Grandes goleadores argentinos: Carlos Bianchi

Conocido por muchos por ser uno de los mejores entrenadores de la historia argentina, pocos conocen al detalle la etapa del “Virrey” como futbolista. Verdadero animal del área, vamos hoy con la historia de este notable goleador.

“Alguna vez me dijeron que si hubiera hecho toda mi carrera en Argentina, posiblemente hubiera sido el máximo goleador de su historia. Y algo muy similar me pasó cuando dejé de jugar en Francia. Pero la realidad es que al haber jugado en ambos lados y pese a que hice muchísimos goles, no me alcanzó para ser el mayor goleador en ninguno de esos dos países”. Con cierto dejo de nostalgia, en más de una oportunidad Carlos Bianchi ha dejado entrever su frustración por no haber podido quedar como máximo artillero en alguno de los dos países en los que se desarrolló su brillante trayectoria como futbolista, algo que seguramente se debió a que entre Argentina y Francia repartió sus años de delantero en partes casi iguales. Pero a pesar de ese impedimento, estamos hablando de uno de los mayores goleadores de la historia mundial, por lo que su carrera merece ser repasada de principio a fin y a eso nos dedicaremos hoy.

Carlos Bianchi nació el 26 de abril de 1949 en la Ciudad de Buenos Aires. Nieto de un anarquista italiano e hijo de Don Amor, su infancia transcurrió dentro de una familia de clase media, que primero vivió en el barrio de Versalles y luego en el de Villa Real. El mayor deseo de su madre Julia era que estudiara la carrera de Ciencias Económicas, pero ya en el secundario se notaba que el estudio no era lo del joven Carlos, quien se peleaba con los libros y también con la autoridad, a punto tal que a pocos meses de haber empezado el primer año fue expulsado; cuando la señora Bianchi fue a pedir una última oportunidad para su rebelde hijo, el cura que dirigía la institución fue muy sincero: “Señora, créame lo que le digo: deje que su hijo haga lo que realmente quiere hacer… él tiene una pelota en la cabeza”.

Ante ello, su padre no se anduvo con muchas vueltas: “Si no estudias, vas a tener que trabajar”. Por ello, Carlos comenzó a ayudarlo en el puesto de venta de diarios y revistas que aquel poseía, mientras iba subiendo escalones en las divisiones inferiores del Club Atlético Vélez Sarsfield, el más importante de la zona en la cual residía. Hace varios años, esto declaró a “El Gráfico” respecto a su trabajo y a las enseñanzas que allí tuvo: “Yo “bondeaba”. Me levantaba a las cinco de la mañana, subía al colectivo 171, o al 111 y gritaba: ‘¡Clarín, Nación, Crónica, diaaariooos!’. Era amigo de todos los choferes, de los pasajeros que viajaban siempre a la misma hora. Subía y bajaba de los colectivos sin medir el peligro. Con el tiempo me di cuenta de lo importante que fue para mí haber arrancado así. No sé si soy reo, pero aprendí desde pibe la importancia de las palabras, de los hechos y de la verdad o la mentira”.

Vélez Sarsfield: un amor para toda la vida

Luego de escalar peldaños en las divisiones inferiores, la chance del gran debut le llegó a Carlos Bianchi el 23 de julio de 1967, sobre el cierre de la primera fase del Metropolitano de ese año. Fue en el 1-1 registrado en Liniers nada menos que ante Boca, que el joven atacante tuvo la oportunidad de convertirse en jugador de primera división, arrancando encima como titular por decisión de Don Victorio Spinetto, un símbolo de Vélez como jugador y entrenador.

Respecto a lo que fue para Bianchi debutar en primera división, y hacerlo en semejante contexto, bien vale la pena ver el video que se deja a continuación. Ello se debe a que al morir en el año 2013 el gran Antonio Roma, la gente de ESPN lo fue a buscar a Carlos para que recordara su debut y contara una anécdota de lo que significó para él encontrarse siendo un novato con un arquero como era el recordado “Tarzán”:

En ese buen año ´67 para el club (quedó a un paso de las semifinales en el Metro y fue 3º en el Nacional) Bianchi pudo jugar muy pocos partidos: jugó a la fecha siguiente tras debutar ante el “Xeneize” y en el segundo semestre del año agregó un encuentro más. Pero el primer paso ya estaba dado, ahora debía llegar el momento de la consolidación. A pesar de tener sólo 18 años de edad, lograría de a poco hacerse un lugar en el equipo del “Fortín”, que al año siguiente iba a tener la mayor alegría de su existencia hasta ese entonces: la coronación en el Torneo Nacional.

Pero en la primera parte de 1968 se jugó el Metropolitano, donde el equipo de Manuel Giúdice se metió entre los 4 mejores y en semifinales cayó ajustadamente ante el Estudiantes dueño de América. Bianchi en ese torneo pudo jugar ya casi un tercio de los partidos de su equipo (7 de 23) y además comenzó a tutearse con la red. El primer gol fue casi intrascendente, ya que fue el último de un éxito 4-2 ante Argentinos Juniors: lo marcó el 7 de julio y en cancha de Atlanta, siendo Luis Gerónimo López el primer arquero vencido, en una lista que con los años sería demasiado extensa.

