Pintaba para crack: Angelo Pagotto

Vuelve una de las secciones mas queridas por los lectores, esta vez de la mano (o si gustan, de las manos) de la historia de un arquero que tenía todo para ser figura durante años, pero las malas decisiones y una extraña situación jamás esclarecida con un antidoping lo llevaron a ser recordado por una etiqueta que, por muy elogiosa que suene, terminó siendo una condena.

Hay acciones que definen la vida de cada uno de nosotros. Siempre hay una que recordamos, sea buena o sea mala. Sin embargo, cuando hay dos, siempre nos quedamos con la que mas nos marca. De Sergio Goycochea nos quedamos con los penales en Italia ’90 y no con el 0-5 en el Monumental. De Javier Mascherano nos quedamos con el enorme cierre a Robben y no con la cagada frente a Perú que casi nos deja afuera de Sudafrica 2010. Así tenemos miles de ejemplos. Pero si esta dicotomía se piensa cuando se nombra a Angelo Pagotto, no hay mucho que pensar.

Nacido el 21 de Noviembre de 1973 en la ciudad piamontesa de Verbania, Pagotto comenzó a forjar su carrera en las divisiones infantiles y juveniles del Napoli. Junto con el enorme Fabio Cannavaro fue promovido al plantel profesional en 1991, justo después de la partida de Diego y todo el quilombo que su doping positivo trajo aparejado. Una pena que no haya podido disfrutar del mejor de todos los tiempos, pero al menos puede decir que fue compañero de Ciro Ferrara, Laurent Blanc, Alemao, Gianfranco Zola y Careca. Aquella temporada 91/92 el conjunto de la Campania finalizaría en cuarto lugar, muy lejos del campeón invicto Milan. Para el campeonato siguiente pudo sentarse en el banco de suplentes en tres partidos, siempre a la sombra del experimentado Giovanni Galli y de otro eterno suplente, Gianni Sansonetti. La temporada 93/94 pudo ser la del puntapié inicial en su carrera: la salida del ex arquero de la Azzurra en México ’86 como también la de Sansonetti y sus buenas actuaciones en la Sub-19 de Italia le abrían la posibilidad de hacerse cargo del arco del conjunto dirigido por Marcelo Lippi. Sin embargo, el entrenador optó por quedarse con Taglialatela -que volvía del préstamo en Bari- y ubicar a Di Fusco -intercambiado por Galli con el Torino- como suplente. Solo pudo sentarse en el banco en nueve ocasiones, las mismas que Taglialatela no pudo jugar por lesión y su lugar fue ocupado por Di Fusco. Al menos podrá decir que aquel torneo compartió equipo con Daniel Fonseca y el facho querible de Paolo Di Canio. Su situación no era la mejor de cara al futuro y se replanteaba la idea de salir del equipo. Batman (sí, le decían Batman) Taglialatela le aconsejó que hiciera lo mismo que él, que buscara ganar minutos en un equipo más pequeño para ir agarrando confianza. Cualquiera hubiera pensado que fue una treta para sacarse la competencia de encima, pero aquel consejo hizo mella y pidió salir a préstamo. Su destino sería el modesto Pistoiese, de la C1 italiana.

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Unas de las pocas imágenes que quedan de aquella Pistoiese que ascendió a la Serie B.

La Associazione Calcio Pistoiese, por aquellos años, estaba atravesando una etapa de resurgimiento. Nacida en 1921 como Unione Sportiva Pistoiese, en 1988 quebró y fue enviada a jugar al campeonato regional. Ya refundada bajo su nuevo nombre, en la 90/91 obtendría el ascenso a la C2 (cuarta categoría del fútbol italiano, dividida en tres grupos) como campeón y un par de años después haría lo propio para subir a la C1. La situación económica no estaba como para traer refuerzos de peso y por eso para aquella temporada 94/95 se nutrió de jugadores a préstamo, tres de ellos prometedores juveniles: Nicola Zanini (debutante en Serie A con la Juventus con tan sólo 16 años en 1991), Christian Manfredini (campeón del Torneo Primavera -lo que sería nuestra Reserva- con Juventus en la 93/94 de la mano del enorme Alessandro Del Piero) y nuestro querido Pagotto. En aquel campeonato el conjunto arancione terminó subcampeón de un Bologna que se llevó todo puesto y le sacó 22 puntos de diferencia. Aún así, salir segundo no aseguraba el ascenso, el cual se debía dirimir a través de un play-off. En semis se sacó de encima al Ravenna, empatando 0 a 0 como visitante y venciendo por la mínima como local, donde nuestro homenajeado tuvo una sólida actuación. En la final el rival sería la Fiorenzuola (nada que ver con Fiorentina ni Firenze) en el Renato Dall’Ara de Bologna.

