Grandes goleadores argentinos: José Raúl Iglesias (Parte I)

Si hay un apellido que es sinónimo del gol en la década del ´80, ese es sin dudas el del hombre surgido en San Lorenzo, pero cuyos mejores recuerdos están ligados a Racing, Huracán y Sarmiento. En el retorno de esta sección, hoy vamos con la historia del gran “Toti”, desglosada en dos partes que publicaremos hoy mismo.

“Soy un tipo que con pocas condiciones técnicas consiguió mucho en el fútbol. Nunca imaginé que tendría un reconocimiento tan importante como el que noté tras haber dejado, considerando que no fui un gran jugador de fútbol”. De esta manera, bastante concreta y humilde por cierto, José Raúl Iglesias Mastantuono se definió a sí mismo ante el requerimiento del entrevistador de turno, en el marco de una nota brindada a la desaparecida revista “El Gráfico”, en marzo de 2017.

Pero más allá de que jamás fue un dotado para jugar al fútbol, este hombre hizo del gol un arte, un verdadero oficio. Dueño de una carrera por demás particular y de una gran sabiduría para desempeñarse en el puesto de centrodelantero (aunque no arrancó jugando allí), trataremos de recrear fielmente su prolongada trayectoria, la cual tuvo sus mejores momentos en la década del ´80.

José Raúl Iglesias nació el 6 de marzo de 1957 en la Ciudad de Buenos Aires, en el seno de una familia de clase media. Su infancia transcurrió en el barrio de Boedo, de hecho su casa estaba ubicada a apenas 5 cuadras del viejo estadio del Club Atlético San Lorenzo de Almagro; sin embargo, no eran los colores de ese cuadro los que le tiraban, sino los de River… lo cual tiene cierta lógica, dado que su primer y gran ídolo fue un tal Luis Artime, el notable artillero de las décadas del ´60 y ´70 que se destacara en Atlanta, River e Independiente, además de hacerlo en las ligas de Brasil y Uruguay: De pibe mi apodo era “Artimito”. A los 6 años jugaba en el barrio, pateaba contra la pared y transmitía el partido. Ahí decía que era (Luis) Artime y gritaba los goles, y  mira lo que es la vida que años después me dio la oportunidad de definir un campeonato, en la B, contra el Atlanta dirigido por él.

La vida más temprano que tarde golpeó fuerte a Iglesias, dado que a los 11 años de edad perdió a su padre. Siendo además hijo único se apoyó mucho en su madre, quien jamás le negó la posibilidad de jugar al fútbol pero a la vez le pidió algo especial. “Un día me agarró y me dijo: “Si querés jugar al fútbol, jugá, lo único que te pido es que estudies, por si no te da, que termines el colegio”. Es una historia linda esa. Nunca tuve que trabajar y le estoy muy agradecido a mi madre porque ella se ocupó de todo, pero no le podía fallar con el estudio. Hice la primaria y la secundaria y cuando llegué a sexto año, porque estudiaba en una escuela técnica, me subieron a la Tercera de San Lorenzo y se me complicó, así que dejé, aunque sabía que no le había cumplido a mi madre. Cuando me retiré, a los 34 años, fui a mi colegio, hablé con el director y le pedí que se fijara en los registros para que pudiera dar las 6 materias que me faltaban. Dí las 6 materias, los vagos se reían, me preguntaban qué hacía ahí, yo era ya un goleador que acababa de retirarse. Me dieron el título, fui a la casa de mi madre y le dije: “Acá tenes lo que te prometí”. No era algo que me reclamara, sí una asignatura pendiente para mí, quería cumplir con mi palabra”.

