El otoño (del juguete rabioso) del patriarca

Todo pasa pero Arsenal no queda. La creación grondoneana anclada en Sarandí y creada a base de corralón, reuniones en una estación de servicio, rejunte de jugadores de los equipos grandes con productos de su cantera y protección arbitral, ha consumado su descenso tras 17 años en Primera División. Auge y ocaso del equipo de quien fue dueño de la pelota y fue pasto del nepotismo de sus progenitores junto al mal gerenciamiento de empresarios amigos.

Arsenal, el juguete favorito de Julio Humberto Grondona, no sobrevivió a la muerte de quien fue futbolista, fundador y presidente de una institución barrial que supo en su etapa de Primera conseguir títulos nacionales e internacionales. Ayudó mucho, claro está, el paraguas protector de quien fuera mandamás de AFA por 34 años, la cantidad de jugadores cedidos de los equipos grandes (su goleador histórico es Luciano Leguizamón, dueño de las copas internacionales que Independiente supo grondonear y no muy querido por Gimnasia) y la venia de los árbitros, sabiendo que si se equivocaban con el equipo del Jefe su carrera de seguro terminaba allí mismo. La pérdida de esa protección, reflejada en el descuento eterno de Andrés Merlos que le costó un partido ante Lanús, malas campañas producto de un empresario buitre como Cristian Bragarnik y las peleas entre los hijos, presidente y entrenador, son el resultado de este fin de era, festejado por muchos y sufrido por los pocos espectadores que se daban cita en el Viaducto.

Los trabajos y los días

Es imposible no asociar la suerte de Arsenal con la de Don Julio y su familia. El presidente es Julio Ricardo Grondona, hijo del fallecido Julio Humberto. Como vicepresidente 3º está Gustavo Héctor Grondona, sobrino del ex presidente de la AFA, ex jugador del club y hoy es ayudante de campo de Pablo Guede en Colo Colo de Chile. Y el tesorero es Genaro Aversa, yerno del histórico caudillo. Liliana (hija de Julio Humberto) y Lara Grondona (nieta) son vocales titulares. El estadio se llama Julio Humberto Grondona y está situado en la calle Julio Humberto Grondona.

Los hermanos sean unidos

El ferretero de Sarandí, junto a varios amigos en el bar “FFF” del barrio periférico de Avellaneda, el 11 de enero de 1957 cumplió el sueño de tener un equipo en su barrio. El dueño de la estación de servicio en Crucecita por donde pasó la flor y nata del poder supo levantar el estadio del juguete que armó y le dio cuerda por veinte años como presidente mientras su hermano Héctor (también presidente de la entidad en su momento) convertía goles en las categorías del ascenso. Ese juguete supo tener, con el paso del tiempo, jugadores de gran categoría formados en el club como Iván Marcone, Alejandro “Papu” Gómez y Darío Benedetto.

Ya siendo presidente JHG de la AFA, su club estaba en la C desde 1962. Su año de gloria internacional en 1986, tras el mundial de Maradona y el banque a Bilardo como entrenador de la Selección Argentina, se reflejó también en el corralón de su casa cuando su criatura conseguía el pase a la Primera B, luego de un breve descenso por la D en la temporada 84/85. Arsenal llegaba al Nacional B en 1992, donde deambuló por la segunda categoría como local de Munro. La convertibilidad del ascenso terminó en 2002 cuando en el viejo Viaducto logró empatar 1-1 con Gimnasia de Concepción del Uruguay (había ganado el Arse 2-1 en Entre Ríos) y, por medio del Reducido, llegar a Primera División de la mano de un DT criado en las entrañas del club de Sarandí como Jorge Luis Burruchaga.

Mensaje de sus hijos para Don Julio.

El autor del histórico tanto fue Javier Morales en un estadio que estuvo a reventar (se levantó una tribuna tubular para albergar a los visitantes que se terminó hundiendo y un bulón que cedió en la platea llenó de pánico a los asistentes). Ya cuando terminaba el partido, y la consagración de Arsenal parecía asegurada, el alambrado en donde se encontraban trepados gran cantidad de simpatizantes del equipo Sarandí se desmoronó y cayó sobre el resto de los hinchas que cantaban y alentaban en la tribuna. El referí Héctor Baldassi pudo haberlo suspendido pero una llamada desde los despachos de Viamonte lo hizo desistir de tal idea. El hoy diputado PRO por Córdoba, continuó su carrera abritral hasta dirigir el Mundial de Sudáfrica 2010.

