Grandes goleadores argentinos: Carlos Manuel Morete

Vuelve hoy la sección dedicada a recordar a los máximos artilleros nacidos en esta parte del mundo. Y en esta tercera entrega repasamos vida y obra del “Puma”, notable goleador de las décadas del ´70 y ´80, tanto en Argentina como en España.

Carlos Manuel Morete nació el 14 de enero de 1952 en Vicente López, primer cordón del conurbano bonaerense. Hijo de un portugués y de una yugoslava, allí creció el niño que desde siempre supo que quería vivir del gol. Su primer equipo fue “Los Halcones de Carapachay”, un cuadro de baby fútbol con el que recorrió Munro, Villa Adelina, Boulogne y demás localidades de la zona norte del GBA. Así lo recordaba el propio goleador en una entrevista brindada a “El Gráfico” en el año 2006: “Fue mi primer equipo, con la canchita que estaba al lado de mi casa. Mi viejo tenía una camioneta y nos llevaba a todos lados”.

River Plate: el primer amor a puro gol

Si bien siempre declaró ser hincha de Racing (me llevaba a la cancha mi abuelo; vi mucho al Racing del ´66: estaba ya en las inferiores de River, pero iba seguido a ver a ese Racing”) y pese a jugar en varios clubes de nuestro país, cuando uno piensa en el apellido “Morete” inmediatamente el primer equipo que viene a la mente es River Plate. ¿Pero cómo se inició la historia? Mejor lo cuenta el protagonista de la misma: En el baby ya era goleador, de hecho a River me fui a probar de nueve. En la Séptima División llegué a meter 47 goles en 25 partidos y cuando me quise acordar ya estaba en la Primera del club a puro gol…”.

Respecto a lo que fue puntualmente a su llegada al club de Nuñez, esto recordó alguna vez el propio Morete: “A River me llevó Don Antonio, un señor de mi barrio, fui junto al “Gato” (Salvador) Daniele. Este hombre era carpintero, trabajaba en casa de los padres de (Oscar) “Pinino” Mas y así se hizo el contacto. En infantiles me vio Palomino y rápidamente me fichó”. Los años iban pasando y el joven Carlos metía goles y más goles mientras amasaba el sueño de llegar a la primera división; y en ese largo derrotero se fue cruzando con diversos maestros, a los que jamás olvidaría pese a transformarse en todo un consagrado: “¿Qué técnicos de inferiores me marcaron? Osvaldo Diez, el “Polaco” (Vladislao) Cap… pero tengo una gran anécdota con otro gran formador como era Renato Cesarini. Un día, ganamos un partido en la Novena, metí 2 goles y apareció en el vestuario él, que era técnico de la Primera. Se sentó al lado mío. “Pibe, usted hace muchos goles, ¿quiere hacer más?”, me preguntó. Yo la verdad es que tenía un cagazo bárbaro. Y siguió: “¿Sabe cómo salen los atletas que corren carreras? Se agachan y están en puntas de pie esperando el tiro. Acostúmbrese a trotar en puntas de pie, porque cuando le metan una pelota, le va a robar un poquito a un defensor y va a hacer un gol más”. ¡Qué gran verdad! No me olvido más el consejo. Y lo apliqué… me costó acostumbrarme a trotar en puntas de pie porque me cansaba más, pero me rindió mucho.

Luego de curtirse sobradamente en las divisiones formativas, la hora del gran debut le llegó a Morete el 29 de marzo de 1970, por la 3º fecha del Metropolitano de aquel año. Esa tarde, en pleno “Monumental” River perdió 2-0 ante Rosario Central, aunque pese a esa derrota terminaría haciendo una buena campaña y perdiendo el título por tener apenas un gol menos a favor que Independiente (!). Quien confió en él para que reemplazara a Néstor Scotta -cuando se jugaban 15 minutos del complemento- fue nada menos que Ángel Amadeo Labruna, verdadero símbolo riverplatense y quien sería un entrenador clave en distintos momentos de la carrera del “Puma”. De aquel día inolvidable, esto recordó el goleador varias décadas después en una entrevista: “Había jugado todo el partido de reserva, pasó algo con un suplente, me mandaron a llamar y (Ángel) Labruna me hizo entrar faltando 20 minutos. Íbamos 0-0, entré y aseguré el resultado… perdimos 2 a 0, jaja”.

Su  primera vez como titular le llegó en la fecha 8 de aquel torneo, cuando el 3 de mayo los de Nuñez le ganaron como visitantes 2-0 a Platense en el clásico barrial (?), el año anterior a que el “Calamar” dejara su histórica cancha de Cramer y Manuela Pedraza. Y si el debut como profesional había sido la primera alegría de su carrera, la segunda le llegó al momento de marcar su primer gol con la banda roja cruzándole el pecho: tan especial momento tuvo lugar el 5 de julio del ´70, cuando en el sexto partido de su trayectoria, ingresó en el complemento y abrió el marcador para que River le ganara 2-0 en La Plata nada menos que a Estudiantes, que ese año se consagraría como tricampeón de América. Y además ese primer tanto se lo anotó a Néstor Martín Errea, quien para muchos fue uno de los mejores arqueros de la década del ´60: Ese día fui suplente, entré y en la primera que toqué le hice el gol a (Néstor) Errea. Mi viejo estaba detrás del arco rival, siempre iba ahí a ver si mojaba y festejábamos cerca.

Aquella primera temporada de Morete como profesional se cerró con un registro de 9 partidos jugados y 3 goles conquistados en el Metropolitano, en tanto que en el Nacional (torneo en el que su equipo quedó a sólo un punto de poder entrar a las semifinales por el título), apenas pudo marcar una vez en los 14 cotejos que disputó.

