Dron: Legacy

Independiente se coronó por segunda vez campeón de la Copa Sudamericana al superar en los 180 minutos a Flamengo, repitiendo el mismo logro ante el mismo equipo en la Supercopa. Ariel Holan, el hincha y  entrenador del Diablo de Avellaneda lo hizo posible gracias un equipo ordenado desde la presión ofensiva y recuperando los guiños símbólicos de la exitosa historia roja.

Ariel Holan logró alzar el Trapo Rojo de Avellaneda hacia una nueva Internacional. Cumplió el sueño del pibe, cuyo vínculo con su padre Ramón podría ser retratado en un cuento de Sacheri. Esta Sudamericana, la segunda para Independiente, tiene un valor especial en el hincha del paladar negro. Ese que se tragó el sapo de descender de categoría y aprendió, tras el maltrato a Jorge Almirón, a tener paciencia. Apoyó al equipo y el esfuerzo realizado en la infinidad de empates con el que empezó entre drones y audios fallidos de WhatsApp. 

Volad mis pequeños, volad.

En el fútbol a diferencia de la política, la historia se estudia para poder repetirla. Esto trató de inculcarle “el hincha” Holan a sus dirigidos con gestos simbólicos como invitar a las jóvenes estrellas de ayer como Ricardo Bochini, Daniel Bertoni, Miguel Santoro y el Chivo Ricardo Pavoni a ser parte de la construcción de la identidad de este equipo.  El saludo hacia todas las tribunas con las manos en alto, cual Haka de Avellaneda, buscaba congeniarse con el público que supo crecer y añorar los éxitos de los años ’70 y ’80. Empezó como un homenaje tras la muerte de Pipo Ferreiro y a partir de allí se adoptó nuevamente como emblema.

Pero Independiente también formó una identidad propia acorde al fútbol actual. “El entrenador” Holan supo plasmar sus ideas futbolísticas y sus experiencias previas desde su paso por el hockey o como consiglieri de diversos DT’s. Siempre hizo de la presión ofensiva y el ataque constante su principal virtud, no siempre acompañada con la efectividad es cierto. Tampoco le hizo asco cuando debió retroceder para sostener una ventaja en el MARCADOR. Mantuvo un invicto de 14 partidos desde su debut hasta la primera caída, con la  goleada sufrida en la Bombonera ante Boca. Holan armó una columna vertebral apoyada en las manos de Martín Campaña, una dupla central confiable como Alan Franco y Nicolás Tagliafico, la recuperación de Nicolás Domingo en el centro del campo, los desbordes de Maxi Meza, además de la velocidad y habilidad en Martín Benítez y Ezequiel Barco. La capacidad goleadora se repartió entre Leo Fernández, el regresado del fútbol chino Gigliotti y el santafesino Lucas Albertengo. Dos jugadores cuyos penales les hizo sufrir el ostracismo en el pasado como Juan Manuel Sánchez Miño y Emmanuel Gigliotti fueron recuperados por Ariel Holan y puestos al servicio del equipo. Además, el oriundo de Lomas de Zamora supo dar cabida a jugadores surgidos de las divisiones inferiores que siempre le respondieron la confianza depositada en ellos demostrando un gran nivel cada vez que ingresaron. Fuera de las canchas, Holan también tuvo que sortear la presión delicuente de la barra. El ser conocido como Bebote, parte del cáncer que consumió al Rojo en los últimos años, fue detenido por la apretada al entrenador. 

Las manos de todos los pibes arriba

Por aquel entonces, el  camino hacia la Sudamericana 2017 se había iniciado en la victoria por la mínima ante Alianza Lima. Deambuló en el inicio de la Superliga pero, para entonces, el equipo y el público rojo comenzaron a creer en la propuesta de Holan para recuperar su historia perdida y pusieron sus fichas en el segundo certamen más importante de la CONMEBOL. Despachó con dos goleadas al siguiente rival sudamericano: los dragones celestes de Deportes Iquique, tienda chilena que no supo mantener su sucursal en la Copa Libertadores. Luego vinieron los interminables duelos con Atlético Tucumán, quien lo eliminó de la Copa Argentina pero supo vencerlo en octavos del certamen sudaca con los goles gallegos de Martín Benítez y Leo Fernández.

Para cuartos de final, Independiente se amigó con la otra parte de su historia futbolera: la de los goleadores de los ’40. Así visito a Nacional de Paraguay, el alma mater de Arsenio Erico, para superarlo con facilidad. El clásico con Racing no se dio en semifinales porque… Racing. Su rival fue Libertad de Asunción. Ante la derrota por un gol como visitante, el Rojo sacó a relucir todas sus armas ofensivas para llegar a los dos goles de diferencia como también supo aguantar los embates gumarelos en la segunda mitad.

