Grandes arqueros argentinos: Agustín Enrique Irusta

Vuelve hoy la sección dedicada a recordar a los mejores exponentes del puesto que hayan nacido en este país. Y en esta ocasión repasaremos la trayectoria del “Mono” Irusta, un verdadero símbolo de San Lorenzo en las décadas del ´60 y ´70.

Agustín Enrique Irusta nació el 19 de julio de 1942 en Noetinger, un pequeño pueblito de la provincia de Córdoba, cercano a la ciudad de Villa María. Allí creció el pibe al que sus amigos apodaron “Bollito” y de a poco en su tierra natal se fue familiarizando con el arco; siendo un adolescente se movió hasta la provincia de Santa Fe, para jugar en Argentino de la ciudad de Las Parejas.

Hasta que un día, siendo un joven ya maduro, su nombre llegó a oídos de los dirigentes de uno de los clubes más importantes del fútbol argentino. Por ello, Irusta agarró un bolso cargado de ilusiones y lleno de expectativas partió a la gran ciudad, soñando con ser alguien en el mundo del fútbol.

San Lorenzo (I): un arranque promisorio

Así fue que, a comienzos de la década del ´60, Irusta llegó nada menos que a San Lorenzo de Almagro, con todas las expectativas y sin imaginar seguramente que llegaría a disputar más de 250 partidos con esos colores, por lo que lógicamente, con el paso de las décadas su apellido se terminaría transformando en verdadero sinónimo del cuadro azulgrana.

Pero no todo fue fútbol para Agustín en sus primeros años en Boedo. Es dable señalar que como una forma de matar el tiempo libre, que a veces se le hacía eterno, y en base a la formación que había recibido en su pago chico, el tipo iba muchas mañanas a las instalaciones del club para pintar, construir o arreglar lo que hiciera falta; mientras tanto, seguía formándose dentro de la cancha, a la espera de su gran oportunidad.

Volviendo al plano deportivo, cabe recordar que el CASLA en 1959 había obtenido su tercer título en la era profesional, pero que posteriormente -y con excepción del subcampeonato del ´61- pese a contar con los buenos servicios de ese gran goleador llamado José Francisco Sanfilippo, no había podido realizar grandes campañas: en 1960 el club finalizó en un opaco 6º puesto, mientras que en 1962, lo hizo en una mala 11º posición (entre apenas 15 competidores en este último caso).

Y 1963 lamentablemente para la gente de Boedo, no sería la excepción: el equipo que comenzó el torneo siendo dirigido por la dupla técnica que integraban Pablo Amándola y el “Profe” Adolfo Mogilevsky, apenas terminó en el 8º lugar sobre un total de (apenas) 14 conjuntos. De hecho, el debut en ese certamen fue un oprobioso 0-4 ante River en Nuñez, en lo que fue una muestra gratis de lo que iba a ser el mal campeonato sanlorencista, el primero sin el gran Sanfilippo, quien había sido vendido a Boca en ese verano.

Sin embargo, el “9” no era el único que había abandonado la institución y eso también importa en esta parte de la historia: la anterior había sido también la última temporada en el CASLA para José Carrillo, arquero titular en el título del ´59 pero que para el año ´62 ya evidenciaba un declive en su rendimiento, habiendo perdido el puesto ante un Marwel Periotti que lejos estaba de ser una garantía. Pero tras un espantoso comienzo en el ´63 para este golero -dado que con él en el arco San Lorenzo sacó apenas 3 puntos de 12 posibles-, en el debut como entrenador de José Barreiro, este lo “limpió” y puso en su lugar a Juan Carlos Bertoldi, quien venía nada menos que desde Huracán: sin embargo, la movida no le salió bien al DT, ya que el CASLA cayó 3-4 en el “Gasómetro” ante Racing, siendo además la tercera vez en apenas 7 jornadas que el team recibía 4 goles.

