Grandes arqueros argentinos: Héctor Rodolfo Baley

En la vuelta de la sección que homenajea a los mejores goleros de nuestra historia, repasamos la carrera de uno de los mejores del puesto en la década del ´70. Un tipo que si no tuvo más oportunidades en la selección, fue porque tuvo la desgracia de ser contemporáneo del que muchos consideran el mejor “1” de la historia.

Los comienzos: en Bahía arrancó todo

Héctor Rodolfo Baley nació en la pequeña localidad de Ingeniero White, partido de Bahía Blanca, el 16 de noviembre de 1950. Conocido desde pequeño por sus vecinos como “Chiche”, al joven de raíces africanas le atraía mucho el deporte pero no precisamente el fútbol: “Yo jugaba al fútbol, al basquet, al voley, a todo, pero la verdad es que el fútbol era el que menos me llamaba la atención. En Puerto Comercial de Bahía, donde empecé, jugaba de “4” o de “7”. Somos cuatro hermanos y como papá era arquero y a ninguno de nosotros nos tiraba el puesto, un día pensé que alguno tenía que darle el gusto al viejo. Fui al arco y ahí me quedé”. Con estas palabras, brindadas a un periodista de la extinta revista “El Gráfico” pocos meses antes del Mundial de 1982, Baley contaba un poco cómo habían sido sus primeros años en suelo bahiense y de qué manera había terminado ocupando un arco, ese lugar que terminaría siendo tan significativo en su vida.

Es que hay que destacar que su padre, Walter Baley, supo ser un muy buen arquero de la Liga del Sur, defendiendo los colores de Puerto Comercial. Incluso era tan bueno, que en muchas ocasiones lo llamaron para custodiar el arco de la selección de Bahía Blanca. Con el pasar de los años, el todavía apodado “Chiche” empezó a demostrar en el mismo club que su progenitor, que los genes heredados le habían conferido entre otras cosas un notable arrojo, una gran repentización y un buen sentido de la ubicación.

Hasta que un día, cuando corrían los últimos meses de 1967 y Baley era apenas un pibe de 16 años de edad, lo fueron a ver desde un club que jugaba en Primera División… pero no era cualquier club. Es que si bien a Baley no lo fue a buscar uno de los denominados “grandes” de nuestro fútbol, la institución que se interesó por él fue Estudiantes de La Plata, que ese año había conquistado el Torneo Metropolitano de AFA, transformándose así en el primer cuadro de los “chicos” en ganar un torneo liguero en el profesionalismo.

Estudiantes: la oportunidad que no llegó

Aunque no todo fue color de rosa en el comienzo de la carrera futbolística de Baley. Pese al gran entusiasmo demostrado por la gente del “Pincha” para quedarse con sus servicios, a los pocos días el tipo se quería volver a Ingeniero White. Y eso que en La Plata le daban casa, comida y hasta una pequeña suma de dinero en viáticos, debido a que jugaba ya en la Tercera División. Pero el tipo no se quería rajar por una cuestión de mal rendimiento deportivo, sino porque extrañaba su vida bahiense, añoraba por ejemplo la pesca y la caza que hasta el día de hoy lo apasionan con locura.

Lo real y concreto es que una tarde lo agarró ese maestro llamado Osvaldo Juan Zubeldía, quien vislumbraba para él un brillante porvenir. El técnico del primer equipo, provinciano como él (N.deP.: había nacido en Junín) y que seguramente había pasado por trances parecidos en su etapa de futbolista, le pidió que aguantara un tiempo; le habló paternalmente, lo acercó a la ventana, desde donde se podía contemplar la ciudad de las diagonales; y así, como al pasar, le mostró un auto que estaba estacionado en el estadio… le indicó que era suyo y que se lo había dado el fútbol, agregando: “Me dio eso y muchas cosas más”.

Según recordó el propio Baley en una ocasión, Zubeldía le dijo: “Vos también vas a poder tener uno igual. Además de muchos amigos, vas a progresar, vas a hacerte un porvenir: quedate, te vamos a apoyar”. Y el morocho le hizo caso. Se quedó, aguantando el desarraigo lo mejor que pudo. Y si bien lejos estuvo de triunfar en Estudiantes, hay que destacar que a la profecía de Don Osvaldo no le faltó razón: casi una década más tarde, Héctor Rodolfo levantaría con sus propias manos la Copa del Mundo de 1978. Pero no nos adelantemos y sigamos cronológicamente.

