Entendiendo a Sampaoli

¿Que tiene en la cabeza el pelado que tiene la responsabilidad de sacar a flote un equipo de un país que se hunde? Lo iremos desandando en La Refundación.

Luego de pasar el sofocón de las eliminatorias, Messi mediante, el zurdo casildense pudo empezar a diagramar realmente lo que él pretende de este equipo y lo hizo de la mejor forma: probando absolutamente todo. Es por eso que en los cuatro partidos amistosos cambió de nombres, esquemas, planteos y posiciones tal como pudo y quiso, para despejarse a sí mismo todas las dudas y tener bien en claro cual será su equipo en el Mundial. Al respecto de ello, podemos ir dilucidando algunas conclusiones.

El zurdo no se desprende en absoluto de su corazoncito bielsista: el 3-3-1-3 estará presente, sobretodo ante seleccionados mas débiles en los que la tenencia de la pelota deba prevalecer por sobre los otros aspectos del juego. Allí no importa mucho la eficacia, sino reducir las posibilidades del rival al mínimo, con la confianza de que en algún momento el gol llegará por peso propio.

Sin embargo, hay otras alternativas a este esquema, sobretodo cuando los partidos sean mas disputados en el trámite y se juegue contra seleccionados capaces de hacer mucho daño al arco de… ¿Caballero? Parece que Don Sampa prefiere a Willy por su tranquilidad para salir jugando desde el fondo como todo arquero de un equipo de Guardiola. En tales casos, se cambiará a la línea de 4. Ya sea de un partido a otro o bien dentro del mismo partido. He allí la importancia de tener a jugadores como Rojo, Mercado o Tagliafico, capaces de intercambiar posiciones entre zaguero y marcador de punta rápidamente, o eventualmente salir de la formación si hay que volver a la tan mentada línea de tres.

Los mismos cambios valen para el mediocampo. Lamentablemente la selección argentina ya no cuenta con un 8 puro y se deberá “inventar” al carrilero derecho si hay que jugar 3-5-2. Salvio y Acuña están llamados a cumplir dicha función aunque en la preselección FIFA se los cuente como “defensores”.

En cambio para jugar 4-4-2 o 4-2-3-1, la ecuación se facilita. El problema de antaño de la selección de “carecer de mediocampo” y partirse como equipo parece saldado en la primera hora de los partidos, cuando las lineas se contraen y los diez jugadores de campo están juntos intentando recuperar la pelota. El problema serio aparece exactamente al minuto 60, cuando los volantes ya no vuelven y el doble volante central se ve sobrepasado. Allí no solo no se recupera la pelota si no que también todo el equipo queda “de frente” a los defensores y muy lejos de ellos, imposibilitando la salida desde el fondo, incrementando las imprecisiones y dejando una porción del campo clave para el rival a la hora de contraatacar.

Imagen de AFOPRO.com

Se necesita ser quirúrgico con los cambios en ese momento del partido porque es el sector en el cual Argentina es notablemente inferior a los otros equipos candidatos al título. La falta de mediocampistas netamente de corte sirve a favor de la tenencia (¿Banega o Lo Celso?) en la formación 3-3-1-3 pero denota una falencia clara en la formación de un centrocampista de nivel en el presente milenio, sector que puede llegar a ser ocupado por Biglia, Mascherano o Pizarro, cuyos pases de salida suelen ser deficientes.

La cuestión siguiente es la generación de juego y es allí donde la lista de jugadores se hace mas larga entre los de siempre más el pujante recambio, Al contrario de lo que pasa en la liga local, el seleccionado de Sampaoli cuenta con varios jugadores cuya posición es trescuartista por el medio, el enganche de toda la vida. Pero como no le hacen ni cosquillas a Messi, hay que ubicarlos por algún costado, donde pierden peso propio y no se sienten cómodos, llámese Lanzini, Lo Celso… ¿o Dybala? Distinto es el caso de Meza que si llegara a ser convocado siente la posición de volante por los costados aunque no es un wing puro como Pavón o Di María.

Y por último, la cuestión del 9. Sea el nombre que sea, el pivot de este equipo está permanentemente obligado a sumarse a la generación de juego. Quizás esto no sea una orden del DT y esté mas ligado al ADN de estos jugadores, proclives a tocar mucho la pelota durante el partido. O quizás sea al revés.

La albiceleste forma una especie de rondo contra un costado, del cual hay que salir con pelota dominada para generar así una posición ventajosa de cara al arco rival. Y siempre en esas situaciones el 9 está presente en la generación, dejándolo muy lejos del corazón del área. Cuando llega la habilitación, sea quien sea el intérprete, se lo nota cansados y a destiempo de la jugada. y su peso ofensivo se diluye. Otro déficit severo y a corregir de cara a Rusia 2018.

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