El juguete rabioso (para el resto del fútbol)

La década y media ganada por el equipo de Grondona se inició el 28 de agosto de 2002 con la victoria 1-0 frente a Olimpo con gol de Mauricio Piersimone. En su primer año salió 8° en el Apertura 2002 y 14° en el Clausura 2003, pasando la prueba de fuego: mantenerse en Primera en su debut. Rápidamente llegó la primera participación internacional en la historia del club. Tras salir 7° en el Apertura 2003 y el Clausura 2004, se clasificó a la Sudamericana 2004, en la cual llegó hasta cuartos de final. En el Apertura 2004 terminó 13°, en el Clausura 2005 6°, en el Apertura 2005 14° y en el Clausura 2006 15°.

Arsenal y la cara bonita de la Copa Sudamericana 2007

Para ese entonces Gustavo Alfaro inició su primera etapa como entrenador de Arsenal. Con un plantel bien armado, finalizó 5° en el Apertura 2006 y el Clausura 2007, lo que le permitió volver a meterse en la Sudamericana. Pero la historia gloriosa del club recién empezaba y a fin de año vino el gran premio, al ganar ese torneo internacional (mientras finalizaba 12° en el Apertura) ante el América de México, el 5 de diciembre de 2007. Esa noche, pese a perder 2-1, se consagró por el triunfo como visitante una semana antes por 3-2. Un gol de Martín Andrizzi, festejado tanto por hinchas, Don Julio llorando de felicidad como un chico: su juguete estaba en el auge máximo. Eso sí, para llenar las tribunas del Juan Domingo Perón, la comisión directiva invitó a alumnos de las escuelas de Sarandí. También estuvieron las dudas arbitrales a favor del Luna de Avellaneda grondoneano: un offside cobrado desde un lateral a Federico Insua, perjudicó claramente al equipo mexicano, invitados para juntar dinero a las arcas de CONMEBOL pero nunca para llevarse títulos a las vitrinas centroamericanas. Para 2008, el Arse de Grondona se llevaba la Copa Suruga Bank, un trofeo creado seguramente tras la apertura de una cuenta premium sino no se explica. El juguete del patriarca se iba a Japón para tunearse con un nuevo trofeo internacional.

Una vez que los goles ya no estaban secuestrados y las arcas de la AFA recibían dinero estatal, Arsenal tuvo un primer coqueteo con el descenso luego de tres flojas campañas en Primera (18° en el Clausura 2009, 12° en el Apertura 2009 y 18° en el Clausura 2010) que motivaron el regreso de Alfaro y con él los buenos resultados: 3° en el Apertura 2010, 10° en el Clausura 2011 y octavos en la Sudamericana 2011. La mano dirigencial en la AFA se vio cuando ese resultado le permitió clasificar a la Libertadores 2012 por ser el argentino de mejor campaña entre los que no se habían clasificado por otra vía.

Toda una postal. Arsenal festejando con las tribunas vacías y el respaldo de la AFA en el fondo.

El título nacional y el summum de la familia de Sarandí llegó con el campeonato Clausura 2012, el primero en la carrera de Alfaro, tras ganarle a Belgrano de Córdoba 1-0 y levantar el trofeo Gaucho Rivero. El elenco del Viaducto obtuvo el título tras conseguir 38 puntos en el certamen, producto de once triunfos, cinco empates y apenas tres derrotas con 30 goles a favor y 15 en contra. Los números fueron elocuentes: cerraron el torneo con una racha de siete encuentros sin perder (seis victorias y una igualdad), en los que, salvo en uno, marcó tres goles o más, siendo el máximo artillero del equipo el delantero Emilio Zelaya con 6 tantos. Además, en el estadio Julio Humberto Grondona no sufrió caídas y en las diez presentaciones ganó siete y empató tres. Definitivamente el juguete de Sarandí no tenía nada que envidiarle al barco pirata de Playmobil.