Una de las pocas imagenes que hay de Baley en su largo paso por Estudiantes (el que está de uniforme negro a la derecha)

Respecto a su largo paso en ELP, que abarcó desde comienzos de 1968 hasta fines de 1972, hay que decir que su juventud y el hecho de que hubiera arqueros mucho más experimentados como Alberto Poletti (uno de los grandes modelos en que basó su estilo) y Néstor Martín Errea, le impidieron tener rodaje en el mejor ciclo histórico del “Pincha”, ese en cual levantó 3 Copa Libertadores y una Intercontinental, sin perjuicio de haber llegado a una cuarta final de América en la edición del ´71.

De hecho, en ese largo lapso Baley apenas pudo disputar 3 encuentros oficiales defendiendo el arco albirrojo. El gran debut fue en el Nacional 1968, pocos meses después de que Estudiantes conquistara el mundo allá en Old Trafford; su estreno tuvo lugar por la última fecha el 15 de diciembre, cuando su equipo cayó 3-2 ante Belgrano en la visita a Córdoba: poco pudo hacer el juvenil arquero para evitar la derrota, máxime si se tiene en cuenta que fue parte de un elenco plagado de jugadores que hacían sus primeras armas… de hecho, ni siquiera Zubeldía viajó a la provincia mediterránea, habiendo delegado la tarea en su colaborador Miguel Ignomiriello. Luego del debut, casi 3 años debió esperar “Chocolate” para volver a jugar por los puntos: fue el arquero del “Pincha” en las jornadas finales de un irregular Nacional 1971, otra vez rodeado de compañeros de inferiores y bajo la batuta de un Ignomiriello que ya no era más coordinador de inferiores, sino que había reemplazado a Zubeldía tras su renuncia de comienzos de ese año, esa que puso fin a un ciclo de 6 años del juninense en el banco del “Pincha”. El arquero de Bahía obtuvo la primera victoria de su carrera el 14 de noviembre (5-3 ante Colón en Santa Fe), mientras que 5 días después logró la primera valla invicta de la que sería una muy extensa carrera (4-0 sobre Chacarita en 1 y 57).

Durante 1972 Baley, pese a las expectativas que muchos tenían en él, y más allá de haber ido al banco en varios encuentros, no pudo disputar ni un minuto oficial con la camiseta de Estudiantes. Así las cosas y con 22 años cumplidos, se dio cuenta de que o empezaba a jugar en forma continua, o el tren del fútbol grande se le iba a escapar irremediablemente… por ello, cuando recibió una oferta del fútbol del interior no lo pensó demasiado y armó las valijas.

Colón de Santa Fe: hacerse un nombre

Sin lugar en la mitad rojiblanca de La Plata, Baley partió entonces hacia Santa Fe de la Veracruz. Allí, lo esperaba el arco de Colón, un equipo que a mediados de los 60´s había hecho su arribo a la elite del fútbol argentino, y que si bien no pasaba grandes apremios con el descenso, tampoco estaba muy desahogado que digamos.

Pero Héctor fue uno de los responsables de que eso, al menos temporalmente, cambiara. No al principio, ya que en el Metropolitano de 1973 (donde él jugó 14 partidos) el equipo santafesino culminó en el anteúltimo puesto, pero en el  Nacional -donde estuvo en 12 encuentros- la cosa fue mejor y el conjunto terminó casi en la mitad de su zona.

Ya en 1974 el panorama mejoró mucho, ya que disputó en el Metro 18 encuentros y el equipo, considerado por muchos como el mejor en la historia del club, quedó a apenas un par de puntos de ser escolta en uno de los dos grupos que tenía el torneo; lo que le hubiera permitido jugar el cuadrangular final por el título, que finalmente ganó NOB. En el Nacional en cambio, y pese a que él fue titular en 14 ocasiones, el “Sabalero” no pudo mantener la performance del primer semestre y dejó una imagen bastante opaca.

Baley con Colón en 1974

Cabe destacar que Baley era el último escollo para los rivales de la resistencia colonista, en tiempos donde la defensa del equipo andaba muy bien y salía de memoria: “Chocolate” era el arquero,  “Bambi” Aráoz y Edgar Fernández eran los marcadores laterales y en la zaga central había dos pibes que iban a tener una carrera espectacular… Hugo Eduardo Villaverde y Enzo Héctor Trossero, sus nombres.

