió con el arco vacío, poniendo el segundo tanto local para encaminar un gran triunfo en Parque Patricios.

1935 fue el mejor año de Huracán en el profesionalismo hasta entonces, con un buen 6º puesto entre 18 contendientes. Masantonio por su parte, como siempre desde su año debut, fue el máximo anotador del club esta vez con 17 goles en 24 encuentros disputados. Y como no podía ser de otra manera, en este torneo también sumó una expulsión: había zafado en la fecha 17 cuando en la derrota ante Racing luego de chocar con José González éste sufrió fractura de peroné, pero en la anteúltima jornada le mostraron el camino de las duchas en el 1-1 ante Atlanta, por fajarse con el defensor Roberto Basilico… 3 expulsiones en 5 torneos, era un gran goleador indudablemente este muchacho, pero también alto cabeza de balde (?).

Habiéndose convertido en jugador de selección el año anterior, en 1936 Herminio tuvo su más floja producción a nivel local hasta ese entonces: en el primer torneo del año hizo 10 goles en 17 encuentros, colaborando de gran manera para el primer subcampeonato de Huracán en el profesionalismo… lástima para ellos que el equipo que se coronó fue San Lorenzo; ya en el segundo certamen del año no sólo bajó el rendimiento huracanense sino también el suyo, dado que apenas mojó una vez en 10 partidos (sumando una nueva expulsión por fajarse con Armando Nery, zaguero de Estudiantes).

Huracán 1936

Volvió todo a la normalidad en 1937, ya que con 28 goles en 29 partidos disputados, fue el máximo goleador de Huracán; siendo bien secundado por un Emilio Baldonedo que metió 23 tantos. Semejante producción le permitió terminar en el podio de los máximos artilleros de la Argentina, aunque muy lejos de esa bestia paraguaya llamada Arsenio Erico, que terminó el año con 47 goles. Ah, y para no perder esa vieja costumbre, en el año en que ganó su primer título con la selección, lo volvieron a expulsar: fue ante Tigre, por pelearse con el ex-zaguero boquense Víctor Valussi.

Ese fenomenal rendimiento del torneo del ´37 fue el prólogo de muy buenos años para Masantonio: en 1938 metió 23 goles en 32 cotejos, en 1939 convirtió 30 en 35 y en 1940 logró anotar 29 en 31, una barbaridad realmente. Una pena para él que nunca le haya alcanzado para ganar un título con la camiseta que tanto quería, lo mejor que pudo lograr el “Globo” fue el 3º puesto en el ´39, en un torneo recordado porque en la primera rueda le pudo ganar a los 5 clubes denominados “grandes”: cabe acotar sobre esas victorias que el ya denominado “Masa” aportó un gol en el 3-2 al campeón Independiente, metió el tanto decisivo en el 3-2 del clásico ante el CASLA y facturó por duplicado en el gran 3-0 a Racing en Avellaneda.

“El Globo” en 1939

En 1941 y 1942 el número de goles de Masantonio bajó un poco, aunque si se tiene la cantidad de partidos que disputó en esos torneos, la producción no fue para nada mala: primero fueron 16 en 21 encuentros y al año siguiente 15 en 24. En el plano boxístico (?), hay que decir que luego de un año ´41 tranquilo, en el ´42 lo volvieron a expulsar en un hecho con ribetes insólitos: en la fecha inaugural y con el partido casi terminado con Huracán goleando 4-1 a Newell´s, Herminio desmayó de una trompada al zaguero Juan Sobrero; pero esta vez también cobró él, porque acto seguido llegó el arquero visitante -el peruano Juan Honores-, quien derribó al fortachón artillero de una piña.

Esta expulsión, la séptima en su carrera (la anterior había sido en un partido del ´40 ante Tigre por pegarle a Raimundo Sandoval) seguramente llevó a pensar a más de un dirigente del “Globo” en el fin del ciclo de Masantonio en Parque Patricios. Ello, sumado a su edad (tenía casi 32 años) y al desgaste de tantos años vistiendo una misma camiseta, recordándose que esa dirigencia que tanto disfrutó sus goles, más de una vez lo multó por desobedecer al técnico de turno y cambiar de posición en pleno partido sin su consentimiento.

