Aquella semifinal de Copa de Europa

Hace poco hablamos del Hamburgo, caído en desgracia en la Bundesliga. Por eso, como nosotros sí traemos gente del exterior que cree en este país (?) tenemos un posteador invitado que nos cuenta una parte de aquella época dorada.

  • Por Yoyega

Temporada 1982-83. La Real Sociedad jugaba por segundo año consecutivo la Copa de Europa, ya que fue campeón de liga destronando al Real Madrid, en las temporadas 80-81 y 81-82.

En su primera participación había sido eliminada en primera ronda por el CSKA de Sofía (1-0 en Bulgaria y 0-0 en Donosti). Pese a la creencia de que el rival era asequible, bastó un gol de Jonchev en el minuto 89 del partido de ida, jugado en el Vasil Levski, para eliminar a los donostiarras. Hay que destacar que la huelga de futbolistas en España hizo que ese fuera el primer partido oficial de la Real aquella temporada, jugado además con las bajas de Diego y López Ufarte, sancionados ambos en una eliminatoria de la Copa de la Uefa de la temporada anterior, frente al Lokeren belga.

En el partido de vuelta, en un Atotxa abarrotado, el dominio incesante de la Real fue infructuoso, demostrando los búlgaros el por qué llegaron ese año a la semifinal del torneo, y demostrando también el colegiado italiano Agnolin demasiada permisividad don la dureza del CSKA. Por si fuera poco, el joven José Mª Bakero sufrió una grave lesión de rodilla, que le tuvo toda la temporada en el dique seco.

El vetusto y añorado Atotxa

Un año después, Donosti volvía a la máxima escena continental, tras ganar su segunda liga consecutiva. El primer rival a enfrentar fue el Vikingur islandés, un equipo muy modesto perteneciente a una liga sin nivel, pero, tras el exceso de confianza del año anterior, se volvió a ver una eliminatoria demasiado igualada. 0-1 en Reykjavik (Satrústegui, minuto 15) y un partido de vuelta que cualquier cosa salvo la supuesta paliza local: 3-2 (Porvaroarson, mt 1; Uralde, mt. 2; Uralde, mt. 27, Satrústegui, mt.54 y Herbertsson, mt.70)

La siguiente eliminatoria emparejó a la Real con el Celtic de Glasgow. En Atocha se ganó 2-0 (Satrústegui, mt.75, Uralde, mt.79), pero los escoceses fueron infranqueables hasta el cuarto de hora final. En Celtic Park, dos semanas después, Uralde marcó el 0-1, en el mt. 26, pero McLeod empató antes del descanso. En la segunda parte, Arconada firmó una de sus actuaciones más memorables, y solo en el minuto 88 fue batido nuevamente por McLeod.

Siguiente rival, el Sporting de Lisboa, que sorprendentemente se había impuesto en la liga lusa a Benfica y Oporto, y que tenía en Oliveira y Jordao sus hombres más destacados. En el partido de ida, disputado en el José Alvalade, un planteamiento excesivamente defensivo de Ormaechea se vio frustrado con el gol de Manuel Fernandes… en el minuto 89.

La eliminatoria, pese al resultado, seguía abierta. En un Atocha completamente entregado a los suyos, Larrañaga marcó el primer gol en el minuto 42, y el joven Bakero, a falta de poco más de veinte minutos para el final, llevó al equipo a las semifinales de la Copa de Europa, entre la algarabía y la fiesta en el estadio y después en toda la ciudad y en toda Guipúzcoa.

Clasificados para semifinales de la Copa de Europa: el Hamburgo, subcampeón de la Copa de la Uefa el año anterior y campeón de la Recopa 1977; la Juventus, campeón de la Copa de la Uefa 1977, el Widzew Lodz polaco, que venía de eliminar al Liverpool, y la bisoña Real Sociedad.

Y tocó el Hamburgo, aquel equipo con Stein en la portería, el fornido lateral izquierdo Manfred Kaltz, Felix Magath como organizador en el centro del campo y esa bestia corrupia llamada Horst Hrubesch como delantero centro.

El partido de ida fue en Atotxa, y de nuevo el vetusto campo donostiarra estaba a reventar. Pero una cosa es la presión del público, y otra muy distinta el Hamburgo que se vio en Donosti. Un equipo que dominó completamente la primera hora de juego, adelantándose en el marcador en el minuto 56 (Rolff, merced a un espléndido cabezazo). En los últimos veinte minutos la Real encerró a los alemanes en su área y, tras el saque de un córner en el minuto 75, el central Agustín Gajate aprovechaba un rechace dentro del área para igualar el marcador.