Pero si 1970 para ser su primer año no había estado mal, las cosas iban a mejorar notoriamente para él al año siguiente: luego de un opaco Metro ´71 (2 goles en 18 encuentros), en el Nacional su producción mejoró a tal punto que marcó 9 veces en 14 partidos. Cabe acotar que en el primero de los certámenes mencionados, el atacante sufrió una terrible racha sin poder anotar, pero a pesar de eso no se amilanó y lo demostró en el siguiente campeonato: Lo de las rachas negativas es todo un tema. Yo sufrí una de 14 fechas con “Didí” en River. Los hinchas se cansaban de putearme, aparte el equipo no ganaba y no podía zafar, se la agarraban con el que tenía que meter goles. Yo llegaba a casa y no dormía, me volvía loco, tenía mil cábalas, iba a la iglesia, ya no sabía qué inventar. Pero eso me empujó a seguir, porque siempre tuve más moral que nadie, y decía: “Se tiene que cortar”. Por suerte a mí me bancó el DT: “Tranquilo, Murete, tranquilo”, me decía el brasileño, un grande”.

Sin embargo, en ninguno de los dos torneos anuales el equipo que ahora dirigía el brasileño Valdir Pereira pudo pelear francamente por coronarse como campeón argentino, motivo por el cual River ya acumulaba una sequía de casi una década y media; sin embargo, hay que decir en favor de “Didí” que en ese 1971 el tipo promovió a primera a los jóvenes Norberto Osvaldo Alonso y Juan José López, además de asentar en el equipo a Reinaldo Carlos Merlo (quien había debutado en el ´69) y al propio Morete: ellos 4 serían -acompañados de grandes figuras como su ídolo de la infancia Roberto Perfumo, Ubaldo Fillol, Pedro González y otro hombre de la casa como “Pinino “ Mas-, los encargados de darle algunos años más tarde al club la mayor alegría en esa década… pero no nos adelantemos.

En el primer torneo de 1972 las cosas no le salieron del todo bien al CARP (terminó 4º) pero menos aún a Morete, quien apenas jugó en 10 de los 34 cotejos de su equipo -marcando un solo gol-, que arrancó el campeonato con “Didí” pero lo terminó con Osvaldo Diez al mando. Pero ya con Juan Eulogio Urriolabeitia como DT, River peleó el Nacional hasta el último encuentro (perdió la final con San Lorenzo en tiempo suplementario) y el “Puma” se destapó con todo: 15 partidos jugó y 15 goles metió, transformándose por primera vez en máximo goleador de un torneo argentino tras aventajar por un par de tantos al boquense Hugo Curioni y a su propio compañero Oscar Mas.

Y seguramente, más allá de la tristeza por el subcampeonato, en ese torneo Carlos tuvo una de las alegrías más grandes de su vida: fue cuando el 15 de octubre -en la fecha inicial del torneo- en Liniers, River le ganó 5-4 a Boca el que muchos consideran el “superclásico” más emocionante de todos los tiempos: ganaba 2-0 el “Millonario” antes de los 10 minutos de juego, para el arranque del complemento el “Xeneize” lo había dado vuelta y se había puesto 4-2, y luego de que Mas y Morete estabilizaran el resultado con sus goles a los 12 y 17 minutos de la parte final, en tiempo cumplido el propio “9” apareció como un fantasma y definió para los de Nuñez un partido infartante. De aquella tarde, el goleador guarda esta gran anécdota: “Ese día me iban a sacar. Perdíamos 4-2 y a los 5 minutos del segundo tiempo veo calentando al finado Néstor Scotta y dije para mí: “chau, me limpian”; ¿por quién iba a entrar otro nueve? Metimos el 4-3 y enseguida yo el 4-4, se hizo otro cambio (N.deP.: finalmente Scotta nunca entró y sí lo hicieron Carlos López y Jorge Ghiso) y sobre la hora metí el quinto… cosas de la vida”.

Pero no todas eran buenas para Morete en aquel tiempo: pese a que tenía el aceptable número de 31 goles en 3 temporadas desde su debut, para 1973 el tipo era sin dudas uno de los más resistidos por los hinchas de River. En parte, por su estilo de juego que no era de gran técnica ni mucho menos, pero en buena medida, por la frustración de no ver al equipo campeón desde fines de la década del ´50, y eso no era algo que se le pudiera imputar solamente a él. Para colmo, en ese año ´73 el mantuvo la gran performance del año anterior: 9 goles en 29 partidos del Metropolitano (torneo en el que sufrió la primera expulsión de su carrera) y 14 tantos en 18 juegos del Nacional, lo que da un total de 23 GC en 47 PJ para el año calendario. Pero el hecho de que el “Millonario” terminara lejos del Huracán campeón en el Metro y sumara un nuevo subcampeonato en el otro torneo del año, potenciaba esa frustración y esa histeria de la cual se habló precedentemente.

De aquellos aciagos años, Carlos recordó esto en la citada entrevista del 2006: En una época me gritaban “morite” deformando mi apellido, pero lo peor me pasó una tarde del ´73 o ´74. Era el Día de la Madre, le ganamos 1-0 a Newell’s (N.deP.: el partido se jugó el 4/11/73 y en realidad River ganó pero 2-0, con ambos goles de su autoría) y no sólo me putearon los 90 minutos sino también cuando salí del vestuario. Mi vieja me esperaba llorando, fue muy feo… y eso que habíamos ganado”. Y consultado acerca de si pensaba que había sido el jugador más insultado en la historia del club, respondió sin dudar: Sin dudas, fui el más puteado de la historia de River, más que (Walter) Silvani, que (Julio) Toresani, que el que se te ocurra.Peronunca se me dio por reaccionar, es mi manera de ser; siempre fui de agachar el lomo y darle, yo era un obrero. Por más que hablara o hiciera señas, a la gente la tenía que dar vuelta haciendo goles”.

