PIPA International Soccer, World Cup Edition: Suecia vs. Corea del Sur

Al fin el Google Ads rindió sus frutos y nos permitió mandar un enviado especial a la Copa del Mundo Rusia 2018. Esta vez, nos tocó presenciar el duelo entre escandinavos y asiáticos que dejó mucho que desear en lo futbolístico, pero que ha dejado sus detalles a lo largo de la jornada, desde que llegamos a la ciudad hasta que nos fuimos.

No todos los días se tiene la posibilidad de presenciar un Mundial. En el 2014, la cercanía con Brasil permitió un éxodo masivo de argentinos, exponencialmente superior a los 55.000 compatriotas que han arribado a tierras rusas. También nos fue sencillo incluso conseguir entradas a precio vil, ¿o acaso no recuerdan a Luis Segura revendiendo?. Pues bien, llegar a Rusia fue casi un parto. Feliz, pero parto al fin.

Buenos Aires-Rio de Janeiro-Londres-Helsinki-San Petersburgo. Ese fue el trayecto para llegar a la Santa Madre Rusia. Con paradas en Rio y Helsinki para estirar las patitas y disfrutar de la ciudad, se arribó a la vieja Leningrado en Lux Express, un micro de lujo con café, té y wi-fi a lo largo de todo su recorrido. No fue fácil arribar, ya que en el paso fronterizo solicitaban todo tipo de datos, incluido el bendito FAN ID, acreditación necesaria sine qua non para ver los partidos. Lo interesante es la desinformación y el despiste que padecían algunos de los policías de migraciones, ya que creían que no se podía ingresar al país sin el FAN ID, cuando en realidad éste funciona como un permiso de estadía para aquellos países que precisan de una visa. ¿Que sucedería si nos importara poco y nada el fútbol y viniéramos a vacacionar a Rusia en pleno Mundial? No lo sabemos, pero si pudimos observar como retuvieron un largo rato a tres iraníes y a Lucas -un uruguayo hincha de Peñarol- a quien lo volvieron loco porque tenía duplicado su FAN ID. Por suerte, no tuvimos complicaciones y pudimos pasar.

Tras arribar a San Petersburgo, en un par de días pudimos disfrutar de la belleza de una ciudad en la que rápidamente y a golpe de vista, uno puede comprender porqué se ejecutó con justa razón a toda la realeza. Bueno, quizás a los perros no hacía falta, pero toda revolución tiene su patinada. Allí nos encontramos con unos periodistas egipcios -uno de ellos, ex jugador del Zamalek de ese país- quienes auguraban que Nigeria era un equipo más fuerte de lo que daba la sensación. Quizás desconocía que nos habíamos comido cuatro en un tiempo en el amistoso en Krasnodar, pero se lo hicimos notar rápidamente. Tras el intercambio de información seguimos pateando las calles, en donde rebalsaban las camisetas de Perú y México, pero lo que realmente sorprendía y agradaba ver era la alegría con la que marroquíes e iraníes andaban cantando. Una pequeña cuestión que ayuda a derribar prejuicios: cuando uno podía creer que en Irán la cultura musulmana es más ortodoxa, se observaba que los grupos eran mas heterogeneos y las mujeres no vestían las ropas tradicionales o iban detrás de los hombres, sino que se mezclaban entre sí. Interesante.

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Ahmed I y Ahmed II, posando con la bandera egipcia

El tren de alta velocidad nos depositó el mismo día del partido inaugural en Moscú, donde tuvimos la oportunidad de ver el encuentro entre Rusia y Arabia Saudita en el Match House Hospitality, un piso completo ubicado cerca de la Plaza Roja en el cual se podía ver el encuentro gratuitamente e hincharse a base de cerveza y comida. No diremos como las conseguimos, pero sí que se le sacó provecho hasta el hartazgo, robo de souvenirs incluido. El 5 a 0 del equipo local desató una verdadera fiesta en Moscú, ya que los hasta entonces callados y parcos hinchas rusos salieron a la calle a festejar de manera alocada, banderas y escabio mediante. Al día siguiente procedimos de igual forma para ver el match entre España y Portugal, con la mala fortuna de tener que soportar en aquel recinto a una parva de hinchas de CR7 que se comportaron como colegialas histéricas en jumper con el hat trick del jugador del Real Madrid.

Tras un par de días en la capital rusa, marchamos hacia Vladímir, que todavía no sabemos si es ciudad o pueblo. Lo cierto es que allí se erigió la primera iglesia ortodoxa en toda Rusia, además de haber sido la primera capital del imperio. ¿Como caímos allí? Bueno, simplemente porque el hospedaje en Nizhni Novgorod -donde jugarían Suecia y Corea y mañana lo hará nuestra Selección- estaba agotado. Un gran acierto, ya que el precio en un hotel 4 estrellas era irrisorio y solamente teníamos que viajar para el partido. Ya en el camino nos empezamos a cruzar con caracterizados hinchas suecos, que no pudieron escapar al pedido de los policías de Vladímir de sacarse una foto con ellos, como si nunca hubieran visto un escandinavo en su vida.

