Hablando de camisetas: El origen de las tres tiras

Nueva sección de La Refundación, donde se repasarán cuestiones relacionadas con la indumentaria deportiva, desde lo inolvidable hasta aquellos adefesios que queremos olvidar.

A modo de introducción general, vamos a contar un poco de qué va esta sección, por más que el título sea bastante explícito. Se va a repasar la historia de las grandes marcas, su desembarco en estos lados, las diferentes modas en el fútbol argentino y mundial, los uniformes de selecciones, curiosidades y otras yerbas (?), por supuesto incluyendo el toque mundialista que nos tiene cortando clavos, a menos de 90 días de la Copa del Mundo.

Y por eso, si hablamos del Mundial no podemos ignorar a la marca por excelencia de esta competencia: Adidas y sus reconocidas tres tiras. Por eso vamos con la historia de una empresa familiar que pasó por las guerras europeas, hasta que se consolidó en todos los rincones del mundo. El post se lo dedicamos a los niños asiáticos que colaboran para que esto pueda sostenerse día a día (?).

Nacido el 3 de noviembre de 1900 en Herzogenaurach, Adolf Dassler fue el menor de cuatro hermanos (de uno de ellos hablaremos en otra ocasión) trabajando junto a su madre, que era lavandera y como panadero, hasta que fue llamado a la Primera Guerra Mundial, en su adolescencia. Al regreso, con 19 años, ocupó el lavadero de su madre con otro fin: el de trabajar como zapatero en una Alemania empobrecida en plena posguerra. Sin máquinas, electricidad ni insumos, Adi recorrió campos cercanos buscando cualquier cosa abandonada por los soldados que pudiera serle de utilidad: botas, cascos, bolsos o lo que fuera.

Owens con el calzado Dassler en Berlín

Junto a su hermano Rudolf abrieron Dassler Brothers en 1924, donde con 12 empleados llegaban a producir 50 pares de zapatos por día. En primer lugar apuntaron al atletismo, donde no fueron pocos los deportistas que usaron su calzado en los juegos de Amsterdam, en 1928, incluida Lina Radke, que fue medalla de oro en los 800 metros. Cuatro años después, en Berlín, la marca no bajó de las 40 medallas doradas, incluidas cuatro logradas por el estadounidense Jesse Owens, en el marco de un trabajo fino del menor de los Dassler, que le hizo llegar el calzado por excelencia de los deportistas alemanes a un extranjero que encima era negro, con todos los riesgos para la fábrica que eso implicaba.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el panorama cambió rotundamente para los hermanos. El ejército alemán llegó a las puertas de la fábrica, en épocas en las que las industrias colaboraban en el concepto de Guerra Total. Por sus influencias, los Dassler evitaron trabajar para proveerle material al ejército, aunque su producción se vio reducida a una quinta parte, llegando incluso a tener trabajando prisioneros de guerra soviéticos, ante la falta de mano de obra. Aunque los hermanos no zafaron del servicio activo. Adolf fue operador de radio entre 1940 y 1941, en tanto que en 1943 le tocó el turno a Rudolf, que fue trasladado a Lodz, en territorio polaco. A fines de ese año, la empresa familiar pasó a ser fábrica de armas, cuando ya casi no quedaban industrias sin intervenir. Vale decir que el hermano mayor escapó por muy poco, porque pidió la baja por motivos de salud y a las pocas semanas los soviéticos tomaron la ciudad.

La situación en Herzogenaurach comenzó a normalizarse en 1945, cuando los estadounidenses tomaron la ciudad, en momentos en los que casi tiran la fábrica abajo por ser un supuesto refugio nazi. El 13 de julio de 1946, Adi Dassler fue declarado como Belastete (miembro activo del partido nacionalsocialista), por el Comité de Desnazificación de Herzogenaurach. Además de la obligación de pagar una multa, significaba que el hombre podría perder el control de su fábrica. Adolf se había afiliado al Partido en 1933 junto al resto de la familia, estaba asociado al Cuerpo Motorizado Nacional Socialista y desde 1935 había sido entrenador de fútbol en las Juventudes Hitlerianas. Finalmente, meses después fue sacado de esa categoría y liberado de culpa y cargo.

