Todos tenemos un Dato Niembro que compartir

Estamos a nada del comienzo de un nuevo Mundial de fútbol y no hay mejor cosa que hacer de cuenta que uno sabe delante de sus amigos. Por eso, lo invitamos a conocer algunas cuestiones que han pasado desapercibidas para la mayoría de los mortales pero que han pasado a la historia e incluso, para sus protagonistas, es motivo de orgullo.

En esta nueva era digital en donde con solo apretar varios botones (o incluso uno y decirlo al micrófono del buscador de voz de Google) es posible conseguir información, hay mucha que se nos escapa de las manos por bizarra o intrascendente. Lo que comunmente llamaríamos MEH. Los Mundiales de Fútbol han dejado tanta tela por cortar que siempre nos centramos en las grandes marquesinas, como lo fueron la guerra Nike vs. Adidas en Francia ’98 o el corte de pelo de Ronaldo en 2002, pero nunca en los pequeños detalles que también hacen a la historia. Hoy repasaremos algunos de ellos.

EL HOMBRE N° 23

Kouma
La mezcla perfecta entre Kaká y Alejandro Delorte (?)

2 de Junio del 2002. Arrecia el calor sobre la tarde de Busan, en Corea del Sur. Por la primera fecha del Grupo B, Paraguay enfrentaba a Sudáfrica, que repetía participación en una Copa del Mundo tras su estreno en Francia. En una zona donde España pintaba como para clasificar tranqui, estos dos equipos conjuntamente con la debutante Eslovenia se debatirían el otro pase a Octavos. Los guaraníes arrancaron ganando con goles de un jovencísimo Roque Santa Cruz y a poco de comenzar el segundo tiempo, Chiqui Arce pondría dos de distancia. Mokoena lograría el descuento para los Bafana Bafana y se caía de maduro que Jomo Sono, DT sudafricano y considerado el mejor jugador en la historia de su país, iba a tirar la carne al asador. Pues bien, a falta de doce minutos para el final, Sono mandaría a la cancha a Giorgios Koumantarakis, una bestia peluda de 1,95 mts. en busca de llenarle de centros el área a los paraguayos. Lo sorprendente no era ni su altura ni su apellido helénico, sino su dorsal: el 23.

Para el Mundial de Corea del Sur y Japón, FIFA había decidido incluir un jugador más a la lista de buena fe de los equipos participantes, que siempre había sido de 22. El motivo era más que justificado: algunos planteles iban con tres arqueros y diecinueve jugadores de campo, mientras que otros optaban por dos guardametas y veinte jugadores de campo. Pero las modificaciones reglamentarias que se habían sucedido en el corto plazo (la expulsión por último recurso y la prohibición de agarrar la pelota con las manos tras un pase con el pie de un compañero) habían incrementado exponencialmente la cantidad de expulsiones de arqueros en casi todas las competiciones. Para evitar controversias y quejas sobre disparidad, la FIFA determinó que la lista de buena fe debía incluir a dos equipos completos (es decir 22 jugadores) más un tercer arquero, siendo además que la camiseta N° 1 quedaba reservada solamente para los arqueros. Sin embargo -y como dato anecdótico también- más adelante habría una selección que no entendió esta regla, o bien se hicieron los boludos al mejor estilo “si pasa, pasa”. Para el Mundial de Sudáfrica en 2010, Corea del Norte inscribió sólo dos arqueros y en el lugar del tercero puso a un delantero, a quién registro como arquero. Por supuesto, la FIFA se avivó, le paró el carro y dictaminó que si ese futbolista jugaba, debía hacerlo bajo los tres palos.

Retornando a nuestro amigo Koumantarakis, el centrodelantero también disputaría minutos entrando desde el banco en la victoria 1 a 0 frente a Eslovenia y en la derrota 3 a 2 frente a España. No hay casi registro de su participación más que fotográfico, aunque quizas alguna tía querendona habrá guardado los VHS con sus jugadas en aquel Mundial. La cuestión en definitiva es que, casi sin querer, Koumantarakis se transformó en el primer jugador en lucir el dorsal 23 en un Mundial de Fútbol.

PREFERIBLE QUEDAR AFUERA QUE MORIR

Sises_2~1
Al menos no se hundió

Tras el parate generado por la Segunda Guerra Mundial, en 1950 se volvía a disputar una Copa del Mundo. La elección de la sede no fue para nada caprichosa, dado que Europa estaba bombardeada de punta a punta salvo contadas excepciones. Una de ellas era Suiza, tierra de prosperidad económica y ya llamada a ser un lavadero de dinero monumental. En 1946, en uno de los congresos celebrados por la FIFA, Jules Rimet sugirió a los helvéticos como sede, pero tras haber aceptado en primer lugar luego desistieron tras llegar a la conclusión que aún no poseían la infraestructura para albergar una Copa del Mundo en el corto plazo. Fue así como Getulio Vargas, presidente de Brasil, ni lerdo ni perezoso volvió a presentar la candidatura exhibida para el Mundial de 1942 (que como todos sabemos no se jugó) pero completamente mejorada. Tras un nuevo congreso celebrado en Luxemburgo, se dictaminó que la sede para 1950 sería Brasil y para 1954, Suiza.