Con el apoyo de 8000 hinchas, Pistoiese se encontraba ante la oportunidad de volver a la Serie B tras once años. Los precedentes anteriores a la final favorecían a los de la Toscana, ya que en el campeonato habían empatado 1 a 1 de visitante y vencido 2 a 1 en casa. Sin embargo, la final fue completamente distinta. Básicamente, Fiorenzuola lo cagó a pelotazos. Diez tiros de esquina a favor y una actuación descomunal de Pagotto evitaron lo que debió ser una derrota del Pistoiese, que gracias a la actuación de su arquero llegó a los penales tras jugar casi todo el segundo tiempo y todo el suplementario con un jugador menos. Allí, la suerte continuó siendo esquiva para los piacentinos y en el último tiro de la definición, Bottazzi rompió el travesaño. Con Pagotto como héroe, Pistoiese volvía a la Serie B. Aún así, en Fiorenzuola siguen recordando aquel equipo como el mejor de su humilde historia, ya que fue la única vez que estuvieron tan cerca de llegar a la segunda categoría del fútbol italiano. Hoy navega en la intrascendencia de la Serie D (lo que sería nuestra Primera C).

 

Volviendo a Pagotto, su tremendo rendimiento no pasó desapercibido para varios equipos de la Serie A quien comenzaron a disputarse su incorporación. Finalmente sería la Sampdoria quien contrataría sus servicios. La idea de la dirigencia y el entrenador Sven Goran Eriksson era foguearlo en partidos de Copa para que al año siguiente ya agarrara la titularidad. ¿La razón? El retiro de Walter Zenga, arquero titular del conjunto genovés, quien había anunciado que esa sería su ultima temporada. Sin embargo, en la pretemporada la visión del técnico sueco cambió radicalmente: mientras al ex arquero de la Azzurra le costaba un Perú los trabajos de reacción y reflejos, Pagotto volaba. Tras darle las explicaciones del caso en una charla algo caldeada a Zenga (que finalmente atajaría un año más en Padova y luego se retiraría en New England Revolution), Eriksson decidió darle la titularidad al joven arquero. Con tan sólo 21 años, Pagotto se adueñaba del arco de un equipo que tenía nombres de peso como Sinisa MihajlovicChristian KarembeuClarence SeedorfEnrico Chiesa Roberto Mancini. Tamaña responsabilidad no le pesó para nada y sus actuaciones al inicio del campeonato fueron destacadas, al punto de volver a entrar en el radar de Cesare Maldini, entrenador de la Sub-21 italiana que bregaba por clasificar a la Eurocopa de la categoría. La reglamentación del torneo le permitía jugar (si el futbolista tiene 21 años mientras se juega la clasificación puede jugar de allí en adelante, aún si después supera la edad), así que era casi obligación su convocatoria. Terminaría disputando los últimos cuatro partidos de etapa clasificatoria, siendo clave en el partido definitorio frente a Ucrania, donde Italia vencería por 2 a 1 y lograría el pase a la competición principal.

Tras la finalización de aquel clasificatorio, Pagotto siguió demostrando su gran nivel, haciendo olvidar prontamente la partida de Gianluca Pagliuca -arquero de la Selección italiana- y al propio Zenga. Sabía que se venía la fase final de la Euro Sub-21 y que no había que dejar pasar la chance. Era la gran promesa bajo los tres palos que tenía el fútbol italiano y él era consciente de eso. Lo que no sabía -ni él ni nadie- es que aquel noviembre en el cual se logró la clasificación, aparecía un pibito de 17 años debutando y rompiéndola contra el mejor Milan de la historia: un tal Gianluigi Buffon. Las prestaciones de ambos -aún cuando Buffon jugó mucho menos que Pagotto esa temporada- fueron notables. Incluso Luca Bucci y Alessandro Nista -titular y suplente respectivamente en Parma- hoy recuerdan con risas lo que comentaron la tarde del debut de Gigi. “Luca, me parece que no atajamos más”, le dijo Nista a Bucci. Razón no le faltó. La cuestión es que tanto Pagotto como Buffon fueron convocados para jugar la fase final de aquella Euro Sub-21, en la cual la Azzurrina buscaría alcanzar el tercer título consecutivo de la categoría.

