Goles agónicos: edición de ascenso

El gol es la emoción máxima, el orgasmo mayor del fútbol, ¿quién puede dudarlo? Pero cuando ese tanto se da sobre el cierre de un partido y sirve para definir algo, cuando esa alegría es agónica todo se multiplica por mil. He aquí un repaso de 5 goles postreros que hicieron historia en el ascenso nacional, con un bonus.

Defensa y Justicia zafa de la guadaña (I)

La temporada 2005/06 de la B Nacional se jugó con 20 equipos, que se enfrentaron todos contra todos en un Torneo Apertura y un Clausura. Pero a la hora de los promedios, las tablas estaban divididas según si cada club era directa o indirectamente afiliado a la AFA, habiéndose establecido que habría un descenso y una promoción para salvar la categoría por cada una de dichas zonas. En la metropolitana, El Porvenir y Defensa y Justicia llegaban a la 19º y última fecha del Clausura como únicos protagonistas de la pelea por evitar la caída a la B Metro. Con 135 puntos acumulados el equipo de Gerli y 138 unidades reunidas los de Florencio Varela, todo hacía pensar en la previa que aquellos estaban casi condenados al descenso, mientras que el “Halcón” tenía prácticamente asegurado el repechaje para evitar la guadaña.

Sin embargo, aquel 13 de mayo de 2006 El Porvenir hizo los deberes y superó como local 2-0 a la recordada Comisión de Actividades Infantiles, institución de la lejana Comodoro Rivadavia que no jugaba por nada aquella tarde. El problema para Defensa es que recibía a un rival (el San Martín sanjuanino) que sí jugaba por algo, dado que necesitaba un buen resultado para asegurar su ingreso al reducido por el segundo ascenso.

Así las cosas, no sorprendió tanto que el “Santo” se fuera en ventaja al descanso gracias al gol de Marcelo Laciar. Mientras avanzaba el complemento el resultado no se alteraba y eso, sumado al resultado que sería final en Gerli, hizo que El Porve alcanzara transitoriamente en la tabla de promedios a DyJ, forzando un desempate para ver quién bajaba a la B Metro en forma directa y quién debía jugar la promoción contra un equipo de dicha categoría.

Sin embargo, el fútbol tiene momentos maravillosos e inolvidables. Minuto 50 del segundo tiempo en el “Norberto Tomaghello”, última pelota de la tarde y todo Defensa -incluido su arquero Guillermo Hernando- que va a buscar en el corner la salvación, aunque sea por algunas semanas. Lo que sigue es esto:

Con ese gol de Jesús Nievas, pudo Defensa y Justicia mandar al descenso a El Porvenir (en una caída que pocos años después llegaría incluso hasta la Primera “D”) y logró un poco de aire para mantener la categoría. El elenco de Rubén Agüero luego jugaría la promoción ante el Deportivo Morón, en una serie que sin dudas entró en la historia grande de nuestro ascenso.

Talleres vuelve a la élite

Cuando el 4 de julio del 2004 Talleres bajó a la B Nacional tras perder su serie de promoción ante Argentinos Juniors, seguramente ni el más pesimista de sus hinchas imaginó que comenzaba un largo peregrinar por el mundo del ascenso, que no sólo incluyó 3 etapas en la B Nacional (2004/09, 2013/14 y 2016), sino un par de oprobiosos pasos por el Torneo Argentino, luego denominado Federal “A”.

Sin embargo, tras mucho sufrimiento para la gente del “Tallarín”, la llegada de Frank Darío Kudelka le permitió a la institución comenzar a ver la luz en el plano deportivo, al margen de la buena gestión hecha fuera del campo de juego por Andrés Fassi y la gente del Pachuca. Así fue que en octubre del 2015 el albiazul logró el ascenso a la BN, para encarar un torneo que al cabo del primer semestre del siguiente año, depararía un único ascenso a la máxima categoría.

La campaña de Talleres en ese semestre del 2016 fue realmente excepcional y faltando pocas fechas tenía el campeonato al alcance de las manos: con 44 puntos sobre 54 posibles, los dirigidos por FDK únicamente podían perder el título a manos de un Chacarita que estaba 8 puntos abajo a sólo 3 jornadas del final. ¿Habría lugar para la debacle?