La organización de aquel Mundial fue caótica para la FIFA. El sistema de clasificación fue completamente desorganizado y desigual. Varias selecciones se bajaron por motivos diversos, que iban desde lo costoso del viaje hasta la prohibición de FIFA a la selección de India de jugar descalzos. Los únicos que no tenían problemas en ese sentido eran los ya clasificados Brasil -anfitrión- e Italia -clasificado como campeón defensor-. Sin embargo, a un año de la cita mundialista a los de la Azzurra les surgiría un inconveniente que tocaba lo más profundo de sus fibras íntimas. El 4 de Mayo de 1949, el avión que transportaba al plantel del Torino de vuelta a Italia tras jugar un amistoso en Lisboa se estrellaba contra la Basílica de Superga, dejando un total de 34 víctimas fatales entre plantel, periodistas y tripulación. Aquel equipo era la base de la selección italiana, ya que al menos siete jugadores eran titulares en la Nazionale. El golpe fue durísimo para todos. Sus compañeros quedaron tan afectados que llegaron a pedirle  la Federación Italiana que cambie la sede del Mundial o bien que Italia renuncie a su cupo. La negativa de la FIFA fue tajante: son los campeones del mundo y como tales, deben presentarse a jugar. Las opciones a la vista no eran muchas: o se bancaban el viaje en avión… o debían viajar en barco.

El carguero Sises, que cubría el trayecto Napoli-Santos, fue la decisión final. Tardaron una punta de días en llegar a Brasil. Incluso pararon en Las Palmas de Gran Canaria para jugar un amistoso previo, pero el equipo fue un desastre y la figura fue su arquero Lucidio Sentimenti. Aquella travesía fue determinante para que el desempeño de Italia no fuera el esperado: los jugadores engordaron, sufrieron mareos todo el trayecto e incluso se llegaron a quedar sin pelotas para prácticar, dado que terminaron tirando alrededor de 50 balones al mar. En un grupo de tres equipos debido a la renuncia de India, Italia perdería 3 a 2 frente a su par de Suecia, haciendo inútil la victoria posterior frente a Paraguay por 2 a 0.  Lo insólito del caso es que, a excepción de Benito Lorenzi, toda la delegación italiana terminó regresando en avión.

Por suerte, para placer de todos nosotros, hay registro filmográfico del periplo italiano en barco. Disfrutenlo.

UNA MENTIRA, UN NIÑO Y UN PAPEL

esptur54
Una belleza la casaca de Turquía

Tal como sucedió en 1950, la organización de la clasificación al Mundial fue bastante caotica y poco uniforme, sobre todo en Europa. Grupos de tres y de cuatro equipos como también definiciones mano a mano entre dos equipos. Esto sucedió en el grupo 6, donde debían participar Turquía, España y Holanda. A último momento, éstos últimos rechazaron participar en la eliminatoria, con lo cual el pase a la cita en Suiza se la dirimirían las restantes dos selecciones, siendo España quien partía como favorita tras su buena actuación en el Mundial de Brasil, en donde llegó a la ronda final pero sin poder pelearle ni a Brasil ni a Uruguay la chance de campeonar.

El primer partido se disputaría en pleno invierno europeo, un 6 de Enero de 1954 en el viejo estadio Chamartín, la casa del Real Madrid. Se daba por descontada no solo la victoria local sino también la clasificación al Mundial, dada por la supuesta superioridad de un equipo sobre otro. Lo cierto es que, a pesar que los turcos lograron llegar al entretiempo empatados en un gol, apenas comenzado el segundo tiempo los ibéricos le clavaron dos goles en tres minutos y chau posibilidad de milagro. Aquel partido terminaría 4 a 1 y parecía que estaba todo cocinado, aunque Turquía contaba con una pequeña esperanza: por aquel entonces no había ni diferencia de gol ni gol de visitante, con lo cual con tan sólo ganar 1 a 0 aunque no mas sea eso le permitía llegar a un desempate en terreno neutral.

La vuelta se disputaría dos meses después en Estambul ante la ensordecedora presencia de 50.000 almas apoyando a su equipo. Los españoles pagaron caro su desatención en defensa y los yerros de cara al arco rival, haciendo imposible remontar el gol marcado por Burhan Sargin a los 16′ de la primera etapa. Para colmo de males, España tuvo entre sus titulares nada menos que a Ladislao Kubala, quien hacía poco tiempo que se había nacionalizado para jugar en las filas de La Roja. Su clase no fue suficiente para torcer el rumbo del encuentro y la serie se debía definir en territorio neutral. Roma sería la sede del duelo final. Allí se enfrentarían dentro de tres días.