Poker de grandes delanteros argentinos: Morete, Curioni, Avallay y Ayala

Ya sin Urriolabeitia como DT y tras un opaco paso del brasileño Delem como entrenador del primer equipo, para el Metropolitano de 1974 llegó a River una vieja gloria del club: Néstor Raúl Rossi. Y si bien la campaña fue buena, el elenco de “Pipo” quedó a un punto de jugar el cuadrangular final por el título, ganado a la postre por NOB. Pero esa frustración grupal no fue obstáculo para otra consagratoria performance del joven Morete, quien con apenas 22 años se erigió nuevamente como máximo artillero del fútbol nacional, habiendo convertido la friolera de 18 tantos en igual cantidad de encuentros jugados. Y sin dudas, su mejor faena en ese torneo se dio en el partido más esperado por cualquier jugador: el 31 de marzo de aquel año, el “Millo” le ganó 3-1 como local a Boca y Carlos marcó todos los goles de su equipo (el tercero de penal), volviendo verdaderamente locos a ese buen arquero llamado Rubén Sánchez pero también a unos defensores rivales que no eran ningunos negados: Vicente Pernía, Miguel Nicolau, Roberto Rogel y un joven Alberto Tarantini. Ya sin Rossi para el Nacional, con el arribo a la conducción técnica de otra gloria del club como Enrique Omar Sívori el título tampoco pudo llegar a Nuñez; de hecho la campaña fue bastante floja, dado que 8 equipos jugaron la ronda final por el campeonato y River, con un magro 5º puesto entre 9 participantes de la Zona “B”, estuvo lejos de poder pelearle la clasificación del grupo a Talleres y Ñuls. ¿La performance del “Puma”? Jugó 13 cotejos y 7 veces la mandó a guardar.

Los años pasaban y Morete se cansaba de meter goles, pero la realidad es que la corona se le negaba a River una y otra vez. Muy lejano en el tiempo había quedado aquel festejo de 1957, por lo que a fines del ´74, ya eran 17 las temporadas sin alegrías para la gente del “Millonario”. Sin embargo, para 1975 y con la llegada de otro símbolo riverplatense del pasado como era Labruna, todo cambiaría para bien. Al respecto, esto recordó Morete cuando desde “El Gráfico” le preguntaron por lo vivido aquel año: “Al empezar el ´75 ya llevaba varios años en el club. Apenas llegó, (Ángel) Labruna nos dijo: “Miren que yo tengo culo y vamos a ser campeones”. Sabíamos que él tenía esa suerte especial y se le dio. Yo jugué todos los partidos menos la definición, que jugaron los pibes, metí muchos goles y tuve el privilegio de que mis compañeros me eligieran  capitán”.

En aquel glorioso año, el CARP marcó el paso a los demás durante casi todo el torneo, a punto tal que terminó la primera rueda con 34 puntos logrados y muy lejos de su escolta, que era el ascendido Unión de Santa Fe y tenía 26 unidades. En ese momento, nadie podía suponer que promediando la segunda rueda el juego de los de Labruna perdería consistencia y que un Boca de pésimo arranque (llegó a estar 16 puntos debajo de su eterno rival) se colocaría a 3 unidades faltando muy pocas fechas para el cierre. Pero en la antepenúltima jornada River obtuvo un triunfo clave ante el CASLA -de la mano de un “Beto” Alonso que reaparecía tras 6 fechas de suspensión- y volvió a pisar con firmeza para ganar el título, ese que se negaba desde hacía largos 18 años.

En River de 1975

Eso sí, la alegría inolvidable quedó manchada en parte por aquella famosa huelga de jugadores que se desató justo antes de la fecha 37, lo que hizo algunos equipos jugaran esa jornada elementos amateurs, entre ellos River. “¿Qué hice la noche que los pibes le ganaron a Argentinos? Nada, estuve en mi casa. Sentí satisfacción y tristeza a la vez, una mezcla de alegría y bronca”. Superada la huelga para la última fecha, y con todo el pueblo riverplatense decidido a festejar en su casa, el elenco titular de River le ganó 2-0 a Racing el 17 de agosto del ´75, el día que Carlos Manuel Morete jugó el último partido de su vida para los de Nuñez. Y como no podía ser de otra manera, metió esa tarde uno de los goles del cuadro de Labruna; de esa manera, llegó a 24 tantos en el Metro (en 37 partidos jugados, sólo se perdió el duelo con AAAJ por la medida de fuerza) y quedó como escolta del animal de Héctor Scotta, que en ese campeonato metió nada menos que 32 goles.

Con 103 goles en los 195 partidos disputados con la banda roja cruzándole el pecho, Morete se iría de River para ya nunca más volver. Pero al margen de haber sido un par de veces máximo artillero del torneo argentino, por suerte y alivio para él se pudo ir de su club de origen como campeón y fundamentalmente, sin deberle absolutamente nada a nadie… se había sacado su mayor espina y eso le daba paz. De hecho, cuando alguna vez le preguntaron por la máxima alegría de su carrera, sin dudar respondió: “Cuando salí campeón con River después de 18 años”.

Las Palmas: el éxito en Europa

Consagrado como uno de los mejores delanteros argentinos del período 1970/75, era  casi lógico que en algún momento al “Puma” lo vinieran a buscar desde Europa. Claro que lo que quizás no era tan esperable es que, si bien prosiguió su carrera en España, lo  hizo en un equipo realmente chico de aquel país: Unión Deportiva Las Palmas.

Cuando a mediados del ´75 Morete llegó a la capital de la isla de Gran Canaria, seguramente jamás imaginó todo lo bueno que iba a vivir allí y el magnífico recuerdo que iba a dejar en el modesto club de colores amarillo y azul. Y es que más allá de la espectacular campaña de la temporada 1968/69 en la que fue subcampeón, la institución había debutado en la elite recién en 1964, por lo que no se trataba de un histórico ni mucho menos; pero en la segunda mitad de la década del ´70, y en buena medida gracias al aporte goleador del argentino llegado desde Buenos Aires, el club protagonizó buenas performances, logrando volver a jugar una competición europea y hasta un subcampeonato de Copa del Rey.