Sin embargo, si ese gol había pasado desapercibido más allá de ser su bautismo en la red, todo lo contrario ocurrió con el segundo y último gol que marcó en ese torneo. A la semana siguiente, Vélez empató 1-1 como local ante River, equipo que sería el otro semifinalista del Grupo “B”. Y si bien aquella tarde del 14 de julio el eterno Amadeo Raúl Carrizo logró llegar a los 769 minutos sin recibir goles, tras agarrar un rebote en el travesaño, a los 4 minutos del complemento un suave cabezazo del pibe Bianchi pulverizó esa marca y simultáneamente le dio gran notoriedad en el ambiente.

Para colmo, cabe destacar que para Carlos enfrentar a River y al famoso arquero, no era algo que lo tuviera sin cuidado. De hecho, esto declaró en “Gente” pocos años después de ese gol: “Cuando era pibe iba a ver a River para verlo a Amadeo (Carrizo). Es el más grande jugador de fútbol que vi en mi vida. ¡Y cómo le pega a la pelota! ¿Vieron esas que vienen a la altura del pecho, en las que (Oscar) “Pinino” Mas revolea la zurda y saca un cañonazo bárbaro? Esa jugada, él la hace como si tal cosa”. Y ya a fines del siglo XX, en 1999 para ser más exactos, dejaba estas palabras ante un periodista de “El Gráfico”, que lo consultó por su ídolo de la niñez: “Amadeo siempre será un referente del fútbol argentino, era la perfección en el arco”.

A continuación, un breve video con una entrevista que le realizara en su modesta casa tras ese encuentro, el recientemente desaparecido periodista Andrés Percivale. Una joya de época que vale la pena ser revisada:

Y en el segundo semestre del ´68 sí, la gloria golpeó a su puerta: pese a no ser titular, alternó y estuvo presente en 11 de los 17 encuentros que Vélez debió jugar para obtener el primer título de su historia, que además sería el único hasta entrada la década del ´90.

En aquel recordado Torneo Nacional, Bianchi aprovechó las chances que le dio el “Colorado” Giúdice y metió 7 goles en 11 fechas, un número excelente para un pibe de 19 años, que la remaba de atrás con José Luna, Omar Wehbe y Mario Nogara para tener un lugar en la delantera. De hecho, en el famoso torneo desempate jugado con River y Racing para dirimir al campeón, no tuvo minutos en el inolvidable empate ante el “Millonario”, pero pudo jugar todo el complemento -entró por Nogara- en el 4-2 ante la “Academia”, aquel glorioso 29 de diciembre en Boedo.

Luego de que Spinetto en el ´67 lo hiciera debutar, y tras un ´68 con rodaje por parte de Giúdice, la llegada a Liniers de Alejandro “Jim Lopes” Galán para 1969, le sirvió a Bianchi para transformarse definitivamente en jugador titular de la “V” azulada. Prueba de ello es que en el Metropolitano de ese año jugó 15 encuentros, en los que marcó 5 goles. Pero mucho mejor fue su producción en el Nacional, torneo en el que hizo 12 goles en los 12 cotejos que disputó.

Sin embargo, la llegada de Jorge Ruiz en 1970 y una inoportuna lesión, hicieron que Bianchi se perdiera casi todo el Metro: apenas pudo jugar 3 cotejos, aunque para no perder la costumbre, en esos pocos minutos metió un par de goles. Para el Nacional fue elegido como entrenador Armando Mareque, quien confió en él y el “9” le respondió con todo… 20 partidos jugó y 18 goles metió. Con esos números, pese a la frustración que le significó ver a Vélez quedando en la puerta de las semifinales (N.deP.: fue 3º en una de las 2 zonas que tuvo el certamen), Carlos pudo coronarse por primera vez como máximo goleador del fútbol argentino, postergando a un muchacho con el que años después se cansaría de batirse a duelo en el fútbol europeo.

En una previa ante Huracán

Pero si lo suyo el año anterior había sido muy bueno, lo de Bianchi en 1971 fue simplemente magnífico. Hay que decir que el Metropolitano ´71 tuvo sin dudas un sabor agridulce para él: con la nada despreciable suma de 36 tantos (casi la mitad de los 77 que marcó su equipo, una bestia realmente) se convirtió nuevamente en máximo goleador del torneo, pero a su Vélez se le escapó en forma increíble el título, luego de una inesperada derrota en Liniers ante Huracán en la jornada final, lo que posibilitó la consagración de Independiente aquel aciago 3 de octubre. Esa fue según sus propias palabras, la tristeza más grande que le tocó vivir en casi dos décadas como jugador profesional.

Respecto a su labor en dicho torneo, cabe destacar que si bien el 33% de sus goles fue de penal, el tipo metió TODOS los que ejecutó durante el certamen, ni una vez falló. Además, tuvo asistencia perfecta, toda vez que participó en los 36 cotejos de ese campeonato que tuvo al “Fortín” como subcampeón. A esa altura, decir que Carlos estaba entre los mejores delanteros del país era casi una obviedad.