En el marco de la 19º fecha, Chaca vapuleó en su casa 4-0 a Independiente Rivadavia y pegó la oreja a lo que pasaba en Floresta, donde el irregular All Boys recibía a la “T”. Esa tarde del 5 de junio, al cabo de más de 80 minutos el “Albo” y los cordobeses no se sacaban ventajas, en un resultado que le servía a los de San Martín para achicar a 6 puntos la diferencia con el líder cuando restaban un par de fechas por jugar. Más aún le servía al escolta el resultado cuando a los 38 minutos del complemento Germán Lessman -el Wayne Rooney argento (?)- puso en ventaja al local, aunque rápidamente la visita asimiló el golpe y 60 segundos más tarde Gonzalo Klusener puso nuevamente la paridad en el score. Ahí sí, daba toda la sensación que los cordobeses iban a tratar de asegurar el empate, definiendo el torneo a su favor la semana siguiente cuando fueran locales ante no menos de 40.000 almas.

Pero el experimentado Pablo Guiñazú tenía otros planes y no quiso estirar una semana más la ansiedad por la coronación. Entonces, cuando se jugaban ya 49 minutos del complemento (de hecho, habían pasado unos pocos segundos de los 4´ que el árbitro había adicionado), el veterano de mil batallas encontró la pelota en la puerta de área grande e hizo esto:

Ese zurdazo del “Cholo” significó el final de una larga noche para Talleres. Y a partir de allí -al menos hasta el día de hoy- todo ha sido alegría para el pueblo albiazul, con destacadas campañas en la Superliga y la clasificación a la fase previa de la Libertadores 2019 incluida.

Brown y su segundo ascenso al Nacional

A lo largo de buena parte de su historia, el Club Atlético Brown fue una institución que deambuló entre la Primera “D” y la Primera “C”. Sin embargo, desde que en 1997 el club de Adrogué ascendió a la B Metro jamás volvió a los bajos fondos del ascenso y lenta pero sostenidamente, fue creciendo dentro y fuera de la cancha. El punto máximo de ese crecimiento se dio en el torneo 2012/13, cuando le ganó por penales a Almagro y llegó por vez primera a la máxima categoría del ascenso argentino. Pero la experiencia fue breve y pese a una digna campaña, el equipo de Pablo Vicó (quien había asumido en su cargo en 2009) no pudo mantenerse en la B Nacional.

Sin embargo, el técnico del bigote ya era parte del inventario del club a esa altura, y por eso no sorprendió demasiado que continuara en su cargo en el retorno a la Primera “B”, cuya temporada 2015 fue tal vez la más emocionante que se recuerde en mucho tiempo. Con 3 equipos llegando cabeza a cabeza en la cima de la tabla de posiciones hasta la fecha de cierre, los caprichos del fixture depararon que un par de ellos debieran cruzarse entre sí; mientras pegaban la oreja a la radio o clavaban la vista en el celular para ver qué ocurría con el restante integrante de ese trío, que se jugaría su suerte en el oeste del conurbano. Es que Estudiantes, líder con 79 puntos al cabo de 41 fechas, debía visitar nada menos que a uno de sus escoltas, Defensores de Belgrano, que acumulaba 78 unidades al igual que Brown, que visitaría a un Morón ya clasificado al reducido por el segundo ascenso.

Una vez comenzados ambos encuentros, al toque Brown se puso en ventaja gracias al gol de Guillermo Pfund, tanto que le daba el título a los del sur; pero el “Gallo” lo empató a los 15 minutos de ese primer tiempo por intermedio de Adrián Peralta y eso ponía nuevamente a Estudiantes como campeón de la divisional. Un “Pincha” que, a lo largo de 90 eternos minutos, aguantó los embates del “Dragón” y de esa manera provocaba que en Caseros ya comenzaran los festejos, pensando en volver a la BN después de 14 largos años… pero alguien tenía preparada una sorpresa.