En 1975 bajó su participación: jugó 8 partidos en el Metropolitano, torneo en el que Colón cumplió un gran desempeño al terminar 6º entre 20 equipos; recuperando la titularidad en el Nacional, donde disputó 13 cotejos y el elenco “Raza” quedó a un punto nomás de meterse entre los 8 mejores que finalmente disputarían el título entre los 32 clubes que disputaron el certamen.

Con 79 partidos disputados en el lapso de 3 temporadas y muy buenos rendimientos, a Héctor Rodolfo Baley el hecho de jugar en un equipo de tierra adentro ya comenzaba a quedarle chico. A fines del ´75 su apellido sonaba para ocupar el arco de varios clubes de Buenos Aires, y por eso no fue de extrañar que para la temporada ´76 el hombre nacido en Ingeniero White arribara a Parque de los Patricios.

Huracán: el despegue

Para 1976 Baley fue contratado por el “Globo”, un club que -aunque hoy parezca ciencia ficción (?)- en esa década era uno de los principales animadores del fútbol nacional. Luego de un gran torneo en el Metro ´72, y aún con los ecos resonando por el brillante campeón del ´73, en la institución la vara estaba bastante alta, debido a que además el año anterior, el team había terminado como subcampeón del Metro en el que River cortó la famosa sequía de 18 años sin dar una vuelta olímpica.

Luego de la partida del experimentado Agustín Mario Cejas al fútbol de Brasil, muchos se preguntaban si “Chocolate” iba a poder sostener desde el fondo a una estructura en la cual aún jugaban varios de los campeones del ´73, como Miguel Brindisi, René Houseman, Omar Larrosa, Alberto Fanesi y Jorge Carrascosa, con el agregado de un talentoso volante llegado en silencio desde Córdoba, cuyo nombre era Osvaldo César Ardiles. Sin embargo, Baley afrontó el desafío, puso el pecho y se transformó en dueño indiscutido del arco huracanense: jugó nada menos que 48 partidos en aquel año, discriminados en 29 (Metro) y 19 (Nacional).

Pero lamentablemente para todo Huracán, pese a ser el equipo que probablemente mejor (o más vistoso) fútbol haya jugado en el ´76, la gloria quedó a un paso nomás.

En la primera parte del año se jugó, tal como de costumbre, el Metropolitano. Participaron 22 equipos, divididos en 2 zonas de 11 cada una, y los mejores 6 de ambos grupos jugaron un dodecagonal por el título, debiéndose consignar que el equipo de Miguel Ángel Juárez arrasó en la Zona “A”, obteniendo 37 puntos de 44 posibles (!),  dejando lejísimos a los demás clasificados Estudiantes (29 puntos), Independiente (28), Boca (25) Colón (22) y Central (21). Ya en la rueda por el campeonato, y más allá de perder inesperadamente en la 3º fecha con los rosarinos 1-3 en campo de NOB (N.deP.: todos los encuentros de ese petit torneo eran en campo neutral),  lo que ponía fin a un larguísimo invicto de 24 cotejos para Huracán, los del “Gitano” se recuperaron con 5 victorias seguidas. Sin embargo, en la antepenúltima fecha, el elenco de Parque Patricios recibiría una segunda y dolorosa derrota: el 1° de agosto, en un encuentro que a la larga definió el torneo, Boca superó en Nuñez 1-0 al “Globo”, con un zapatazo de Jorge Benítez que hizo estéril el vuelo de Baley… en un campo de juego anegado por la lluvia -en el que claramente se sentía más cómodo el equipo “barrero” del “Toto” Lorenzo-, y en un cotejo que la dirigencia del CAH quiso postergar, el “Xeneize” logró una ventaja clave y un par de semanas después festejó un título local que se le negaba desde 1970.

Para muchos, se consumó así una injusticia: Huracán, que había sumado nueve puntos más que Boca en todo el torneo, tuvo que resignarse a figurar en los libros de historia como el campeón que no fue, como un dignísimo subcampeón. Pero bueno, el reglamento estaba escrito desde antes de comenzar el certamen así que no se sabe hasta que punto es válido el llanto (?) huracanense.