En el segundo semestre del año la producción velezana bajó notablemente (el equipo terminó 6º en una de las 2 zonas del Nacional ´71), pero él igualmente cumplió: 6 goles conquistados en 10 cotejos disputados.

Vélez 1971

Sus números siguieron siendo realmente muy buenos durante 1972 y a las pruebas nos remitimos: en el Metropolitano jugó 26 partidos y marcó 16 tantos -fue 3º en la tabla de artilleros detrás de Miguel Brindisi y Roque Avallay-, mientras que en el Nacional participó en 11 encuentros y anotó 11 goles, dejando a Vélez justo detrás de San Lorenzo y River en su grupo, equipos que terminaron disputando la final del torneo.

Convertido ya en una de las máximas figuras de un fútbol argentino que estaba en transición (recordemos que la selección no se había clasificado al Mundial del ´70), en 1972 Carlos fue noticia fuera de los campos de juego, por casarse con Margarita Pilla, la misma mujer que lo acompaña hasta el día de la fecha y quien le dio dos hijos: Mauro Carlos y Brenda.

Hablando de Margarita, cabe recordar una anécdota que tiene relación con ella y con un frustrado pase de Bianchi al fútbol mexicano, que vaya uno a saber cómo hubiera cambiado su notable trayectoria futbolística. Sucede que cuando promediaba el año 1971, llegaron a la Argentina dirigentes del Cruz Azul dispuestos a lo que sea con tal de llevarse los goles de un pibe que apenas tenía 22 años cumplidos: “Señor Bianchi, queremos que sea jugador de Cruz Azul y no estamos dispuestos a recibir un no como respuesta”. Ante ello, el delantero les explicó que ganaba bien en Vélez, que en Liniers iban a pedir mucha plata por su pase y que además tenía que consultarlo con su novia, con quien ya tenía planes de casamiento. Lejos de amilanarse, los mexicanos le respondieron que el dinero no era un problema (le iban a pagar por mes unos $ 2.000.000, contra los $ 350.000 que percibía hasta allí), que por lo que pidiera su club tampoco iba a haber ningún drama y hasta le regalarían una luna de miel de lujo para él y su novia.

Bianchi con amigos

La gente de Vélez prontamente arregló con sus pares mexicanos e incluso aprovecharon para vender en la misma operación a José Miguel Marín, el notable arquero que venía siendo figura velezana desde 1965. Con todo arreglado de palabra, Bianchi llegó a viajar a México, jugar un amistoso y hasta meter un gol, empezando a ilusionar a los hinchas de la “Máquina Cementera”. Pero inesperadamente, la AFA metió una resolución prohibiendo la venta de jugadores Sub-23 al exterior -supuestamente para proteger el proyecto “Selección Nacional”, en tiempos pre-Menotti aún- y pese a los intentos del Cruz Azul, la operación no se concretó… eso sí, los mexicanos tuvieron un gran gesto y cuando Carlos se casó al año siguiente, él y su esposa tuvieron una luna de miel de lujo en Acapulco.

Hacia 1973 y ya con varias temporadas convirtiendo muchos goles, parecía poco probable que el joven Bianchi (apenas tenía 24 años) se quedase mucho tiempo más en la Argentina. Y así fue que un día vinieron directivos del Stade Reims a verlo en acción y se quedaron maravillados con lo que vieron, más allá de las referencias previas que tenían.

Efectivamente, el ´73 sería el último año de su primer ciclo con la “V” azulada en el pecho y ni siquiera llegó a terminar el primero de los dos campeonatos que se jugaban anualmente. Luego de estar ausente en el primer par de jornadas, el Metropolitano comenzó para Bianchi en la 3º fecha, siendo del autor del gol con el que su equipo batió 1-0 a Racing en Liniers.  En medio de un torneo en el que el CAVS finalizaría en un digno 6º puesto, la despedida del goleador fue a todo lujo: el 27 de mayo, en el ya denominado “José Amalfitani”,  Vélez vapuleó 4-1 al San Lorenzo bicampeón ´72, en lo que fue un duelo de notables entrenadores de la época (Osvaldo Zubeldía y Juan Carlos Lorenzo respectivamente). Ese día Carlos marcó nada menos que un triplete, llegando así a 6 goles en 11 encuentros disputados… pudo haber terminado con algún gol más ese campeonato, pero marró los 2 penales que ejecutó.

Si bien la liga de Francia no era de las más importantes de Europa y encima irse allí significaba hipotecar buena parte de las chances de concurrir a Alemania ´74, la realidad es que Bianchi quería jugar en el fútbol europeo y a su club le venía bien recibir una buena entrada de dinero, por lo que armó las valijas y puso fin a su primera etapa en Vélez con estos números de ensueño: 121 goles en 165 partidos disputados.

Stade Reims: el gran desembarco en Francia

En su primera temporada en el nuevo medio, el delantero argentino demostró que no necesitaba tiempo de adaptación ni nada por el estilo: marcó la friolera de 30 goles, una cifra que le permitió coronarse como máximo artillero del torneo francés y que en buena medida ayudó a que el Stade Reims finalizara en un buen 6º puesto entre 20 participantes del campeonato 1973/74.

