Fútbol Gulag

Tres glorias del fútbol ruso han pagado su rebeldía ante oscuros funcionarios del politburo de la URSS con cárcel y trabajos forzados en las profundidades del gigante soviético. El lado oscuro de la pelota bajo la hoz y el martillo.

En la vieja Unión Soviética, grandes jugadores que han jugado con la CCCP en el pecho han sido glorias en diferentes etapas del estado comunista. Algunos fueron vanagloriados desde el principio como el arquero Lev Yashin, la Araña Negra, símbolo bajo los tres palos en el mundo futbolero de los años sesenta tanto en el Dínamo de Moscú como en la selección soviética e inmortalizado en los posters conmemorativos de la Copa del Mundo Rusia 2018. Otros han sufrido el maltrato y la tortura de diferentes regímenes totalitarios, sean zaristas, fascistas o comunistas. Elogiados e ídolos de las masas futboleras pero caídos en desgracia hacia los campos de trabajo forzados conocidos como GULAG (Glavnoye upravleniye ispravitel’no-trudovykh lagerey i koloniy) por la venganza de esbirros con poder de decidir la vida y muerte de las personas durante los años de terror. Estas son sus historias, reivindicadas con el paso del tiempo y agradecidas por las masas futboleras rusas en la actualidad.

VASILY BUTUSOV: PRIMER GOLEADOR RUSO ANTES DE LA GUERRA; ÁRBITRO DESPUÉS DE ELLA 

Vasily Pavlovich Butusov nació el 7 de febrero de 1892 en San Petersburgo siendo el tercer hijo de seis, fanáticos del deporte de los locos ingleses. En 1908 el Sport Unitas, el equipo fundado por su hermano mayor Cyril y en el que Vasily sería su goleador, se convertiría en el primer equipo ruso en conquistar el campeonato de la capital del Imperio Ruso. El fútbol, siempre unido a sus hermanos, era un complemento ideal que se unía a su pasión por la música, fuera cantando o bailando, y por los estudios. Ese camino le llevó a la Escuela Técnica de Moscú para compaginar los libros con un trabajo como dibujante para una empresa de calefacciones. Vasily supo representar a su país en los Juegos Olímpicos de 1912 en Estocolmo. Hizo el primer gol mundialista ruso en la derrota ante Finlandia 1-2. Ah, Alemania los goleó 16-0, algo que los rusos vengarían en las guerras mundiales, aunque el pobre Vasily sería víctima nuevamente de los germanos en ese aspecto.

La selección rusa de los Juegos Olímpicos de 1912.

Su carrera, al igual que la de varios jóvenes futbolistas del mundo, se vio interrumpida en la Gran Guerra que inició en 1914. Fue llamado a filas para unirse al cuerpo de Caballería en el frente de Galitzia. En la siguiente primavera, en abril, fue capturado por tropas alemanas, un cautiverio del que fue liberado por el Ejército zarista para ser enviado al frente caucásico hasta la desmovilización decretada por el nuevo gobierno revolucionario a finales de 1917.

La Revolución alejó a los inseparables hermanos Butusov. Ciril se convirtió en ciudadano finlandés para convertirse en un próspero empresario. Esa decisión, que se unía al pasado burgués de la familia y al grado de oficial alcanzado en el Ejército zarista, colocó en una situación sospechosa a Vasily a ojos de los soviets por mucho que entre 1919 y 1921 formara parte del Ejército Rojo. El 24 de octubre de 1930 fue arrestado por agentes del OGPU que dirigía Viacheslav Menzhisnki en el marco de una operación contra un grupo acusado de boicotear los planes agrícolas del Kremlin. Entonces apareció su hermano pequeño, Mihail, estrella del fútbol y con buenos contactos en el Dinamo, el equipo de la Policía, quien intervino a su favor para que lo liberen.