En la última parte de aquel año ´76 se jugó el Torneo Nacional. Y Boca apareció otra vez en el camino de Baley y sus compañeros, entre los que faltaba ya Brindisi, como una verdadera bestia negra; es que luego de obtener el Grupo “C” con 28 puntos en 18 fechas y dejar atrás a Newell´s en cuartos de final, en las semifinales Huracán perdió 1-0 ante los dirigidos por J.C. Lorenzo, en un encuentro jugado el 19 de diciembre en campo de Independiente. Boca puso así proa al bicampeonato (ganándole la recordadísima final a River con gol del “Chapa” Suñe) y Huracán tuvo la chance a fin de año de jugar un partido con el “Millonario” para acceder a la Libertadores del ´77.

Pero el 29 de diciembre, en La Boca, un River repuesto anímicamente de la final perdida con el eterno rival, vapuleó 4-1 a los de Parque Patricios, dejándolos sin la chance de jugar al año siguiente el torneo continental… era un final ingrato para un equipo memorable, tan grande casi como el del ´73. Al menos de ese imborrable 1976, a Huracán le quedó el enorme consuelo de vencer a San Lorenzo en los 5 clásicos que disputaron a lo largo del año, siempre con “Chocolate” como seguro custodio del arco. Una circunstancia totalmente atípica en medio de un historia totalmente desparejo en favor de los de Boedo.

Huracán 1976

En 1977, y mientras ya era parte estable del elenco de la selección nacional, Baley se las ingenió para seguir siendo indiscutido del arco en el “Globo”. Tuvo asistencia casi perfecta en el Metro (jugó 40 encuentros de 44 posibles) donde el equipo terminó 8º entre 23 contendientes, mientras que participó en 10 cotejos en el Nacional, donde pese a un buen rendimiento el “Globo” no pudo meterse en semifinales.

Para 1978 se decidió que los jugadores que estaban en la preselección de cara al Mundial a jugarse en Argentina, no jugaran en sus respectivos clubes durante el primer semestre, motivo por el cual Héctor recién jugó su primer partido del año el día 23 de julio, ya una vez coronado campeón del mundo y cuando el Metro iba por la 19º fecha.

Una vez finalizado este torneo, en el que su equipo cumplió una mediocre actuación, y al cabo de 111 encuentros disputados en Huracán, a Baley le llegó la oportunidad de pasar a uno de los denominados “grandes”… allí, por fin para él, sabría lo que era dar una vuelta olímpica siendo protagonista principal.

Independiente: conocer la gloria

Sus buenos desempeños en Parque Patricios, llamaron la atención de los dirigentes de Independiente, que se hicieron con sus servicios para el Nacional ´78. Recordemos que en aquella época el Metropolitano se jugaba entre febrero y septiembre aproximadamente, en tanto que el Nacional se disputaba entre octubre y diciembre, por lo general con formato de grupos y eliminatorias de playoffs desde cuartos de final.

En aquel torneo Baley la rompió toda, siendo titular de un elenco que tras dejar en semifinales a Talleres, superó en las finales a River Plate, que en ese entonces contaba con varios de los campeones del mundo del ´78 en sus filas, tales los casos de Daniel Passarella, Leopoldo Luque y Norberto Alonso. Encima, su labor fue muy buena, ya que pudo mantener su arco invicto a lo largo de los 180 minutos: en Nuñez fue empate sin goles, mientras que en Avellaneda fue 2-0 a favor de los dirigidos por José Omar Pastoriza.

Independiente 1978

Pero paradójicamente para él, en el único equipo de clubes que salió campeón, fue donde menos pudo jugar. En parte, por sus compromisos con la selección de César Luis Menotti y en parte por la confianza que los diversos entrenadores del CAI (el citado “Pato” durante 1979 y Miguel Santoro y más tarde el “Gitano” Juárez a lo largo de 1980) depositaron en un joven Esteban Pogany: así fue que tras el éxito en el Nacional ´78, Baley en los siguientes 4 torneos que estuvo en Avellaneda apenas jugó 11 partidos (!). Estuvo 6 veces en el Metro 1979, no jugó en el Nacional de ese año, participó apenas 5 veces en el Metro 1980 y en el Nacional de ese año, no disputó siquiera un minuto.