San Lorenzo: el gran debut

Pese a no ser hincha de San Lorenzo, a fines de la década del ´60 el joven Iglesias comenzó a jugar en las divisiones inferiores del club de su barrio, soñando con dar algún día el salto a Primera División. Y en ese trayecto tan importante de la vida de un ser humano, José se cruzó con alguien que le dio muchos consejos futbolísticos pero también de los otros, de esos que sirven para la vida: “Crecer sin padre es un cachetazo tremendo. Pero por suerte tuve a Carlos Román en San Lorenzo, que fue como un padre para mí. Me orientó, me obligaba a acostarme temprano, me tenía en caja. Fue el tutor que cuando metía la pata, me cagaba a pedos y cuando tenía que ir a mi casa para hablar con mi vieja, lo hacía”. Respecto a la cuestión deportiva, ese maestro le enseñó cosas que este goleador utilizó hasta los últimos días de su carrera. ¿Cuáles por ejemplo? Cuando tenés un mano a mano entrando desde el costado, hay dos puntos en los cuales el arquero está endeble: primer palo arriba y segundo palo abajo. Si te parás adelante del arco, ves clarito esos dos agujeros. Y cuando entraba de frente, apuntaba a la bisectriz que forman los palos y el arquero, por lo general pateaba a un metro de cada pierna y era gol seguro. Eso se practica y se mecaniza… yo erraba muchísimo ante el arquero, pero él me hizo ver que era una cuestión de astucia y no de fuerza”.

La hora del gran debut en la máxima categoría le llegó el 18 de febrero de 1976, por la 2º fecha de la Fase Inicial del Torneo Metropolitano. Dirigido por una gloria del CASLA recientemente retirada (Alberto Rendo), ese día el joven delantero arrancó como titular y jugó 79 minutos, en el 1-1 registrado en Boedo ante Argentinos Juniors. ¿Su primer gol? Llegó muy poco tiempo después, en el 2-1 logrado en el mismo “Gasómetro” ante Unión, la tarde del 17 de marzo. Y ya en el primero de los muchísimos goles que haría en su carrera, el pibe dio una gran muestra de personalidad: Fue mi tercer partido, se estaba incendiando la cancha porque veníamos medio mal. Perdíamos 1-0, Unión tenía un hombre menos y faltando 10 minutos el “Toscano” Rendo me metió y me dijo: “Hacé lo que puedas”. A los dos minutos nos dieron un penal, encima el arquero era (José) “Perico” Pérez, un gran atajador de penales. Yo era un pibito de 18 años y de caradura fui a pedírselo a Mario Mendoza y Ricardo Maletti, los capos del equipo. “¿Te tenés fe?”, me preguntó Maletti. Dije que sí, agarré la pelota, cerré los ojos y metí un bombazo. Lo único que me acuerdo es que la vi picando dentro del arco y que me colgué de la red. Enseguida metimos el 2-1 y ganamos”.

Ese Metropolitano en el que San Lorenzo anduvo bastante bien en la primera mitad (fue 4º entre los 11 equipos que conformaban una de las dos zonas clasificatorias) pero muy mal en la ronda por el título -culminó último entre los 12 conjuntos que la integraron- se cerró para Iglesias con 18 partidos jugados y 5 goles convertidos… lo cual no estuvo nada mal para un debutante. Nada que ver su situación en el Torneo Nacional, que se disputó en la parte final del año, donde apenas jugó un encuentro (45 minutos en realidad) en el certamen que vio a un horrible CASLA terminar 8º entre los 9 participantes de la Zona “D”.

De ese inolvidable año ´76, a Iglesias no sólo le quedó el recuerdo de haberse convertido en futbolista profesional, sino también que fue el momento en que recibió el apodo que lo acompaña hasta nuestros días: “El que me bautizó como “Toti” fue un compañero de la Novena de San Lorenzo, de apellido Herrera, por mi parecido con Carlos Veglio, quien era a esa altura una figura histórica del club. Mi compañero decía que me parecía físicamente y por eso me apodó así. Nunca imaginé que se iba a hacer tan popular, incluso hay mucha gente que no sabe cómo me llamo. Con Veglio llegué a estar un par de meses cuando subí a Primera, antes que se fuera a Boca, y un día lo encaré con vergüenza y le dije: “Carlos, no lo tome a mal, a mí me dicen así por usted, pero si quiere…”, le comenté. Él se reía, un fenómeno, me dijo que no me preocupara. Yo no quería que lo tomara como una falta de respeto”.

