Grandes fotos del fútbol – Vol VII: Dos historias de dolor, doblecamisetismo y gelpseada

La historia de dos momentos famosos del fútbol mundial la contaremos en las fotos que compartimos por acá el día de hoy. 

El gol de Denis Law al Manchester United, 27 de Abril de 1974

El gol que pasó antes de esta foto es uno de los más conocidos y comentados del fútbol inglés, aunque su real dimensión se ha sobrevalorado y/o distorsionado por la OCSEZIÓN de los medios en crear imágenes románticas del fútbol para generar más clicks. El jugador con rictus (?) amargo que está siendo consolado es una leyenda del fútbol no solo escocés sino europeo: Denis Law, delantero surgido en el Huddersfield Town inglés pero cuyo máximo periodo de gloria lo viviría en el Manchester United. Con los Red Devils duró once años años (entre 1962 y 1973), en los cuales ganó dos ligas, una FA Cup y una Copa de Europa siendo figurón, haciendo parte de la llamada United Trinity con Bobby Charlton y George Best que dirigiera el gran Matt Busby. Le rindió tan bien que es el tercer goleador histórico de los de rojo, y el segundo de su selección.

Después de haberlo ganado casi todo con Manchester United, Law, y luego de varios años muy irregulares debido a las lesiones, quedó libre con 33 años cumplidos para la temporada 1973 – 1974. Law decidió jugar un par de años antes de retirarse, y esperó ofertas de algún equipo interesado en él. Y casualmente terminó yéndose para el odiado rival Manchester City luego que estos le ofrecieran contrato, al que Denis no le hizo mucho asco (tampoco fue una traición flagrante: el escocés había jugado un año con los Citizens en el principio de su carrera). Con los de celeste el delantero jugó ese año 29 partidos entre Liga y Copa anotando 12 goles, así que tan mal no le fue considerando que terminaría siendo su último año como profesional.

Y precisamente su último gol oficial en su carrera fue, cosas que pasan en la puta vida, en un derby que jugado en Old Trafford por la última fecha del campeonato, un 27 de Abril de 1974. Al partido llegaban ambos rivales tras sendas campañas de mierda: el City en el puesto 14, sin nada que pelear en Liga, recién salvado del descenso en la fecha anterior. Pero el United estaba más jodido: llegó a la 42 y última jornada directamente en puestos de descenso – bajaban tres -, por lo que estaba obligado a ganar sí o sí el derby y un partido más que tenía pendiente, y esperar a su vez que Birmingham City perdiera su encuentro de local ante Norwich City para salvarse con muchísima hambre de bajar de categoría. La veterana gloria escocesa jugó de inicialista en el City – sin agresividad alguna de la hinchada local, que lo vitoreó cuando saltó al campo – en un encuentro que las crónicas coinciden en que a pesar de todo lo que había en juego fue horrible y con menos emociones que un discurso.

Hasta que en el minuto 82 el puntero del City y la selección inglesa Francis Lee se va por la banda derecha y manda el pase al área; este le cae a Denis Law al borde del área chica, el cual de espaldas al arco decide tirarlo de taco a ver qué onda. Le resultó perfecto porque terminó en gol: fue el 1-0 que no se movería el resto de lo que se jugó del partido (faltando cinco minutos fue suspendido porque The Big Foot (?) – invadió la cancha), y que definitivamente sepultó las posibilidades del Manchester United de mantenerse en Primera. Ahora, hoy en día se afirma así alegremente al rememorar el gol que Law “descendió al Manchester United“, pero nones: los Red Devils podían haber ganado 45-0 que igual ya estaban condenados por la victoria de Birmingham City un rato después.

Pero eso no lo sabía Denis Law en el momento que metió el gol: probablemente el legendario delantero pensó en ese instante que su gol  efectivamente mandaba al descenso al club en el cual era ídolo histórico, ese en el que acumuló tanta gloria e idolatría. Por eso su reacción fue la más triste del universo: con la cabeza baja y gesto cansado, sin el menor gesto de celebración, se dirigió al centro del campo caminando de manera cansina, recibiendo con mucha resignación las felicitaciones de sus compañeros. Parecía en realidad que había metido un autogol, que cargaba una losa que no se iba a quitar en su puta vida, lo que seguramente llevó a que un desmoralizado Law fuese sustituido enseguida antes de suspenderse el encuentro por la mencionada invasión. Law se retiró a final de esa temporada, luego de jugar el Mundial en Alemania con su selección, al saber que iban a mandarlo al equipo de reservas. Hasta allí llegó su carrera, con 303 goles en clubes y 30 en selección, pero este es por el que más fue recordado.