En su defensa, podemos decir que por ejemplo la suerte tampoco estuvo de su lado. Cuando estaba agarrando rodaje en el Metro ´80 por ejemplo, recibió la peor lesión de su carrera: el 22 de junio, la tarde en que un Boca que había tenido una primera rueda de terror pero que empezaba a recuperarse, le ganó 1-0 al “Rojo” con un gol del “Ruso” Ribolzi que tuvo cierta complicidad suya, Baley en un acto de gran arrojo se jugó la vida y chocó con el “Mono” Perotti, a resultas de lo cual sufrió fractura de su tabique nasal… seguramente, cuando fue reemplazado a los 10 minutos del complemento por el joven Gustavo Moriconi y se iba por el túnel aplaudido por sus hinchas, “Chocolate” jamás imaginó que nunca más se iba a poner el buzo con el escudo de Independiente

Siendo parte de la selección y pensando en llegar con rodaje al Mundial de España ´82, la situación se tornaba insostenible para el experimentado arquero. Por eso, a comienzos de 1981 no dudó y arregló contrato con Talleres… y si bien el club de Córdoba era un cuadro del interior, no hay que perder de vista que allí pagaban muy bien y sobre todo, que en la segunda mitad de la década del ´70 había hecho varias campañas muy buenas, siendo lo más relevante el subcampeonato del Nacional ´77 y el 3º puesto del Metropolitano ´80.

Talleres: cordobés por adopción

Seguramente, cuando estampó su firma en el contrato que lo unía a la “T”, lejos estaba Baley de imaginar que no sólo jugaría allí durante casi más de media década, sino también que se radicaría para siempre en la provincia de Córdoba una vez que colgara los guantes.

Su debut amistoso nadie lo recuerda y es lógico, ni siquiera él mismo tal vez imaginó la cantidad de años que iba a defender el arco de Talleres. Pero lo traemos a colación porque aquel 3 de febrero de 1981, no sólo se estrenó él con los colores de la “T” en un clásico de verano ante Belgrano, el eterno enemigo, sino porque hizo lo propio el recordado José Luis Cuciuffo, único campeón del mundo con Argentina que ya no está entre nosotros.

En cambio, el debut de Baley jugando para el albiazul por los puntos, lo recuerdan casi todos los futboleros, aún aquellos que no habían nacido en 1981. Eso se debe a que ese partido fue nada más y nada menos que el estreno del Boca de Silvio Marzolini, que con el debutante Diego Armando Maradona en cancha, sometió 4-1 a los dirigidos por Vicente Cayetano Rodríguez. No sólo D10S le metió un par de pepas al pobre “Chocolate” aquella tarde del 22 de febrero (siendo ambos goles de penal), sino que también le hizo un doblete su ex-compañero Brindisi.

Talleres 1981

Luego de ese encuentro que el tiempo hizo tan famoso (N.deP.: fue el primer paso de Boca para ganar aquel torneo local, algo que no repetiría hasta 1992), Baley disputó la friolera de 156 cotejos oficiales con la camiseta de Talleres, hasta que al finalizar la temporada 1986/87 decidió que era ya el momento de colgar los guantes, tras dos décadas de carrera.

Cabe destacar que en la década del ´80, y con excepción hecha del podio en el Metro ´80, pese a los esfuerzos de “Chocolate” desde el arco lejos estuvo la “T” de repetir las performances de la década anterior y los números así lo demuestran. De hecho, en el primer torneo que le tocó jugar, el Metro ´81, el equipo terminó a apenas un punto del descenso.

En el Nacional ´81 la actuación de los cordobeses fue mediocre y sí repuntaron en el Nacional ´82, donde lograron llegar a las semifinales como en los buenos viejos tiempos, cayendo a manos de un Ferro que luego sería campeón. Pero lamentablemente para Baley, en ese primer semestre del ´82 él estaba afectado a la concentración argentina previa al Mundial de España, por lo que no jugó ni un minuto de ese campeonato. Tras una campaña de mitad de tabla en el Metro ´82, en el Nacional del año siguiente Talleres tuvo una gran primera fase, siendo eliminado en forma inesperada por el Racing cordobés, y para que fuera más doloroso, por penales; mientras que el Metro ´83 vio al “Tallarín” deambular nuevamente por la zona media de la tabla, aunque para ser más precisos más cerca del fondo que de los primeros.