La separación de los hermanos llegó en 1947, cuando Rudolf se quedó con la fábrica más chica y trece empleados, fundando Puma acompañado por su madre y su esposa. Adolf se quedó con la principal, con 47 obreros y la ayuda de su mujer, sus hijos y su hermana María, peleada a muerte con su otro hermano porque no le permitió que los hijos de ella trabajaran en la fábrica. Fueron llamados al frente de batalla, en el que murieron durante la guerra. En 1949 apareció en el mercado Adolf Dassler adidas Sportschuhfabrik, conocida por todos nosotros simplemente como adidas, ya con las tres tiras en los costados de sus zapatos. Claro que esto no fue tan simple de realizar, porque era algo que usaba la marca finlandesa Kahru, desde 1946. Dassler compró la exclusividad de las tiras laterales por algo similar a 2000 euros al cambio de hoy (?). Años después de la separación, aparecieron fuentes que aseguran que la pelea de hermanos que derivó en Adidas y Puma no fue entre ellos, sino que señalan que la mayor parte de las discusiones eran entre las esposas de cada uno, propiciado porque todos los hermanos con sus familias vivían en la misma casa, junto a sus padres.

En la década del ’50 se dio el primer encuentro de un amor que lleva más de medio siglo entre la selección alemana y Adidas. Ocurrió cuando Sepp Herberger, entrenador del equipo nacional, fue a Puma a negociar para que los jugadores usaran sus botines, en una negociación que no prosperó. Lógicamente al rato cruzó de vereda y arregló con el otro Dassler, cuyas innovaciones tuvieron el promisorio debut de la Mannschaft ganando la Copa de 1954. En esta competencia ocurrió el llamado Milagro de Berna, cuando Alemania perdía 2-0 con la Hungría de Puskas y terminó venciendo 3-2, gracias al invento de los botines con tapones intercambiables, útiles en un campo de juego convertido en un barrial en el que servirían los tapones altos, usados solamente por los alemanes.

Ya instalados como una empresa respetada en Alemania, Europa y con una constante expansión a América, apareció el hijo mayor de Adi Dassler, Horst, que se instaló en Francia para manejar el obvio crecimiento de Adidas. El heredero del imperio fue el que trajo las ideas de ampliar el mercado, negociando en España la fabricación de pelotas, a comienzos de la década del ‘60. Como se cuenta en Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas: “Así fue que los primeros balones Adidas de la historia salieron de España con destino al fútbol profesional de Francia. Allí, los jugadores bajo contrato con la marca se ocuparían de que nunca faltase una pelota Adidas en el vestuario del árbitro del partido. Si esto no funcionaba, siempre habría un jugador que revoleara la pelota hacia tribuna, y nunca faltaría algún compañero que tuviese a mano una redonda de Adidas para reanudar el juego”.

Previo al mundial de Chile de 1962, se reunieron en Malente los encargados de vestir al seleccionado. El propio Adi Dassler por un lado y por el otro representantes de la ropa deportiva Schwann, que hacía pantalones largos muy lindos (?) pero poco apropiados para los entrenamientos. Por iniciativa de Adidas, la otra empresa hizo otro diseño, más pegado al cuerpo, que no llegó a ser entregado a la selección antes de la copa, por lo que fueron estrenados por el Bayern Munich.

Así aparecieron sobre finales de la década los conjuntos de gimnasia azul, verde y bordó, conocidos en un primer momento como la línea Franz Beckenbauer. Nada lerdos para los negocios, Dassler compró a Schwann en 1970 y su aparición global se dio en los Juegos Olímpicos de 1972, donde los atletas alemanes se vistieron de las tres tiras, con el logo del trébol y todo. Mientras tanto, Horst Dassler se unía a Le Coq Sportif, para hacer algo parecido en tierras francesas. Esta unión no duró mucho, porque con el poder alemán las empresas pasaron a ser rivales, al punto de que la selección francesa pasó del conocido gallito al uso de las tres tiras.