Por ello, no fue tan sorpresivo que en 1943 se terminara la primera etapa de Herminio en Huracán. Aquel año jugó apenas 3 partidos (en las fechas 1, 13 y 14) y ni siquiera estuvo todo el torneo en el plantel, porque al comenzar la segunda rueda lo dieron a préstamo a un modesto club uruguayo. Y como gran particularidad, vale señalar que pese a meter la bestial cantidad de 247 goles en 13 años defendiendo la blanca camiseta del “Quemero”, el tipo nunca se pudo coronar como goleador del campeonato argentino. Al margen de estar en el podio como 3º en el ´37, fue 4º en 3 ocasiones: en 1931 quedó a 11 goles de Alberto Zozaya, en 1939 a 10 tantos del ya nombrado Erico y en 1940 a 5 goles de otro paraguayo, Delfín Benítez Cáceres. Tiempos de notables artilleros, donde no era para nada fácil consagrarse como el top a fin de año.

Párrafos arriba se dijo que Masantonio no fue un gran pateador de penales y a las pruebas nos remitimos: ejecutó 17 y solamente convirtió 6 (le atajaron 7 y desvió 4). Los hacía de cabeza, de tiro libre, de jugada, remataba con la fuerza de una mula pero bueno, evidentemente patear desde los once metros no era lo suyo…

Defensor Sporting: única experiencia afuera

Peleado con la dirigencia del “Globo”, Masantonio no disputó la segunda rueda del torneo de 1943 organizado por la AFA. En cambio partió al exilio, para vestir los colores del modesto Defensor Sporting de Montevideo.

En el fútbol del Uruguay tuvo un paso muy breve: apenas jugó 11 partidos y marcó solamente 3 goles, un bajo número si se tienen en cuenta los antecedentes que arrastraba. Sin embargo, cabe destacar que en la última fecha el artillero argentino fue el autor del único tanto en el encuentro en que la “Viola” derrotó a Rampla Juniors; con ese resultado su equipo se salvó del descenso y simultáneamente mandó a la “B” a su vencido.

Culminada su etapa del otro lado del Río de la Plata, muchos suponían que Masantonio iba a retornar a Parque de los Patricios. Sin embargo para eso debería transcurrir un año todavía.

Banfield: un paso sin pena ni gloria

Sorpresivamente para muchos, al retornar a la Argentina Herminio arregló contrato para jugar en el Club Atlético Banfield.  Y si bien el equipo del sur estaba en la máxima categoría, llamaba la atención que fuera a parar allí, dado que era de los cuadros más humildes y el tipo -por sus antecedentes- podía aspirar a algo mejor. Pero ahí fue a parar, poniendo como única condición en su contrato no disputar los enfrentamientos anuales contra ese equipo con el que tan identificado estaba, deseo que le fue concedido por la dirigencia.

Lamentablemente para él, el de 1944 fue un campeonato decididamente malo para Banfield en general y para Masantonio en particular. El albiverde terminó 16to. entre 16 participantes y se hizo acreedor al único descenso en juego, en tanto que el delantero jugó unos pocos partidos (9) y apenas metió un par de goles, que de nada sirvieron en medio de un aciago año.

Huracán: breve retorno para despedirse

Con 34 años cumplidos y el retiro asomando en el horizonte, irse a la “B” y encima vistiendo una camiseta que no sentía, no era la forma en que Herminio quería despedirse del fútbol.

Por ello, tras la amarga experiencia banfileña para 1945 volvió a su querido Huracán, para tener al menos una digna despedida. Y vaya si la tuvo, aunque para eso debió remar bastante. En un torneo en el que el “Globo” terminó ubicado en un buen 5º puesto, Masantonio vio desde afuera casi toda la primera rueda: Heraldo Ferreyro, Delfín Unzué, Juan Salvini y los más conocidos Llamil Simes y Norberto Méndez, estaban por delante de él en la consideración del entrenador. Pero el viejo goleador debutó en la fecha 14 con un gol en el 3-2 ante Atlanta y pudo jugar casi toda la segunda rueda, finalizando el año con 6 tantos en 12 encuentros.

Tipo que se tuteó durante una década y media con el gol, la tarde del 28 de octubre del ´45 hizo el último de su carrera: fue en la goleada 4-1 en cancha de Lanús, cuando por la 25º fecha cerró la paliza ante el “Granate”. Y un par de semanas más tarde, en la caída 1-3 en cancha de River, Masantonio jugó el último partido de su dilatada campaña.