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Aquella Sub-21 italiana que disputaría la Euro de la categoría. Parados: Pagotto, Galante, Totti, Nesta, Amoruso y Panucci. Rodilla en tierra: Ametrano, Fabio Cannavaro, Fresi, Brambilla y Tommasi.

 

En un formato extraño para nuestra costumbre (no había parate de campeonato sino que se jugaba incluso entre fechas, sin zona de grupos previa, la llave de Cuartos de Final era ida y vuelta pero las semifinales y la final era partido único en España), Italia comenzó a desandar el camino para revalidar su título. El primer rival en Cuartos de Final fue Portugal, que sin grandes nombres más allá de Nuno Gomes lo venció 1 a 0 en la ida jugada en Lisboa. En la vuelta, Italia impuso el peso específico de sus nombres y daría vuelta la serie venciendo 2 a 0. En la semifinal le tocaba nada menos que Francia, que tenía nombres interesantes como Patrick Vieira, Claude Makelele, Robert Pires y Sylvain Wiltord. Italia resistió a la vieja usanza los embates galos y se impuso por la mínima diferencia con un gol de Francesco Totti. En la final esperaba el dueño de casa, que tenía un señor equipo con nombres que también darían que hablar: Gaizka Mendienta, Raúl, De la Peña y Morientes, entre otros.

La cosa arrancó bien porque a los diez minutos de juego Ametrano ejecutó un tiro libre y en su afán de despejar, Idiakez se la mandó a guardar a Mora. Italia se ponía rápidamente en ventaja y el panorama pintaba pardo para los dirigidos por el polémico Javier Clemente. Como era de esperarse, España empezó a apretar e Italia se metió atrás, algo que se incrementó aún mas cuando a los 36′ Nicola Amoruso -el único delantero neto que tenían lo de Cesare Maldini- se fue expulsado. El empuje de La Roja daría frutos a falta de tres minutos para el cierre de la etapa inicial cuando el enorme Raúl igualaba el encuentro con un soberbio tiro libre. Quedaba todo el segundo tiempo y, de persistir el empate, el suplementario. 75 minutos en el cual Italia debía lograr llevar el partido a los penales. Sí, así directamente y sin ruborizarse. Encima, el último suplementario lo jugaría con nueve jugadores por la expulsión de Ametrano, que encima era uno de los elegidos para ejecutar los penales. Italia aguantó los embates del dueño de casa y llegaron a la definición desde los doce pasos. Plata o mierda.

Ante la falta de ejecutantes, el capitán Panucci se hizo cargo del primer penal, pero cruzó demasiado el remate y la pelota salió a un metro del palo derecho de Mora. Debía aparecer la figura de Pagotto, esa de la que tanto se hablaba en su país pero que para el resto de Europa era un misterio. El primer ejecutante era De la Peña, que ya empezaba a brillar en el Barcelona. Con toda la presión de por medio, Pagotto rememoró aquella tarde en Bologna de manera idéntica, ya que se lanzó al mismo lugar y le detuvo el penal al pelat. La tanda continuó con una curiosidad: los siguientes tres penales de Italia los patearon defensores (Fresi, Nesta y Pistone) y convirtieron todos, al igual que lo hicieron Aranzábal y De Pedro para España. El cuarto penal era responsabilidad de Raúl, El Angel de Madrid. Había que empatar la serie y esperar al quinto y último tiro. El merengue tiró suave y colocado, pero Pagotto adivinó la intención y, con algo de suspenso, detuvo el penal. Maldini se agarraba la cabeza, incrédulo por la performance del arquero. El último disparo estuvo a cargo de Domenico Morfeo, a quien no le tembló el pulso y cruzando el remate con categoría le daba el tercer título consecutivo a Italia, convirtiéndose en el primer equipo en lograrlo, record que aún sigue vigente. Pagotto ya no era cosa de Italia: toda Europa estaba a sus pies.