Stade de Reims 1973-1974

Fama, dinero, respeto profesional… todo eso había logrado Bianchi en su año debut en Francia. Pero lo que parecía un sueño, devino pesadilla el 9 de octubre del ´74, ya con la temporada 1974/75 en curso: esa noche, en un amistoso jugado en París entre su equipo y el famoso Barcelona de Johan Cruyff, un zaguero central del conjunto catalán (“Gallego”) se le cayó encima de la pierna izquierda y el mundo se le vino encima al argentino, toda vez que fue sufrió una triple fractura de tibia y peroné. De esa noche se recuerda a Don Amor ingresando a la cancha con la intención de agredir al involuntario victimario de su hijo, siendo frenado por un Santiago Santamaría que era compañero de equipo del “9”.

Luego de más de 5 meses de convalecencia y recuperación, Bianchi volvió a las canchas, con las dudas de unos cuantos acerca de su verdadera condición física. Pero el tipo volvió como nuevo  y metió unos cuantos goles en ese tramo final del torneo, los que sumados a los marcados antes de octubre, le permitieron totalizar 15, aunque lejos de otro argentino (aquel a quien en 1970 había postergado cuando ambos jugaban aquí) que lideró la tabla de artilleros: Delio Onnis.

La ausencia de Carlos en buena parte de la campaña 74/75 derivó en que el Stade Reims finalizara en la parte media de la tabla (11º), situación que cambiaría favorablemente en el torneo de 1975/76, cuando el porteño estuvo en plenitud y con sus 34 goles colaboró notablemente al 5º puesto de su equipo. Como curiosidad, vale destacar que en ese certamen el podio de los goleadores fue íntegramente argentino: atrás de Bianchi quedaron el nombrado Onnis (Monaco) y Hugo Curioni, hombre surgido en Boca que defendía la camiseta del Metz por aquel entonces.

En la temporada 1976/77 la producción del club volvió a decrecer -fue nuevamente 11º- y aunque la de Bianchi también lo hizo, los 28 goles señalados le bastaron para coronarse por tercera vez en 4 años como máximo artillero de la Ligue 1, una bestia realmente. Esta vez su escolta no fue un compatriota, sino un joven que recién asomaba y jugaba en el modesto Nancy. ¿Su nombre? Michel Platini.

En la que sería su última campaña con el equipo de Reims, el argentino estuvo a un paso de ganar un título, pero lamentablemente para él, en la final de la Copa de Francia le tocó medirse nada menos que con el Saint-Éttiene, mejor club francés de la década del ´70 y que además había perdido ajustadamente la final de la Copa de Europa el año anterior. Pese a arrancar en ventaja, Bianchi y sus compañeros no pudieron aguantar la embestida del elenco donde era figura Osvaldo Piazza (alguien con quien Carlos inició una larga amistad estando en suelo galo) y los de camiseta verde se terminaron imponiendo 2-1.

Paris Saint Germain: jugando solo es muy difícil

Sintiendo que había cumplido un ciclo y con ganas de cambiar de aire, en el verano europeo del ´77 Bianchi pasó a vestir los colores del Paris Saint Germain, aunque para los caídos del catre (?), bien vale poner las cosas en contexto, sobre todo en tiempos de petrodolares para el equipo de la capital francesa.

El PSG no tenía absolutamente nada que ver con lo que es hoy: había sido fundado poco tiempo antes (1970), producto de la fusión de dos equipos parisinos. Y luego de algunos años escalando en las divisiones de ascenso, en 1974 hizo su estreno en la máxima categoría, aunque hasta la llegada de Bianchi había cumplido performances bastante mediocres; de hecho, debería esperar hasta 1982 para ganar algo (una Copa de Francia) y recién a mediados de los 80´s obtendría su primer título de liga.

La realidad es que al argentino en el club de la capital le fue realmente muy bien a nivel individual, toda vez que en las temporadas 1977/78 y 1978/79 se consagró como máximo goleador del campeonato francés, con 37 y 27 tantos respectivamente, dejando como escolta en ambas oportunidades a su compatriota Onnis.

Pero al pobre Bianchi se le hacía muy difícil tirar del carro casi en soledad. Prueba de ello es que a pesar de la parva de goles que metió en ambos campeonatos, en 1978 los parisinos finalizaron en el 11º puesto y en 1979 lo hicieron en la 13º colocación. De hecho, en ese segundo campeonato que jugó en París por momentos pelearon la permanencia, lo que lo llevó a tener más de un altercado con su director técnico: resulta ser que en febrero del ´79, el PSG apenas tenía 21 puntos en 25 partidos y estaba ahí nomás de la zona de descenso. Y tras un empate contra el colista Niza, el técnico Velibor Vasovic decidió excluir a Carlos del equipo, pese a que el tipo hasta había metido un gol. El yugoslavo acusó al “9” y al capitán del equipo (N.deP.: Mustapha Dahleb) de no poner la suficiente garra (?) y así lo hizo saber a la prensa: “No mojaron sus camisetas el pasado domingo frente al colista y eso nos costó dejar un punto”. Bianchi, que ya sumaba casi 2 decenas de tantos, le respondió con esa ironía tan propia de él: Vasovic es el patrón y no discuto lo que hace. Lo que me parece extraño es que los que me siguen en la tabla de goleadores anoten menos que yo aunque empapan de sudor sus camisetas.