Vasily siguió pasando pálidas durante su vida soviética. Cuando el ejército alemán atacó Leningrado en 1941 fue incorporado a la defensa de su ciudad con el rango de Ingeniero Militar del 333 Batallón de Ingenieros. Fue uno de los supervivientes del cerco pero el 20 de noviembre de ese año fue capturado junto al río Oredezh y encerrado en varios campos de concentración nazis que le llevó desde Luga a Núremberg. Allí, cuando Alemania ya se hundía, su hermano Mihail volvió a salvarlo. Era abril de 1945 y el cocinero del campo, admirador del juego de su pariente, evitó su inanición hasta que llegó la liberación del mismo por parte de los Aliados. Semanas después, Vasily Butusov regresó a su ciudad natal donde esta vez fue el Ejército Rojo el que lo envió a un gulag sospechado de estar contaminado por la ideología nazi o no haber combatido desde dentro del campo de concentración. Nuevamente la figura de Mihail Butusov apareció para que su hermano no sufriera más detenciones. Por aquel entonces, el viejo ex-goleador golpeado por el maltrato de su múltiples detenciones, decidió retornar su amor por el fútbol a través del arbitraje. Dejó este mundo en el anonimato con 80 años el 28 de septiembre de 1971.

NIKOLAI STAROSTIN, EL ALMA DEL SPARTAK. LO TUVO A LAVRENTI BERIA Y SU DÍNAMO DE HIJO.

La historia dice que un caño mandó a Nikolai Starostin a Siberia. Fue en una cancha de Moscú, en un Spartak-Dinamo, en los años veinte, los primeros de la jóven URSS. Starostin jugaba para el Spartak, el equipo del pueblo. El Dinamo Tiblisi, georgiano, era uno de los equipos del servicio secreto primo de aquel de Moscú. Ahí jugaba el tenebroso Lavrenti Beria, jefe de la policía y de la NKVD. Según el propio Starostin “un tosco y sucio centrocampista zurdo” al que ridiculizó con un caño memorable. Beria se cobraría la afrenta años después.

Starostin, el más grande de cuatro hermanos dedicados por completo al fútbol, nació en 1902 en el distrito de Presnya, en Moscú, hijo de un cazador y de una ama de casa. El arte de patear una pelota le surgió de pequeño en los últimos años del régimen zarista. Cuando llegó la revolución bolchevique, con la caída del zar, ya había muerto su padre durante una epidemia de tifus y encontró una forma de solventar a su familia con el fútbol. Entonces formó junto a sus hermanos y otros amigos el Círculo Deportivo de Moscú, que luego cambió su nombre por el de Krasnaia Presnia, en honor a la militancia de sus integrantes durante la revolución, con el que jugó por distintos lugares de Rusia mientras el fútbol soviético todavía era una incógnita, sin una liga oficial.

Un joven Nikolai despuntando el vicio del balompie allá por 1929.

El joven Gobierno soviético intentó poner orden. Dictaminó que los clubes tendrían que regirse por el principio territorial-productivo para que no pudieran buscar jugadores por toda la ciudad. Cada equipo pertenecería a una fábrica o a un distrito. En 1923, Félix Dzerzhinski, padre de la checa, fundó el Dinamo, el equipo de la policía secreta. Ese mismo año también se ponía a disposición del Ejército Rojo una vieja sociedad deportiva y nacía el club que años después se conocería como CSKA. Con la creación de la liga soviética y el profesionalismo en 1936 aparecieron el Lokomotiv, de los trabajadores ferroviarios. El Torpedo, de las fábricas de coches. El Burevestnik, de los estudiantes.

El Krasnaia Presnia consiguió primero el apoyo del sindicato de trabajadores de la alimentación. Sin embargo, Starostin tendría una espalda más grande en la cual apoyarse: Alexander Kósarev, el secretario de las juventudes comunistas, la Komsomol. De ese apoyo surgió el Spartak, por Espartaco, el equipo de los explotados y los oprimidos. Rápidamente se convirtió en el clásico del Dinamo Moscú. Cuando se enfrentaban, los hinchas del Spartak gritaban: “¡Maten a los policías, maten a los policías!”. Una vez invadieron el campo en un Spartak-Dinamo y arrancaron una portería. Lo que se diría buenos muchachos.

Spartak Moscú , el equipo de la gente

No sólo Starostin jugaba en el Spartak. También lo hacían sus hermanos, Alexander, Andrei y Pyotr. Los cuatro también practicaban hockey sobre hielo para el club. Era tan popular el Spartak que en 1936 llegó a ser la atracción principal durante un desfile oficial: jugaron titulares contra suplentes un partido en la Plaza Roja, a metros del mausoleo de Lenin. Ese mismo año había sido nombrado Lavrenti Beria, aquel mediocre futbolista del caño humillante de origen georgiano como Stalin, presidente de honor del Dinamo y se lo tomó tan en serio como su otro trabajo, el de purgar enemigos del Estado. En el año 37, el Dínamo se proclamó campeones de liga y copa. Pero en los dos siguientes, 38 y 39, el Spartak hizo dos dobletes consecutivos.

