Ganar demasiado bien

Luego de la demolición de White Hart Lane, y de jugar un año en Wembley (sin lograr resultados maravillosos) Tottenham va a disfrutar de tener un nuevo estadio, pero sus hinchas no.

Audere est facere, la frase que se puede leer en cada rincon de los lilywhites significa palabras mas, palabras menos, atreverse a hacerlo. Y si bien bajo el mando de Pochettino el club ha cambiado su dimensión -se encuentra tercero y camino a disputar la próxima temporada de la Champions League, habiendo llegado a octavos de final en la presente- los que han sido realmente atrevidos han sido los dirigentes del club, pero no en la manera en que los fans esperaban.

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El nuevo estadio de los spurs estará listo para después del mundial. Será una nueva maravilla dentro de una de las ciudades mas futboleras del mundo como es Londres: comodidad, buena vista, accesos de lujo y tribunas pegadas al campo de juego para 62 mil personas sentadas.

Sin embargo hay que destacar que van a ser personas comunes, generalmente turistas, y no los hinchas de siempre. El nuevo estadio tuvo un costo: la venta de entradas y abonos fue terciarizado a una empresa privada. Una jugada maestra del mandamas del grupo inversor ENIC dueño del club, Joe Lewis. Si, Joe Lewis, el mismo que compró todos los terrenos lindantes al Lago Escondido en Rio Negro, para su propio usufructo tras comprar los terrenos a 69 pesos la hectárea.

En el viejo y querido WHL -donde solo entraban 32 mil personas- una entrada para un partido de Premier League costaba entre 10 y 12 libras, y ahora el precio de los tickets será de 24 libras en adelante. Esto va no solo en perjuicio del hincha comun, sino del abonado que viene aportando consistentemente desde hace años: al pasarle la concesión de la venta a un tercero, el club se desliga y no tiene en cuenta la antiguedad de los abonados que reservan su asiento año a año. Lo que prevalece es la estructura de costos del año anterior: quienes hayan pagado los asientos mas caros durante la breve estadía en Wembley, tendrán derecho a comprar sus abonos primero en el nuevo WHL, de modo que aquellos que no pudieron pagar mas que el precio mas barato que ofrecía el templo del futbol durante este año (unos £700), seguramente se quedaran sin asientos para la próxima temporada.

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La nueva estructura de precios de los abonos es ridícula: el mas barato ronda las 800 libras (22 mil quinientos pesos), aproximadamente un 50 porciento mayor que el de la actual temporada y casi el doble que el promedio de toda la premier (£464). Cabe destacar que el mismo no incluye ningún partido de FA Cup, Copa de la Liga ni mucho menos Champions League. Una movida absurda que ya se puso de moda en España e Inglaterra: agrandar la capacidad de los estadios para que luego vaya menos gente a los mismos, y el ambiente sea mas parecido al de un espectáculo de ballet que a un estadio de futbol, tal como sucede en el Emirates o en Old Trafford.

Todo esto sucede en un contexto ni remotamente parecido a una crisis: los ingresos  por derechos de televisación han aumentado para todos los clubes de la Premier League. Esto solo significará un provecho para las arcas del club (si logran vender todos los abonos a estos precios astronómicos) en detrimento de los hinchas de la working class y sobretodo a los jovenes (solo 1 de cada 4 menores de 24 años en Inglaterra asiste regularmente a los partidos, siendo el precio el principal obstáculo), que tendrán que volver a verlo en sus casas – bueno, en realidad en los bares porque el fútbol inglés también es codificado -.

Tottenham es uno de los barrios menos pudientes económicamente hablando, con menor cantidad de servicios y mayor nivel de conflictividad social. Acaso sea el club el que de el puntapie inicial para iniciar la gentrificación en la zona, tal como viene pasando en varios barrios londinenses (como por ejemplo en Millwall) y las tan mentadas inversiones que traen nuevos trabajos pero segregan comunidades.

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