…y el de 1984

El último gran desempeño de Baley puede encontrarse en el Nacional ´84, ya cuando tenía 33 años de edad y una vasta experiencia. En ese campeonato, Talleres anduvo muy bien (N.deP.: de hecho, en el grupo inicial junto a NOB eliminaron a Boca), en octavos de final dejó afuera al Estudiantes bicampeón de 1982/83 y en cuartos de final hizo lo propio con el Argentinos Juniors que meses más tarde ganaría su primer título local y al año siguiente nada menos que la Libertadores. Pero tras una ajustadísima serie semifinal ante Ferro -aque viejo verdugo del Nacional ´82-, tras una derrota 0-1 en Caballito y un 1-1 en el “Chateau Carreras”, el sueño de campeonato de los cordobeses se hizo humo.

En el Metro ´84, en el Nacional ´85 y en la temporada 1985/86 las performances del equipo de Barrio Jardín fueron aceptables, con Baley jugando bastante como titular, más allá de que en el transcurso del año ´83 había debutado en el arco de la “T” un joven llegado desde Reconquista: Ángel David Comizzo, quien fue uno de los principales arqueros argentinos de la década del ´90 y en más de una ocasión, reconoció que “Chocolate” le había enseñado muchos de los secretos del puesto.

Pero abruptamente para él, luego de haber jugado 26 encuentros en la campaña 85/86, en la temporada siguiente Héctor apenas disputó un encuentro, el que sería el último de su dilatada campaña. La tarde del 30 de noviembre de 1986, en el “Monumental” Talleres perdió 3-2 ante un River con pocos titulares y varios suplentes, dado que pocos días más tarde viajaba a Japón para disputar la Copa Intercontinental que finalmente obtendría; esa fue la silenciosa despedida de Baley del fútbol profesional.

Dolido con el entrenador albiazul de aquel entonces -Jorge Pedro Marchetta- por algunas cosas que éste comentó a sus espaldas y cansado de varias cosas que rodeaban a su actividad, al cabo de 380 partidos oficiales jugados desde 1968, a mediados de 1987 el protagonista de esta historia decidió que era momento de poner fin a sus tiempos de pantalones cortos.

Selección: a la sombra del rey

Tal como muchos saben, Héctor Rodolfo Baley fue parte integrante de la selección argentina durante varios años. De hecho, en gran parte del lapso que va de 1974 a 1982 -cuando César Luis Menotti fue el entrenador de la albiceleste- el nacido en Ingeniero White fue habitué en las convocatorias del “Flaco”.

Con la selección en 1977

Pero lamentablemente para él, al protagonista de esta historia le tocó ser contemporáneo de dos de los mejores arqueros de la historia argentina, motivo por el cual en pocas ocasiones pudo ser titular custodiando el arco nacional. Primero, fue Hugo Orlando Gatti quien lo condenó a ser primer suplente durante el período 1976-77; y cuando el “Loco” se bajó por lesión pocos meses antes del Mundial ´78, quien tomó la posta fue Ubaldo Matildo Fillol, quien volvía así a la selección después de un par de años de ausencia, tras una discusión con Menotti. Y post-mundial, habiendo sido una de las principales figuras del campeón, sacar al “Pato” del puesto fue algo imposible, por lo que lo máximo que pudo lograr el bahiense fue jugar algunos amistoso y ser el arquero suplente en los mundiales de 1978 y 1982.

No obstante eso, hay que decir que Baley ganó en buena ley su medalla y no deja ser uno de los 43 argentinos que levantó una Copa del Mundo, ese mérito nadie podrá quitárselo hasta el final de sus días.

Contra Alemania en 1982

Respecto a la personalidad de Baley fuera del campo, hay un par de anécdotas del Mundial ´78 que sirven para reflejarla un poco. Veamos qué le contó alguna vez nada menos que Mario Alberto Kempes a la extinta revista “ElGráfico”, cuando le preguntaron si tenían permiso para fumar durante los días de la máxima cita futbolera: “… Permiso para fumar no, no teníamos, pero… (Héctor) Baley fumaba como un pescador. Con él teníamos una cábala. En el viaje de la concentración al estadio nos íbamos al último asiento del micro y compartíamos un cigarrillo. Eramos muchos los que fumábamos en el grupo, pero no más de diez por día…”. Pero la mejor es la de la pesca, sin dudas. Indagado acerca de si había ido de excursión al Río Paraná en pleno mundial junto al arquero, esto contó el “Matador” en su momento: Sí, yo fui, pero para no dejarlo solo al “Negro”. A mí ni siquiera me gusta pescar. Después de ganarle a Perú, a Baley se le ocurrió que teníamos que ir a pescar: “¿Querés venir?”, me preguntó. César nos dijo que sí, pero que a las diez de la mañana teníamos que estar de vuelta para la práctica. A las cinco de la madrugada me despertó. No sé cómo hizo, pero el tipo había conseguido cañas, un equipo de mate y facturas… Un frío de morirse hacía, pero volvimos con cuatro pescaditos, que después le dimos al cocinero para que los prepare para el almuerzo. Nuestra mesa, donde además estaban (Alberto) Tarantini y (Daniel) Killer, tuvo un menú especial y todos se morían de envidia”.