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El primo ruso del atendedor de boludos con los hinchas suecos

Tras dos horas y media de viaje hacia Nizhni Novgorod, arribamos a la estación central. La opción más rápida es el subte -apenas una parada de distancia- pero preferimos ir a pie. El camino hacia el estadio está tan pleno de voluntarios que indican como llegar como de policías para evitar que nadie se haga el pillo. Una vez que se alcanza la avenida previa al ingreso al estadio, todo cambia: vallados y colas interminables, como también los molinetes gigantes. Acá no hay joda como en Brasil: entrada y FAN ID en mano. Si los datos de uno no coinciden con el otro, media vuelta y a verlo a un bar. Una vez pasada esta parte, se accede al chequeo policial, que procede al escaneo de todo aquello que venga con uno. Lo bueno es que si traes algo que no te lo dejan pasar, hay un sector de objetos prohibidos en el cual quedan retenidos y después del partido podes pasar a buscar. Claro, vos dirás “en ese sentido llevo un .45 y lo paso a buscar después”, pero tampoco: en Rusia rige una ley que explicita que durante el Mundial está prohibido portar armas aún con el debido permiso. Esto te lo recuerdan a cada rato por altoparlantes en el subte y en los accesos a andenes en las estaciones de tren.

Una vez pasado el control policial, podemos apreciar desde la explanada la verdadera dimensión del estadio: es una verdadera nave espacial. Accesos claros y puestitos de birra y gaseosa cada cincuenta metros. Una vez que ingresamos definitivamente al estadio, nos damos cuenta de dos cosas. La primera es que nos tocó el último asiento de la última fila de la última bandeja del estadio. La segunda es que el estadio todavía tenía vestigios de obra. Pequeños, pero vestigios al fin. El polvo de cemento debajo de los asientos y en los pasillos era visible. Sin prestarle mucha atención a ello, nos acomodamos en la butaca prestos a presenciar un encuentro del cual, a decir verdad, no esperabamos nada pero del cual ibamos a estar atentos a los detalles, como por ejemplo el circo que a veces resulta ser esto del espéctaculo, como la inentendible cuenta regresiva previa al pitazo inicial. Pequeñas cuestiones que hacen al show business.

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Impresionante

 

 

Comienza el partido. Desde la lejanía misma no se identifican los jugadores si es que no sabes que número porta cada uno. Los números de algunas camisetas -sobre todo las de Corea del Sur- se confunden. Le ponemos el ojo encima a Heung Min Son, delantero del Tottenham de gran temporada, pero su actuación es pobrísima. Apenas destaca el arquero coreano, muy seguro en las salidas aéreas. Como el partido es un bodrio de nivel B Metro o peor, no queda otra que observar a las hinchadas. Los asiáticos son mucho mas ruidosos, pegándole a esos cosos que parecen flota-flota y gritando algo que suena como “EEEEEEL GORDI-TO”. Suecia se limita a un “SVERIGE, SVERIGE” tan aburrido como sus inviernos y su fútbol. El partido avanza y salvo por un par de jugadas, es un embole. Solo queda disfrutar de la cerveza comprada, los insultos impunes y alguna que otra mujer que deleita los ojos.

En el segundo tiempo, uno ya tiene la idea que lo bueno no va a estar en el verde cesped. No queda otra: a buscar personajes. Pero tampoco abundan. La calidad técnica de los veintidos jugadores es lamentable, al punto que ya los coreanos habían hecho un cambio porque Park Joo Ho se desgarró queriendo bajar un pésimo cambio de frente que le pasó a cinco metros. Los de amarillo no juegan absolutamente a nada y los asiáticos, creyendo que éstos son unos fenómenos porque eliminaron a Italia, no los atacan. Hasta que de repente, los escandinavos pisan el área y hay un claro penal que se vio desde cualquier lado, inclusive desde nuestros asientos. El referí tira boludo y permite que Corea del Sur inicie un contraataque, hasta que le avisan por cucaracha: “Macho, pará que me parece que tenes un corpiño en los ojos”. Vivimos in situ un pedido de VAR. No hay repetición inmediata, sino que solamente se repite si se sanciona la falta. Allí se pudo apreciar que fue un penalazo. Andreas Granqvist se hizo cargo de la ejecución y abrió el marcador. Recién ahí Corea del Sur empezó a atacar y se dio cuenta que los suecos no eran ninguna maravilla. Claramente, este es el Mundial del repliegue defensivo. Muchas veces necesario -como hicieron Islandia o México- pero otras sin sentido.

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Mezclando trabajo y placer

 

 

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El enemigo público N°1 de Enzo Pérez

El partido llega a su fin. Los coreanos aprietan pero no le hacen ni cosquillas a la defensa sueca. El sopor termina y sólo queda por contemplar la vista del Volga a espaldas del estadio, el colosal monumento al Camarada Lenin y a un viejo sueco que metió un look bien de chino de supermercado o de paraguayo adicto al tereré. Queda regresar a Moscú, rodeados de suecos escabiados que siguieron de largo tras la victoria. El olor a vino en el tren se hace mas llevadero charlando con un viejito peruano pletórico de emoción por ver a su país en un Mundial tras 36 años. Hoy nos tocará ver ao vivo a CR7, cuando su equipo enfrente a Marruecos. Pero esa será otra historia.

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Guaraipasson

 

Sin título
Si preguntan por la camiseta, es la de Ibrahimovic

 

NOTA: este post no pudo ser posible de no ser por la oportunidad que me brindó Radio Gráfica FM 89.3 para estar cubriendo el Mundial desde Rusia. Si desean escuchar algo diferente, fuera del circuito de la pavada que nos ofrecen día a día los grandes multimedios, pueden darse una vuelta por ahí o por cualquier plataforma en redes sociales. Gracias.

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