Claro que para que ello ocurriera, y más allá del aporte desde el banco de Miguel Muñoz (N.deP.: el tipo con el que España fue subcampeón de la Eurocopa ´84 y protagonizó un muy buen Mundial ´86), Carlos contó con la compañía de 3 compatriotas que -cada uno en su puesto- estaba entre los mejores valores del fútbol argentino en aquella década: el arquero Daniel Carnevali, el zaguero Enrique Wolff y el mediocampista Miguel Ángel Brindisi, quienes llegaron al club en 1973, 1974 y 1976 respectivamente.

Brindisi, Quique Wolff, Morete, Carnevali

Con el equipo viniendo de clasificar en el 11º puesto en un par de temporadas (1972/73 y 1973/74), y de terminar en la 13º posición durante la campaña previa a la llegada de Morete, a nadie sorprendió que para 1975/76 el conjunto insular repitiera esa magra 13º colocación, entre 18 participantes de la liga española. Sin embargo, a nivel individual fue un gran año para Morete, ya que en su estreno en el viejo continente, marcó 16 goles y terminó solamente a 5 de Quini, quien fue “Pichichi” con la camiseta del Sporting de Gijón.

Ya con el goleador adaptado al nuevo medio y en la única temporada en que coincidieron los 4 argentinos en el club (dado que al final de la misma Wolff fue vendido al Real Madrid), la de 1976/77 fue la mejor campaña liguera de Las Palmas en la década: 4º puesto y clasificación a la Copa UEFA, algo muy destacable para tan modesta institución. Además, el “Puma” volvió a romperla toda, debido a que metió 21 tantos y si no fue máximo artillero de España, se debió a que en el Valencia jugaba un tal… Mario Alberto Kempes, quien con 24 tantos se quedó con la distinción al goleador del torneo.

Para el torneo de 1977/78 la triple competencia hizo un poco de mella en el equipo, que sin embargo se las arregló para terminar 7º en la liga (Morete ayudó a ello con valiosos 18 goles), tras quedar eliminados en 16avos de final en la UEFA -a manos del Ipswich Town, tras perder 0-1 en Inglaterra y empatar 3-3 de local-; y encima, en esa temporada pudieron alcanzar nada menos que la final de la Copa del Rey, algo que nunca antes ni después vivió Las Palmas. Pero el conjunto arribó al final de la temporada sin nafta y para colmo en el duelo decisivo, del que el artillero argentino fue parte aunque estando mermado físicamente, aguardaba el Barcelona de los holandeses Johan Cruyff y Johan Neeskens: el 19 de abril del ´78, en pleno “Santiago Bernabéu”, los catalanes ganaron 3-1 y privaron a los de la isla de vivir su página más gloriosa. Sin embargo, los 12.000 hinchas vestidos de amarillo que llegaron hasta Madrid, se rompieron las manos al final del partido para aplaudir a Morete y sus compañeros, en el cierre de una campaña inolvidable.

U. D. LAS PALMAS – Las Palmas de Gran Canaria, España – Temporada 1977-78 – Páez, Carnevali, Gerardo, Felipe, Fernández, Roque, Félix, Miguel Muñoz (entrenador) y Pérez; Aparicio (masajista), Maciel, Brindisi, Morete, Jorge, Noly, Pepe Juan y Rivero – Con Miguel Muñoz de entrenador, la Unión Deportiva Las Palmas se clasificó en el 7º puesto de la Liga de 1ª División

En 1978/79 el equipo mejoró lo del año anterior en la liga y se quedó con el 6º puesto, justo a un paso de poder volver a jugar copas europeas: cabe destacar que fue esta la tercera y última temporada de aquella dupla fenomenal que armó con Brindisi, donde el surgido en River y el nacido en Huracán se compenetraron a la perfección, entendiéndose entre ellos a las mil maravillas; fruto de dicho entendimiento llegaban muchas veces los goles de Morete, quien utilizaba su fuerte zancada y su potente remate para aprovechar los pases medidos en largo que le servía Miguelito.  Y si bien Carlos tuvo otro gran año como artillero al lograr 16 tantos, su asistente no le fue en zaga y terminó la campaña nada menos con 14.

Para la edición 1979/80, ya sin Carnevali y Brindisi en el club, el rendimiento del mismo bajó notoriamente y Morete no fue la excepción: en un torneo que vio a Las Palmas finalizar en un opaco 12º puesto, el argentino “apenas” logró 8 conquistas, en lo que fue su año más flojo en cuanto a producción goleadora desde su llegada un lustro antes. Hablando de goles, el último de los 99 que marcó en esta etapa de su carrera se lo hizo el 11 de mayo del ´80 nada menos que al Real Madrid, aunque no bastó para evitar la derrota 1-2 en el Estadio Insular; tras jugar una semana más tarde 80 minutos en la derrota sufrida en Salamanca, el argentino ya nunca más se puso la camiseta amarilla.

Cabe destacar que consultado sobre cuál fue el defensor que más lo castigó en su largo paso por España, esto dijo el “9” al respecto: Hubo varios que me cagaron a patadas, en especial el hijo de puta de Benito, un central del Madrid. Nunca había tenido una operación, pero ése me hizo meter un mes y medio de yeso, un carnicero. Ese y (Ramón) Aguirre Suárez, al que también padecí en Argentina. Eran tipos que salían a romper, había que tener cuatro ojos”.

Con 79 goles marcados por liga española y 20 más repartidos entre Copa del Rey y Copa UEFA, tras jugar 174 partidos para Las Palmas a mediados de 1980 Morete cerró otra etapa de su carrera. Convertido en el segundo goleador histórico de la modesta entidad, más de tres décadas después el argentino volvería a Gran Canaria para tener un más que merecido reconocimiento.

Sevilla: un paso en falso

Luego de su extenso y exitoso periplo en las islas Canarias, Morete continuó jugando en el fútbol español, pero para la temporada 1980/81 cambió de bando y se puso los colores del Sevilla F.C.; sin embargo, no jugó la temporada completa en un equipo que finalizó en el 8º puesto, y en los 19 partidos que disputó alcanzó a marcar 6 goles.