Así las cosas, con el equipo deambulando en el fondo de la tabla y ya con la mitad de la primera rueda jugada, Barreiro no dudó mucho: le demostró a Bertoldi que había dejado pasar el tren (N.deP.: tan así fue que el tipo nunca más tuvo la chance de jugar y al año siguiente se fue), y posó sus ojos en ese morochito que había llegado desde Córdoba y que nunca jamás había ido siquiera como arquero suplente del primer equipo… una gran historia estaba por empezar.

Villa Crespo, 23 de junio de 1963. En su coqueto estadio de la calle Humboldt, Atlanta -uno de los mejores equipos de aquel tiempo- vence 3-2 al débil San Lorenzo, en un resultado lógico teniendo en cuenta el presente de ambos conjuntos. Ese fue el día y el contexto en que debutó Agustín Enrique Irusta en el arco del CASLA, que comenzó ganando temprano con gol de Carotti pero se fue al descanso abajo por los tantos de Carone y Luna para el local, que en el complemento aumentó la ventaja por medio de Puntorero; sobre el final descontó con un penal “Coco” Rossi para la visita, pero ya la suerte estaba echada y el azulgrana sumó así su sexta derrota en 8 presentaciones.

Y si bien las crónicas de la época no indican que el joven Irusta haya tenido responsabilidad en ninguno de los goles del “Bohemio”, seguramente no fue ni por asomo el debut que había imaginado ese joven que aún tenía 20 años de edad. Sin embargo, para él volvería a pasar el tren… y el ya apodado “Monito” no lo dejaría pasar.

San Lorenzo en 1963, el año del debut del “Mono” Irusta

Por ejemplo, en su siguiente partido -primero en Boedo- fue vital para que Sanloré le ganara 3-1 el clásico a Huracán, ya que a los 4 minutos de juego le atajó un penal a Arredondo, en una jugada que tranquilamente pudo haber cambiado el curso del encuentro. Pavada de debut ante su gente, ¿no? Envalentonado por ese desempeño, el novato se agrandó tanto que se adueñó del arco hasta el final del torneo, a punto tal que disputó 19 partidos sobre 26 posibles, transformándose en una grata revelación. Por caso, no es casualidad que con él custodiando el arco los de Barreiro hayan levantado mucho el rendimiento en la segunda mitad del certamen, habiendo terminado con la valla invicta en 3 clásicos y todos en condición de visitante: ante Boca (3-0), Racing (1-0) y Huracán (0-0).

Sin embargo, ese gran año del debut terminaría para Irusta con un par de manchas. ¿Achacables a su juventud? Puede ser, es muy probable. Pero lo real y concreto es que más allá de cualquier atenuante, hubo dos encuentros que seguramente le dejaron un amargo recuerdo al cordobés.

La primera se dio al jugarse la 21º fecha: en el “Gasómetro”, el Atlanta de Hugo Gatti y Carlos Griguol vencía 2-0 al local y él no supo controlarse ante Juan Carone, un gran wing pero además, uno de los mayores provocadores que hubo en la década del ´60. Amanecía el complemento y el local bregaba por el descuento, cuando “Pichino” le habló de más e Irusta no tuvo mejor idea que pegarle un pelotazo en pleno rostro, por lo que el juez Duval Goicochea no tuvo más remedio que expulsarlo… así, el tucumano José Albretch debió ocupar el arco y no lo hizo nada mal, ya que en 40 minutos no recibió ningún gol (N.deP.: el penal derivado de la agresión pegó en el palo).

La segunda y última mancha de aquel 1963, en realidad no es sólo reprochable a un arquero que estaba haciendo los primeros palotes, sino también a un árbitro que hizo las cosas tan mal, que prontamente fue eyectado del plantel de jueces de la AFA: el 24 de noviembre en Avellaneda, Independiente vapuleó 9-1 a San Lorenzo y así se consagró campeón, postergando a un River que no ganaba la corona desde 1957 y que debería esperar unos cuantos años más para dar la vuelta olímpica.

