El espejo del pueblo

Carlitos Tévez (Carlitos, no Carlos) supo ganarse el apodo de “el jugador del pueblo” y hoy muchos quieren arrebatarle esa identidad tan suya. Y tan nuestra.

¿Acaso existía otra posibilidad para que Tévez no fuera “el jugador del pueblo”? Si bien su origen de un hogar “humilde” no es exótico dentro del mundo fútbol –inicios como los de Diego Latorre, surgidos del intercountry los hay contados con los dedos de las manos- haber sido criado en Fuerte Apache suena fuerte. Pudo haber sido en un barrio más pobre, que los hay miles a no muchos kilómetros de distancia. Pudo haber sido en un lugar más peligroso o más lejano. Pero Fuerte Apache es Fuerte Apache, es la “pobreza” y “el peligro” palpable, a metros de la Capital Federal, aunque no hayamos pasado ni a 100 metros de ahí. Vamos con una analogía que se explique mejor: piensen en Maradona, en sus orígenes en Villa Fiorito. Muy bien, Villa Fiorito no era una “villa” en sí pero el significante Villa suena fuerte si es en una ciudad de Lomas de Zamora. No hay ninguna duda, Villa Fiorito o Fuerte Apache nos remite a humildad. Y por supuesto, a “pueblo”.

Su aspecto morocho, petizo y retacón (porque nos sorprendemos cuando lo vemos “realmente flaco”) nos remite a esa descripción que Julio Cortázar hacía de los asistentes al baile en su magistral cuento “las puertas del cielo”. Sus marcas en el rosto se nos viene encima como el pasado de una infancia difícil. Claro, aunque estas sean producto de un accidente doméstico hay que hacer un esfuerzo a hacer ese link, no olvidemos que Carlitos es de Fuerte Apache y las cicatrices pudieron haber sido producto de una pelea entre pandilleros. No lo fue, pero son cosas de la percepción…

A sus orígenes, es decir a su vida personal, hay que sumarle la parte deportiva para completar esta “identidad popular”. Haber irrumpido en la primera de Boca no es un dato más. El pueblo, el carnaval. Un club de orígenes humildes, ubicado en una de las partes más populares, en los límites de la Capital Federal y que hoy en día parece acompañar a Carlitos en esa tensión entre lo popular y lo que ya no es. Pero no solo se da este giro en Boca, sino en mismo fútbol que a pesar de seguir siendo un fenómeno popular, paradójicamente tiende a expulsar a “el pueblo” de las canchas. Sin embargo esa arena de otro costal.

Asimismo, Tévez encarna el deseo de ascendencia social, no en el tan mentado “mi hijo el dotor” que supondría un ascenso gradual, sino con la fuerza de un impulso de esa “patada en el culo que te deposita en la cima del mundo” que es el fútbol. Más aún, se convierte en un bastión del discurso meritócrata, ese que creen los que están en la cima de la pirámide social y se hace carne en la base. Porque si él pudo superarse, tener éxito, todos podemos hacerlo y los que no lo hacemos es porque no queremos o no sabemos desearlo. Y hablando de fútbol, para colmo tenemos su estilo de juego (siempre en sus orígenes) desfachatado, habilidoso, gambeteador. Muy lejos del atleta de élite que hoy es el jugador de fútbol profesional.

Todo eso contribuyó a que un buen día Carlos Tévez, sea el jugador del pueblo. No hubo conversión, el ya nació así. Está en sus orígenes, no en su transitar o su devenir. Pero si hablamos de su carrera, él lo supo mantener, ayudado por la prensa. Claro, que los mitos no se construyen solos. El tema es ¿Por qué ahora esos mismos que lo erigieron como “jugador del pueblo” hoy lo quieren desbarrancar?

Sus declaraciones siempre  con una intención no muchas veces “sanas”, basta recordar las últimas palabras echándole tierra al pibe Lautaro Martínez, a priori su rival para ir al mundial. O defendiendo al presidente argentino, al que muchos lo emparentan con la ideología neoliberal contraria a lo que se supone son los intereses del pueblo. Sus constantes contradicciones entre el amor (Boca) y el dinero (China). Y su bajo nivel futbolístico (a nadie le gusta ser parte de un pueblo en declive…). Esto les hace ruido a muchos que terminan por sentenciar: Tévez ya no es más el jugador del pueblo.

A todos ellos les pregunto ¿Alguna vez se pusieron a pensar en eso que llamamos pueblo? Más precisamente al pueblo argentino ¿Nuestro pueblo es el mismo cuando debutó Tévez en 2001 y ahora en 2018? ¿Nuestro pueblo no puede ser contradictorio? ¿Nuestro pueblo no puede tener actitudes que no sean nobles? ¿Nuestro pueblo siempre piensa en sus beneficios? ¿Nuestro pueblo es siempre humilde?.

Entonces parecería que el problema no es Tévez sino el mismo concepto de “pueblo”. El pueblo es construcción social, cultural y económica va cambiando a través de los años y ésta siempre es conflictiva. No tiene que ver con clases sociales, sino con su relación de tensión con el poder. Ahora me surgen una preguntas más para tratar de entender esta cuestión ¿No será que Tévez es el espejo en donde se mira el pueblo argentino y acaso no le gusta la imagen que éste nos devuelve?.

Anuncios