 

 

La fama le cayó de golpe y todo era una fiesta de colores para el joven arquero. Sin embargo, le llegaría la primera desilusión fuerte de su carrera. Maldini se deja doblegar por la prensa deportiva de Italia y elige a Buffon como segundo arquero para los Juegos Olímpicos de Atlanta acompañando a Pagliuca, uno de los tres mayores elegidos por el entrenador y que tuvo su premio consuelo tras no ir convocado a la Euro ’96. Quedó en la nómina de cuatro jugadores reservas en caso de lesión de alguno de los 18 convocados. Por suerte para él, no quedó pegado al papelón que hizo la Azzurra al quedar eliminada en la fase de grupos, donde perdió los dos primeros encuentros (1-0 frente a México y 3-2 frente a Ghana) y llegó sin chances a la última fecha, donde recién ahí pudo vencer a Corea del Sur por 2 a 1.

Con la cabeza metida en el meteórico ascenso de su carrera, a Pagotto le llega una chance que él, a sus 22 años, creyó irrepetible: lo venía a buscar el Milan campeón de todo. La hegemonía que habían forjado Arrigo Sacchi Fabio Capello iba a tener continuación en Oscar Tabarez. El DT uruguayo buscaba un posible recambio para el siempre titular Sebastiano Rossi, quien ya tenía 32 años y además contaba con un par de cruces con Silvio Berlusconi y Adriano Galliani, que a decir verdad ya estaban un poco podridos del carácter ídem del ex Cesena. En la cabeza de Pagotto jugaban al ping-pong la idea de seguir destacando en la Samp o de ir a pelearle el puesto a un arquero con historia, aunque sabiendo que con tres competencias por delante (Serie A, Champions League y Coppa Italia) tarde o temprano tendría su oportunidad. Nadie está para ponerle un freno a la idea de pegar el gran salto. Finalmente, e influenciado por la presión a la que lo sometían los popes del rossoneroPagotto firmaba con el Milan. Sería el comienzo del fin.

En aquella temporada 96/97 el Milan estaba de recambio, apostando a jóvenes figuras como el sueco Jesper Blomqvist, el francés Christophe Dugarry, los holandeses Michael Reiziger Edgar Davids e incluso un desconocidísimo Miodrag Vukotic, que no llegaría a debutar jamás. Con un equipo del re carajo la temporada arranca con Rossi como titular venciendo 4 a 1 al Hellas Verona. Dos derrotas consecutivas (una en Champions como local frente al Porto por 3 a 2) pone en tela de juicio tanto a Tabarez como al arquero titular. Tras tres victorias consecutivas que parecen aquietar las aguas, la derrota en Champions con el Göteborg pone en riesgo la clasificación como también la continuidad del Maestro. Había que centrarse en las competiciones más importantes y Tabarez decide rotar para la Coppa Italia. Allí Pagotto haría su debut manteniendo el arco en cero en la victoria 2 a 0 como visitante frente a la Reggiana. Cuatro empates consecutivos -tres en liga y el restante frente al Porto- dejan sin segundas chances al entrenador: debe ganar ante el Piacenza y clasificar a Octavos de la Champions. Nada de eso sucede: pierde 3 a 2 por liga con dos cagadones de Rossi y dilapida de local la máxima competencia europea al perder de local con el Rosenborg. Tabarez era historia y el Milan precisaba alguien que metiese un volantazo urgente. Urgidos por la necesidad, recurren al regreso de Arrigo Sacchi. La primera decisión del entrenador es clara: ante las cagadas de Rossi y la constante reprobación del público del San Siro, el titular pasa a ser Pagotto. Era su oportunidad.

Su andar bajo el arco milanista arranca bien. Dos victorias consecutivas hacen presagiar que podría quedarse con el puesto, una derrota como local frente a Parma por 1 a 0 hace dudar a Sacchi y al comenzar 1997 le devuelve la titularidad a Rossi. Pero Il Bomberone ya no es lo supo ser y cinco fechas después otra vez Pagotto se para bajo los tres palos. El partido no era cualquiera, realmente: era nada menos que contra su ex equipo, que venía pisándole los talones al líder Juventus. Una nueva oportunidad se presentaba y esta vez era para destacarse, pero la posibilidad le duró un minuto: tras un pase atrás de Francesco Coco, nuestro homenajeado la paró como si tuviera resorte en los pies, Montella lo anticipó y Mancini definió con el arco vacío. No se pudo recuperar más. Tuvo una tarde nefasta, donde casi recibe otro gol por despejar mal y tuvo cierta responsabilidad en el empate de Mihaljovic. La derrota final ante un rival que jugó con diez durante más de setenta minutos terminó de sentenciar a ese equipo, pero dentro de un equipo experimentado y lleno de campeones, a él le tocó ser el chivo expiatorio.