¿Pero qué pasó esa tarde? El marcador lo abrió CASLA, gracias a un gol a los 20 minutos de un joven Héctor Rodolfo Veira, que le daba así el título al “Millonario”. Tan bueno era lo del “Bambino” esa tarde, que pocos minutos después Rubén Marino Navarro debió frenarlo con una bestial patada para evitar un nuevo tanto suyo: y si bien -como mal cuentan muchos- el recio “Hacha Brava” NO quebró a Veira, sí es real que lo lesionó (con esguince de rodilla) y provocó su salida, en tiempos donde no había jugadores de campo en el banco de suplentes. Jugando 10 contra 11 desde tan temprano, a los de Barreiro se les hizo cuesta arriba la tarde, y encima se fueron al descanso en desventaja: justo antes del entretiempo Raúl Savoy, quien rato antes había puesto tablas, cambió por gol un penal cometido por Albretch y así el local pasó a ganar 2-1… ah, como si todo esto fuera poco, el defensor tucumano fue expulsado por protestar el penal, así que en el ST iban a comenzar 11 contra 9.

Ya lo del juez Manuel Velarde era bo-chor-no-so sin dudas, pero todo empeoró cuando a los 15 del complemento otra joven promesa azulgrana (Roberto Telch) salió lesionada por un patadón, sin que el referí siquiera amagara expulsar al duro uruguayo Tomás Rolan; y al toque Bernao aumentó la ventaja del local y el zaguero visitante Raúl Páez sí fue expulsado por agredir a un rival. Un panorama francamente desolador para la visita sin dudas.

Con el 1-3 en el score y jugando 7 contra 11, era imposible que CASLA le arruinara la fiesta a Independiente, aunque faltara casi media hora de juego. Para colmo, a los 25 minutos un proyectil lanzado desde la tribuna le pegó a Eladio Zárate y los de Boedo se quedaron con apenas 6 jugadores: Irusta, Alberto Mariotti, Silvio Ruiz, Oscar Rossi, Héctor Facundo y Victorio Casa. Con una carencia total de códigos (?), Savoy metió un nuevo gol poco después y a partir de allí los mártires azulgranas se quedaron prácticamente parados en el campo de juego, sin oponer resistencia… lo que aprovechó el CAI para en 11 minutos, llevar el marcador hasta un 8-1 vergonzoso.

Y acá es donde entra en acción el vapuleado Irusta: a los 43 del complemento, “Coco” Rossi pateó contra su propio arco desde 40 metros, vaya uno a saber si quería hacerse un gol en contra o simplemente darle la pelota a su arquero; pero el “1” no estaba ocupando la valla, en clara señal de protesta, y la pelota entró mansamente en el arco ante la sorpresa de todos los presentes que miraban como el “1” aplaudía irónicamente a Velarde.

Cabe recordar que casi 50 años después de aquel episodio que quedó en la historia del fútbol argentino, en junio de 2013 se jugó el Independiente-San Lorenzo que sentenció el descenso del club de Avellaneda. Y consultado por el Diario “Olé” en la previa del partido y sobre aquel otro tan famoso del ´63, esto declaró el protagonista de esta historia: “Nunca supe muy bien qué me pasó. Yo tenía 20 años y tanta bronca contra el referí, Manuel Velarde, que reaccioné así. Es más, sobre el final hubo una jugada en la que Rossi me la tocó atrás y la dejé pasar. Entró, y yo festejé el gol con ironía. Todavía hay gente que me recuerda esa tarde que quedó en la historia”. Y sin titubear respecto a la tarea de Manuel Velarde aquella tarde, amplió: “El árbitro jugó para ellos. Incluso no volvió a dirigir más. Igual, no siento nada malo contra Independiente. Tengo buena onda con sus hinchas”.

Así se cerraba entonces 1963 para Irusta, el año en el que debutó con todo y en el que además, dejó ver que se trataba de un tipo con bastante personalidad, algo fundamental para el puesto que ocupaba.

