La figura del clásico

Como hace poco tuvimos un clásico platense sin muchas emociones (ni siquiera a Andújar tirando manos) traemos una historia de uno que sí tuvo goles.

Corría la década del ’20, poco tiempo después de aquellas historias románticas de inicio de siglo cuando los grupos de jóvenes se juntaban en una casa, decididos a crear un club de foot-ball. Con la primera reunión elegían los colores (jugando un partido por ellos si había algún otro equipo que se vestía igual), compraban la pelota y buscaban un terreno para despuntar el vicio. Apenas una década después, ya la prensa le daba un gran espacio al deporte de los ingleses, por lo que llenaban sus páginas con palabras también traídas de allá, como las posiciones de los jugadores, el field y todas esas cosas. Una costumbre que perduró en los años, porque ahora tenemos que fumarnos definiciones como ‘hat-trick’, ‘póker’, ‘manita’, ‘canterano’ y toda esa sarta de pelotudeces similares. Pero no nos desviemos del tema.

Antes de entrar en la historia, hablemos de su protagonista. Raúl Remigio Echeverría nació en 1900 en la ciudad de Ranchos, convirtiéndose en el crack del pueblo hasta la llegada del Tata Brown, que con su nombre bautizaron la cancha del club local. Echeverría quería despuntar el vicio de la pelota y antes de cumplir veinte años ya estaba demostrando sus condiciones en Estudiantes de La Plata. En la vieja cancha de 1 y 57, el insider izquierdo llamó la atención con sus goles y sus buenas actuaciones, siendo convocado por la selección argentina, en aquellos tiempos donde los de Boca o River eran los menos, nutriéndose con jugadores de clubes como Estudiantil Porteño, Gimnasia de Mendoza o Central Córdoba.

La selección argentina de 1921
Arriba: Teorieri, Delavalle, Solari, Alfredo López, Bearzotti, Celli,
Abajo: Calomino, Libonatti, Gabino Sosa, Echeverria, Chavin

Con la albiceleste fue parte del Campeonato Sudamericano de 1920, que se jugó en Chile. La cuarta edición de este certamen fue ganada por los uruguayos, que se impusieron ante los locales, empataron con los argentinos y derrotaron a los brasileros (el 6-0 fue la peor derrota de Brasil hasta el 1-7 con Alemania en 2014). En Viña del Mar, el Vasco se dio el gusto de marcar el primer gol de la albiceleste en el torneo, en el 1-1 contra Uruguay y uno en la victoria por 2-0 ante Brasil, en el partido que le dio el subcampeonato a Argentina.

Después del certamen continental, fue figura en otro partido contra Brasil, tan raro como polémico. Unos pocos días después del Sudamericano, armaron un amistoso en Buenos Aires, donde en la víspera del juego salió una viñeta un poco (?) racista, donde básicamente mostraban que había varios monos vestidos de futbolistas visitando nuestro país y que para verlos había que prender las luces a las cuatro de la tarde. Algunos jugadores se ofendieron y decidieron no presentarse, pero siete players si lo hicieron, argumentando que el partido era en beneficio de un Asilo de Huérfanos. En reemplazo de los faltantes jugaron Oswaldo Gomes, el jefe de delegación de Brasil, y algunos jugadores argentinos que fueron a presenciar el partido, medida que el público criticó y mucho. Finalmente terminaron jugando un partidito siete contra siete, en dos tiempos de 30 minutos. Argentina ganó 3-1. Abrió el marcador Castelhano para la visita, en tanto que Echeverría lo dio vuelta a los 9 y a los 15 minutos. En el complemento, Fausto Lucarelli puso cifras definitivas.

Al año siguiente, en la cancha de Sportivo Barracas, la albiceleste fue anfitriona de la quinta edición, que marcó el debut de Paraguay en este tipo de competencias. Los argentinos, bajo las órdenes de Pedro Calomino, festejaron su primer título después de vencer a Brasil con un gol de Julio Libonatti, a Paraguay con uno de Libonatti, uno de Blas Saruppo y el restante de Echeverría; y a Uruguay también con gol de Libonatti.