 

Viniendo a nuestro país, podemos decir que Adidas se instaló a inicios de la década del ’70, en una época donde la marca de la indumentaria se veía en cualquier lado menos en la camiseta. Así fue como, por ejemplo, en épocas en las que Boca le ganaba 4-0 a River con un recordado shortcito auriazul, Independiente con pantalones Adidas hacía de las suyas por el continente (de hecho, acá se hizo mención al pantalón más extraño del rojo en toda su historia, usado en la primera final de la Libertadores de 1972, bicolor pero con un tono en cada pierna).

El matrimonio entre Horst Dassler y Joao Havelange puso a Adidas como sponsor oficial de FIFA y desde ese momento no se bajó de ningún certamen oficial, como ya se vio en este blog en cuanto a las pelotas  de cada competencia. En los años siguientes, comenzó a expandirse el uso del logo del trébol en el costado derecho de las camisetas, que tuvo su expansión mundial a partir del mundial de Alemania de 1974, donde buena parte de los equipos que jugaron la copa lo hicieron con contrato vigente con la empresa. En ese mundial hay una historia sobre la camiseta holandesa y Cruyff –que tenía contrato con Puma– que nunca se contó, otro día les decimos (?).Paradójicamente, la selección germana fue la única que no tuvo distinciones a la vista sobre la marca, a diferencia de países como Argentina o Uruguay (que lo tenían en el pecho y los pantalones) u otros como Holanda, Chile y Polonia, entre otras, que también poseían las tiras en la camiseta. En ese “entre otras” también colocamos a Zaire, con la que posiblemente sea la mejor (o al menos la más pintoresca) camiseta de la historia de los mundiales:

Tanto en los torneos nacionales como a nivel selecciones, Adidas se caracterizó con el paso de los años en hacer poco y dejar contentos a todos. Así fueron apareciendo diseños normalitos que variaban solamente en los colores. Por acá, se podría decir que eso fue una época dorada, en tiempos donde las camisetas casi no tenían publicidad y la empresa alemana, que tenía buena parte del mercado, se limitaba a los diseños sobrios y tradicionales, los cuales fueron adquiriendo mística con el paso del tiempo. Aunque no todo es tan malo, porque también llegaron las innovaciones tecnológicas. Entrando en la década del ’80, la empresa de las tres tiras se caracterizó por los cambios de la composición de las prendas, descartando el algodón utilizado durante los años anteriores, para dar paso a otras composiciones, que evitaban el peso de la transpiración y resistencia a los tirones. En tierras españolas, la marca implementó las pinstripes, esas líneas finas que siguen utilizando hasta el día de hoy.

Como cada Mundial era el lugar indicado para marcar tendencias, en México ’86 Adidas largó a la cancha el Tactel, un material sintético que formaba diseños según las costuras utilizadas y que sería muy utilizado en la década siguiente. El cambio de década, acompañado por el cambio de mando en la empresa (los Dassler le habían dejado el control a Bernard Tapie) marcó un punto histórico para una marca que se había caracterizado por innovar en cuestiones más técnicas, dejando el tema colores y diseños para sus rivales. En el Mundial de Italia hubo 15 selecciones que usaron esta marca, con diseños que quedaron en la mente del futbolero promedio y varios de ellos fueron reeditados hace poco: desde los diseños sobrios de Holanda o Argentina, hasta la célebre camiseta roja de Colombia o los diseños inéditos hasta ese momento de Checoslovaquia, Unión Soviética y Alemania, con los recordados dibujos en los hombros y el pecho, que merecen ser analizados aparte en otra ocasión.

Plop!