San Lorenzo 1964. Parados: Irusta, Gramari, Albrecht, Páez, Telch y Magliolo. Hincados: Doval, Rendo, Areán, Veira y Casa

Pero si el ´63 fue el torneo del gran debut del cordobés, el campeonato de 1964 fue el de la confirmación: entre el 26 de abril y el 6 de diciembre de aquel año, el juvenil golero contó con el respaldo total de Barreiro y fue titular en los 30 partidos que su equipo disputó en el certamen, en el que finalizó 4º entre 16 conjuntos. Y si la performance del CASLA fue bastante mejor que el año anterior, no sólo se debió a la buena labor de Agustín, sino a la tarea de los “Carasucias”, la famosa delantera que integraban los nombrados Veira, Telch y Casa, más Fernando Arean y Narciso Doval. Eran 5 jóvenes que jugaban muy lindo, con mucha habilidad, y que si se levantaban bien te pintaban la cara, aunque por cuestiones lógicas de la edad, cuando andaban mal el bajón era muy notorio y seguramente esa falta de madurez fue uno de los factores que les impidió pelearle seriamente el torneo a Boca.

Esa falta de madurez de la que se habla se notó en 1965, año en que San Lorenzo no pudo pasar de mitad de tabla: apenas fue 8º, aunque a diferencia del año anterior, en la elite del fútbol nacional ya participaban 18 clubes. Igualmente Irusta se las arregló para jugar nada menos que en 31 ocasiones, dejándole “las sobras” a sus competidores: Omar Paladino apenas pudo disputar 2 encuentros, mientras que peor le fue al recién llegado Juan Pérez, quien fue titular en un solo cotejo.

De aquella temporada queda en el recuerdo su enfrentamiento muy particular con otro arquero, toda vez que se trataba nada menos que de su hermano Rolando, quien era 4 años mayor que él: fue en el partido de la 4º fecha, cuando Lanús superó 1-0 en el “Gasómetro” al local con gol del paraguayo Acosta, por lo que en el único duelo que registraron los hermanos en el fútbol de AFA, el vencedor fue quien sería suplente de Antonio Roma en el mundial del ´66.

Siendo titular indiscutido ese año tanto para Barreiro como para el recordado Juan Carlos Lorenzo, quien agarró el equipo en la fecha 15 tras una breve etapa de Roberto Resquin como DT, y con 80 partidos jugados en apenas 3 años, todo hacía pensar en que nada ni nadie podría sacar al “Monito” del arco azulgrana. Sin embargo, en el deporte la suerte de los protagonistas es cambiante y la situación daría un giro inesperado durante 1966 para el nacido en Noetinger.

San Lorenzo (II): la eterna postergación

Es que para la temporada del ´66 arribó a Boedo nada menos que Carlos Adolfo Buttice, alguien a quien no pocos consideran el mejor arquero en la larga historia del club. Llegado en silencio desde la vereda de enfrente y casi sin antecedentes profesionales (N.deP.: no había hecho inferiores en ningún lado y su debut había sido con Los Andes en la “B” recién en 1964), el nacido en Monte Grande se ganó la confianza del entrenador durante la pretemporada y así el verborrágico “Toto” Lorenzo le dio la responsabilidad en el arranque del nuevo certamen, que finalizó con derrota de local 0-1 ante el CAI.

De la gloria al ocaso. Así podría definirse el torneo de 1966 para el pobre Irusta, quien pasó de ser titular durante 3 años, a ver como Buttice era el dueño del arco en los 38 partidos de ese campeonato que a él desde el banco de suplentes se le debe haber hecho eterno. Y eso no fue lo peor, solamente era un anticipo de los oscuros años que estaban por llegar: es que en los siguientes 4 años, el hombre que pasó a la historia como “Batman” se transformó en indiscutido para los hinchas y los distintos técnicos que pasaron por San Lorenzo, hasta que a fines de 1970 decidió emigrar a Brasil.

Prueba de ello es que, al igual que en el año anterior, la de 1967 fue otra temporada “en blanco” para el cordobés, toda vez que Buttice atajó en los 22 encuentros del equipo en el flamante Torneo Metropolitano y en los 15 del nuevo Campeonato Nacional.