En buena medida, la “culpa” de que cambiara de equipo en España la tuvo Muñoz, aquel DT con el que había llegado a la final de la Copa del Rey: cuando terminé mi quinto año en Las Palmas no pensaba seguir allá, de hecho me traje dos containers con mis pertenencias, pensando que ya iba a regresar a Argentina. Me fui a Sevilla en realidad por Miguel Muñoz, porque me dijo: “No me puedes hacer esto”. Estuve en ese club por él, pero luego, si bien tenía un año y medio más de contrato, rescindí a comienzos del ´81 y ahí si pegué la vuelta al país”.

Es dable señalar que en su única temporada en la península en la que no defendió la camiseta amarilla, el tipo cuando volvió a su viejo hogar no tuvo piedad de sus ex-compañeros: el 29 de noviembre del ´80 Sevilla visitó y derrotó 2-1 a Las Palmas, con un gol señalado por Morete, que si bien no dudó en pedirle disculpas a los hinchas del club que más feliz lo hizo, se portó como un verdadero profesional. Algunos meses después de ese cotejo y con el campeonato en plena disputa, ahora sí había llegado el momento para el delantero de retornar a su patria. Y ese retorno a la Argentina no iba a ser cualquier vuelta: nada menos que el eterno rival de aquel club que lo había lanzado a la fama, iba a ser el siguiente destino para Carlos Manuel Morete.

Boca Juniors: cruzar la vereda es imperdonable

El “Puma” llegó a Boca para el Metropolitano de 1981 con bastante expectativa detrás de él, dado que en los 10 años anteriores había metido más de 200 goles. Pero la verdad es que su paso por la ribera -pese a lograr el segundo título de su vida- sería con bastante más pena que gloria. De hecho, nunca pudo ganarse el puesto y alternaba en el once titular, jugando muchas veces como wing y no en dentro del área, donde mejor se desempeñaba.

Tras debutar en un amistoso jugado el 1º de abril del ´81 en Córdoba ante Belgrano, el día 10 de aquel mes Morete tuvo sus primeros 20 minutos oficiales saltando desde el banco, cuando por la fecha 10 Boca superó 3-0 justamente a River en una noche que quedó en la historia del fútbol nacional.

Pero tras ese auspicioso debut, las cosas lejos estuvieron de salirle bien al goleador. Jugó otros 16 partidos en ese Metro donde Boca ganó el que sería su último título local hasta 1992 y apenas pudo convertir 3 tantos, errando muchas chances de gol de esas que en Nuñez y en España no dejaba pasar; esa cuestión, sumada a la de su camiseta de origen, hizo que la paciencia a los hinchas “Xeneizes” se les terminara más temprano que tarde con Morete. En el último trimestre del año, ya en el Nacional que ganaría el “Millonario” con Kempes como gran figura, la cuestión resultó mucho peor para Carlos: pudo disputar únicamente un encuentro, pero ni llegó a terminarlo… Marzolini lo reemplazó en el entretiempo del 2-2 registrado justamente ante el futuro campeón en el “Monumental”. Eso fue el 1º de noviembre y ya nunca volvió a calzarse la camiseta azul y oro, siendo tal vez su caso uno de los mayores fiascos del CABJ en la primera mitad de la década del ´80.

Habiendo surgido como gran figura en River, más de una vez le preguntaron al “Puma” si haber tenido ese paso por la ribera no había sido una traición a los de Nuñez. ¿Qué dijo él sobre la cuestión? Tenía que volver de España por un problema familiar y la verdad, los clubes que se interesaron por mí fueron Racing y Boca… y en este último estaban nada menos que (Diego) Maradona y un amigo y socio futbolístico como (Miguel) Brindisi”. Además, lejos de excusarse en terceros, siempre fue bastante claro respecto a su opaco paso por Boca: “A mí nadie me falló. La realidad es que llegué en marzo con el torneo ya empezado y el equipo estaba armado por (Silvio) Marzolini con dos punteros (N.de.P:: Escudero y Perotti) y dos por adentro, que eran Diego y Miguel. Sólo me quedaba ir contra la raya… jugué poco y cuando entré, estaba fuera de ritmo”.

Morete tenía apenas 29 años, pero tras esa mala temporada en Boca, en su cabeza rondaba la idea del retiro. Sin embargo, un viejo conocido suyo lo convencería de que aún tenía mucho para dar.

Talleres: la resurrección

A comienzos de 1982, y sorpresivamente para muchos, el “Puma” pasó de jugar en el CABJ a hacerlo en un club mucho más modesto. Y si bien Talleres es un verdadero grande del interior de nuestro país y en aquella época tenía la costumbre de pelear arriba generalmente, la realidad es que la mejor época de los cordobeses estaba comenzando a pasar. Por eso no dejaba de llamar la atención que el “9” hubiera ido a parar a Córdoba.

Pero resulta ser que el DT para esa temporada en el albiazul sería Ángel Labruna, casualmente el entrenador con el que la “T” había realizado su primera gran campaña en la elite (en el Nacional ´74). Y no sólo eso, sino que el “Feo” había sido el técnico que 12 años lo había hecho debutar a Morete y el que, una vez retornado a River, en el ´75 lo había tenido como goleador del equipo campeón. Pero el reencuentro del artillero y Angelito tenía una historia previa. La cuenta el propio Carlos: En 1982 me cansé: venía de un año malísimo en Boca y no quería jugar más, pero (Rodolfo) Talamonti vino dos veces a Mar del Plata a buscarme y me dijo: “Él quiere hablar con vos, no le podés decir que no”. (Ángel) Labruna me había hecho debutar en primera. Así que fui a Córdoba y en cinco minutos me convenció para que fuera a Talleres. Era muy difícil decirle que no a Ángel.

Pese a que de movida las cosas no le salieron bien en su nuevo club (“En los primeros 5 partidos no la metí, los cordobeses me gritaban que dejara de robar”), un Labruna convencido del potencial de su delantero lo bancó a morir y terminó disfrutándolo a pleno: Morete metió nada menos que 20 goles en los 20 partidos que jugó, y fue uno de los puntales para que Talleres llegara a ser semifinalista del Nacional, instancia en la que cayó ante el futuro monarca Ferro.