¿El último encuentro de Baley en el arco argentino? Fue en marzo del ´82, muy poco tiempo antes de la cita máxima en España. “Chocolate” fue titular en el 1-1 jugado en Nuñez ante Alemania Federal, la selección que pocos meses más tarde llegaría hasta la final del Mundial para caer ante Italia.

Esa noche, el tipo tuvo una destacada actuación, callando algunas críticas exteriores y sobre todo, las propias. En tal sentido, y demostrando que siempre fue autocrítico, aún en el final de su carrera, dejamos a continuación una breve entrevista que le hizo el gran (?) Mauro Viale antes de un partido local en 1984; allí puede verse que aún cerca del retiro, el tipo siempre tenía algo para criticarse, para tratar de mejorar.

El retiro: formar pibes y alguna que otra polémica

Luego del retiro de la práctica activa del fútbol, Baley tomó la decisión de radicarse definitivamente en la provincia de Córdoba, seguramente influido tras pasar allí muchos años como futbolista.

Pero hay que decir que los primeros años de su etapa post-retiro, Baley no los transitó para nada bien. Saturado del fútbol, y según lo que contó el mismo en una entrevista a mediados de los 90´s, durante un par de años tras dejar la actividad prácticamente ni pudo salir de su casa. Además, la depresión que tenía lo llevó a perder 15 kilos y hasta tuvo problemas de salud cuando durante toda su vida, el tipo había sido fuerte como un roble.

Superada esa complicada etapa, arrancó a laburar en cuestiones vinculadas a ese mundo que le era tan propio, el del fútbol. Así fue que a comienzos de la década del ´90 se inició como ayudante de campo de Miguel Ángel Oviedo, un histórico jugador de Talleres al que acompañó en Primera División (lógicamente a cargo del “Tallarín”) y también en el Nacional B, dirigiendo al Racing de Nueva Italia.

Luego de esa experiencia, a Baley lo volvieron a llamar desde la “T”. Primero, para que entrenara a los arqueros del club debido a su vasta experiencia en ese puesto tan complicado; y luego trabajó varios años a nivel formativo con juveniles, aunque cabe destacar que en los últimos 5 años el tipo fue noticia por algunos motivos extrafutbolísticos.

En 2013, y mientras era coordinador de Selecciones Nacionales juveniles en la provincia de Córdoba, Baley cometió el exabrupto de llamar “bolivianos” a algunos jugadores de Belgrano que estaban a su cargo. Y si bien inmediatamente pidió perdón, es fácil imaginar el quilombo que armaron sus declaraciones en aquellos pagos: “Desgraciadamente tenemos tres arqueros bolivianos y varios jugadores de campo bolivianos… de Belgrano”, expresaba Baley en un video que comenzó a circular en aquel año, pero que habría sido grabado en agosto de 2012.

El clip se reprodujo en las redes sociales, se multiplicó y no cayó para nada bien en Belgrano. El arquero campeón del mundo explicó que nunca fue su intención ofender a la gente de Belgrano, que así como él carga a los chicos, los chicos lo hacen con él: “Fue un comentario, una joda que siempre hago con los chicos de Belgrano, les pido disculpas”.

Por otro lado y parándose en la vereda de enfrente, el hombre apodado “Chocolate” señaló en aquel entonces: “A mí me favoreció mucho el hecho de ser conocido, pero antes de ello, me he sentido mil veces discriminado. Por el color de la piel, por portación de cara; yo lo he sufrido y estaría mal que haga lo mismo”.