Y si bien la situación no varió demasiado para 1968, esta vez al menos Irusta pudo volver a sentir lo que era atajar por los puntos. Así fue que tras un parate de casi 27 meses que pareció eterno (N.deP.: había jugado por última vez el 19/12/1965 en un 1-0 a Huracán y recién volvió a hacerlo el 3/3/68 en el arranque del Metro ´68, en la paliza 5-1 a Atlanta en Villa Crespo) y siempre a la sombra del ya apodado “Batman”, Agustín disputó 5 de los 24 cotejos del Metropolitano y 2 en el Nacional, torneo aquel en el que San Lorenzo fue campeón invicto tras derrotar en la final al Estudiantes campeón del mundo, y que quedó inmortalizado como el equipo de “Los matadores”, uno de los más famosos en la historia del fútbol argentino.

Carlos Buttice

 

Después de 5 años de haber debutado, Agustín Enrique Irusta se daba entonces el enorme gusto de ser campeón de primera división, ese orgullo no se lo podría quitar nadie ya. Claro que habiendo tenido un rol casi de reparto, seguramente no lo disfrutó de la misma manera que sus compañeros que jugaban cada domingo… sin embargo era cuestión de esperar, el fútbol ya le daría revancha oportunamente.

En 1969 el “Mono” siguió como en los 3 años anteriores a la sombra de un Buttice que ya estaba afianzado como uno de los grandes arqueros argentinos. Muchos se preguntaban qué había sido de la vida de un buen proyecto como Irusta que entre 1963 y 1965 había sido el guardián de Boedo pese a su juventud, y cómo le hubiera ido a su carrera si tal vez hubiera emigrado a un club más modesto o incluso al exterior.

Así fue que, ajeno a esas especulaciones, el cordobés apenas participó en 2 encuentros durante ese año -ambos por el Metropolitano-, mientras que se turnaba para atajar en reserva (y no perder tantos reflejos) con Jorge D´Alessandro, un pibe de grandes condiciones que había tenido su debut en el ´68 y con el que compartiría plantel durante varios años más. Además, tuvo la chance de jugar un partido en la primera edición de la Copa Argentina, en el 3-0 de la fase inicial logrado ante el muy débil Américo Tesorieri riojano.

La temporada de 1970 -al igual que las del ´66 y del ´67- fue desastrosa para Irusta, dado que se pasó el año entero haciendo banco y sin poder jugar siquiera un minuto en forma oficial. Lo único relacionado con el año “futbolístico” ´70 fue su participación como titular en la semifinal de vuelta ante All Boys (Santa Rosa) de la segunda edición de la CA, donde San Lorenzo ganó 3-1 recién en el alargue y pasó a la final ante Vélez ; pero como el encuentro se jugó en febrero del ´71, la realidad es que durante el año anterior el tipo no pudo jugar un mísero minuto.

Se sabe que lo peor que puede haber para un arquero es la falta de continuidad, y por esa cuestión muchos consideraban “acabado” a Irusta, pese a que en ese entonces solo tenía 28 años: y no le faltaba lógica a los que pensaban eso, toda vez que en el largo lapso comprendido entre febrero de 1966 y diciembre de 1970, el tipo apenas había podido atajar en 9 de los 205 partidos oficiales que disputó San Lorenzo, sumando los del torneo local y las 2 ediciones de la Copa Argentina.

Pero a fines del ´70 llegó el momento de emigrar para el indiscutido Buttice, motivo por el cual el protagonista de esta historia seguramente imaginó que al año siguiente podría recuperar ese arco que durante tanto tiempo había sido suyo. Y si bien la del ´71 fue la temporada en que Irusta volvió a atajar con cierta continuidad y con buenos desempeños, la realidad es que en el Metropolitano no la pasó nada bien: el joven técnico Rogelio Domínguez, justamente un maestro del puesto, se decantó por D´Alessandro, quien ocupó la valla en 21 cotejos, contra los 14 que disputó Luis Kadijevich, surgido del club pero que venía de atajar para Almirante Brown en la Primera “B”. ¿Irusta? Apenas jugó un encuentro en ese torneo, pero su reivindicación estaba pronta a llegar.