Nuestro homenajeado con “Tucho” Méndez y Baldonedo

Fue un delantero muy impetuoso (a veces en exceso), potente, cabeceador, valiente en el área y de remate potente y preciso, que deleitó durante varios años a los hinchas “Quemeros” en tríos centrales que conformó primero con el mencionado Baldonedo y Daniel Balsamo, y luego con los nombrados Méndez y Simes, quienes años más tarde serían piezas clave en el tricampeonato 1949/51 de Racing.

Habiendo jugado a su lado durante varios años, la de Emilio Baldonedo es una de las voces más autorizadas para contar cómo era el ensenadense como jugador. Y esto contó alguna vez el delantero respecto al protagonista de este post: “Herminio no era el jugador de gran habilidad, pero era muy buen jugador. De esos para ganar partidos, para reaccionar en la derrota, para contagiar a todo un equipo. Y cuando entraba por los laterales, y sobre todo por la izquierda, había que ir a cobrar… Era número puesto, ya se gritaba el gol antes de que shoteara. ¡Y cómo pegaba! Con un fierro y, al mismo tiempo, con una precisión impecable…”.

Con su retirada, atrás quedaban los 255 goles convertidos a nivel de campeonato local (253 en Huracán y los 2 de Banfield), una impresionante cantidad que, a 70 años de su retiro, ha hecho que nadie lo haya podido desplazar como tercer máximo goleador del fútbol argentino de primera división. Herminio no ganó títulos con el club de Parque Patricios que tanto quiso, es cierto, pero obtuvo algo más importante tal vez: la idolatría eterna de su gente.

Selección: excelente rendimiento y un par de títulos

La primera experiencia de Masantonio con la camiseta de la selección nacional tuvo absolutamente de todo, por lo bueno y por lo malo. Convocado para integrar la formación albiceleste que jugó en Perú el Sudamericano de 1935, Herminio tuvo el enorme placer individual de consagrarse como máximo artillero del torneo; aunque en el plano colectivo, le quedó la gran frustración de ver cómo Uruguay le daba la vuelta olímpica en la cara, luego de un inapelable 3-0 sufrido en el match definitorio.

Pero ese encuentro ante los uruguayos pasó a la historia por una brutal pelea suya con un rival, el recio zaguero Lorenzo Fernández. Cabe recordar que durante las primeras ediciones de la actual Copa América, la principal tendencia fue el enfrentamiento directo, áspero, igualado y titánico entre Uruguay y Argentina, quedando el resto de los equipos en una posición de espectadores privilegiados de duelos históricos, muchos de ellos bastante violentos y beligerantes.

Fernández era un “gallego” duro y experimentado, que hablaba poco y pegaba mucho según las crónicas de aquel tiempo. Integrante del equipo campeón en los JJOO de 1928 y en el Mundial del ´30, para él enfrentar a los argentinos claramente era algo especial. La tarde del 27 de enero de 1935, en el Estadio Nacional de Lima, se encontró con un muchacho casi 10 años menor, potente centrodelantero, que jugaba callado pero mostraba una actitud desenfadada ante el recio defensor, sabiendo que sus compañeros confiaban en su poder goleador para alcanzar el título.

Un partido entre Argentina y Uruguay en 1935

Pero no hubo nada que hacer ante la superioridad oriental aquella vez, y los campeones del ´30 en base a fútbol y fuerza (muchas veces al límite del reglamento) se impusieron con amplitud. En un duelo que fue áspero desde el principio, Fernández se cansó de pegarle a Herminio y sus compañeros, quienes no reaccionaban ante ese maltrato… hasta que llegó la hecatombe. Cuentan las crónicas que los 30.000 espectadores presentes en Lima enmudecieron ante el enésimo patadón del uruguayo a Masantonio, sobre todo después del desafiante epíteto que el agresor le tiró: “Levantáte maricón, bo”. Herido en su orgullo, el argentino pese al dolor por las patadas, se levantó como un rayo e invadido por una rabia asesina, empezó a golpear en repetidas oportunidades a un sorprendido Fernández que casi ni atinó a defenderse, llegando incluso a fracturarle la nariz, mientras el público vibraba enloquecido y la policía intervenía en el bochorno.

Una vez calmados los ánimos el juego pudo terminar, cada uno volvería a su país de origen y la pelea quedaría como una graciosa anécdota, lo que el público y el espectador común no supo hasta un par de décadas después, es que tras esa pelea limeña nació una amistad que nunca terminaría: Masantonio viajaba periódicamente para visitar a su otrora rival, mismo gesto que emularía el experimentado defensor uruguayo en más de una ocasión. De hecho,  cuando la suerte del argentino estuvo echada, Fernández no dudó en acercarse a su lecho de muerte para visitarlo y decirle: “No me aflojes ñato, vos nunca te achicaste no te achiques ahora”.