El penalty fallado de Djukic, 14 de Mayo de 1994

 

 

Pocas historias de hazañas frustradas de equipos humildes tienen tintes más dramáticos que el no-título del Real Club Deportivo de La Coruña en la Liga española de 1993 – 1994. El pequeño club del norte de Galicia era un tradicional ascensor del campeonato español hasta 1991, año en el que logró ascender de la mano del veterano Arsenio Iglesias, hombre de la casa y gallego hasta la raya del pelo. Don Arsenio logró salvar por poquito al equipo de bajar de nuevo en la siguiente temporada, y luego de esta conformó un plantel casi con desahuciados de otros clubes y extranjeros sin mucho mercado, que resultó en un tremendo equipo que se conocería para la posteridad como “El Super Dépor“.

Para la temporada 1993 – 1994 el Dépor tenía como formación base a Paco Liaño en la portería, los centrales Voro y Ribera secundados con el serbio yugoslavo Miroslav Djukic como líbero,  Lopez Rekarte – que salió casi por la puerta de atrás del Barcelona – y Nando como laterales, los brasileños Mauro Silva y Donato y el habilidoso Fran en la creación. Arriba Manjarín o el valenciano Claudio y otro brasileño, el letal Bebeto que llegó al club en 1992 en lo que sería su primera experiencia en Europa con 28 años de edad: a pesar de cansarse de hacer goles en el fútbol de su país, no era muy valorado en el continente que hoy hace soñar a tanto HIPSTERICO porque lo veían muy frágil para el fútbol de allá. El Depor confió en él y ya sabemos cómo le fue. El club blanquiazul combinó una recia solidez defensiva, mucho criterio y quite en el medio y la calidad de Bebeto arriba para dar la sorpresa en la liga 1992 – 1993 al quedar tercero, y arrancar con un gran impulso que mantuvo casi hasta final de temporada, de tal manera que a falta de cuatro fechas iba de líder con tres puntos de ventaja – las victorias daban dos puntos –  sobre el segundo: nada menos que el famoso Dream Team del Barcelona de Johan Cruyff.

Fue entonces que se dejó sentir la inevitable presencia del proverbial cagómetro, ese que casi siempre se le activa a un equipo chico cuando, contra todo pronóstico, está a punto de tocar el cielo con las manos. Dos impensados empates sin goles ante UD Lleida y Rayo Vallecano (ambos terminarían descendiendo esa temporada) se combinaron con dos victorias blaugranas para reducir la ventaja a favor de los gallegos a un solo punto faltando dos fechas. La sombra negra del cagazo creció ominosamente en La Coruña y las dudas llenaron los culos de equipo y afición; imagínate quién putas va a estar tranquilo mirando por el espejo retrovisor para ver acercarse cada vez más al Barcelona de Romario, Stoichkov, Pep Guardiola, Ronald Koeman y Laudrup… En la penúltima el Dépor tenía que ir al campo de Logroñés a ganar sí o sí para depender de sí mismo en la última fecha, y lo logró con tantos de Donato y Manjarín en el ST. Sonrisas de alivio en A Coruña y vuelve la confianza perdida: los blanquiazules quedarían campeones si ganaban por cualquier marcador en la última fecha. Si empataban, tenían que esperar que Barcelona no ganara su partido respectivo porque en ese caso, igualarían en puntos y la ventaja la tendría el Dream Team por su mayor Diferencia de Gol. En todo caso, el Dépor tenía todo en sus manos para obtener por primera vez en su historia el título de campeón de Liga, más meritoria aún por lograrse sobre los ultraprestigiosos Barcelona y Real Madrid. “Tenía todo en sus manos…“. El pequeño gran detalle que distingue a un gran equipo de uno bueno.