Ya en el último trimestre de 1971, con la disputa del Nacional, el “Mono” sí se adueñó del arco sanlorencista -atajó en 8 oportunidades contra las 5 del “Gordo” D´Alessandro- y fue pieza clave para superar a Independiente en las semifinales del torneo; aunque lamentablemente para él, fue titular también en la final en la que el CASLA cayó 2-1 en el Parque de la Independencia ante un Rosario Central que venía muy entonado tras batir a NOB en la otra semi, la de la famosa “palomita” de Aldo Poy).

San Lorenzo (III): la explosión y la gloria

Ya sin Domínguez como entrenador pero con la base de jugadores que había estado al borde de la coronación el año anterior, 1972 se presentaba con buenas perspectivas para San Lorenzo. Y cabe destacar que el nuevo DT iba a ser un viejo conocido de Boedo: nada menos que el “Toto” Lorenzo… el tipo que a Irusta lo había confirmado en el puesto en el ´65 pero que al año siguiente lo había “limpiado” sin mayores explicaciones, generándole el primero de sus años de ostracismo.

San Lorenzo en el Metropolitano 1972

Pero el “Mono” no dejó pasar su chance, y a los 30 años iba a demostrarle al mundo que un arquero puede atajar cada vez mejor conforme pasan los años. Sin que le pesara en absoluto la poca actividad que había tenido en el período 1966-71, en el año en que San Lorenzo se transformó en el primer club argentino en ganar dos torneos en la misma temporada, el cordobés tuvo una participación decisiva.

Siendo la última barrera de una línea defensiva que integraban grandes jugadores como Rubén Glaria, Ramón Heredia Ricardo Rezza, Antonio Rosl, en el Metropolitano jugó 30 partidos y en muchos de ellos terminó con su valla invicta, dando muestras de un gran nivel.

Pero los dirigidos por Lorenzo no se aburguesaron tras esa conquista, y en el Nacional volvieron a dar la vuelta olímpica, con Irusta como una de sus máximas figuras. De hecho, en la final del certamen -jugada el 17 de diciembre en Liniers- fue un puntal para mantener la resistencia azulgrana ante River, hasta que el gol de Luciano Figueroa en el tiempo suplementario, le dio al club de Boedo un festejadísimo 1-0 y con ello, su sexto título en la era profesional.

Rodolfo Fischer, Irusta y Sanfilippo

Habiendo arrasado en el plano local durante el ´72, era lógico suponer que el arquero y sus compañeros se tirarían con todo a la conquista de América durante el año siguiente. No hay que olvidar que la dirigencia del CASLA no había tenido visión de futuro en 1960 respecto a la importancia que la naciente Copa Libertadores iba a tener andando el tiempo, y por eso en su segunda participación la institución quería tener un buen desempeño.

En su edición de 1973, el máximo torneo de América del Sur puso a San Lorenzo en el mismo grupo que River y los representantes de Bolivia, Jorge Wilstermann y Oriente Petrolero. En una instancia en la que solamente pasaba a semifinales quien ganara la zona, fue CASLA quien se la adjudicó con solvencia, ya que tras perder en el debut (1-0 en Cochabamba ante Wilstermann) ganó sus restantes 5 encuentros, destacándose un sonoro 4-0 en Nuñez.

San Lorenzo en el Nacional de 1972

Transformado en gran candidato a ganar la Libertadores de ese año, el cuadro de Boedo arrancó con todo el grupo de semifinales, influyendo para ello el buen nivel de un Irusta que no recibió goles en el empate en Bogotá ante Millonarios, ni en el 2-0 obtenido en el “Gasómetro” ante el mismo rival. La zona de 3 equipos la completaba Independiente, campeón de la edición ´72 y que había hecho su ingreso en esa etapa del torneo: en el penúltimo encuentro del grupo San Lorenzo empató 2-2 como local ante el “Rojo” y  ya con los colombianos fuera de carrera, todo se reducía a un mano a mano entre los clubes argentinos: el 9 de mayo jugaban el último partido otra vez entre ellos aunque ahora en Avellaneda, y el empate le bastaba al “Santo” para meterse en la primera final de su historia… pero un ajustado 1-0 le permitió al local llegar a la definición donde vencería al Colo-Colo, frustrando así a un Irusta que ya nunca tendría la chance de volver a jugar la copa, en tiempos donde no era tan sencillo como ahora hacerlo.