Un par de años después, Baley vivió otra polémica pero esta vez claramente en el rol de víctima. Sucede que en un capítulo de la famosa miniserie “Historia de un clan”, emitida durante 2015 por Telefé, el personaje de Arquímedes Puccio (interpretado por el actor Alejandro Awada) hizo referencias a la condición sexual del ex-arquero: en buen criollo, en la tira se afirmaba que “… hay dos que se hacen romper el orto por el “Chocolate” Baley” (sic), haciendo referencia a presuntas relaciones con compañeros de la selección del ´78.

Pese a que hubo unas tibias disculpas por parte de la productora Undeground y hasta una retractación (de hecho, cuando la serie fue repuesta en 2016 se eliminó la controvertida escena), al no haber acuerdo en la etapa de mediación respecto al monto de indemnización, el bahiense decidió llevar a juicio a la productora pero también al canal.

No hay dinero que pueda reparar el daño, pero la cifra que ofrecieron fue exigua”, dijo en su momento el abogado del ex-futbolista, quien agregó que las disculpas tampoco eran suficientes porque ya estaba causado el daño al honor y el daño psicológico en la salud de Baley, quien vivió momentos de angustia y hasta tuvo que ser medicado a raíz de la situación.

En los últimos tiempos, y cada vez que sus actividades como funcionario público en suelo cordobés se lo han permitido, suele volver a recorrer las desoladas calles de su Ingeniero White, para vivir una jornada de pesca o simplemente compartir un asado entre recuerdos y nostalgias con los amigos de siempre, con aquellos para quienes nunca dejó de ser “Chiche”.

Antes de culminar el repaso de la vida y obra de este hombre, hablemos una vez más de aquella nota de 1982 la cual citamos casi al comienzo del post. Allí, le preguntaron también qué significaba para él ser arquero. Y Baley, sin dar demasiados rodeos expresó: Es una experiencia hermosa, pero también cruel. Uno participa de un juego colectivo pero está solo. Es un puesto raro, ingrato. Un jugador se equivoca cuatro veces y no pasa nada; el arquero se equivoca una y su equipo pierde, o no gana. Hace unos días en una práctica de la selección, (Américo) Gallego hizo de arquero y después me decía lo difícil que era, lo distinto que se veía desde adentro. Y es así. Desde afuera parece más fácil. Date cuenta: tenes que cuidar una cosa que está detrás tuyo, ni siquiera la tenes adelante…es un puesto de locos, o de bobos, como dicen algunos”. Agregando, respecto a la famosa soledad del puesto: “El otro día, cuando (Gabriel) Calderón hizo el gol lo tuve que festejar solo: todos los muchachos abrazados y yo ahí, en el área, levantando los brazos. Cuando le dieron esa patada a (Diego) Maradona tenia ganas de ir al medio para encontrarme con el que le pegó, pero ni siquiera podes devolver un golpe”.

Gran admirador del “Flaco” Poletti -por la fuerza anímica y las condiciones técnicas que este tenía tenía-, Baley declaró alguna vez lo siguiente: Mi ideal de arquero es una mezcla entre él y (Ubaldo) Fillol. El “Pato” es un milagro de potencia física… yo creo que técnicamente sé más que el, pero tengo que reemplazar sus reflejos, sus piernas, pensando, anticipando la jugada, tratando de simplificarla. Y es casi imposible”.

El hombre que de chico tuvo grandes complejos por culpa del color de su piel, pero que con el paso de los años y la ayuda de su esposa los fue superando, fue uno de los mejores arqueros argentinos a lo largo de la década del ´70 y un poco más allá también. Perteneciente al grupo de guardametas salidores -aunque no al extremo de Gatti, Errea o incluso su admirado Poletti-, fue un arquero que dio seguridad en todos los clubes por los que pasó. ¿Se comió goles boludos? Seguro, y él mismo más de una vez lo reconoció. Pero es algo que tranquilamente puede pasarle a un tipo que jugó casi 400 partidos al máximo nivel, que fue un profesional 100% (N.deP.: se recuerdan varias agarradas con Houseman de su paso por Huracán por ese tema) y que casi siempre fue una garantía para sus compañeros.

Campeón con Independiente, gran figura en Colón, Huracán y Talleres, integrante del primer equipo argentino de selecciones que ganó la Copa del Mundo, Héctor Rodolfo Baley indudablemente no podía quedar afuera de esta sección. Vaya entonces el homenaje para “Chocolate”, un gran referente en el puesto más ingrato que tiene este deporte… y un tipo muy noble, lo cual no es poco. Nunca es poco.

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