Ya a mediados de los 90 a todas las marcas se les fue un poco la mano. Hubo cambios que dentro de todo fueron bienvenidos, como el número en el pecho y el nombre en la espalda de cada futbolista, pero otros… Como decíamos anteriormente, el Tactel era el último grito de la moda, como recordamos al Brasil campeón del mundo con el escudo gigante en la camiseta. Adidas solamente siguió la marcha junto al resto, en épocas donde la rivalidad era contra Nike, en aquellos torneos de camisetas cada vez más anchas. Aunque el Mundial de Estados Unidos es recordado por selecciones europeas con las tiras al costado del cuerpo (como se usa ahora) y por los rombos en el costado derecho, revividos por España este año y que recordamos por el último gol en la Copa de Diego Armando Maradona. Y bueno, también hay cosas menos lindas como las de Nigeria o algo que es un gran (?) como la de Estados Unidos.

Mientras tanto, esta década se caracterizó por el uso de templates de selecciones sin ningún prurito en el fútbol argentino, como los Boca y River alemanes, o Español con los rombos noventosos, dejando atrás los años en los que adidas monopolizaba las camisetas de nuestro fútbol, con diseños (sobre todo, pantalones) que dejaban a los recios futbolistas como si fueran el estúpido y sensual Flanders. Para Francia 1998, el imperio estaba amenazado por la marca de la pipa, a un nivel como sólo lo había logrado Puma cuando el objetivo eran los atletas. Nike llegó con países como Italia, Holanda y Brasil, que a su vez tenía al verdadero Ronaldo. Entre los diseños de Adidas, podemos destacar al del país organizador, similar a la usada 14 años atrás, o la camiseta argentina, con cositas (?) doradas y cuello negro. Para la Copa siguiente, ya en  el siglo XXI, llegó la grieta que intentó dejar atrás los adefesios noventosos que marcaron el lustro anterior. Otra vez la atención se centró en la tecnología, con el uso de materiales que favorecían la evaporación de la transpiración de esos 22 millonarios que corren atrás de la caprichosa (?). Adidas fue con diseños simples, sin retoques especiales para cada selección, donde se destacaba el coso a los costados para transpirar mejor. La distinta era Argentina, que al menos era a franjas verticales y duró lo que un pedo en el aire.

Jack Johnson y John Jackson

En 2006, la Copa volvió al país de Adidas, por lo que hubo algunas modificaciones después del anodino Corea – Japón. Varios países presentaron líneas en el pecho y el abdomen, como Alemania, Japón o la alternativa de los Pekerman Boys. Aunque hubo lugar para la imaginación, como la suplente de Francia, con la bandera degradada en el pecho, que vio las últimas pinceladas de Zinedine Zidane. La debutante Trinidad y Tobago lució un diseño genérico, el llamado derecho de piso. En Sudáfrica, los modelos fueron bastante sobrios, aplicando más que nada algunos detalles para que no quedara todo igual a 2002. Un detalle fueron los homenajes, como la camiseta azul argentina homenaje al ’86, aprovechando la presencia de Maradona en el banco, dispuesto a no comerse el chamuyo alemán.

La copa jugada en Brasil hace cuatro años será recordada por el monocromatismo en las camisetas. Esa recomendación/orden de la FIFA de tener todo el conjunto parejito terminó con con países como Argentina, Alemania o España jugando sin sus pantalones habituales. Adidas también metió mano en las camisetas alternativas, como la usada por los teutones en el 7-1 al dueño de casa o la española negra con vivos flúo, las mexicanas con homenajes a la lucha libre.

Ahora, tenemos otro mundial a la vista, donde las camisetas de países como Alemania, España, Argentina y Colombia tienen reminiscencias (?) de la parte buena de los noventa, que serán analizados en su momento. En Argentina tenemos pocos exponentes, como River y Riestra, sumando a Estudiantes hace unos años, que en un momento usaba los modelos que descartaban los seleccionados paraguayos. Lo que nos queda por preguntarnos es: ¿Cuál fue la mejor época de Adidas o su diseño más recordado?

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