Agustín no sólo ocupó el arco en la disputa de la Libertadores, sino que jugó 32 partidos en el orden local durante ese 1973 (27 en el Metro y 5 en el Nacional), contra los 20 de un D´Alessandro que ese año explotó aunque sin llegar a desbancarlo. Esa situación se mantuvo en el primer semestre del ´74, con Irusta jugando 14 veces en el Metro y su competidor haciéndolo en apenas 5; pero cuando tras el Mundial el “Gordo” emigró a la liga española y muchos pensaban que el protagonista de esta historia no tendría competencia, eso no fue lo que ocurrió.

A principios de 1974 había llegado Alfredo Anhielo al club, envuelto en silencio dado que lo había hecho desde un equipo modesto como Defensores de Belgrano, que jugaba en el ascenso. Y el tipo pasó de no atajar en ningún partido en el Metro, a hacerlo en 24 ocasiones en el Torneo Nacional, ese que jugaron 36 equipos en su primera fase y que San Lorenzo se adjudicó tras superar a Central, Vélez, Talleres, Independiente, Ferro, Boca y Newell´s en un octogonal final disputado todos contra todos y a una rueda.

Osvaldo Juan Zubeldía confió en el arquero llegado desde Nuñez y postergó a Irusta, quien sólo pudo disputar 2 encuentros en esa nueva coronación del CASLA; de esta manera, el “Mono” sumaba su cuarto título en 6 años, habiendo logrado la mitad de ellos como actor estelar y la otra mitad, prácticamente sin haber jugado.

En 1975

Para 1975 la situación cambió e Irusta volvió por sus fueros, pudiendo atajar una buena cantidad de encuentros: en el irregular Metropolitano jugó 18 partidos (contra los 20 de su competidor) y ya en el segundo semestre -sin Anhielo en el club pero sí con el llegado desde Banfield Ricardo Lavolpe– estuvo en 8 de los 24 cotejos de CASLA en el Nacional, donde cumplió una buena tarea y terminó en el 3º lugar.

Ya con 33 años, el protagonista de esta historia empezó la temporada del ´76 imaginando que esa podía ser la última suya en Boedo. Sin embargo, se despidió demostrando un gran nivel pese al flojo desempeño colectivo del equipo, ese mismo buen nivel que venía manteniendo en forma sostenida desde que a fines de 1971 se había terminado su ostracismo: fue claramente el titular en el Metro -atajó 27 partidos contra los 5 de Lavolpe y 2 de un joven César Mendoza– y en la pulseada interna con quien sería el arquero del club en el descenso de 1981, durante el Nacional se impuso 12 a 7, mientras Lavolpe estaba abocado a la selección argentina que César Menotti preparaba para el mundial del ´78.

El momento del adiós le llegó el 14 de noviembre de 1976 en Caballito, en un empate 2-2 ante Ferro… allá lejos y en el tiempo había quedado el debut lleno de ilusiones, más de 13 años atrás. Y así, despidiéndose muy dignamente y con la frente en alto, Agustín Enrique Irusta se fue de San Lorenzo, aunque sólo sería una despedida en lo que hace a los pantalones cortos y los guantes, él ya estaba unido al club de por vida.

Porque con 263 encuentros jugados a lo largo de su paso por la institución (257 por campeonato local, 2 de Copa Argentina y 4 de Copa Libertadores), al día de hoy su apellido se encuentra firme en el octavo puesto entre aquellos hombres con más presencias vistiendo la azulgrana en la era profesional. Y como si eso fuera poco, con sus 4 títulos solamente está por arriba de él Leandro Romagnoli como jugador con  más coronas defendiendo los colores del CASLA.