Cuando comenzó la guerra en España, una selección de jugadores vascos fue a disputar una gira por la URSS para recaudar fondos para el Gobierno democrático. El Spartak no estaba incluido entre los partidos que iba a disputar el combinado de la selección de Euskadi en la Unión Soviética, pero como los vascos estaban invíctos y pasaron por encima a todos los equipos. El Estado prolongó la estadía de los euskeras para que se midieran al Spartak.  Los vascos aceptaron y el equipo de los Starostin los goleó 6-2. Salvaron la cara de todo el fútbol soviético, para orgullo de sus camaradas y compatriotas. Como premio, se eligió al Spartak para representar a la URSS en unos partidos en la Exposición Internacional de París de 1937. En ese viaje, los acompañaron los hermanos Znamenskii, Serafim y Georgii, corredores de fondo con varios récords y héroes comunistas. Fue un regalo envenenado. Posteriormente, se supo que ambos eran activos colaboradores del NKVD y lo que estuvieron haciendo en París con el Spartak fue un detallado informe sobre los futbolistas para su jefe, Beria.

Lavrenti Beria, un tipo rencoroso ante un caño y los Starotsin

Kosarev, el del Komsomol y padrino del equipo, fue detenido y ejecutado en 1939.  Antes había supervisado las purgas en Leningrado y pidió fervientemente la ejecución de Nikolai Bujarin en el Juicio de los Veintiuno, que se produjo en 1938, un año antes que la suya. Sin embargo, no faltan textos que relacionan su procesamiento con los éxitos de su equipo, el Spartak. Desde aquella jugada, desde aquel caño, el objetivo de Beria era claro: terminar con Nikolai Starostin. Ya lo intentó en 1939, cuando ordenó repetir una semifinal de Copa entre el Spartak y el Dinamo Tblisi  en el que se habían impuesto los moscovitas. Y aunque estos, de hecho, ya habían ganado la final, el partido se repitió. Volvió a ganar el Spartak. Y Beria explotó. Ordenó su detención, pero Molotov, mano derecha de Stalin, lo evitó.

Finalmente Beria se saldría con la suya el 20 de marzo de 1942 cuando Nikolai Starostin fue detenido en mitad de la noche en su casa. Sus hermanos también. Y sus dos cuñados. Nikolai se pasó dos años en Lubyanka, torturado, aislado e interrogado. Con lo que se le relacionaba era con la «actividad criminal» de su viejo amigo Kolarev. Le acusaron inicialmente de planear asesinar a Stalin en un estadio de fútbol. Luego los cargos se redujeron a elogiar públicamente el deporte burgués, tratar de introducir costumbres del mundo capitalista en el deporte soviético, obtener vodka y carne de forma irregular en las épocas de hambruna y robar material del Spartak para venderlo en el mercado negro. Acusaciones claras, pero que no se hicieron públicas. Starostin las admitió. Reconoció que había criticado el deporte soviético persuadido por sus hermanos y todos fueron condenados a diez años de trabajos forzados en el gulag.

Pyotr Starostin salió de Lubyanka con tuberculosis y Andrei tardó meses en volver a caminar. Los hermanos no volvieron a verse las caras en doce años. Sus nombres fueron borrados de los libros deportivos. Nikolai fue a parar al campo de Ukhta, en Siberia. Una zona de pozos petrolíferos al lado del Ártico. Al ingresar se encontró a mucha gente relacionada con el fútbol y rápidamente le dijeron que fuera a ver al comandante del campo, un tal Burdakov, fanático del fútbol y conocedor de la leyenda de Nikolai. Además de llevar la prisión tenía un equipo patrocinado por la policía secreta y enseguida le dijo a Starostin que por favor lo entrenara. A cambio, le dio un pase de veinticuatro horas para trabajar fuera del campo de concentración y la posibilidad de dormir en las instalaciones del equipo en lugar de en los barracones con los demás internos. Sus hermanos corrieron idéntica suerte. Andrei, en Norylsk, entrenó al Dinamo local, formando por criminales y alcohólicos de la penitenciaría, y Alexandr, al Perm. Khabarovsk, al lado de la frontera china, fue el siguiente campo al que fue destinado Nikolai. También allí lo quisieron en el acto como entrenador del equipo de fútbol del lugar. Posteriormente haría lo mismo en su tercer destino, Komsomolsk del Amur.