Ese era Juan Manuel García, delantero de Brown que había saltado a la cancha en el complemento reemplazando a Maximiliano Brito. Se consumía el tiempo en el “Nuevo Francisco Urbano” y los dirigidos por Vicó veían como se esfumaba la chance de obtener la corona. De hecho, ya se habían jugado 3 minutos y medio de los 4 que había agregado el juez Lucas Di Bastiano, cuando la visita tuvo la que sería su última oportunidad: llegó entonces el tiro de esquina desde la izquierda ejecutado por Guillermo Sánchez, alguien la bajó de cabeza y por el segundo palo -como una aparición fantasmagórica- apareció la camiseta “18” del tandilense, quien con un derechazo la mandó a guardar y desató una explosión en Adrogué y alrededores.

Carnaval, locura, éxtasis, todo junto para el “Bigotón” y sus muchachos, que alcanzaron la corona de la que probablemente sea la mejor manera de lograrla, con el último aliento. Luego de ese ascenso -del cual quedó como imagen icónica la del DT abrazando a la mascota del club local-, Brown logró asentarse en la B Nacional y allí se mantiene hasta el día de hoy. ¿Su técnico? Sigue siendo Vicó, claro está.

Temperley y un guiño del destino

Si hay un club sufrido en el fútbol argentino, ese es Temperley. Luego de tener breves estadías en Primera División en las décadas del ´70 y del ´80, la institución del sur del conurbano ingresó en un cono de sombras que la llevó a caer en 1989 en la Primera “B”. Pero para sus hinchas lo peor estaba por comenzar: al terminar la temporada 1990/91 el club entró en quiebra, cerró sus puertas por orden judicial y -caso único en la historia de la AFA- se le prohibió competir oficialmente por el término de 2 años algo que no hicieron con Racing por ejemplo.

Para colmo, al volver en 1993 a la vida deportiva, el “Gasolero” debió hacerlo en la “C”, divisional inmediatamente inferior a la que estaba en el momento de su desafiliación, de la cual encima tardó un par de temporadas en salir. A partir de allí, el equipo de casaca celeste vivió 20 años de irregularidad, los cuales pasó en su gran mayoría en la B Metro, salvo un par de temporadas en el Nacional (1996/97 y 1999/2000). Por ello, al comenzar la campaña 2013/14, los hinchas veían como algo lejano la última participación en la principal divisional del ascenso, recordando con especial frustración ese ascenso que se escapó en la última fecha de la 2005/06 a manos de Platense.

¿Platense dijimos? Como el fútbol es tan puto (?), sería justamente el club de Vicente López el rival de Temperley en la final del reducido por el segundo ascenso. Lejos del campeón Nueva Chicago, el CAT había sido un digno subcampeón de la mano de Ricardo Rezza, quien había llegado pocos meses antes al club y que a esa altura tenía en el lomo nada menos que 3 ascensos a la “A” y uno a la BN. Pero la historia no sólo mostraba que en el 2006 Tense le había robado un ascenso agónicamente al “Cele”, sino que había otro antecedente más doloroso aún para su gente: aquel desempate de la 1986/87, cuando en Parque Patricios el ya denominado “Fantasma del descenso” ganó 2-0 el duelo mano a mano para mantener el lugar en la elite y mandó al Nacional al cuadro que en ese entonces dirigía el inolvidable Rodolfo Motta.

La serie arrancó el 5 de junio en Vicente López, donde el Platense de Sebastián Méndez venció 1-0 gracias al tanto de Patricio Rodríguez a 10 minutos del pitazo final. Con esa ventaja mínima pero nada despreciable, 72 horas más tarde los rivales se volvieron a ver las caras en el “Alfredo Beranger”, donde miles de hinchas se dieron cita para ver si después de tantas amarguras la vida les tiraba un centro.