Unión: el ocaso y la docencia

Para 1977 Irusta fue contratado por los directivos de Unión de Santa Fe, que había vuelto a la elite a mediados de los 70´s y en 1975 de la mano del “Loco” Gatti había tenido un año sensacional. Y como se ve que en esa época en el “Tatengue” había buen dinero, para el ´76 había llegado en su reemplazo José Alberto Pérez, arquero que el año anterior había obtenido la Libertadores con el CAI.

Así las cosas, en el Metropolitano Agustín debió compartir plantel con un “Perico” que jugó en 33 encuentros, dejándole los restantes 11 al ex-CASLA, en un torneo en el que el equipo finalizó en mitad de tabla; cabe acotar que el tercer arquero de esa plantilla era un jovencito que una década después sería campeón mundial con la selección… estamos hablando, claro, de Nery Alberto Pumpido.

Al respecto, en una entrevista concedida en el año 2003, esto contestó el campeón de México ´86 cuando le preguntaron quién había sido su espejo en el arco: De chico no tuve ídolos. Pero los que más me enseñaron fueron (Agustín) Irusta y (Carlos) Biasutto, compañeros míos en Unión. Del “Mono” Irusta aprendí a pegarle a la pelota, era el que mejor le daba. Me quedaba con él después del entrenamiento, para progresar. Biasutto me enseñó cosas vinculadas a la personalidad del puesto. Fui suplente suyo y después él fue suplente mío en el Nacional 79. Ambos me aportaron mucho. Siendo muy joven, competí con gente de experiencia, pero me aconsejaban. Fueron muy generosos conmigo”.

En el Nacional ´77 fueron el experimentado Pérez y el novel Pumpido los que ocuparon el arco rojiblanco, así que Irusta debió esperar hasta 1978 para volver a jugar oficialmente. Lo  hizo en el Metropolitano, donde un Unión que ya no tenía a “Perico” Pérez pero sí a otro experimentado como Carlos Biasutto (ex Central y Boca) tuvo un desempeño excelente y finalizó en el 3º puesto, solamente detrás del Quilmes de José Yudica y del Boca de su conocido “Toto” Lorenzo: solamente estuvo presente en 2 encuentros de esa gran campaña, los del arranque con triunfo ante Independiente y derrota ante Huracán (mientras que Biasutto atajó en 25 ocasiones y Pumpido en 13), siendo ese el último par de encuentros suyos en la máxima categoría, tras una decena y media de años de carrera.

Nueva Chicago: el adiós en el ascenso

Tras irse de Santa Fe a mediados del ´78, Irusta debió esperar medio año para que un club lo volviera a contratar. Así fue que la gente de Nueva Chicago lo fue a buscar a comienzos de 1979 para que peleara el puesto con Jorge Traverso en el equipo que debía afrontar el certamen de la Primera “B”… pero ya con casi 37 años en el lomo y sin mayores motivaciones, el “Mono” abandonó el club de Mataderos bastante antes de que terminara el campeonato en el que Tigre obtuvo el único ascenso a la “A”.

El retiro: formando sucesores

Luego del retiro de la práctica activa, durante buena parte de los años que le siguieron a ello Irusta estuvo ligado a entrenar arqueros de la primera de su querido San Lorenzo o bien, como hace en la actualidad con 76 años, formando con toda su sabiduría goleros en las divisiones menores del club con el que tiene una identificación que ya lleva más de medio siglo.

Respecto a esta faceta, es imposible obviar que arqueros campeones del club en el Siglo XXI como Sebastián Saja y Agustín Orión pasaron por sus manos, siendo moldeados desde muy temprana edad por quien fuera el dueño del arco sanlorencista durante tanto tiempo.

Dueño de una pegada envidiable, con buena presencia física y dotado de grandes reflejos, Agustín Enrique Irusta es un sinónimo del puesto, por eso no podía quedar afuera de esta sección. Y lo bueno que habrá sido el “Mono” -un verdadero grande de la década del ´70-, que pese a dar la ventaja de prácticamente no jugar durante un lustro cuando estaba en una buena edad para hacerlo, siempre gozó del respeto y admiración de compañeros, rivales e hinchas en general. Lo que nunca es poco, tratándose del fútbol.

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