Grandes fotos del Fútbol – Suplemento especial: los “otros” en fotos icónicas de Mundiales

Repasemos más fotos históricas / icónicas de este deporte que tanto contribuye a gastar el poco tiempo libre que nos deja esta agobiante rutina de vivir día a día en esta sociedad de mierda. Hoy vamos a conocer un poco de los actores de reparto de dos imágenes tomadas de sendos goles emblemáticos en finales mundialistas. 

El arquero víctima del gol fantasma de la final de 1966

Se llama Hans Tilkowski, y fue el portero de la selección alemana en el Mundial de 1966: en realidad es uno de los menos conocidos que ha cuidado el arco alemán en Mundiales. Tilkowski nació en 1935 en el barrio obrero de Husen en Dortmund, hijo de un minero de raíces polacas que trabajaba en las minas de carbón de la región. Comenzó a jugar desde niño como delantero en un pequeño club de la localidad, pero pasó la historia de siempre del día que faltó el portero habitual y a quién ponemos en el arco, a Fritz no porque la mueve, a Günther tampoco porque se descompleta la defensa, ah, pongamos a tapar al más horrible de arriba, sí a Tilkowski, y con eso encontró su lugar en el fútbol por siempre. Jugó en la Oberliga regional con SC Westfalia Herne entre 1955 y 1962, antes de irse a jugar en la recién formada Bundesliga con Borussia Dortmund. Allí duró cuatro años en excelente nivel – fue elegido jugador del año en Alemania en 1965 – y llegó a ganar una copa nacional y la Recopa europea de 1966 (como los viejos sabrán, Recopa = Copa de Clubes Campeones de Copa).

Con la selección nacional debutó en un amistoso contra Holanda en 1957 con 21 años cumplidos. Le fue bien en ese partido y en otro contra Escocia un mes después, y era uno de los cuatro arqueros preseleccionados por el legendario DT Sepp Herberger para defender el título mundial en Suecia 1958, pero al final viajaron Fritz Herkenrath, Heinrich Kwiatkowski y Günter Sawitzki (¿para ser arquero en Alemania esos años había que ser polaco?), supongo por ser más veteranos. Para el Mundial de 1962 pintaba como titular fijo por estar en su punto óptimo de rendimiento, y de hecho fue el titular indiscutido en las Eliminatorias contra Grecia e Irlanda del Norte. Y sí, esta vez coronó convocatoria mundialista y viajó a Chile, pero sorpresivamente Herberger anunció en la propia víspera del debut contra Italia que el titular sería el más joven (y presumiblemente tercer arquero) Wolfgang Fahrian, lo que desató un gran deutschekilömben en la concentración que incluso llevó a Tilkowski a exigir la vuelta de su pasaporte y  los tiquetes de regreso a casa (!!). No se le dieron y se tuvo que quedar en la tribuna calladito en los cuatro partidos de su selección en Chile 1962, después de lo cual renunció a volver a jugar con la camiseta alemana.

Pero su exilio no duró mucho tiempo. Volvió en 1964 por pedido del nuevo DT Helmut Schön y con él agarró de nuevo la titularidad; fue el portero en todos los partidos de su equipo en el Mundial de 1966. Su último partido internacional (en total fueron 39) fue ante Albania en 1967 por las Eliminatorias a la Eurocopa de 1968. Se retiró del fútbol jugando para Eintracht Frankfurt en 1970 y se dedicó a entrenar equipos de fútbol, pero parece que bien no le fue porque desde 1981 no ha vuelto a dirigir.

La imagen de arriba lo muestra como testigo cercano del tercer gol de la final de 1966, uno de los más polémicos de la historia de los Mundiales. Es el ultraconocido y discutido tiro del inglés Geoffrey Hurst en el tiempo suplementario en Wembley, que rebotó en el horizontal, picó en la raya y salió, pero que fue convalidado por el árbitro Dienst. Bueno, hoy no existiría esta discusión si el jugador inglés (camiseta oscura) que aparece al frente del arco en la foto hubiese decidido rematar el balón que quedó picando, en vez de haberse dado vuelta como un marica a celebrar un gol así de finito. Se trata de Roger Hunt, delantero no muy conocido en el mundo del fútbol pero un histórico del Liverpool, que ostenta aún el récord de mayor cantidad de goles anotados en Liga con los Reds (245). Ese Mundial fue titular en los seis juegos de los ingleses en el torneo y anotó tres goles: todos en primera ronda. De haber sido más vivo metía un cuarto y de paso terminaba de graduarse de papá de Tilkowski, ambos se habían encontrado tres meses antes en la final de la Recopa europea entre Borussia Dortmund y Liverpool, en la que el delantero inglés le metió un gol al arquero alemán.

