El fútbol y los elementos: el agua

¿Habrá alguna mente desvariada y brillante que asocie el fútbol con los elementos básicos de la tierra? Respuesta: sí, y lo tenemos acá en La Refundación, en un texto literario / ensayo / coso que cae como ni mandado a hacer a raíz de cierta suspensión en cierto partido de este fin de semana en el que cierto equipo evitó cansancio para sus jugadores ante un partido trascendental de esta semana.

El fútbol y el agua

Por bad mad

Si el día es radiante de sol, uno dice “qué lindo día para ir a la cancha”. Pero los sondeos recientes han demostrado que al lector promedio de La Refundación le gusta asistir a los estadios, cuando está nublado, cuando hace frío, cuando nieva y cuando caen soretes de punta, también.

Y es ante este último fenómeno climático que nos detendremos especialmente.

Los partidos con agua tienen un gusto especial para el aficionado. En primer lugar porque ofrecen el desafío interno de demostrar cuán hincha es uno. Si intenta refugiarse bajo la techada (o en la bandeja de abajo) o si directamente, el héroe se ubica de cara a la lluvia, intentando cobijarse al comienzo y después ya totalmente empapado, alentar, moverse y putear como si no pasara nada. Eso por el lado de la tribuna.

El partido acuático presenta como primer escenario la suspensión del partido de reserva. Luego, unos minutos antes, el reconocimiento por parte del árbitro y -luego- de los jugadores (eso no impide que los boludos de siempre se resbalen, midan mal la circulación de la pelota, los piques y todo eso).

El botón entra con un paraguas y una pelota en la mano. La deja caer esperando medir rebote. El hincha boludo -o sea, todos- sueña que la bola va a tomar altura quien sabe por qué puta razón y la caprichosa se estampa contra el charco y lo que si sale es el agua, que comienza a hacer de las suyas sobre la ropa del referí.

La hinchada recuerda que ya se han jugado partidos en condiciones peores, el árbitro mira a su alrededor y da el sí. ¡Vamos carajo!

Ahí el hincha comienza a elaborar la táctica. “Partido ideal para Quintanita, que al “Tano” Gutiérrez le tiene que sacar un metro de ventaja por metro recorrido“. Del otro lado apuestan al tiro de larga distancia de Klaut, que confunda a Cristante con un pique rápido.

Pero el hincha no tiene en cuenta que a Quintana hay que ponerle un pase aéreo y que le pique adelante del “Tano” porque si chocan, se encontrarán los restos de Dieguito flotando en el charco más cercano. El hincha se olvida que Klaut nunca impulsó una pelota más de 20 m y menos si llueve… al hincha, la lluvia le está empezando a romper las pelotas. El pulóver de lana pesa 20 kilos, los fasos se le mojaron y el café tibio de la cancha puede empeorar todo, si hay que ir a dejar algo en el baño seguramente inundado.

El partido de agua es, definitivamente, para los jugadores inteligentes. Si la cancha tiende a hacerse charco en el medio, el inteligente va por las puntas. Sabe que si la bola cobra altura, cae como una bolsa de papas y si va bajita, hace patito y se va a la mierda.

Aunque a Cantona le haya pasado esto, lo dejamos del lado de los inteligentes.

El rústico, por otro lado, ignora mucho acerca de la pelota y todo sobre la física de los cuerpos. Por eso, cree que su esfuerzo por pegarle antes de que pique es una muestra de astucia. Llega tarde, la pifia y la deja servida al delantero que viene de frente a la jugada.

El arquero inteligente, trata de matar el pique y se queda abajo del arco. El que se cree vivo, sale a cortar a cualquier lado, y regala goles. La lluvia de mierda no quiere parar y eso viene bien para cobijar todas las cagadas que nos mandemos. Entonces, se sale a boludear, se patea desde cualquier lado, los defensores se tiran al piso un metro antes de contactar la pelota y por lo general no la conectan, pero sí al rival (el verdadero objetivo del deslizamiento) sabiendo que si el árbitro quiere, perdona todo, total… el agua funciona como un lava culpas, como en las religiones, si es que el fútbol aún no lo es.

Finalmente, el partido fue una cagada, pero el hincha sabía que iba a ver eso. Resbalones, choques brutales, arqueros que se secan los guantes, fotógrafos con capas amarillas, jugadores que parecen héroes porque se embarraron y algún puto que terminó limpito, denotando su falta de entrega. Si el equipo ganó, el hincha contento dice “no es un jugador para andar revolcándose, con jugar le alcanza” si el equipo perdió, es obvio que se perdió porque el marica de N no puso lo que tenía que poner.

En fin, si bien desnaturaliza parte del juego, considero el partido con agua, finalmente suma. Una fecha por rueda, debería jugarse en canchas embarradas, mojadas, inundadas, para que ahí queden explicitadas las capacidades (técnicas y morales) de esas bandas de muertos que día a día nos reúnen en torno a esta locura llamada fútbol.

PD: Cuando yo era chico, el chiste más común para los troncos era “andá a jugar de aguatero”. Quién diría, que el fútbol moderno, se llevaría puesta a esta institución. Ahora se tiran sachets, puede ser el técnico, el ayudante de campo o los otros compañeros.

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