Sin lugar a dudas, por todo lo que vivió en distintas etapas con Angelito, el “Feo” es al día de hoy un afecto imborrable en su corazón: Es el número uno de los técnicos que tuve; luego vienen el español Miguel Muñoz, Nito Veiga y Roberto Saporiti”. Asimismo, y en virtud de haber sido un fenomenal centrodelantero en las décadas del ´40 y ´50, quien lo dirigiera en Nuñez y Córdoba seguramente le debe haber dado muchos consejos para el puesto. ¿Qué enseñanzas le dejó Labruna? “Ángel era un tipo que te daba toda la confianza. A mí me decía: “Agarrá la pelota y pegale al arco, tenete fe, buscalas todas. Lo que no te podés permitir es que por adentro del área chica pase una pelota y no llegues, porque si pasa eso, te saco. Toda pelota en el área chica tiene que ser tuya”. Así metí un montón de goles en el área chica”.

Su gran tarde con la camiseta azul y blanca a rayas fue sin dudas la del 9 de mayo: ese día, en el paraje Chateau Carreras, los cordobeses vapulearon 4-0 a Boca por la 15º y penúltima fecha de la primera fase, resultado con el que la “T” se aseguró el segundo puesto en el grupo y el consiguiente pase a cuartos de final, instancia de la que su ex-club quedó marginado por esa paliza, sin perjuicio de quedarse sin DT por la renuncia del “Polaco” Cap. Morete fue verdaderamente imparable para Hugo Orlando Gatti y los defensores visitantes (entre ellos un joven Oscar Alfredo Ruggeri), marcando los primeros 3 goles del conjunto de Labruna y demostrándole a aquellos hinchas que lo puteaban hasta pocos meses antes, su plena vigencia.

¿Cómo recuerda ese año en el que hasta había pensando en retirarse? “Ángel me bancó y terminé haciendo 20 goles en 20 partidos. ¿Qué pasó? El técnico aguantó al goleador. Y el goleador apareció. Por eso al goleador hay que respetarlo. Después fui a Independiente y metí 20 goles más. O sea que en total, en ese 1982 metí 40 goles, el mejor año de mi vida. Pensar que en el verano del ´82 estaba para retirarme…”.

Y si ese Nacional fue muy bueno para Talleres, mejor aún lo fue para él a nivel individual, ya que gracias a esa producción goleadora logró coronarse una vez más como máximo artillero del campeonato argentino, 8 años más tarde de aquella vez en el Metro ´74. Fue esa la tercera y última vez que Morete se alzó con esa distinción.

Independiente: buen principio, polémico final

Pero como bien narró el propio Morete líneas arriba, no todo el año calendario ´82 lo pasó en Córdoba: es que tras la disputa del Mundial jugado en España, el tipo recaló en Independiente, buscando tener revancha en otro de los cuadros denominados “grandes” de nuestro país. ¿Dudas por ser hincha de Racing? Ni ahí: Siempre tuve claro que era un profesional. Para mí no existe el romanticismo de la camiseta, es simbólico. Hoy que ya terminé, sí me siento hincha de Racing y capaz que voy a verlo, pero soy un hincha tranquilo”.

Como demostrando que su fabuloso semestre en la “T” no había sido casualidad, en el Metropolitano ´82 (que finalizó en febrero del año siguiente) volvió a meter la friolera de 20 tantos, aunque ahora en 35 partidos jugados. Realmente jugaba muy bien ese equipo que dirigía Nito Veiga, pero encontró en Estudiantes un escollo verdaderamente insalvable. Con su estilo siempre directo, esto contó Carlos alguna vez: En ese torneo creábamos 15 situaciones de gol por partido, pero el narigueta (sic) de (Carlos) Bilardo nos rompió el culo al final y ellos fueron campeones.

Y para colmo de males de Morete y sus compañeros, en el primer semestre de 1983 la historia la historia volvió a repetirse: esta vez en el Nacional, un “Pincha” que ahora dirigía Eduardo Manera se quedó con la corona nuevamente y con el agravante de haberle ganado la final a los de Avellaneda: fue victoria local 2-0 en La Plata e insuficiente triunfo local 2-1 en la “Doble Visera”. Cabe destacar que en ese torneo el “Puma” jugó 15 encuentros y marcó 8 tantos, lo que le da una media de más de 0,50 por partido.

Finalmente, en el Metropolitano 1983 Independiente se sacó la bronca y pudo dar la vuelta olímpica, por lo que Morete ganó su tercer título a nivel local. Sin embargo, le pasó algo muy similar a lo que vivió en La Boca un par de años atrás: una estrella más pero con muy poca gravitación: apenas 6 partidos disputados y un solo gol señalado.

¿Pero qué sucedió para que tan de repente, pasara de gran figura a borrado? Pasó que José Omar Pastoriza. Resulta ser que tras ese par de subcampeonatos y un mal arranque en el Metro, la dirigencia sacó a Veiga y lo fue a buscar al “Pato” ya ganador de títulos en el club primero como jugador y luego como entrenador. Y si bien el nuevo DT siempre dio motivo futbolísticos para argumentar su decisión de casi no contar con Morete para ese torneo, prefiriendo a jóvenes delanteros con menores pergaminos, tal vez haya que remontarse a una huelga de jugadores que hubo en 1971, en la que Pastoriza fue uno de los caciques y luego de la cual fue “amablemente” invitado a proseguir su carrera en el exterior, más precisamente en Mónaco.