Aún con Alfaro de técnico, el Arse luego le ganó por penales la Supercopa Argentina a Boca en noviembre del 2012, se quedó con la Copa Argentina 2012/13 goleando 3-0 en la final a San Lorenzo. Las tribunas del Julio Humberto Grondona se iban quedando sin espacio para pintar los títulos obtenidos, eso sí, esas tribunas como decía una canción de cancha estaban vacías. Jugó tres años seguidos la Libertadores (2012 -mientras salía campeón del Clausura-, 2013 y 2014 -llegando a cuartos de final). Mientras tanto, tuvo tres buenas campañas locales, 7° en el Inicial 2012, 8° en el Final 2013 y 5° en el Inicial 2013, y una pésima con el 17° puesto en el Final 2014 que desencadenó la salida de Alfaro.

Los ladrones (y el juguete roto)

Tras el Mundial 2014, el 30 de julio, Julio Humberto Grondona dejaba este mundo con la AFA hecha un caos con 30 equipos en Primera que sigue hasta estos días tratando de depurarse. En el sanatorio, su hijo Julio Jr. le prometió al patriarca mantener a salvo al juguete que tanto cuidó, un club de barrio con 8000 y 9000 socios que se enfrentaba al máximo desafío: no desmoronarse.

Familia muy normal

Acostumbrados a no gastar más de lo que ingresaba y así mantenerse a salvo de los temporales, pareció un final lógico que un gerenciamiento externo -dinero y jugadores aportados por los empresarios Cristian Bragarnik y Ricardo Pini– le dejara un agujero financiero por un reclamo de 20 millones de pesos. Arsenal improvisó con Martín Palermo, pasó por las manos del manosanta del puntito inteligente Ricardo Caruso Lombardi, un espejismo de buenos resultados con el Huevo Rondina y el breve Lucas Bernardi. Las campañas del club empeoraron notoriamente. Terminó 9° (sobre 20) en el Torneo de Transición 2014, 28° de 30 en el Torneo 2015, 4° en una de las zonas del Torneo de Transición 2016. Las Sudamericanas de 2015 y 2017 no alcanzaban a tapar el momento de zozobra.

Humberto Grondona, que ya había marcado la decadencia de los juveniles de Argentina, tomó las riendas del club de su padre. 17 derrotas, campañas desastrosas donde no subía del puesto 27 entre 30 y 28 equipos según el año. El juguete fue quebrándose entre la pelea entre el presidente Julio y el entrenador Humbertito, que amagó con irse, se arrepintió y tras seguir barranca abajo sin encontrar el rumbo, dejó la dirección técnica a finales de 2017. El club ya había perdido el orden económico, los refuerzos ya no eran de la calidad de antaño y el paraguas de papi para equilibrar los números, le entraban las balas. En la cancha, esta temporada el equipo perdió los puntos en ambas áreas. La ayuda arbitral dejó de ser tal. Ya no estaban condicionados a devolver favores sin el brazo grondoneano bajando el martillo en AFA.

La gestión de Humbertito al frente de Arsenal es eso: una burla al fútbol.

Rondina llegó para capear la inevitable levedad del descenso. El equipo que fusionó los colores de los grandes de Avellaneda y hasta supo superarlo en el pasado, ya no lograba sostenerse en una sola pieza. Una sóla victoria en el año 2018 selló su suerte. Tras el 2-2 ante Chacarita, que incluso está debajo suyo en los promedios y probablemente lo acompañe de regreso a la B Nacional, no alcanzó porque Patronato terminó la faena con la goleada ante Rosario Central. Ironías del destino, el que supo ser patrón de la AFA hizo todo lo posible en su poder para llevar a su club a Primera y es otro Patrón el que lo baja de allí tras 17 años en la máxima categoría.

Olor a descenso consumado

Así se fue el equipo más odiado de Primera, despojado de sus privilegios y sin los jugadores y entrenador que supieron crear una época dorada. La Luna de Avellaneda que supo tener su esplendor durante 17 años en Primera División y cinco títulos en su haber, ha descendido al Nacional B, llorando un pasado tan enterrado como el cuerpo de Julio Humberto Grondona.

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