Una vez lograda la permanencia, y habiendo sido el principal artillero en 5 de los 6 torneos ligueros disputados en Francia, el tipo era ya toda una celebridad y su nombre sonaba en toda Europa. Pero cuando parecía que iba a dejar el PSG para probar suerte en otro país del viejo continente, lo tentó la posibilidad de disputar la Copa de Campeones y por eso fichó para el campeón francés de la 1978/79.

Racing de Estrasburgo: un paso sin pena ni gloria

Indudablemente, el paso de Bianchi por el Racing fue de lo peor que registra su brillante primer ciclo francés. El equipo venía de ganar la Ligue 1 en la temporada anterior y por eso para la de 1979/80 había grandes expectativas, con un equipo que no sólo afrontaría la doble competencia a nivel local, sino también la actual UCL, en tiempos donde todo era más democrático y cualquier equipo podía aspirar a llegar a instancias decisivas.

De hecho, la final de esa edición la disputarían el Nottingham Forest y el Hamburgo, donde los ingleses pudieron retener la corona lograda en la 78/79. El Racing de nuestro protagonista arrancó en forma inmejorable, superando al IK Start noruego con comodidad en los 16avos de final; mucho más sufrido en cambio fue lo de la etapa de 8avos de final, donde para pasar al Dukla Praha checoslovaco necesitó de ir al tiempo suplementario en la revancha. Estando entre los 8 mejores equipos de Europa los hinchas estaban ciertamente ilusionados con hacer historia, pero en cuartos de final el Ajax terminó con cualquier esperanza: luego de un empate sin goles en suelo francés, en Amsterdam los holandeses barrieron 4-0 y pusieron fin al sueño de Bianchi y compañía.

Bianchi en el Racing francés

En el orden doméstico, la liga la ganó el Nantes donde jugaban los argentinos Enzo y Víctor Trossero, quedando el club de Estrasburgo en el 5º puesto, a un paso de las competiciones europeas. Bianchi estuvo afectado por algunas lesiones, y apenas pudo anotar en 8 ocasiones durante esa temporada, la que sin dudas fue la más floja desde su llegada a Francia en 1973.

Ese mal año en el Racing, sumado al deseo de su único club en la Argentina de contar con él, hicieron que Carlos Bianchi decidiera volver a su viejo amor. Atrás quedaban los 179 goles (107 en SR, 64 en PSG y 8 en RE) en 220 partidos jugados en Francia, notables guarismos que lo ubican al día de hoy entre los 10 máximos anotadores de aquella liga.

El goleador tenía 31 años por aquel entonces, y muchos se preguntaban cómo respondería en su vuelta a un torneo que había cambiado bastante desde su partida.

Vélez Sarsfield: regreso en plenitud

Luego de un digno papel en la Copa Libertadores de 1980 (N.deP.: la primera de su historia), donde llegó a semifinales, el Torneo Nacional fue regularcito para Vélez, dado que terminó 4º entre 7 participantes de su zona y no clasificó a los cuartos de final. Bianchi re-debutó con la “V” azulada en el pecho el 7 de septiembre del ´80, en la fecha inicial del torneo: fue en una caída de local 2-3 ante Racing que pareció preanunciar el flojo semestre que tendrían los de Liniers. Esa tarde Carlos marcó el 2-2 transitorio, siendo ese el primero de los 5 goles que metió en 9 encuentros hasta fin de año.

El Metropolitano de 1981 no fue un buen torneo ni para Vélez (que terminó en un opaco 11º lugar entre 18 participantes) ni para él mismo, toda vez que en 27 partidos jugados apenas metió 6 goles y encima sumó 2 expulsiones, raro en un tipo que era bastante correcto. Como particularidad puede señalarse que ambas rojas las vio ante el modesto Sarmiento, que ese año hacía su debut en la máxima: en la primera rueda lo echaron en Junín por agredirse con Horacio Cordero, mientras que en el choque de la segunda ronda, lo rajaron por protestar fallos.

Vélez de 1981

Ya en el Nacional la cosa mejoró mucho, dado que el “Fortín” llegó hasta las semifinales, en buena medida, gracias a la gran capacidad goleadora de su “9”.  Vélez terminó entre los 8 mejores de un torneo con 28 participantes (fue 2º en una de las 4 zonas que tenía el certamen) y en cuartos de final debió toparse nada menos que con Boca, vigente campeón del Metro y que con Diego Maradona y compañía quería repetir en el segundo semestre del año. Pero para sorpresa de todos, el que pasó de ronda fue el cuadro de Liniers, porque tras una agónica derrota 1-2 en La Boca -todos los goles llegaron en los últimos 5 minutos, cuando ya estaban jugando 8 vs. 8-, en la revancha ganó 3-1 y así decretó el final del primer ciclo de DAM en el “Xeneixe”. Esa tarde en Liniers Bianchi marcó temprano el primer gol local, para así encaminar el éxito velezano.

