Grandes fotos de la historia del fútbol – Vol IX.

Buenas. Aquí un recopilatorio más de algunas fotografías históricas del fútbol (tanto viejitas como más recientes) y que siempre tienen algo anecdótico, bueno y/o malo que contar.

Bloody Butcher

En primer lugar, si uno ve la cara de este tipo en esta fotografía da para pensar que es la de un asesino serial de una típica película gringa de terror de los años en los que Michael Jackson lanzaba el “Thriller” y el “Bad”. Ya entrados en la historia que guarda esta fotografía podemos ver que no se le acerca ni siquiera a lo dicho anteriormente y que por el contrario supone una muestra de honor, orgullo y de cojones más grandes que una bola de boliche. El tipo de la fotografía fue una de las torres y baluarte de aquella selección inglesa de finales de los años ochenta que clasificó a Italia 90 y que llegó a semifinales en ese mismo torneo. Aquí el tipo cuyo apellido traducido significa “carnicero” así sin más, es el mismísimo Terry Butcher. La historia tras la fotografía es esta: Partido válido por el grupo 2 de las eliminatorias de la UEFA al mundial de Italia 90, se enfrentaban Inglaterra y Suecia en Estocolmo, la diferencia entre estos dos equipos era de dos puntos -la cosa estaba muy apretada- la ocasión perfecta para los nórdicos de igualar en puntos con los ingleses en la tabla (7 y 5 puntos respectivamente). El partido inicio normalmente hasta que en una jugada de esas de oficio defensivo se encontraron las cabezas de Butcher y de Johnny Ekstrom. El resultado fue un corte en la cabeza del inglés que de por si daba mérito para que se retirara del campo para ser atendido. Pero Butcher haciendo valer su rótulo de defensa aguerrido sin reparos se dejó atender, pero pidió que se le pusieran costuras en la herida y un vendaje para protegerla. Orgullosamente y consciente de las labores de rechazo de cabeza debido a su posición siguió jugando con el vendaje y la camiseta de los tres leones bañada en sangre. A pesar de lo jodido del partido y la lesión de Neil Webb, el juego culminó sin goles y con la clasificación anticipada de Inglaterra a la copa del mundo. Butcher fue el protagonista por haberlo dejado todo en la cancha, y con todo nos referimos a todo, hasta su propia sangre. Todo un ejemplo para estos tiempos en los que a un jugador Neymar le tocan una uña y ya piden que se les ponga yeso en el brazo y un reposo por 2 meses.

Que importa si perdemos

Foto 8

En el segundo partido válido por el grupo 3 del mundial de España 1982 se enfrentaban la por entonces potencia sumida en decadencia Hungría y una débil, pero llena de ganas de jugar, selección salvadoreña. Los ojos estaban puestos en la selección de El Salvador no solo por la hazaña de haber eliminado a México en las eliminatorias de la Concacaf y haber vuelto a un mundial después de doce años sino por la profunda crisis política que sufría por entonces el país debido a la guerra civil. Sumado a esto la expectativa era aún más grande ya que fueron puestos en el mismo grupo con Bélgica y la campeona vigente Argentina y la misma también crecía debido a las condiciones en las que llegaba el equipo: Fueron la última selección en arribar a territorio ibérico ya que llegaron tres días antes del partido ante los húngaros, mandaron un equipo incompleto en comparación a las otras escuadras pues solo mandaron 20 integrantes y su situación económica era preocupante.

El partido inició con una selección salvadoreña entusiasmada pero dicha actitud fue opacada por el primer gol húngaro a los cuatro minutos de juego. Para el minuto 23 el partido ya iba 3-0. Ya en el segundo tiempo, en el minuto 50 se anotó el cuarto tanto y tres minutos después el quinto. El marcador de por sí ya era escandaloso por el tiempo de juego que faltaba, pero llegaría el momento histórico por el cual están aquí. Al minuto 63 llegaría el gol de Luis Ramírez Zapata o “Pelé” como le conocían cariñosamente, un gol sencillo pese al marcador en contra, pero el mismo no ofuscó la felicidad del cuscatleco que salió gritando y celebrando como si hubiese marcado el gol del título. Ya una vez aterrizados se vendrían cinco goles más para los húngaros (con tripleta de László Kiss) para dejar las cosas 10-1. Una derrota contundente e histórica, pero lo es más el hecho de que se haya marcado el único gol de El Salvador en los mundiales hasta el momento, un gol que logró parar por un momento las matanzas y estragos de una guerra civil para vivir unidos la fiesta del fútbol.