Vasily, el hijo de Stalin, salva a Nikolai para que dirija su equipo.

A Starostin, que seguía privado de libertad, en 1948 de repente un día le llamó Vasilii Stalin, hijo del mismo secretario general para que se hiciera cargo del equipo de la fuerza aérea. Contrató a los mejores profesionales y dispuso de unas instalaciones extraordinarias. Pese a todo, lo detuvieron en Moscú de nuevo y lo enviaron al Cáucaso Norte, a Maikop. Vasilii logró sacarlo. Nikolai pidió que lo enviaran a un lugar tranquilo. Su destino fue Ulyanovsk, la localidad donde nació Lenin, en el sur, y allí se puso a entrenar al Dinamo de la ciudad. Luego tuvo un destino más en Kazajistán, en Almolinnsk, donde se hizo cargo del equipo local, el Kairat, tanto de hockey como de fútbol. Esta vez le dieron una casa con jardín y su familia tenía permiso para visitarle. En 1953 murió Stalin y Beria fue ejecutado inmediatamente. Al mismo tiempo, todos los Starostin fueron rehabilitados. Solo Nikolai tuvo ánimo de volver al fútbol como entrenador.

El viejo Nikolai, leyenda del Spartak.

En 1956, el Spartak ganó la liga bajo su mando y la selección soviética, a la que también entrenaba, se hizo con el oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne venciendo en la final a Yugoslavia. Hasta 1994, Starostin fue el presidente del Spartak. Vivió muchos avatares deportivos, incluido un descenso, pero casi al final, con ochenta y ocho años, pudo ver la última gran proeza de los soviéticos. Su equipo eliminó al Nápoles de Maradona en los penales de los octavos de final de la Copa de Europa.

Con la desaparición de la Unión Soviética en 1991, Starostin supo adaptar las estructuras del club a unos tiempos en los que ya no iban a estar sostenidos por el Estado y volarían solos. Finalmente en 1994, Oleg Romantsev, en 1994, el entrenador que Starostin había contratado en 1984, le arrebató la presidencia del club, de su Spartak, del que había dibujado hasta el escudo. En 1996 murió a la edad de 94 años. Lo hizo cargado de títulos y éxitos con su equipo y también con la selección, de la que llegaría a ser presidente de la Federación, así como con distintos reconocimientos como Héroe del Trabajo, Maestro Emérito de Deportes, Orden al Mérito de la Patria, tres Orden de Lenin, o la Orden de la Amistad de los Pueblos. Pero sobre todo se marchó como uno de los personajes más importantes en la historia no sólo del Spartak de Moscú, sino de todo el fútbol soviético. Pese a la oposición de Beria.

EDUARD STRELTSOV, EL PELÉ BLANCO. YENDO DE LA JODA AL GULAG

Eduard Anatolyevich Streltsov, nacido el 21 de julio de 1937 en Perovo en los suburbios de Moscú, supo ser un bon vivant del fútbol soviético con la misma calidad y estilo de vida de George Best, aunque su apodo fue “el Pelé blanco”. Ya su biografía “Mujeres, Vodka y Gulag”, pone de relieve su estilo de vida. A los 15 años el Torpedo de Moscú lo contrató después de que su equipo filial jugó un amistoso ante el Frezer, el conjunto de la fábrica metalúrgica donde trabajaba Eduard. Desde ahí record tras record: primer jugador en la historia de la liga rusa en marcar un gol con dieciséis años. Con diecisiete, fue máximo goleador de la competición con 26 goles. En sus dos primeras apariciones con la mítica CCCP ante Suecia e India consiguió tres goles en cada partido. Decisivo para que su selección consiguiera el oro en los juegos olímpicos de 1956, dirigida por el mítico Nikolai Starostin.