 

En el Milan atajaría sólo cinco partidos más por Serie A sin poder demostrar toda su valía. Aquella 96/97 el rossonero firmaría la peor temporada de todas las que disputaría bajo el mandato de Berlusca. Capello volvería a sentarse en el banco para la 97/98 y tenía claro que el titular era Rossi. La misma dirigencia que le pidió casi de rodillas que firmara con el club era la que ahora le mostraba la puerta de salida. El equipo que le abrió la ventana fue el Empoli, que volvía a la máxima categoría tras diez años. Fue titular durante cuatro de los primeros cinco partidos del campeonato, ausentandose en uno por haber sido expulsado frente al Napoli en la segunda fecha. En la quinta jornada la vida otra vez le hacia un guiño y le ponía al Milan enfrente. Pagotto quería demostrar que tenía condiciones para retornar al año siguiente y hacerse dueño de ese arco. Sin embargo, lo mismo de siempre: un error garrafal decide la partida en favor del visitante y el Empoli vuelve a caer. Para un joven Luciano Spalletti fue suficiente: la próxima fecha atajaría Marco Roccati. Y asi fue como Pagotto no volvería a atajar en Empoli. Parecía que su carrera comenzaba a agarrar ese tobogán sin freno hacia la intrascendencia, pero esta vez el arquero usó la cabeza y no se quedó comiendo banco. Apenas dos semanas después de aquel partido, arregló su salida del conjunto toscano en medio del campeonato (en aquel entonces estaba permitido) y se fue a la Serie B, más precisamente al Perugia, quien intercambió a Aleksandar Kocic en su lugar y que al igual que nuestro Juan Carlos Docabo no convencía al entrenador.

Con I Grifoni rossi volvió a sentirse útil, siendo otra vez parte importante de un equipo que pretendía volver rápido a la Serie A tras el descenso en la temporada anterior. Pagotto fue fundamental en la remontada de su equipo, quien a cuatro fechas del final estaba a cinco puntos del Torino, quien ocupaba el cuarto puesto, el último que daba el ascenso. En esas cuatro jornadas lograron cuatro victorias al hilo, incluyendo el 2 a 1 contra su competidor directo en la anteúltima fecha que los igualaba en puntos. Finalmente ganaron ambos en la última fecha y debían desempatar para dirimir quien ascendía. El partido jugado en cancha neutra fue una verdadera batalla, en la que Torino se quedó con diez apenas comenzado el encuentro por un codazo de Tricarico. A pesar de jugar con uno menos, los turineses jugaron mejor que su rival casi todo el encuentro, pero el desgaste físico llevó a que a falta de catorce minutos para el final, Tovalieri pusiera en ventaja al Perugia. Los de Umbria se confiaron de ambas ventajas y aflojaron las piernas, lo suficiente como para que apareciera el enorme Marco Ferrante para igualar el partido, cosa que persistió en el alargue. Otra vez una cita con los penales para Pagotto. Nuevamente, la definición desde el punto del penal le volvería a sonreír. Tony Dorigo fallaría su penal y Tovalieri convertiría el suyo. Perugia ascendía. Pagotto recuperaba la sonrisa… de momento.

 