Pero el tiempo pasaba, los minutos se agotaban y no había manera de vulnerar al uruguayo Claudio Flores para al menos, forzar la definición por penales. Parecía que además de quedarse con el ascenso en juego, el CAP volvería a dejar una marca indeleble en su rivalidad con Temperley… pero ese 8 de junio de 2014 la historia iba a ser distinta. Habían transcurrido ya casi 44 minutos del complemento en el sur, cuando el veterano Gastón Aguirre metió un pelotazo desesperado, Leonardo Di Lorenzo la peinó en la puerta del área y Ariel Rojas -juvenil delantero que saltó desde el banco- metió un suave derechazo que recordamos acá:

Y después de esa agónica victoria, Temperley debió esforzarse en los penales (ganó 5-4 al cabo de 14 ejecuciones) para lograr su esperado retorno al principal campeonato del ascenso argentino. Como si ese milagroso éxito hubiera sido un terrible envión, el “Gasolero” aprovechó la coyuntura del fútbol nacional en ese momento y en el semestre siguiente -ese de los 10 ascensos en la B Nacional- logró quedarse con uno de ellos; por lo que terminó subiendo 2 categorías en apenas medio año y volvió a la elite luego de 28 largos años de ausencia.

Anconetani, el hombre del retiro soñado

Sin lugar a dudas, el nombre de Albano Anconetani se transformó en los últimos años en sinónimo del fútbol del ascenso. Experimentado arquero surgido de las inferiores de River, el tipo tras una larga carrera en el fútbol de los sábados llegó a mediados de 2013 a Defensores de Belgrano, club que militaba en la Primera “B”. Pero que pese a una gran temporada en la 2013/14 (terminó en el 5º puesto), se fue al descenso en virtud de las pésimas campañas registradas con anterioridad. Sin embargo, a Anconetani no se le cayeron los anillos por tener que jugar en la “C”, y fue pieza clave del equipo que en 6 meses logró un rápido retorno a la divisional superior.

Ya convertido en símbolo del club de Nuñez, el guardameta durante los siguientes 3 años buscó infructuosamente el ascenso a la B Nacional, categoría en la que el “Dragón” había estado entre los años 2001 y 2005 solamente. Y una nueva oportunidad llegó en la temporada que acaba de culminar, cuando Defe alcanzó la final del reducido por el segundo ascenso, en donde se vería las caras ante ese engendro (?) llamado UAI Urquiza. Pero no sólo se trataba de una nueva oportunidad de subir, ya que por decisión propia del arquero esta sería la última chance: a punto de cumplir 42 años de edad, sentía que había llegado el momento de dejar el fútbol y pasara lo que pasara en la final, él tenía decidido colgar los guantes.

Así fue que tras un anodino 0-0 en el duelo de ida jugado en Villa Lynch, el 26 de mayo llegó la revancha en el “Juan Pasquale”, donde una multitud llegó esperando ver el tan postergado ascenso rojinegro. Sin embargo, un latigazo de Federico Mazur cuando se jugaba poco más de un cuarto de hora silenció al estadio al poner en ventaja al visitante, que a partir de allí comenzó a jugar con la desesperación de los dirigidos por Fabián Nardozza, que veían como se escapaba una nueva chance de subir al Nacional; la más clara para el club tal vez desde aquella promoción perdida en 2011 ante el Independiente mendocino.

Parecía que no habría manera alguna de vulnerar esa noche a Ignacio Pietrobono, el arquero de la UAI. El dueño de casa iba e iba pero en forma infructuosa, sin poder llegar a ese empate que llevara la cuestión a los penales. Pero como si del mejor guión para una película se tratara, cuando ya se jugaban 47 minutos del segundo tiempo apareció EL en un corner  a favor de su equipo y esto fue lo que sucedió:

Pero la heroica noche de Anconetani no iba a terminar con ese agónico gol de Pablo Miranda. Ya en la tanda de penales, el experimentado “1” atajó un par de remates y posibilitó el ascenso de Defensores al Nacional, teniendo de esa forma un retiro verdaderamente soñado. Con las pulsaciones todavía a mil, estas fueron sus primeras palabras cuando fueron a buscarlo para conocer sus sensaciones: “Es una gloria haber ascendido con este club, una alegría enorme. Este grupo se lo merece más que nadie. Todos pusieron su granito, incluso los hinchas… En el gol, Nardozza me mandó para que fuera a buscarla, no quedaba otra. Era la última jugada y por suerte se dio. Hoy fue mi último partido. Lo elegimos con mi familia y amigos. Quiero agradecer a todos los periodistas, dirigentes, técnicos, compañeros, utileros, y especialmente a mi señora Paola y mis dos hijos”. Y pocos días más tarde, ya mucho más tranquilo, cuando le consultaron acerca de esa última jugada el arquero contó su pequeña (gran) clave para haber ganado en el área rival: “-¿Llegaste apurado o fuiste en carrera a propósito a cabecear?-En el entrenamiento, cuando hacíamos reducido, me di cuenta de que ganarle a un defensor de arriba es prácticamente imposible. Entonces pensé que la única chance que tenía, contra la defensa de la UAI, era ir en carrera. Por suerte sirvió para asistir al “Pájaro” Miranda cuando se terminaba el partido y lograr el empate”.