Ya en 1977 su desempeño mermó respecto al Metropolitano del año anterior, toda vez que disputó apenas 5 encuentros y no pudo convertir. Pero para que el delantero jugara tan pocos partidos, no influyó solamente su juventud, sino principalmente el hecho de que a mitad de año, y cuando al torneo le faltaba más del 50% de su desarrollo, fue transferido al fútbol del exterior. Pero si bien ahora el ascenso europeo es habitual opción para muchos jóvenes argentinos, la realidad es que se trataba de un destino para nada frecuente en ese tiempo para jugadores de tan corta edad.

España: crecer a los golpes

Con apenas 20 años cumplidos, Iglesias fue a parar nada menos que al Barcelona… Atlético, también conocido como “Barcelona B” y obviamente se trataba del filial del mundialmente famoso FC Barcelona.

Habría que ver como se adaptaba el argentino a un nuevo club, un nuevo país y hasta un nuevo medio futbolístico, ya que encima el Barca B había descendido a la Segunda B e iba a tener que jugar en un campeonato que era un verdadero infierno. ¿Pero cómo fue que el tipo llegó a España aquel 4 de agosto del ´77? “Pude hacerlo como “oriundo”, dado que mi viejo había nacido en Orense, Galicia, y no ocupaba plaza de extranjero en una época donde podían jugar sólo dos por club. Yo tenía 20 años y me lo propuso Josep María Minguella, el mismo que años después llevó a Diego Maradona. Se jugó unos boletos como con (Jorge) Valdano, que le salió genial. Total, costaba dos mangos… se jugó esa ficha”.

Pero la apuesta no le salió ni al agente de jugadores ni al propio futbolista, que llegó demasiado crudo a un medio que se lo devoró, tal como el mismo lo ha reconocido: Yo no estaba preparado. Me llevé a mi novia Esther, que es mi mujer actual, y me casé en España. La Segunda allá era muy fuerte y yo no era un tipo fuerte, habré metido solamente 7 u 8 goles en un año y medio”. Sin embargo, esa primera campaña en suelo ibérico le tendría reservada una alegría al argentino en el tramo final. Sucede que el Recreativo de Huelva fue subcampeón en Segunda División aquella temporada de 1977/78, logrando el primer ascenso de su historia a la máxima, e Iglesias integró el equipo en las últimas jornadas: “Con Huelva ascendí a Primera, pero la realidad es que fueron apenas 5 partidos porque al final del campeonato se les lesionó un delantero y me permitieron fichar por ellos”.

Para la temporada 1978/79 el “Toti” volvió a la Segunda B, aunque lo hizo esta vez defendiendo los colores del modesto Logroñes, conjunto riojano que había logrado ascender a esa división desde la Tercera. Allí estuvo solamente 6 meses, jugando 7 partidos y marcando un par de goles… al cabo de un año y medio en los bajos fondos del fútbol español, se cerraba así la primera etapa de Iglesias en el exterior.

All Boys: un gol que valió doble

A comienzos del ´79 y tras pasar 18 meses en el ascenso español, pocos eran los que se acordaban de aquel pibe que promisoriamente había surgido años antes en Boedo. El modesto All Boys estaba en Primera División desde 1973 y al igual que en años anteriores, indudablemente el objetivo para el club de Floresta sería el de mantener la categoría. Y la verdad es que el tema de la permanencia iba a estar áspero ese semestre, dado que el Metropolitano de 1979 se jugaría con un par de grupos -de 10 equipos cada uno- y los equipos que culminaran en el 9º y 10º puesto tanto de la Zona “A” como de la “B”, quedarían condenados a jugar un cuadrangular en el que habría 3 descensos a la Primera “B”, principal torneo del ascenso por aquellos años.