El arco del Perugia parecía ser todo suyo. El debut es nada menos frente a la Juventus en el Renato Curi. El equipo mantenía la base con Marco Materazzi en el fondo y el talentoso pero díscolo Milan Rapajc en el medio campo, sumando al ataque a Nicola Amoruso y a un japonesito que decían que algo jugaba: Hidetoshi Nakata. Pagotto vuelve a fallar en uno de los goles y a pesar que intenta la remontada, su equipo termina perdiendo 4 a 3 ante una Vecchia Signora repleta de figuras. Nada raro hasta acá, excepto para Luciano Gaucci, presidente del Perugia, quien acusa al arquero y a nada menos que Tovalieri -ídolo de la afición- de vender el partido. El entrenador Ilario Castagner acata la decisión del mandamás y borra a ambos del equipo. Pagotto volvería a jugar seis fechas después y sólo por la suspensión del titular, que era nada menos que Roccati, aquel que le había sacado el puesto en Empoli. Una vez que su competidor retomó la titularidad, solo un 5 a 1 en favor de la Roma lo sacó. Angelo se haría cargo del arco también por la decisión de Gaucci, quien mandó a sacar a Roccati tras las cinco pepas que le clavó la Roma y “absolvió” a Pagotto. No obstante, su suerte estaba echada: tenían apalabrado a Mazzantini para la segunda mitad del campeonato. Atajó cuatro encuentros más y nunca más. Con la llegada de un nuevo guardavallas volvió a tomar el mismo camino que un par de temporadas atrás y se fue a la Reggiana. Esta vez la lucha era otra: había que salvarse del descenso sí o sí. Los de la Emilia Romagna llegaron a la última fecha con chances, habiendo metido tres victorias al hilo, pero la victoria frente al Lucchese no fue suficiente dada la victoria del Cosenza ante el Cesena. Pagotto pasaba de jugar en Serie A a descender a la C1.

Sin oportunidades ni ofertas, regresa a Perugia donde Mazzantini es titular indiscutido y el DT Carlo Mazzone le dice que se busque equipo, al punto que a principio de temporada ni siquiera entrena con el plantel. Sin embargo, ante la falta de recambio, termina siendo suplente y llega a disputar dos encuentros por la expulsión del titular. Tres fechas después, su suerte cambiaría para siempre. Pero para mal.

PERUGIA
Pagotto festeja el penal errado por Dorigo en la definición por el ascenso a Serie A. Uno de los últimos momentos felices de su carrera.

El 20 de Noviembre de 1999, por la 10° fecha de la Serie A, Perugia caía por 1 a 0 frente a la Fiorentina en el Artemio Franchi. A Pagotto -suplente en aquel encuentro- le tocaría el control antidoping. Dos meses después, caería la noticia más triste para él: positivo por cocaína. El arquero jura y perjura que jamás consumió, presentando ante la Federación Italiana recursos y pruebas a través de varios abogados. Es inútil la lucha: 24 meses de sanción y rescisión del contrato por parte del Perugia. “He pagado por aquello que no hice y, por lo tanto, no había nada para confesar. De haberlo hecho, quizás me daban entre seis y ocho meses de sanción”, afirmaría en una entrevista en el 2003. Pagotto optó por el silencio y la verdad ante una situación que tiene sus tintes oscuros. Tal como dijimos, el arquero había sido acusado por Gaucci de haber vendido el partido contra la Juventus y lo tenía en la mira. Durante tres fechas consecutivas, Pagotto fue llamado al antidoping. Y oh, casualidad, en aquella fatídica jornada, quien acompañaría al arquero a realizarse el control sería nada menos que Nakata, niño mimado de Gaucci. Tras aquel partido, el japonés fue vendido a la Roma por 20 millones de Euros. Las malas lenguas aún afirman que Pagotto fue el cordero que Gaucci sacrificó para no perder a la gallina de los huevos de oro. Vendrían meses difíciles para Angelo, donde la depresión jugaría sus bazas para luego dar paso a la recuperación y el entrenamiento solitario para volver a las canchas lo antes posible.