BONUS TRACK

Defensa y Justicia zafa de la guadaña (II)

Comenzamos este post narrando la historia de la última fecha del torneo de la B Nacional 2005/06, cuando Defensa y Justicia -con aquel gol agónico de Nievas tras la asistencia de su arquero- logró evitar un desempate por el descenso.

Pero como había un descenso directo y una promoción para no irse a la B Metro, el “Halcón” aún no estaba salvado del todo y debió cruzarse con el Deportivo Morón, que había ganado el reducido de dicha divisional. Serían, tal como se estilaba en aquellos tiempos, dos duelos mano a mano, 180 minutos de tensión en los que en caso de empate en puntos y goles mantenía la categoría el equipo de la división superior. Y cuando el 31 de mayo de 2006 en Morón, el local y los de Florencio Varela empataron 1-1 más de uno pensó que la vuelta sería poco más que un trámite para DyJ… pero nada más lejos de la realidad.

Eso a pesar de que aquel frío y nublado sábado 3 de junio, a los 2 minutos de juego el  equipo del “Carancho” Agüero se puso en ventaja con un cabezazo de Rubén Ferrer. Pero antes del entretiempo, la visita dio vuelta el resultado con tantos de Damián Akerman y Ceferino Denis, pudiendo haberse ido al descanso incluso con algún gol más a su favor. Gol que si encontró a los 1o´ del complemento, por intermedio del goleador Akerman: con apenas 35 minutos por jugarse y un par de pepas de ventaja, cualquier espectador hubiera creído que no había manera de que se le escapara a Morón ese ascenso que venía buscando desde el año 2000. De hecho, estaba más cerca el elenco del “Gato” Daniele del 4-1 que el local de llegar siquiera al descuento, pasa que Adrián Guillermo (?).

El DT del “Halcón” quemó las naves y puso en cancha al “Lobo” Saccone y el “Colorado” Zuleta, pero nada surtía efecto. Hasta le anularon un gol al pelado Nievas, por lo que la hazaña ya parecía un imposible, máxime cuando se llegó al minuto 90 con el score 3-1 para los del oeste. Pero a los 46´ del complemento el zaguero Marcos Ramírez apareció en el área visitante para descontar, mientras la hinchada visitante comenzaba a entonar un tibio “Dale campeón”, buscando que sus jugadores no se apichonaran. Incluso, hubo un conato deinvasiónde campo para apurar el final del juego, pero nosólo eso no prosperó, sino que Federico Beligoy añadió un minuto más al tiempo que ya había adicionado.

Minuto 49 y monedas. Foul al borde del área mayor visitante y última jugada de una serie de promoción que había resultado ser verdaderamente infartante. Ezequiel Miralles fue el hombre que se encargó de agarrar una pelota que quemaba, la acomodó y se dispuso a ejecutar, justo contra el arco donde había miles de hinchas de Morón sufriendo y rezando, mientras en la barrera pasaba absolutamente de todo, hasta estaba el arquero Hernando peleándose con los jugadores rojiblancos.

Con un Maximiliano Gagliardo que no veía prácticamente nada desde su arco, el “10” del “Halcón” tomó aire, corrió, pateó y:

Gol recontra agónico, 3-3 final y permanencia, la locura total para la gente de un Defensa y Justicia que no sólo zafó de bajar a Tercera División cuando estaba prácticamente sentenciado pocos minutos antes, sino que logró llegar menos de una década más tarde a debutar en la “A”… y hasta se da el lujo de jugar copas internacionales ahora.

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