El sueño de Carlos de repetir el título logrado 13 años antes -también en un Nacional- murió en semifinales y nada menos que ante el clásico rival: Ferro Carril Oeste. Recordemos que el equipo de Caballito sería campeón al año siguiente y también en el ´84, por lo que estamos hablando de una de las mejores formaciones de aquel tiempo. Pese al empate transitorio de Bianchi de penal, los dirigidos por Timoteo Griguol ganaron 2-1 en la hora la ida como visitantes y parecía que el pase a la final sería un trámite; pero en la revancha y cuando su equipo jugaba con 10 hombres, sobre la hora el notable artillero clavó un lindo tiro libre, lo que llevaba la serie a la definición por penales… aunque lamentablemente para él, en tiempo de descuento el histórico Carlos Arregui puso el 1-1 final y FCO pasó a la primera final de su historia.

Cabe destacar que Bianchi cerró su participación en el torneo con 15 goles (siendo solamente uno de penal) en 17 encuentros, motivo por el cual, luego de 10 años se coronó nuevamente como máximo goleador de nuestro país… esa sería la tercera y última vez que lograría tal distinción en el fútbol argentino.

Para comienzos de 1982 llegó a Vélez uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol argentino: Norberto Osvaldo Alonso. El talentoso “Beto” había tenido problemas en River con el entrenador de turno y por ello se fue para Liniers. Con semejante asistidor, muchos pensaron que Bianchi se iba a cansar de meterla, pero cuentan las malas lenguas (?) que, producto de sus fuertes personalidades, el “9” y el “10” no se llevaban muy bien que digamos y eso se terminó trasladando muchas veces al campo de juego. De hecho, más de una vez cuando a Bianchi le han preguntado por el mejor asistidor que tuvo a lo largo de su carrera, el primer nombre que vino a su boca es el de Carlos Ángel López, enganche que había descollado en Racing a fines de los 70´s y que tras romperla con Sarmiento en el Metro ´81, compartió equipo durante un año y medio en Liniers con el “Virrey”.

En aquel 1982 en que el CAVS tuvo un irregular Nacional y un buen Metropolitano, Carlos tuvo un año notable, terminando con 30 goles en 50 encuentros jugados. En una temporada donde jugó muchísimos minutos dando una gran muestra de vigencia, se destacó por ejemplo por el triplete en el 3-1 ante River (el 21 de noviembre en Liniers), así como también por haber arriesgado su físico antes de un encuentro ante Racing sin importarle las consecuencias: pese a tener una costilla fisurada quiso jugar igual, pero el médico se negaba a darle el OK. Ante ello, Bianchi tuvo que firmar un documento en el que se hacía responsable de lo que le sucediera, y ya en el campo de juego para no perder la costumbre metió un gol.

Gol de Bianchi a River

1983 fue el último año que Bianchi jugó completo en Liniers. En el Nacional los dirigidos por Juan Carlos Lorenzo tuvieron un gran arranque, pero inesperadamente -en octavos de final- fueron eliminados en forma ajustada por River, que estaba viviendo uno de los peores momentos de su historia. El goleador metió apenas un par de tantos en 9 encuentros, pero retomó su grata costumbre en el Metropolitano, ayudando notablemente a que Vélez cumpliera una gran campaña y terminara en el 4º puesto: en ese semestre jugó 30 partidos y metió nada menos que 22 goles, terminando como escolta de Víctor Rogelio Ramos en la tabla de artilleros.

Pero más allá de sus buenos números del ´83, si por algo ese año de Bianchi quedó en la memoria fue por lo que ocurrió la tarde del 14 de agosto, en Liniers. Ese día, el equipo de Roberto Rogel venció 1-0 al Huracán de Osvaldo “Chiche” Sosa, con un gol de Carlos en la parte final del encuentro… nada raro hasta ahí, ¿no? La cuestión es que el “9” al meter su gol encaró hacia la tribuna visitante y, totalmente sacado, se dedicó a hacerle gestos obscenos a los hinchas del “Globito”. De hecho, Bianchi fue expulsado por esa acción, detenido por la policía tras el encuentro y terminó en la comisaría sin escalas, en una situación totalmente inusual para un futbolista.

Esto reflejó la edición del diario “La Nación” del martes 16: “Quedó en libertad el jugador Carlos Bianchi. Fue liberado tras permanecer detenido en la comisaría 44ª, a la que fue trasladado al finalizar el encuentro entre Vélez y Huracán. La historia podría ser sombría pero ya que tiene final feliz, la recordaremos a través del extravagante dictamen del juez, publicado en “La Razón” cuando fue absuelto: “Se le enrostró haber efectuado un ‘corte de manga’ contra la hinchada luego de convertir un tanto. Dicha acción, colocando un brazo en posición de 90 grados y el otro cruzado sobre el ángulo, no es más que una expresión grosera que contiene el mismo insulto que si hubiera gritado: váyanse todos la p… que los p… Ello es reprochable, grosero, pero no delito criminal. Podremos decir que Bianchi es un exaltado, o un grosero, pero no es un delincuente (…) El otro hecho ofensivo que se imputa a Bianchi es haberse tomado con ambas manos zonas púdicas y efectuar ademán contorsivo hacia la misma hinchada (…) Sólo la exhibición de las partes pudendas que con las manos se tomó pudieron haber constituido delito. En la Argentina de hoy, aplicando el criterio que la denuncia sostiene, debiéramos detener a todos los jovencitos de ambos sexos que con sus pantalones vaqueros ajustados muestran los contornos con que la naturaleza los dotó, y parece que ello está de moda. En Buenos Aires ni uno solo de los Fiscales del Crimen se ha escandalizado por sinnúmero de revistas de aparición reciente y cuyo contenido principal consiste en fotos de partes pudendas y terminaciones del recto apenas cubierto por un hilo”.