En el Volkspark Stadion de Hamburgo, el 20 de Abril de 1983, la Real Sociedad tocó el cielo con la punta de los dedos. Durante más de una hora, el equipo blanquiazul soñó con la final de la Copa de Europa. Juanan Larrañaga pudo hacer el 0-1. Pero fue Jakobs quien, cabeceando un córner, puso la eliminatoria en ventaja para el Hamburgo. Jarro de agua muy fría, helada, para la Real Sociedad, que, sin embargo, estaba dispuesta a vender cara su derrota. Después de eliminar a Vikingur, Celtic de Glasgow y Sporting de Lisboa, Hamburgo era la última estación antes de la gran final de Atenas. Sólo quedaba la heroica, y la Real, con un equipo hecho con gente exclusivamente de casa, y con un estadio como Atocha, donde todo olía a fútbol del de verdad, del auténtico, no podía dejar pasar la oportunidad de mostrar su lado más épico. Había ganado sus dos únicas Ligas en la última jornada del campeonato, sufriendo, casi pidiendo la hora. Lo de Hamburgo era un episodio más en la ascensión de un equipo acostumbrado a sudar y sangrar cada éxito que obtenía.

Y lo hizo. Hizo lo más difícil. Igualó la eliminatoria. Arconada sacó en largo. José Mari Bakero bajó la pelota pegado a la banda derecha, y metió un pase a la frontal del área, donde apareció Diego Álvarez, un gallego de Monforte de Lemos, que cumplía su novena temporada en San Sebastián. Diego controló, avanzó unos metros y soltó un derechazo con toda la fuerza y la convicción sumada de los miles de aficionados de la Real que, en tensión, aguantaron la respiración hasta que el balón rebasó a Stein y estalló contra la red de la portería alemana. El estallido fue también de voz, y de emoción. Lo más difícil, igualar una eliminatoria en suelo teutón, se había conseguido. Quedaban diez minutos para el final, y era el momento de mantener la calma y, por qué no, encomendarse a toda la suerte que hasta ese día no había sido necesaria en toda la competición.

Diego, Larrañaga y Orbegozo celebran el gol del empate en el Volspark Stadium.

Cuatro minutos después del gol de Diego, el Hamburgo sacó un córner, casi calcado al que había dado origen al gol de Jakobs; la defensa realista despejó, y la pelota le cayó franca a Felix Magath, quien disparó a puerta… la pelota cayó a los pies de Thomas von Heesen, que solo ante Arconada, a cinco metros, solo tuvo que fusilarle a placer.

Sorprendentemente, los veintidós contendientes se quedaron mirando al árbitro, el suizo Bruno Galler, esperando su decisión. Los realistas, convencidos, y con razón, de que von Heesen estaba en claro fuera de juego cuando remató. Los alemanes, mirando al árbitro.

Para más inri, uno de los jueces de línea de Galler se había lesionado, y en el descanso del partido (entonces los árbitros viajaban por Europa exclusivamente acompañados por sus dos jueces de líneas, no había cuarto árbitro ni árbitros de área, evidentemente) fue sustituido por un juez de línea alemán, casualmente de Hamburgo. Y Galler, que dudó unos segundos, concedió el gol a instancias de lo que ratificó el juez de línea sustituto, alemán, y de Hamburgo.

R.Sociedad 1 – Hamburgo 1. (6 de abril de 1.983)

R.Sociedad: Arconada; Larrañaga, Górriz, Gajate, Celayeta; Diego, Zubillaga, Zamora (Orbegozo, mt. 67); Uralde, José Mª Bakero y López Ufarte

Hamburgo: Stein; Jakobs, Hyeronymus, Groth, Kaltz; Hartwig, Wehmeyer, Magath; Rolff, Hrubesch y Bastrup (Milewski mt. 45)

Árbitro: Michel Vautrot (Francia)

Hamburgo 2 – R.Sociedad 1. (20 de abril de 1983)

Hamburgo: Stein; Jakobs, Groth, Wehmeyer, Kaltz; Hartwig, Von Heesen, Magath; Rolff, Hrubesch y Bastrup.

R.Sociedad: Arconada; Celayeta, Górriz, Murillo, Olaizola; Diego, Zubillaga, Larrañaga, Orbegozo; Uralde (José Mª Bakero mt. 69) y López Ufarte.

Árbitro: Bruno Galler (Suiza)

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