Indeependiente en1982 – Goyen, Clausen, Villaverde, Trossero, Marangoni y M. Killer; Calderón, Giusti, Morete, Burruchaga y Ortiz – Subcampeón en el Campeonato Metropolitano de Argentina

Poco tiempo antes de su sorpresiva muerte, y cuando en una entrevista le pidieron una opinión sobre el goleador, esto declaró el “Pato” en 2002: Se equivocó en su momento. Decía que yo le guardaba rencor porque fue “carnero” en la huelga del ´71; nada que ver. Hace poquito me vino a ver, porque tiene un par de jugadores, y me dijo: “La verdad, me equivoqué”. Un poquito tarde, pero al fin se dio cuenta”. Sin embargo, en la citada entrevista del año 2006 y ya sin el DT en este mundo terrenal, Carlos mantuvo la misma postura que sostiene desde aquellos encontronazos del ´83: Tuve quilombo con él porque jugué en la huelga del ´71. Jugué porque era muy pibe, pero cuando el “Pato” llegó al Rojo nos limpió a mí y a (Jorge) Olguín, que también había jugado en la huelga. Ya está, no fui rencoroso con él ni con (Roberto) Rogel cuando me desmayó de un codazo ni con nadie. Las cosas pasan y pasan”.

Con Pastoriza envalentonado por el título logrado en su regreso al club y preparando el equipo que afrontaría la Libertadores del ´84, estaba más que claro que para Morete el tiempo en Avellaneda había terminado. Así, envuelto en una polémica y con 29 goles en 56 partidos jugados -números que nos eximen de mayores comentarios, ciertamente- el tipo se fue de Independiente sin haber bajado del podio en los 3 torneos que disputó con la camiseta roja. Se avecinaba la última estación para su exitosa carrera.

Argentinos Juniors: despedida con gloria

El “Puma” sentía que no lo iban a retirar así nomás. Y si bien sus números en su etapa de Argentinos no pueden ni remotamente compararse con los de River, Las Palmas, Talleres o el propio Independiente, el tipo hizo su pequeño aporte en la época más gloriosa del humilde cuadro de La Paternal, cuando en un lapso menor a dos años el equipo primero comandado por Roberto Saporiti y luego por José Yudica, logró la proeza de ganar dos torneos locales y nada menos que la Copa Libertadores.

En el Nacional 1984, primer torneo de Morete en su nuevo club, quedó con la garganta virgen al cabo de 6 encuentros. Pero ya lo bueno que ese equipo había insinuado llegando a los cuartos de final fue confirmado en el Metropolitano del mismo año, donde AAAJ se quedó con el certamen tras una durísima lucha con FCO y ELP, en tiempos donde los “chicos” solían dominar (y muchas veces humillar) a los “grandes”.

En esa coronación de la mano de Saporiti, la veteranía del “Puma” aportó 5 goles en 18 partidos disputados, una buena cantidad para un hombre que ya casi tenía 33 años y al que muchos daban por retirado tras su salida del CAI. Junto a experimentados que llegaron al mismo tiempo que él como Enrique Vidallé, José Luis Pavoni, Emilio Comisso, y viejos conocidos suyos como Juan José López y Jorge Olguín, se encargó de apuntalar a jóvenes que prometían y concretaron, tales los casos de Sergio Batista, Carmelo Villalba, Mario Videla y Pedro Pasculli, formando un mix que hizo que el “Bicho” pasara de pelear la permanencia en el período 1981-83, a ser un permanente animador de nuestro fútbol en la etapa 1984-86.

Ya en 1985 su producción sí mermó notoriamente, dado que si bien iba casi siempre al banco jugó apenas 2 encuentros en el Nacional donde AAAJ logró el segundo de los 3 títulos argentinos que posee, en tanto que en la temporada 1985/86 disputó solamente 5 encuentros y se retiró a fines de aquel año, cuando la misma iba por la mitad.

Pero hasta el fin fue un profesional cabal. No en vano declaraba en aquellos tiempos: “No juego siempre y no me puedo quejar, sabemos que el puesto se pelea de frente, que juega el que anda mejor”. Y por ello, por esa entrega permanente aún en la mala, en el epílogo de su carrera se dio el enorme gusto de levantar la Copa Libertadores, luego de que los dirigidos por el “Piojo” Yudica vencieran al cabo de 3 encuentros en la final al América de Cali. Luego del recordado encuentro de diciembre del ´85 ante la Juventus por la Copa Intercontinental, el viejo guerrero sintió que era el momento de poner punto final a una extensa y exitosa carrera.

El retiro: el campo y a la caza de talentos

Tras retirarse a mediados de la década del ´80, Morete se dedicó durante varios años a la ganadería, algo totalmente alejado de lo que había hecho durante gran parte de su vida. Sin embargo, la pelota volvería a golpear a su puerta ya entrada la década de los 90´s: Me aboqué al campo por 10 años y no sabía nada del fútbol. Y después, por eso de estar en los pueblos, me empezaron a decir “por qué no llevás pibes, que se pueden perder acá” y le tomé el gustito”.

Así las cosas, empezó a buscar jóvenes con buenas condiciones y se hacía socio de sus clubes en una futura venta: “Yo no voy a las inferiores a ver si hay un pibe que se destaca para representarlo; cada uno hace lo que puede, si un tipo no tiene capacidad para buscar jugadores, hace eso”. Haciendo un laburo de hormiga durante años (“yo rastreo todo el país, tengo dateros, voy a ver prácticas, sigo ligas y llegado el fin de año digo: esta es mi cosecha del año y los traigo a prueba. En total serán 10 o 12 chicos por año”), seguramente los casos de jugadores que pasaron por sus manos y más lejos llegaron son los de Walter Erviti y Matías Vuoso. Con su particular estilo, y para diferenciarse un poco de los representantes, alguna vez afirmó: “No siento competencia porque lo que yo hago no lo hace casi nadie. El argentino es vago, mi abuelo siempre decía: “En este país, la tierra está muy abajo y es jodido agacharse”. Nadie quiere romperse el culo. Si a cualquiera hoy le decís: hacemos 100 kilómetros para ver fútbol, te dicen “¡¿adónde?!”. Todo el mundo quiere hacer negocios en Puerto Madero o Recoleta, yo voy a ver partidos en invierno a Mar del Plata a las 9 de la mañana, con mi termo, y a chupar frío. Hago la mía y no me mato a codazos con nadie”.