La fecha 38 y última de esa Liga se jugó un 14 de Mayo de 1994. Al Dépor le tocaba recibir al Valencia de Guus Hiddink que no tenía nada por qué pelear, mientras que el Barcelona enfrentaría al Sevilla. Prácticamente toda España quería que el título fuese para los esforzados gallegos. Incluso la afición coruñesa estaba en el fondo esperanzada en que Valencia, sin absolutamente nada en juego para ellos, se relajara y entregara en bandeja el partido al Dépor, pero la realidad fue muy diferente. Resulta que Barcelona incentivó a los jugadores de Valencia con una “prima” de tres millones de pesetas por cabeza para salir a ganarle al Dépor, como reconoció años después el central de aquel equipo ché Fernando Giner: “Una semana antes, sabíamos lo que teníamos. El dinero lo cobramos a la semana siguiente. Lo recogimos en la autopista, a mitad de camino entre Valencia y Barcelona. Se encontraron un jugador nuestro y uno de ellos. Lo guardamos en casa de uno del equipo y lo fuimos repartiendo. Salimos a tres millones de pesetas [18.000 euros] cada uno de la plantilla (…). Hiddink no cobró nada. Dijo que estaba cumplido“. En otra entrevista Giner declaró que “Claro que hubo prima, y cuantiosa, del Barça, pero yo soy de una forma de ser en la que la amistad prima más que el dinero. Voro y Nando acababan de llegar al Deportivo esa temporada después de pasar por el Valencia y yo quería que ganarán una Liga que merecían (…) Sí, cobré, pero era un dinero amargo(!!!!!)… amigazo.

La semana previa al partido se sintió una fortísima atmósfera de expectativa en la pequeña ciudad de Galicia: todo el mundo respiraba fútbol, los colores blanco y azul adornaban cada esquina, no se hablaba de otra cosa sino del partido, supongo que hasta cogiendo los coruñeses pensaban en Bebeto. Todo esto pesó como matrimonio a la fuerza en las piernas y pechos de los once jugadores blanquiazules, que ya en el partido decisivo entraron imbuídos del espíritu de La Garrotera: no había manera de crear juego, no llegaban al área del Valencia, no tenían opciones y terminaban dando vueltas sin sentido. El Valencia, en cambio, motivado por el e$píritu competitivo, salió a jugar con muchas ganas y soltura, generando ocasiones y llegando con mucha frecuencia al área local. En el Nou Camp, comenzó perdiendo el local pero rapidito remontó y definió con varios goles de Romario (5-2 quedó el encuentro). Todo dependía de lo que pasara en el Riazor, en el que el tenso ambiente enmarcaba un juego muy plano de los locales, totalmente bloqueados mentalmente para desequilibrar y con un público cada vez más angustiado. Moría el partido y se encaminaba todo a un empate sin goles que le servía el título al Barca, hasta que en el minuto 89 el local Nando entra al área y es derribado aparatosamente por el valencianista Serer. Penalty y el estadio que se quería caer.

Aquí surgió otra leyenda que quedó para la posteridad y que se instaló en el imaginario popular a pesar de no tener asidero real. Se afirmó que Bebeto era el encargado de cobrar el penal pero simplemente se arrugó y le dejó la responsabilidad a otro. ¿Es cierto esto? El mismo Giner ayudó a instalar el mito al afirmar que Bebeto todo el partido le había recriminado por ser unos vendidos, y remató “Lo que son las cosas, cuando pitan el penalti me dirijo a él y le digo que ya lo tenían, que si era lo que quería ya lo había conseguido. Desapareció de mi vista, se escondió y lo tuvo que tirar Djuka [Miroslav Djukic]. Me jodió que se borrara de esa manera“. Ahora, ¿sí era Bebeto el encargado de cobrar penales? Nones: el responsable era Donato, que había convertido cinco de sus diez goles de la temporada por esta vía; Bebeto de hecho había fallado ya dos penales en la campaña. Pero pasó que ya el hispano-brasileño no estaba en el partido, porque habiá sido sustituido. Sin él en la cancha el encargado era Miroslav Djukic, cuyo único gol de la temporada había venido por la misma vía.

El defensor yugoslavo agarró el balón en medio de la euforia y angustia y parto e ilusión de miles de coruñeses dentro y fuera del Riazor, disparó y… falló. Le salió un tirito que fue fácilmente contenido por el portero valencianista González. La foto muestra el desconsuelo a un Djukic totalmente derrumbado después del pitazo final.

 

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