El Hombre Bala y el Hombre Parapán

Flamengo buscaba saciar su sed de títulos internacionales desde 1999. Se había armado para llevarse la Libertadores y sucumbió en primera ronda ante San Lorenzo. Reinaldo Rueda, entrenador cafetero campeón con Atlético Nacional, tomó las riendas de las individualidades del Mengao para armar un equipo competitivo y contundente, que sufrió la pérdida por doping de su goleador: el peruano Paolo Guerrero para estas dos finales. No obstante, el Fla arrancó ganando la primera final en el LdA con el gol de Réver. Independiente comenzó a atropellar a Flamengo pero con la pelota al pie, rotación, cambios de frente y el acostumbrado vértigo de tres cuartos de cancha hacia adelante. Así fue como a los 29, tras una gran jugada colectiva, Gigliotti sentenció al arquero César cual Bruto. Esta presión continuó hasta dar vuelta el resultado con la volea de Meza a los 9 minutos complementarios. Controló al Flamengo para llegar al Maracana con una victoria, como en 1995.

Tanto la hinchada como el equipo de Independiente recibieron el tratamiento de lujo brasileño para los visitantes. Corridas city tour (?) en las calles de Río de Janeiro para los simpatizantes del Rojo, fuegos artificiales nocturnos en el Hotel donde concentraban, el bello arte de la brutalidad policiaca carioca para el ingreso de los 4000 simpatizantes (con 6000 más entre los bares de la ciudad). Recibimiento a lo Platense de los micros. El Rojo supo sobreponerse al clima hostil para trasladar su concentración donde corresponde: en el campo de juego.

Por quien doblan las Campañas

Fue en los primeros minutos de partido cuando las manos de Campaña hicieron su trabajo. Un ida y vuelta donde Meza y Benítez llegaban ante el pivoteo de Gigliotti. Por el lado del Flamengo, Lucas Paquetá acomodaba su paquete de jugadas por la derecha y con Everton inquietando la defensa roja. Diego trataba de ordenar la tosquedad con la que iban los brasileños a buscar el primer gol. Finalmente logró su cometido mediante la pelota parada. Juan cabeceó por encima de todos, Everton mandó el balón al corazón del área chica, en donde no pudo sacar Domingo y sí conectar al gol Lucas Paquetá.

Se necesitó de un Barco para hundir al Club de Regatas

Independiente no abandonó su estilo de juego. Su confianza en la tecnología a la hora de entrenar se vio recompensada con la utilización del VAR, ese invento que pone nervioso a Enzo Pérez. Meza ingresó al área y fue derribado por Cuellar el árbitro colombiano Wilmar Roldán, mediante los árbitros atrapados entre pantallas como programas de Tron, determinó el penal en favor del “Rojo”. Allí salió a relucir la calidad y valentía del jóven Ezequiel Barco, que hundió la regata de Flamengo, Remate abajo a la derecha cuando el arquero se tiró hacia el otro lado. Era el empate merecido que le daba a Independiente el título. 

Apareció la nueva adquisición del Real Madrid, Vinicius Juniors pero su bossanova no supo superar el tango defensivo del Rojo. Desesperación para el local mientras sus hinchas se llenaban de lágrimas mientras veían a su ahora línea de tres recibir contrataques de un Independiente bien parado atrás y muy rápido para la ofensiva. Hasta Gigliotti corrió 50 metros parapanescos y definió con un toque por encima de César, pero Juan salvó en la línea cuando el balón tenía destino de red. Sobre el final, en el lapso de dos minutos, Gigliotti y Albertengo desperdiciaron increíblemente dos jugadas. Faltaba una más: a los 43, el ex Boca volvería a errar. 

Holan en modo Cachito Vigil.

Independiente recuperó la mística copera en el mismo estadio donde surgió. En 1964, cuando dio vuelta un 0-2 ante Sao Paulo para transformarlo en un 3-2 y que pavimentó el camino a la primera Libertadores. Ese mismo estadio que en 1995 le dio su segunda Supercopa ante Flamengo. Hoy Holan hizo a su equipo parte de la historia de Independiente. Esa misma que “el hincha” supo disfrutar, “el entrenador” supo inculcar a su equipo y cuyos jugadores llevaron a cabo sus conceptos dentro de la cancha. Salud campeón. El Orgullo Nacional ha sido restaurado.  

 

 

 

Anuncios