La espera, que se hacía larga, encuentra una ayuda cuando la CONI (Comité Olímpico Italiano) le reduce la sanción cuatro meses. Rápidamente se pone a buscar club y es la US Triestina quien le abre las puertas para reinsertarse en el mundo del fútbol. La sonrisa volvía a dibujarse en su rostro: el equipo friuliano lograba ascender a la Serie B tras llegar al play-off y vencer primero a Spezia y luego al Lucchese. La temporada 02/03 pintaba complicada teniendo en cuenta que la idea era conservar la categoria, pero al llegar a mitad de campeonato la Triestina era puntero de la Serie B. Cuando parecía que volvía a renacer, otra vez las luces de colores se apagaron: el equipo entró en una racha negativa y el presidente de la institución, basado en una supuesta lesión grave de rodilla de Pagotto, ordenó que lo manden al banco de suplentes. “Triestina era la medida justa para comenzar mi revancha. Nunca me creí un fenómeno, pero empiezo a creer que no soy muy afortunado. Jugábamos bien, estabamos punteros… y cuando empezamos a perder, ¿qué mejor que Angelo Pagotto para ser usado de chivo expiatorio?” declararía en 2007. Esta declaración viene a cuento de lo sucedido a la hora de rescindir el contrato con la Triestina. Consultado a la salida de las oficinas de la Federación, el presidente del club Amilcare Berti lanza una declaración repleta de mala leche: en el plano técnico nadie discute que es un arquero excepcional, pero tiene el vicio de vender los partidos”. Al carajo los acuerdos verbales que Pagotto tenía con el Bologna y el Siena. A comenzar de vuelta de cero. Otra vez a la C1, esta vez al Arezzo. Allí permanecería dos años, logrando en el primero el campeonato de la C1 y en la segunda obteniendo con comodidad la salvación. No obstante, atraviesa momentos complicados en lo personal que lo llevan a un sube y baja constante con la depresión, debido a la cantidad de insultos que recibía en cada estadio y a la reciente separación con su esposa. La ayuda de un psicólogo lo saca adelante y termina siendo una de las figuras del equipo. La oportunidad de dar el salto a un grande se presentaba nuevamente y es nada menos que Torino quien lo busca para reforzar sus filas. Sin embargo, poco tiene para hacer ante la presencia de Massimo Taibi y se come todo un año de banco sin siquiera jugar. La temporada 06/07 la disputaría seis meses en el Grosseto en C1 y en enero firmaría con Crotone, que luchaba en la Serie B por no descender. Alternando titularidad con suplencia, antes de concluir el campeonato llegaría el fin de su carrera.

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Una de las últimas imagenes de Pagotto como profesional, en este caso defendiendo los colores del Crotone.

El 28 de Abril de 2007, Crotone recibía a Spezia por la 36° de la Serie B. Era una de las últimas chances que tenía el equipo calabrés de alcanzar la salvación. Sin embargo, fue derrota por 2 a 0 y el equipo de Pagotto quedaba muy mal de cara a la recta final del torneo. Nuestro homenajeado no juega, pero sale sorteado para el antidoping. Los resultados vuelven a ser lapidarios: positivo por cocaína. La reincidencia en el Calcio se paga con sanción perpetua. Esta vez no hay excusas, no hay una maquinaria oculta puesta a andar para dañarlo. Es el propio Pagotto quien despeja dudas y enfrenta a las cámaras. “Me mandé una cagada, una cagada bien grande y hoy sí estoy listo a pagar las consecuencias”, afirma con seriedad el arquero. La CONI pide sanción de por vida, pero teniendo en cuenta lo sucedido en su primer doping (que luego se sabría que su contraprueba fue destruída) se lo termina sancionando con ocho años sin jugar. La carrera de Pagotto llegaba definitivamente a su fin. Para colmo, cuando quiso volver al mundo del fútbol en 2011 como entrenador de arqueros del Sanremese en la C2, la FIGC le recuerda que la suspensión es global y que no solo refiere a jugar, sino a ser parte del deporte, extendiéndole la sanción por seis meses mas. Una hijaputez pocas veces vista.

Con el paso del tiempo y ya con la herida cicatrizada, Pagotto ha dado el año pasado algunas entrevistas para un par de medios. En ellas deja algunas declaraciones interesantes sobre todo lo que fue su carrera, con sus subidones y bajones. Hoy entrena a los arqueros de las divisiones juveniles de la Unione Sportiva Settignanese, un equipo de la 1° Regional Toscana (séptima categoría del fútbol italiano). “Le voy a estar siempre agradecido al club por haberme brindado la confianza para trabajar aquí. Tiene una muy buena estructura, casi como cualquier equipo de Serie A”. Cuando le preguntan porqué sigue ligado al fútbol con todo lo que le pasó, Pagotto no duda: “El fútbol es mi vida. Le he dedicado todo y lo seguiré haciendo”.

Así fue la historia de Angelo Pagotto, un arquero que pasó del idilio al escarnio en un puñado de años. En todas las canchas fue recordado por aquellos penales en Barcelona y luego lo señalaron como un drogadicto. En ese ir y venir de la vida, donde quedás marcado por tus acciones, con la carrera ya terminada, Pagotto siempre llevará una etiqueta que, orgulloso o no, muy pocos tienen: el arquero que mandó al banco a Buffon.

 

 

 

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