La campaña de All Boys fue realmente floja (ganó apenas 5 partidos de 18), peleó abajo durante todo el torneo con Atlanta y Chacarita, pero en la antepenúltima fecha llegó la salvación: con un gol de Iglesias a sólo 10 minutos del final del encuentro en Liniers, le ganó 1-0 a los suplentes de un Boca que estaba en plena disputa de la Copa Libertadores, condenando de esa manera al “Bohemio” y al “Funebrero” a jugar el “Cuadrangular de la muerte”… donde caerían junto a GELP a manos de un Platense que empezaba a agigantar una leyenda que llegaría hasta el Siglo XXI.

Ese solitario gol en los pocos partidos jugados (6) en Floresta, terminó valiendo en realidad por unos cuantos. Ya para 1980 sin él en el plantel llegaría el temido descenso para el CAAB  y una ausencia de la elite que duró 30 largos años. Cabe destacar que pese a ese buen aporte en el Metro, para el Nacional en All Boys al “Toti” no le renovaron el contrato. Con menos de 23 años de edad y habiendo pasado en blanco el segundo semestre de 1979, muchos empezaron a considerarlo un ex-jugador… en realidad, hasta él mismo llegó a pensar eso en un momento. Pero acá es cuando la historia da un vuelco fundamental.

Sarmiento: la vuelta a la vida

Tras la regular experiencia en España y después del breve paso por Floresta, la carrera futbolística de Iglesias no estaba en una meseta, estaba directamente al borde del fin. En efecto, el tipo sentía que el tren ya había pasado y en su cabeza rondaba la idea de ganarse la vida de otra manera. Así fue que a comienzos de 1980, llegó como un total desconocido a jugarse su última ficha en Sarmiento, conjunto que si bien llevaba un par de años asentado en la Primera “B”, no estaba ni por asomo entre los candidatos a quedarse con el único ascenso en juego.

Sarmiento me devolvió la vida cuando estaba en el fondo del mar. Yo arranqué en San Lorenzo y no pasó nada, fui a España y mal, fui a All Boys y metí un solo gol, un gol a Boca que nos sirvió para salvarnos del descenso, pero un solo gol. Entonces le dije a mi señora: “Tengo 23 años, no me fue bien en casi ningún lugar, pruebo un año más y si no me va bien, me voy a manejar un taxi o a trabajar a una fábrica”. Por eso el de arriba existe: hizo “tiqui” con la varita, campeón en Junín y goleador del campeonato y ya no paré más”. De esta forma, narró en aquella entrevista el “Toti” los momentos inciertos que vivió junto a su familia en los meses previos al gran despegue en su carrera.

Sarmiento 1980

Pero vayamos por partes: días antes de llegar a Junín, los dirigentes del “Verde” no sabían prácticamente ni quién era Iglesias. El tipo entrenaba en los bosques de Palermo con jugadores libres mientras esperaba una oportunidad, y cuando ex-compañeros suyos en Boedo como León Espósito, Rubén Glaría y Rodolfo Fischer, arreglaron con Sarmiento, le dijeron al presidente del club que se llevara a ese pibe que podía ser una buena opción para la delantera.

José llegó con su bolsito, en silencio y sin mayores pretensiones: Firmé por un sueldo básico a préstamo y me preguntaron cuál era la opción de compra. Me daba vergüenza pedir una cifra. “¿30.000 dólares?”, dije, con timidez. A los 6 meses andaba tan bien que me llamó el presidente a su casa: “Estos son tus 30.000 dólares, firmame acá, sos jugador de Sarmiento”. Se adelantó, porque ahí ya se hablaba de equipos grandes”.

En el torneo de la Primera “B” de 1980, Sarmiento pese a un mal arranque fue la revelación y peleó palmo a palmo hasta el final por el único ascenso en juego con Atlanta, un equipo con mucha más historia en el fútbol argentino y que venía de descender el año anterior. ¿Y quién dirigía al club de Villa Crespo? Nada menos que Luis Artime, aquel ídolo de la infancia del protagonista de este post. Faltando pocas fechas, el “Verde” recibió al “Bohemio” cuando ambos tenían 42 puntos y compartían la cima de la tabla de posiciones: la tarde del sábado 27 de septiembre, con un par de goles de Iglesias el local ganó 2-0, y puso proa a un título que conseguiría algunas semanas más tarde.