Masantonio (centro) con Pedernera y “El Charro” Moreno

Luego de esa frustración, varios años más tarde la historia volvería a repetirse para él: tras ser integrante (pero sin participar) de los planteles argentinos que en 1937 y 1941 ganaron los Sudamericanos de Buenos Aires y Santiago de Chile, respectivamente, Masantonio fue otra vez máximo goleador del torneo, en este caso el de 1942 organizado por Uruguay; pero “Masa” nuevamente debió resignarse al subcampeonato y a ver como la “Celeste” se llevaba el premio mayor.

Luego de ese torneo en suelo uruguayo se cerró el brillante ciclo de Masantonio con la camiseta de la selección, con un promedio que al día de hoy no ha podido ser superado: con los 21 goles anotados en 19 partidos, registra 1.10 tantos por encuentro… andá a buscarla al ángulo, Messi (?).

El retiro: una muerte demasiado temprana

Lamentablemente, Masantonio partió demasiado temprano de este mundo terrenal. Luego del retiro de la práctica activa y de unos pocos años formando jugadores de divisiones inferiores, tras mantener una breve lucha contra un cáncer de estómago, el viejo goleador falleció consumido por la enfermedad el 11 de septiembre de 1956. Herminio tenía apenas 46 años de edad, por lo que su pronta desaparición física enlutó a todo el ambiente del fútbol pero a la vez, le permitió convertirse en una verdadera leyenda.

Monumento a Masantonio

Varios años más tarde y más allá de que su apellido había entrado desde hacía mucho tiempo en la inmortalidad, llegaron algunos homenajes para él. Primero, se denominó con su nombre a uno de los sectores del “Tomás Adolfo Ducó”, ese terreno en el que tantas jornadas de éxito vivió. En 1996 por otra parte, frente a la sede de Huracán se inauguró en su memoria el primer monumento que se hizo en Latinoamérica a un futbolista. El mismo, fue proyectado por el ingeniero Manuel Vila y posee un bajorrelieve cuyo autor fue Ricardo Micó. Y pocos años más tarde, en ese barrio de Parque Patricios que tantísimas veces lo vio desandar sus calles, se rebautizó parte de la calle calle Grito de Ascencio, entre la avenida Zavaleta y la calle Iguazú, con el nombre de Herminio Masantonio, siendo la primera arteria de la Ciudad de Buenos Aires en ser llamada con el nombre de un jugador de fútbol. Asimismo, es dable señalar que en su Ensenada natal también hay una calle con su nombre.

Cabe destacar que hasta en el plano musical fue homenajeado este hombre, dado que el poeta argentino Francisco García Jimenez compuso en su honor la letra del tango “El Mortero del Globito”, apodo con que el mismo Jiménez nombró a Masantonio, aportando Miguel Padula la música de la obra.

Símbolo indiscutido de las décadas fundacionales de nuestro profesionalismo, Herminio Masantonio fue un sinónimo de garra, personalidad, fuerza y precisión. Notable goleador, su sola presencia en una cancha bastaba para imponer respeto, no por nada, uno de los más grandes del fútbol argentino -Don Adolfo Pedernera- dijo sobre él al momento de su desaparición física: “Fue un Robin Hood de la vida”.

Y ello es porque si bien cuentan que era tímido y callado fuera de la cancha, se trataba de un verdadero león adentro de ella, cuando había un problema siempre era el primero en copar la parada y defender la parada: “Ustedes vayan, son muy pibes para estas cosas”, le dijo más de una vez para proteger a “Tucho” Méndez y otros de sus jóvenes compañeros. Un Méndez que al jugar con él, pudo cumplir el sueño del pibe y así lo manifestó en cierta ocasión: Lo quise desde el primer día que lo ví, fue mi gran ídolo. Lo esperaba todos los días en la puerta del estadio para entrar junto con él, porque quería tenerlo cerca, que todos supieran que Herminio era mi amigo. Llegué a jugar con él y fue el momento más feliz de mi vida… te hacía sentir protegido, porque era eso, un protector.

Herminio Masantonio: guapo, honesto, implacable goleador. Como alguna vez lo definió ese maestro del periodismo llamado Osvaldo Ardizzone, el que para muchos es el mayor ídolo de la historia de Huracán fue ni más ni menos que “Un hombre de verdad”.

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