Emoción a flor de piel

Foto 3

El otrora Wayne Rooney de Asia (sí, así le decían) fue objeto de admiración y centro de las miradas en el pintoresco mundial hecho en territorio sudafricano en el 2010 gracias a su gesto durante los actos protocolarios del partido inicial entre su selección y Brasil. ¿Amor? ¿Recuerdos de un familiar? ¿Luto? Miedo al cagazo (?), la verdadera razón la veremos a continuación. Resulta que el muchacho en cuestión, Jong Tae-Se, nació en Japón, más exactamente en Nagoya, pero su padre era surcoreano y su madre norcoreana (mírame nada más esa unión) por obvias razones ya tenía tres nacionalidades. Se crio en Japón entre los inmigrantes “zanichis” que más exactamente es un grupo étnico de inmigrantes norcoreanos. Con el pasar del tiempo le empezó a llamar la atención el deporte que a todos nos mueve el mango y pronto destacaría. La duda existencial se apoderó del Rooney asiático ya que debía elegir a cuál selección representar entre Japón y las dos Coreas. Finalmente, y sin peros, optó por representar y defender los colores del hermético país gracias a los ideales de su madre, mismos que le fueron inculcados desde pequeño ya que ella era fiel seguidora del régimen de Kim Jong-Il. Corea del Norte clasificaría nuevamente a una copa del mundo después de su histórica participación en Inglaterra 1966, la ocasión perfecta de Tae-Se de demostrar todo el amor por el país y por su madre. Tal acto de agradecimiento se vio en el partido arriba mencionado, mientras las cámaras mostraban como los integrantes del equipo norcoreano cantaban al unísono el “Aegukka”, Tae-Se era el único que no lo hacía, el llanto y la felicidad se apoderaron de el mientras veía en las alturas del estadio la bandera norcoreana y a su vez sentía la música y las letras de la nación que lo acogería para siempre.

Una puerta al cielo

RAYO 14/15 GRANADA 14/15

Si hubo alguien que se supo ganar el cariño de la gente de un país ajeno y tan reacio con los extranjeros como lo es España ese fue Wilfred Agbonavbare. El nacido en Lagos, capital de Nigeria, se formó desde muy joven para la traicionera y desagradecida posición de arquero. Debutó a los 16 años en el New Nigeria Bank y ganó una temporada de la liga local en 1985. En 1990 llegaría la oportunidad de su vida; probando suerte en diferentes equipos españoles finalmente llamó la atención del Rayo Vallecano -por entonces en segunda división… como de costumbre- ganándose la titularidad para la temporada 90-91. Llegaría un momento más de gloria para su carrera pues fue el arquero titular del histórico ascenso del Rayo en la temporada 91-92. Permanecería en la titularidad por mucho tiempo ganándose el cariño de los locales y gracias a sus actuaciones fue convocado por su selección para la copa africana y la copa del mundo de 1994, incluso teniendo encima el descenso del Rayo en la temporada 93-94. Permanecería en el equipo de Vallecas hasta 1996 en donde recalaría en el Écija de segunda división retirándose finalmente en 1997. Su carrera en el país ibérico se vería manchada por actos de racismo durante los partidos, tal como el que se ve aquí.

Luego de su retirada su vida se vería asediada por los problemas económicos, llevándolo a trabajar en diferentes oficios para sobrevivir, mientras trabajaba de mensajero también se desempeñaba como entrenador de arqueros del CD Coslada, un equipo amateur. Con sus hijos en Nigeria y el deseo latente de verlos, su esposa fue diagnosticada con cáncer de mama, a pesar de pagar el tratamiento finalmente murió. Con el tiempo correría con la misma suerte, está vez un cáncer óseo lo aquejó al punto de llevarlo a un estado crítico que desafortunadamente le causó la muerte. Fue enterrado junto a su esposa, y a su funeral asistieron sus hijos a quien nunca más pudo volver a ver. En honor a su trabajo y entrega en el Rayo Vallecano, la puerta número uno del estadio de Vallecas lleva su nombre y su fotografía siendo inmortalizado. Un póstumo homenaje para alguien que lo entregó todo y que respondía a los actos racistas con disciplina y respeto.

 

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