España se sentía mas que confiada. Eran conocedores de su superioridad técnica e incluso táctica, pero estaban preocupados por el sacrificio y la capacidad defensiva de los turcos. Lo que no contaban era con la astucia de su rival, porque -por si no lo sabían- la famosa frase “el fútbol es para vivos” no es nueva. A pocas horas de comenzar el partido que definía la llave, llega a la concentración de España una carta de la FIFA especificando que el trámite de nacionalización de Kubala era improcedente e irregular y que, en caso de ser alineado durante el partido, España podría ser descalificada. Los dirigentes de la RFEF salieron corriendo en busca de directivos de la FIFA que ratificaran o desmintieran dicha sentencia, pero los pocos con los que pudieron hablar desconocían si la misiva era real o bien decidieron no arriesgarse en su respuesta. El entrenador Luis Uribarren prefirió no arriesgarse y prescindió de Kubala para el partido.

España comenzó ganando con un gol de Arteche, en el cual el arquero turco no sólo demostró no tener manos sino también ningún concepto de como cubrir el primer palo. Pudo aumentar el marcador Pasieguito, pero su remate de cabeza al gol fue anulado por el juez Giovanni Bernardi anuló la acción por un offside inexistente. Los españoles protestaron la acción, influenciados no sólo por lo ocurrido con Kubala sino también porque sospechaban del accionar del referí, quien era de la misma nacionalidad que el entrenador de Turquía, Sandro Puppo. Igual, el problema de España no era la ausencia de Kubi o el referí, sino una defensa que daba muchas ventajas y un arquero al que le pateaban una tortuga y no la agarraba. A los 32′, Burhan Sargin lograba empatar el encuentro. En el complemento, Turquía fue creciendo y España amilanándose, hasta que a los 20′ Suat Mamat puso en ventaja a su equipo. Para suerte de los españoles, a falta de diez minutos para el final Escudero -reemplazante de Kubala- puso la igualdad en el marcador, el cual permanecería inamovible hasta el pitazo final. Faltaba resolver quien clasificaba a la cita en Suiza. ¿Tiempo suplementario? No. ¿Penales? Menos que menos. Bueno, ok… sorteo con moneda… ¿¡¿¡¿TAMPOCO?!!?? ¿Y COMO DIANTRES SE DEFINIO?

La FIFA no tenía idea por aquel entonces de como resolver estas cuestiones. Como buena entidad recaudadora de guita que no se quiere ensuciar las manos, optó por una mejor resolución: que se pongan dos papeles con los nombres de los equipos adentro de un jarrón y que un niño saque al azar uno de ellos. Sí, asi como lo leen: DOS PAPELES, UN JARRON, UN NIÑO. O no tan niño. Algunos dicen que tenía 10 años, otros 14. Lo cierto es que, vaya a saber uno cómo, Franco Gemma fue el encargado de determinar el designio de uno y otro equipo. Con los ojos vendados, metió la mano en el recipiente negro donde se hallaban los dos papeles… y el beneficiado terminó siendo Turquía, quien clasificaba por primera vez a un Mundial.

40746_300x435
¿Perdieron un sorteo? FRACASADOS (?)

Mucho se dijo sobre la historia de ese chico. Incluso que, en agradecimiento, el gobierno turco lo invitó al Mundial. Sin embargo, Sükrü Ersoy -arquero de aquel equipo- lo desmiente. “Seguro que lo invitamos a cenar con nosotros tras el partido, pero no recuerdo que lo hayamos llevado a Suiza”, afirma uno de los tres jugadores del plantel mundialista que aún siguen vivos. Con el paso del tiempo, mucho quedó en el tintero sobre esta rocambolesca definición. Sobre lo sucedido con Kubala, a dia de hoy no hay registros oficiales en FIFA que certifiquen que emitieron una orden para que no juegue, con lo cual es casi seguro que fue una treta de los turcos para beneficiarse. Con respecto a Il Bambino, como todavía se conoce a Gemma tanto en Turquía como en España, durante muchísimo tiempo fue objeto de interés de varios periodistas que buscaron entrevistarlo para que cuente sus sensaciones de aquel momento y, por supuesto, confirmar si fue invitado o no a Suiza. Cuando la empresa se hizo imposible, dejaron de insistir. Hace relativamente poco, la excelente revista/magazine Panenka sacó el tema a flote y removió cielo y tierra para encontrar al bueno de Franco. Tras unos meses de averiguación por parte de colegas italianos, descubrieron que Gemma había fallecido en un accidente de tránsito en 1987.

Anuncios