Desde su segundo año en el retorno a Vélez, Bianchi venía amagando con colgar los botines y 1984 no fue la excepción en tal sentido. Por ejemplo, en 1981 había declarado lo siguiente: Yo sé que en Vélez me quieren, pero también sé que no soy un superdotado para jugar siempre bien. Va a llegar el día en que convertir goles se me haga difícil y, como no estoy exento de eso, no quiero que me griten “andate, no robés más””. Y ya en el ´83 a su vez dejó la siguiente frase: “Compruebo que el tiempo del ridículo, del Bianchi grotesco, todavía no llegó”.

Vélez 1984

Aquel año ´84 arrancó con un fracaso del club en el Nacional al no poder pasar el grupo compartido con Rosario Central, Belgrano y el modesto Central Norte, por lo que Carlos disputó apenas 6 cotejos y terminó con 2 goles.

Habiendo tenido infinidad de técnicos en sus dos pasos como jugador del CAVS, cabe mencionar que el último que tuvo el privilegio de dirigir a Bianchi fue Alfio Basile, quien a comienzos de la década del ´80 había tenido destacadas campañas con equipos cordobeses como Racing e Instituto. En el Metropolitano ´84 Vélez terminaría en el 6º puesto entre 19 participantes, pero el “9” no completaría ese campeonato, terminando con 11 juegos y 6 tantos: como una vuelta del destino, así como ante Boca jugó el primer partido de su carrera 17 años atrás, ante el CABJ fue su despedida de Liniers: inesperadamente, teniendo en cuenta el pésimo año auriazul, el 1º de julio de 1984 el “Xeneize” ganó 2-1 en el “José Amalfitani” y puso punto final a la segunda etapa de Carlos en el club que más quiso. Su último gol había tenido lugar un par de semanas antes y por suerte ante su gente, cuando de cabeza anotó el 1-0 ante Estudiantes tras agarrar un rebote del joven Luis Alberto Islas.

En el momento del adiós, el eterno goleador expresó lo siguiente: “Es mejor que me vaya ahora, cuando todavía me quieren, y no que empiecen a insultarme porque no la meto adentro. Largo, esta vez sí… Bueno, lo mismo vengo diciendo desde el ´81 y acá estoy. Lo que pasa es que llega fin de año, miro la tabla de goleadores y estoy siempre ahí. Entonces me pregunto… ¿por qué voy a largar si todavía puedo? Pero esta es la definitiva”.

Esta segunda etapa de Bianchi en Liniers, que va desde septiembre del ´80 a julio del ´84, se cerró con 159 encuentros y 88 goles. Si a eso se suma la producción lograda con la camiseta velezana entre 1967 y 1973, el total arroja 209 tantos en 324 partidos… sáquense el sombrero, señores. Terminado su segundo y último ciclo con los colores velezanos, Carlos aún sentía que le quedaba algo de hilo en el carretel. Sin posibilidades de vestir otra camiseta en el fútbol argentino que no fuera la de la “V” en el pecho, el tipo emigró nuevamente y se fue a quemar durante unos pocos meses los últimos cartuchos a uno de los lugares donde más feliz había sido: el Stade Reims, que por ese entonces militaba en el ascenso francés.

Selección nacional: una historia de desencuentros

Habiendo sido un tipo que marcó 388 goles, cuesta creer que Carlos Bianchi haya jugado tan poco con la camiseta albiceleste.

Defendiendo la divisa de la selección, el notable goleador debutó en octubre de 1970, pocos meses del mundial de México al cual la Argentina nunca llegó. En tiempos de técnicos que duraban lo que un pedo en una canasta (?), el famoso Juan José Pizzuti fue quien le dio la chance de debutar al pibe de 21 años: fue en un 1-1 contra Paraguay, ingresando en el complemento por el gran Daniel Willington, su compañero en Vélez. Con esa edad y ya siendo uno de los mejores artilleros del país, a Bianchi le vaticinaban una larga trayectoria con la celeste y blanca… pero nada de eso ocurrió.

Entre 1971 y 1972 jugaría 12 encuentros más, marcando el primero de sus goles en julio del ´71, ante Uruguay por la “Copa Lipton”: fue 1-0, en julio del 71. Pero de repente y cuando nada hacía preverlo, dejó de ser convocado: delanteros como Rubén Ayala, Rodolfo Fischer y hasta un joven Mario Kempes ocuparon su puesto. Ni Enrique Sívori primero ni Vladislao Cap después, lo tuvieron en cuenta de cara a Alemania ´74, mientras que a posteriori, la decisión de César Menotti de priorizar a los jugadores locales de cara a Argentina ´78 (N.de.P: de Europa solamente vino Mario Kempes, quedando afuera por diversos motivos Enrique Wolff y su amigo Osvaldo Piazza) terminó de sepultar sus esperanzas.

