Guardia alta y dos piñas de nocaut

En un partido friccionado, River sacudió dos veces el arco xeneize y se quedó con la Supercopa Argentina en Mendoza ante un Boca tibio y sin rebeldía ante la adversidad. El equipo de Gallardo supo presionar a su rival desde su salida, tuvo las manos de Franco Armani en los momentos de zozobra y la efectividad de sus contragolpes.

La superanunciada final por todos lados fue para River, que pudo saldar su deuda con Boca 42 años después, en un Malvinas Argentinas repleto con las dos hinchadas y separadas por las letras NDO, ideal para que cada uno lo complete con un gerundio acorde. Lo cierto es que Mendoza y sus viñedos dejaron borrachos de alegría a los de la Banda Roja y provocó la peor de las resacas a Boca, cuya actuación transformó el “matar o morir” de Guillermo en una frase insulsa y vacía. La Gallardeta, que venía a los tumbos futbolisticos, volvió a bailar sabroso en un partido decisivo a su rival de toda la vida.

Tras el himno cantado por Marcela Morelo, los primeros minutos del partido fueron a puro nervio con pierna fuerte y dejaron plasmada la idea de cada entrenador. Marcelo Gallardo llevó su guardia alta mediática a la práctica futbolistica: presión de dos o tres hombres desde la salida de Boca, con Frank Fabra como talón de aquiles xeneize. El medio de Boca quedó obstruido en la triangulación de los jugadores millonarios y solo tuvo como recurso el pelotazo al vacío para la velocidad de Cristián Pavón o alguna maniobra de Edwin Cardona. Esta vez las patadas fueron castigadas  rápidamente por el árbitro Patricio Lousteau cuando amonestó a los 9 minutos a Leonardo Ponzio.

Guillermo Barros Schelotto tenía un plan A: el de siempre. Marcar rápido la diferencia con su potencia ofensiva para luego controlarlo desde la posesión y sus individualidades. Sucedió lo contrario: como ante Rosario Central, Racing o Argentinos Juniors, le pegaron la primera piña en la mandíbula de cristal y quedó groggy para el resto del partido.

Ahhhhh. Justo en el gelpismo

Como los duelos de Copa Sudamericana y Libertadores, un penal infantil fue el que rompió el partido. A los 17 minutos, Gonzalo “Pity” Martínez armó una muy buena pared por derecha y dejó sólo en el área a Nacho Fernández. Edwin Cardona cayó en la trampa y lo toco de atrás ante la mirada del árbitro. Penal que cambió por el 1-0 para River el jugador de Guaymallén con un remate de cara interna abajo a la izquierda que dejó pagando a Agustín Rossi.

Boca repitió los pecados del pasado: equipo largo con Pablo Pérez errando pases a corta distancia, Nandez chocando a toda velocidad y un Carlos Tévez descremado y devorado por Ponzio y la Pachorra. El xeneize, al igual que Alejandro Romay, sin el 9 no funciona y así isveridificul. Todavía no supieron lo que es levantar un resultado adverso, culpa del capricho de los mellizos a la hora de buscar soluciones en el banco que poco hicieron para torcer el destino del partido cuando le resultó esquivo.

¿Qué gusto tiene el yogurt Carlitos?

River se limitó a aprovechar el nerviosismo rival con firmeza defensiva y solidaridad para presionar siempre de cerca a sus rivales. Rodrigo Mora se las arregló solito en ataque mientras Lucas Pratto ejerció del supervisor de abeja más caro del fútbol argentino. Pudo aumentar las distancias con un zurdazo mordido del Pity Martínez donde Rossi se estiró y sacó la pelota contra su palo izquierdo hacia el corner.

Tras el entretiempo con Los Totora, Boca aceitó sus circuitos ofensivos aprovechando el desgaste físico del rival. Gonzalo Montiel ya no pudo detener a Pavón ni Enzo Pérez seguir la presión desgastante, lo que liberó a Pablo Pérez y Nandez para la creación. El arquero millonario Franco Armani justificó los pedidos de Gallardo para reforzar el puesto. Detuvo las dos llegadas más claras del xeneize. Primero un buen pase de Pablo Pérez a Pavón terminó con un balón llovido que el blondo guardameta logró sacar al córner con mucho esfuerzo. Luego un tiro libre de Cardona rebotó en la espalda/joroba de Pratto y nuevamente el ex Atlético Nacional hizo gala de sus reflejos y sacó el balón por encima del travesaño por segunda vez. Boca estuvo una vez más cerca del empate con Cardona como eje de los ataques y a los 15 el colombiano le ganó en el salto a Pinola y el balón se fue cerca del poste derecho de Armani. Los 15 minutos de furia de Boca culminaron en una muy buena jugada que condujo Cardona y que puso a Fabra mano a mano ante Armani, el arquero le ahogó el grito y después con el pie mandó el balón al córner ante un remate de Nandez.

Con la elegancia de Giorgio

River tuvo un segundo golpe de nocaut fortuito cuando más complicado se le ponía el partido. Claro esta que a esa suerte hay que ayudarla y Gallardo junto a su cuerpo técnico fueron rápidos de reflejos para mover piezas. Mayada fue al lateral derecho, Zucculini fue a cubrir al agotado Enzo Pérez e Ignacio Scocco fue al ataque en reemplazo del hombre de los 14 millones de dólares.

La sentencia del resultado llegó en un corner mal ejecutado por parte de Boca. Nacho Fernández partió a toda velocidad hacia el área contraria. No hubo Krupokick que lo detuviera, tan solo un Cardona que se limitó a perseguirlo campo traviesa hasta quedar atrás. Desborde hacia Martínez que dejó en el camino a Wilmar Barrios para cederla a Nacho Scocco para fusilar a Rossi. 2-0 para el delirio de medio estadio mendocino. Solo era cuestión de dejar pasar el tiempo para ganar la Supercopa Argentina, el octavo título de la era Gallardo.

El Pity lo resolvió dentro de la cancha y Gallardo desde el planteo y los cambios.

Los Barros Schelotto fueron la contracara. Consumado el segundo tanto, mandaron tardíamente a Wanchope Ábila al campo de juego en reemplazo de Leonardo Jara. Boca cometió el peor de los pecados: Tibieza y pelotazos. Se dejó llevar por la corriente para ahogarse protestando porque no prepararon un salvavidas. En esta gestión Angelici, Boca ha perdido tan gradualmente su esencia que nadie pareció notarlo. Podrá dominar en el campeonato pero a la hora de los partidos chivos queda en deuda.

Algo huele mal en el banco de Boca y no es el cadáver de Junior Benítez

Tal vez hayan vuelto los noventas neoliberales pero se han invertido los roles. River fue el que puso huevo y ganó su tercer mano a mano superclásico. Gallardo conocía las limitaciones de su equipo y, a pesar de lo mal que venía jugando la Banda desde el golpe contra Lanús en la Libertadores, planificó este partido como la final definitiva de la que se hablaba hace meses. Guardia alta, dos golpes y a la lona. Suficiente para levantar el cetro de campeón.

(*) imagen de Arquero Bipolar

 

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