Más acá en el tiempo, cabe destacar que a fines de 2014 recibió una linda condecoración por parte de la gente de Las Palmas -una la insignia de oro y brillantes-, en un acto en el que también fueron reconocidos sus viejos compañeros Brindisi, Carnevali y Wolff. Y al poco tiempo declaró esto: “Todavía me dura la emoción del viaje que tuvimos en diciembre. Volví después de 34 años para esta emoción… si no le tuviera tanto miedo a los aviones me gustaría ir más seguido para allá”.

Pero más allá del medio que eligió para ganarse la vida en los últimos años y del homenaje recibido en España, no puede perderse de vista que con el paso del tiempo, Morete ha hecho méritos para ingresar en la selecta (?) galería de ídolos que -con razón o no- muchas veces emiten sentencias lapidarias contra determinados equipos o incluso, contra colegas en actividad: así, puede recordarse cuando en 2006 declaró sobre el equipo que dirigía su ex­-compañero Merlo “River es una pobreza, una cosa asquerosa”; o cuando en 2015 en una goleada sufrida por el CARP en el verano ante Boca vapuleó al inefable Teófilo Gutiérrez: “Se hizo echar como un imbécil y le chupó un huevo perder 5 a 0”; o también cuando el año pasado se la agarró con Paulo Dybala por decir que se le complicaba jugar junto a Lionel Messi (“el pibe Dybala es un estúpido, es imposible que sea difícil jugar con Messi”); o incluso en este 2018, cuando Independiente cayó en la Recopa ante el Gremio y no dudó en liquidar al español Fernando Amorebieta por su temprana expulsión: “El bobo se hizo echar y los cagó a los compañeros. Deberían colgarlo”. ¿Una más? El fútbol está lleno de mentirosos. Vivimos en un gran país de ladrones y los técnicos no zafan, son terribles mentirosos, como los políticos. La mentira se acaba con la selección brasileña: juega con dos laterales que van y vienen hace cien años”.

Aunque, nobleza obliga, también es verdad que ya en sus tiempos de jugador alguna que otra vez declaró sin filtro alguno, sin saber lo que era el cassette. De hecho, en el año de su retiro afirmó sin ponerse colorado: “El 90 por ciento de los dirigentes argentinos son gángsters, les importa un carajo lo que firman”. A raíz de esas declaraciones -motivadas por una huelga y el posterior pase del “Tigre” Gareca y el “Cabezón” Ruggeri desde Boca a River, Carlos se morfó una linda suspensión de tres meses por parte de la AFA.

Notable goleador, alguna vez le preguntaron si muchas veces le pegaba con los tobillos. Y sin esquivar el bulto Carlos respondió: Yo le pegaba con los tobillos como Luis Artime, uno de mis ídolos y el más grande goleador que vi. Acá no importa cómo le pegás, el tema es que entre. Es muy fácil decir cuando le pegás de punta “mirá qué burro”. Pero a veces no tenés recorrido en el área y le tenés que pegar de punta. En el área no podés pensar. Nunca me calentó que me dijeran que le daba con los tobillos”. Pero adentrándose en la cuestión acerca de cómo debe jugar un buen delantero, agregó: “Si estás de espaldas al arco, cuando viene el volante, el tipo no sabe si meter el pelotazo o tirarle una pared. Si querés tirar una pared, quedate de espaldas y si querés que te metan el pelotazo, perfilate de costado y marca el pase. Eso también me lo enseñó Don Renato (Cesarini)”. Por otra parte, ante la eterna pregunta de si goleador “se nace o se hace”, esto piensa al respecto este notable exponente del puesto: Para mí se nace, el olfato no lo comprás en ningún lado, viene de cuna. Así como hay jugadores que dan un cambio terrible en su evolución, como Daniel Onega, que pasó de ser nueve a un diez excepcional, la inversa no se da. Al nueve no lo hacés. Es una raza especial, por eso hay tan pocos”.

Enemigo declarado de los arqueros a lo largo de su carrera, ni siquiera en el retiro les da paz; lean si no lo que piensa el “Puma” de los ocupantes del puesto más ingrato: No sé si el del goleador es el puesto del vivo, pero el del arquero es el del bobo seguroEs así porque le hacen el gol y perdés el partido. Aparte, siempre desde cuando jugaba pensé que el cincuenta por ciento de los arqueros son medio pelotudos… tienen una mentalidad diferente, hasta son los que hacen las jodas más boludas.

Como ya se dijo, Morete no era un virtuoso ni mucho menos. Pero tenía muchas virtudes: olfato, viveza, huevos, buen cabezazo y, detalle no menor, no solía entrar en roces estériles con los rivales (“Me puteaba muy poco, trataba de no engancharme más allá de una respuesta breve… lo más importante para el goleador es estar concentrado”), de esos que muchas veces te hacen perder una ocasión manifiesta de gol por una desconcentración. Y habiendo convertido más de dos centenas y media de tantos a lo largo de su campaña, está más que acreditado para dar su opinión acerca de la principal virtud que debe tener un goleador: “No desfallecer jamás. Tener paciencia y saber que su partido dura 90 minutos. A vos te cuidan, te cuidan, pero pum, apareciste y la pusiste, macho. Siempre y cuando tengas el aval del técnico, que sepas que te banca, que no te limpia en la primera de cambio”.

Carlos Manuel Morete es un hombre que jugó en el máximo nivel durante casi 16 años, y acumuló nada menos que 265 goles, discriminados de la siguiente manera: 103 en River, 99 en Las Palmas, 6 en Sevilla, 3 en Boca, 20 en Talleres, 29 en Independiente y 5 en Argentinos. Ganó 5 campeonatos argentinos y hasta una Libertadores, es cierto, pero más allá de eso su nombre igual hubiera quedado en la historia por ser un verdadero sinónimo del gol en distintas épocas, tal como lo demostró en las 3 ocasiones en que se consagró máximo artillero del fútbol nacional, con el plus de que transcurrieron 10 años entre su primera y su última vez…no incluirlo en esta sección, hubiera sido a todas luces una injusticia.

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