Así las cosas, los números de Bianchi quedaron congelados entonces en 13 partidos y 6 goles con la camiseta del combinado nacional. Alguna vez, con un dejo de ironía esto declaró el artillero sobre su breve paso por la selección: “En mi carrera sólo me quedó una espina: jugar un Mundial. Siento que lo merecía, en el ´74 y en el ´78 era el goleador del momento, pero los técnicos de turno no pensaron lo mismo… en Vélez hice 206 goles y en Francia, 179. Por ahí, si hacía dos o tres más, jugaba una copa”.

El retiro: un brillante entrenador

La vida de Carlos Bianchi como director técnico es mucho más conocida que su carrera como futbolista, motivo por el cual no nos extenderemos acerca de ello.

Poco después de llegar como jugador al Stade Reims en el ´84 le ofrecieron hacerse cargo de la conducción técnica, quedándose allí durante varias temporadas aunque sin poder lograr el ascenso. Posteriormente dirigió -ya en la elite- al Niza y al Paris Saint Germain, hasta que a fines del ´92 recibió un llamado desde la Argentina que le cambió la vida. A él y a Vélez, obviamente.

Bianchi arrancó con el pie derecho en el nuevo medio y, pese a que alguna vez había declarado que le daba miedo dirigir a Vélez por temor a que le fuera mal, en su primer torneo logró salir campeón: ese Clausura 1993 fue el primer certamen local que obtuvo, debiéndose agregar el Apertura 1995 y el Clausura 1996, certamen que terminó dirigiendo en las fechas finales su amigo y ex ayudante de campo Piazza, debido a que él partió a Italia para dirigir en la capital de ese país. Sin embargo, si por algo se recuerda a Carlos como DT velezano, es por haber ganado la Libertadores y la Intercontinental de 1994, ante dos de los mejores equipos del planeta en aquel momento: San Pablo y Milan respectivamente.

Tras una mala experiencia en la Roma en la temporada 1996/97, se dedicó a trabajar como analista en los medios de comunicación, hasta que a mediados de 1998 y pese a no ser la primera opción, Mauricio Macri lo fue a buscar para que le devolviera a Boca Juniors la gloria perdida.

Y el tipo fue y cumplió con creces: en sus dos primeras etapas (1998-2001 y 2003-2004) ganó algunas cositas: Apertura 1998, Clausura 1999, Apertura 2000 y Apertura 2003 en el orden local, en tanto que a nivel internacional se quedó con las Libertadores 2000, 2001 y 2003, además de las Intercontinentales 2001 y 2003.

De esta forma, se transformó en el DT que más veces levantó la Libertadores (4) y la Intercontinental (3).

Tras perder la final de la Libertadores 2004 ante Once Caldas, y por motivos nunca del todo aclarados, un Bianchi muy desgastado por la dirigencia encabezada por Macri volvió a irse al fútbol europeo, aunque nuevamente la suerte le fue esquiva: en 2005/06 pasó sin pena ni gloria por el Atlético de Madrid, siendo este el último equipo del viejo continente en el cual ejerció como entrenador.

Más de una vez fue el candidato número 1 para dirigir a la selección nacional, pero por diferencias con el eterno presidente de la AFA, nunca pudo/quiso acceder al cargo por el que más de un DT daría cualquier cosa y para el que lo postulaba gran parte del ambiente del fútbol. Varios años después de su paso por el “Colchonero” tuvo una gris etapa como manager de Boca, donde a esa altura ya era un Dios.

Parecía que el director técnico dormiría eternamente la siesta, tal la metáfora que habitualmente utilizaba cuando le consultaban si alguna vez volvería a dirigir. Pero finalmente, reincidió una vez más y en el verano de 2013 comenzó su tercer ciclo como técnico boquense: la aventura duró un año y medio, pero más allá de un subcampeonato en el primer semestre de 2014, dio la sensación en más de una ocasión de que su tiempo ya había pasado.

“El Virrey” en su último partido como entrenador

Carlos Bianchi, obviamente, es el máximo goleador en la historia de Vélez Sarsfield y el 10º en el fútbol argentino de primera división, encontrándose a la vez 9º entre los máximos artilleros en la historia de la liga francesa. No dejemos que su brillante carrera como entrenador, opaque lo que este tipo fue dentro de un campo de juego.  Oportunista, entendedor del juego, gran cabeceador, confiable ejecutor de penales, fue un hombre que hizo del área su hábitat a lo largo de casi dos décadas y se cansó de someter a los arqueros rivales. No es demasiado largo la verdad, pero en este video hay algo de material para ver quien fue el “Virrey” con los pantalones cortos, una verdadera bestia:

Porque si hablamos de los grandes goleadores argentinos, hubiera sido una gran injusticia dejar afuera al señor Bianchi, una omisión realmente imperdonable.

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