El goleador de la T moscovita

Eduard tuvo varias amantes. Llevaba un peinado simil James Dean, bebía vodka, fumaba y enamoraba a las mujeres. Entre ellas una chica de 16 años, Svetlana Furtseva. Su madre Ekaterina, era una de las personas más poderosas de la URSS, la primera mujer que accedió al Politburó y muy cercana al presidente Nikita Khrushev. En el festejo oficial por el oro olímpico, Ekaterina Furtseva abordó a Streltsov y le sugirió que se case con su hija. El delantero se negó porque ya estaba prometido a otra mujer. Luego a espaldas de la funcionaria, Streltsov parece haber ofendido a su primogénita con frases como “Nunca me casaré con ese mono” o “Prefiero que me ahorquen antes de casarme con esa chica”. Furtseva nunca olvidaría esa afrenta y los acontecimientos posteriores parecen demostrarlo.

Mi sueño era jugar el mundial y tener el copete bien peinado

Cuando la selección soviética se concentra en la localidad ucraniana de Tarasovka preparando para el Mundial de Suecia de 1958, Streltsov acude con dos compañeros de la selección a una fiesta organizada en la casa de campo de Eduard Karakhanov, un oficial del Ejército Rojo que acaba de regresar de la zona oriental soviética. Allí conoce a Marina Lebedeva, una chica de veinte años con la que terminan juntos el resto de la noche Al día siguiente Marina lo denuncia por violación.

Muchos testimonios negaron que tal cosa ocurriera, defendieron la inocencia de Streltsov. La estrella al parecer confesó obligado por el general, el supuesto verdadero culpable. Le habría ofrecido una inmunidad que nunca llegó. Otros compañeros de equipo dijeron por lo bajo que a Streltsov le exigieron que dejara el Torpedo de Moscú por el CSKA o el Dinamo de Moscú, a lo que se habría negado. El entrenador soviético Gavriil Kachalin había intercedido por él y los obreros de la fábrica de ZIL, origen del Torpedo de Moscú, amenazan con ponerse en huelga si no liberan a su ídolo. La prensa oficial lo condenó por su contucta occidental y decadente, “Tiene la enfermedad de la estrella”, escribe Pravda, “fuma, bebe y provoca peleas”.

Lo cierto es que la gran estrella soviética para el Mundial del ’58 no sólo quedó afuera de la convocatoria final sino que también fue condenado a doce años de trabajos forzados en un gulag siberiano 1200 kilómetros al noreste de Moscú. El pibe del jopo cumplió cinco años cargando troncos a cuarenta grados bajo cero, trabajando en la transformación de uranio para su uso en un reactor nuclear o picando en una mina de granito. Sufrió torturas y golpes en el campo de Lesnoi, por enfrentarse a unos guardias. Luego es trasladado a otro, en el que tiene más suerte. El director de su centro era un fanático de su fútbol y organizó un equipo solo para que Streltsov pudiera deleitarle con su calidad. Ell nuevo secretario general Leonid Breznev recibe miles de cartas de sus compañeros pidiendo su liberación Tras un año para reponerse, se reincorpora al Torpedo de Moscú finalmente en 1963.

Streltsov en modo Bochini tras el Gulag

El Streltsov que llegó no era físicamente el mismo. Nunca hablaba sobre su experiencia en el gulag, había perdido siete años de su carrera. Ya no era tan veloz pero su calidad seguía intacta. El Torpedo logró ganar una Liga y una Copa. Eduard fue dos veces Futbolista Soviético del Año. En 1970, con 33 años, se retira del fútbol.

 Eduard entrenando al piberío

El Pelé Blanco Streltsov, con mucho menos pelo, siguió vinculado al Torpedo como entrenador de juveniles y despuntó el vicio como jugador de los veteranos, hasta que un cáncer de garganta, según muchos provocado por sus duros años en el gulag, se lo llevó el 22 de julio de 1990 con sólo 53 años. En su lecho de muerte, Eduard Streltsov confesó a su esposa que él nunca violó a nadie y que el Gobierno le había amenazado con matar a toda su familia si iba diciendo por ahí la verdad. El 22 de julio de 1997, siete años después de la muerte de Streltsov, una mujer dejó flores en su tumba. Era Marina Lebedeva, la chica que cuarenta años antes le había acusado de haberla violado. Su reputación fue restaurada totalmente de manera póstuma 2006. A cincuenta años del campeonato olímpico en Melbourne, Streltsov recuperó su merecida medalla de oro. Los hinchas del Torpedo y los amantes del fútbol soviético lo recuerdan con cariño al Pelé Blanco que se perdió un mundial atrapado en un gulag. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS USADAS EN EL POST

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