El defensor italiano al que Pelé le sacó una cabeza de ventaja en la final de 1970

Todos conocemos esta foto de la final del Mundial de 1970, con el cabezazo letal del títere del establishment (que en la cancha era un crack de aquí a Cafarnaum ejotracosa). Sí, obvio que hablo de Pelé… pero no todos conocemos al infortunado italiano que quedó inmortalizado como el comparsa no deseado de la jugada del gol, al que la cámara capturó por siempre jamás en un gesto de impotencia e inutilidad que hace más significativo el gol del brasileño.

El jugador en cuestión no es uno del montón; de hecho, se puede decir sin ponerse colorado que es una leyenda del fútbol de su país: se llama Tarcisio Burgnich. Nativo de la comuna friuliana de Ruda, en límites con Eslovenia (de ahí le viene su apellido, una lejana derivación del nombre “Bernardo” en esloveno, gracias dan Niembraaa), Burgnich comenzó a jugar al fútbol en 1958 en el Udinese, dos años después pasó una temporada en la Juventus – con la que quedó campeón de liga en 1961 jugando 13 partidos en total – y otra al Palermo ya en la Serie B. En resumen, una carrera decente pero normalita, sin mucho ruido.

El destino le cambió en 1962 cuando se fue al club en el que se haría famoso: el Internazionale de Milán del DT Helenio Herrera. Allí Burgnich encontró su lugar en el mundo como defensa central, formando la dupla con el gran Giacinto Facchetti en el Inter que lo ganó casi todo en los años 60: cuatro ligas, dos Copas de Europa y dos Intercontinentales. Burgnich y Facchetti se complementaban tanto y les sobraba tanta calidad que se convirtieron en una de las mejores parejas de centrales de Europa: Facchetti era el calidoso, el que ayudaba a salir al equipo desde abajo y que se pegaba sus incursiones ofensivas – algo inédito en el fútbol italiano de esos años – apoyado en sus grandes técnica, visión y despliegue. Burgnich en cambio era el defensor a la antigua, que no se salía de su posición ni aunque hubiese amenaza de bomba de Al-Qaeda en el estadio, pero que se dedicaba a marcar al contrario de manera eficiente con gran anticipación, marca fuerte y precisa, impasable arriba y un físico imponente que demolía al contrario sin necesidad de cagarlo a pata.

Calladito y taciturno, poco dado a los flashes, Burgnich se hizo un nombre  – junto a su compañero en la zaga –  como uno de los mejores defensas italianos de todos los tiempos. Pero después de doce años haciendo historia en Inter lo sacan casi que por la puerta de atrás en 1974, todo por las intenciones del nuevo presidente de la entidad de rejuvenecer la escuadra. Burgnich ya con 35 años – de los cuales 16 llevaba rifándose la vida cada semana en el durísimo Calcio –  es contactado por el DT del Napoli, el brasileño nacionalizado Luis Vinicio, para jugar en el equipo del sur. Y le fue bastante bien, duró tres años más en el equipo siendo titular indiscutible y pilar en el club que peleó título de Liga en esos años. No lo pudo lograr, pero sí coronó el único título que le faltaba a su gloriosa carrera: la Copa italiana que ganó en 1976. Se retiró en el club del sur en 1977 y, como Tilkowski, se dedicó a ser entrenador y también le fue igual de mal.

Con la selección Burgnich jugó 66 partidos en once años, entre ellos los de tres mundiales (1966, 1970 y 1974) y dos Eurocopas (1968 – en donde quedaron campeones – y 1972) siendo titular indiscutible en casi todos. En ese Mundial de 1970 tuvo su momento cuando en una de sus rarísimas incursiones por el área rival anotó un gol en el famoso 4-3 contra Alemania en la semifinal, uno de sus dos únicos tantos con la Azzurra. Para la final le pusieron la culebra de marcar hombre a hombre a Pelé y así quedó inmortalizado… su último partido con la Azzurra fue contra Polonia en el Mundial de 1974.

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