Mientras tanto, el clásico platense estaba atravesando su primera década de vida y tenía una paridad tremenda. El primero fue el 27 de agosto de 1916, que ganó Gimnasia con gol de Ludovico Pastor. Un año después volvieron a verse y llegó el primer triunfo pincha, por 3-0. Tras esto llegaron cuatro empates al hilo, tres 0-0 por la Primera División y un 2-2 por la Copa Competencia (donde pasó el Lobo porque su rival se retiró del torneo). Luego llegó otra igualdad por 1-1, ya en 1925.

El 22 de agosto de 1926 se jugó entonces el primer clásico en el Bosque (debería ser el segundo si se disputaba el de la Copa Competencia), correspondiente al torneo de primera división de la Asociación Amateur, que disputaban también Argentinos del Sud, Atlanta, Banfield, Barracas Central, Defensores de Belgrano, Estudiantes de Caseros, Estudiantil Porteño, Excursionistas, Ferro, IndependienteLanús, Liberal Argentino, Platense, Quilmes, Racing, River, San Isidro, San Lorenzo, Sportivo Buenos Aires, Sportivo de Almagro, Sportivo Palermo, Talleres de Remedios de Escalada, Tigre y Vélez.

Ese día, Gimnasia formó con Felipe Scarpone; Raúl Felices, Ignacio Bulla; Elú, Ignacio García, Oscar Alustiza; Miguel Curell, Armando Zoroza, Ernesto Marinoni, Roberto Bacchi e Ismael Morgada. Estudiantes lo hizo con Eduardo Scandone; Saúl Calandra, Domingo Tettamanti; Juan Alfredo Croce, Adolfo Pascale, Alberto Viola; Francisco Calabrese, Francisco Bellomo, Manuel Ferreira, Raúl Echeverría y Juan Eulogio Gamoy.

El Vasco marcó el primer gol a los dos minutos de juego, mientras que a los cuatro apareció Zoroza para igualar las acciones. Promediando la primera etapa, el oriundo de Ranchos marcó el segundo y puso cifras definitivas para el 3-1, con el que cortó una racha de varios años de igualdades en el clásico platense. El torneo fue ganado por Independiente, con 46 puntos, que superó por una unidad a San Lorenzo y con Platense en el tercer escalón. ¿Los de La Plata? Gimnasia terminó en el quinto lugar, con 33 puntos, mientras que Estudiantes terminó de mitad de tabla para abajo, en el 15º puesto, con 21 unidades.

Con esta actuación histórica, el ranchero consideró que había tocado el cielo con las manos, deportivamente hablando. En poco más de seis años de carrera, jugó más de cien partidos con Estudiantes y una decena con la selección, donde cosechó un título continental y un subcampeonato. Por eso, pese a tener 26 años, decidió dejar la actividad después de su gran papel en el clásico platense, aduciendo que no encontraba motivaciones para seguir. Solamente jugó dos partidos más ese año, terminando como el goleador del equipo, despidiéndose en marzo de 1927, cuando Estudiantes perdió en la primera fecha del siguiente torneo ante Ferro, como local.

Y se alejó del deporte nomás. Ya no estaba tan cerca de la selección, porque no fue parte del sudamericano de 1925 (donde se consagraron bicampeones), ni tampoco lo estaría después, ni en el  Sudamericano de 1927 en Perú ni en Argentina 1929, los torneos que fueron los anticipos al gran papel rioplatense en la primera copa del mundo. Y quién te dice que no le hubiera dado para ser parte del equipo de 1930 de Estudiantes, que fue subcampeón de Boca, pudiendo haber torcido la suerte del albirrojo, siendo uno de los integrantes de “Los Profesores”, delantera famosa del Pincha con Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreira y Guaita jugadores de Estudiantes que con sus actuaciones individuales y colectivas tan brillantes acaparaban la atención.

Sin dudas, uno de los retiros más curiosos de una época en la que se nota el amateurismo. Habría que ver si unos añitos después, ya hablando con el vil metal en la mano, un deportista hubiera sido capaz de tomar alguna decisión desbordada de romanticismo.

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