El “Toti”, pese a no jugar como centrodelantero -lo hacía como puntero derecho en aquel entonces ya que la “9” solía usarla el “Lobo” Fischer- se las ingenió para meter 25 tantos y ser el máximo artillero del campeonato, dejando atrás a Mario Franceschini que hizo 23 y a ese ídolo riverplatense llamado Oscar “Pinino” Mas, quien marcó 20 goles. Fue una de las grandes figuras del campeón de la “B” y logró relanzar su carrera en el momento justo.

Celebrando goles con Sarmiento

Ya para 1981, y con el cuadro de Junín en la elite, Iglesias se quedó en el club con el objetivo de pelear la permanencia en el Metropolitano. Y pese a ser la primera experiencia de la institución en la “A” y al hecho de haber tenido como rivales en esa lucha a equipos de más prosapia como Colón, Argentinos, Talleres y hasta San Lorenzo, el “Verde” pudo cumplir el objetivo de salvarse, toda vez que bajaron los santafesinos y los de Boedo, vaya ironía. Para ese logro fue muy importante el aporte del goleador, que en 28 encuentros anotó 16 veces (8 de ellas de penal) y se coló entre los máximos artilleros del certamen, siendo solamente superado en esa tabla por Raúl de la Cruz Chaparro, Juan Ramón Carrasco y las dos grandes figuras del Boca campeón, DAM y Miguelito Brindisi. ¿Su gol clave? Seguramente fue el de la fecha 33, cuando contra muchos pronósticos, los juninenses le ganaron 1-0 en La Plata a un Estudiantes que aquel día -dicen- tenía cientos de miles de razones como para quedarse con los dos puntos en juego.

Luego de un año y medio de gran rendimiento en Sarmiento, estaba claro que el futuro del goleador estaba lejos de allí, iba a ser imposible para los dirigentes retenerlo. Fue así que el porteño fue transferido para el Nacional ´81 al que tal vez sea el equipo más importante del interior, pero buena parte de su corazón quedó para siempre en Junín. El mismo lo ha dicho más de una vez: Ahora no voy tanto, pero antes iba mucho, la Ciudad Deportiva tiene mi nombre, me eligieron como uno de los jugadores más importantes en la historia del club. Lo quiero mucho al club y estoy pendiente siempre de cómo le vaporque yo estaba en un pantano hundiéndome y me agarró de los pelos y me sacó para siempre.

Rosario Central: el comienzo del pe$eteri$mo

Es complicado describir el paso de José Raúl Iglesias por Rosario Central, club que abonó nada menos que U$S 200.000 de la época para hacerse con sus servicios -casi 7 veces más de lo que había pagado su anterior club-. Es que luego de estar un año y medio en Junín, el tipo permanecería casi la misma cantidad de tiempo en la cuna de la bandera antes de buscar nuevos rumbos, en algo que se tornaría habitual en su carrera y pese a que en casi todos lados rendía (y bien).

Pero él, con bastante sinceridad, alguna vez dio la siguiente explicación: No había pases grandes en esa época pero yo garantizaba entre 10 y 15 goles por campeonato, entonces venían a buscarme y proponían un dinero que favorecía a todos. ¿Si era raro que los clubes me dejaran irme? Los clubes hacían sus negocios también. Mi máxima estadía fue en Central: un año y nueve meses, y metí 29 goles. Pero después venía San Lorenzo y “pum” me compraba, venía Estudiantes y “pum” ponía la plata y me llevaba. Como yo ganaba con el 15% del pase, a mí me convenía también.

En Central en 1981

Es dable señalar que a nivel individual las cosas le salieron muy bien al “Toti” en el “Canalla”, habida cuenta que sumando el Nacional 1981, el Nacional y el Metro de 1982, y el Nacional 1983, marcó 29 goles en 67 partidos disputados. Pero los tantos de Iglesias no se vieron del todo reflejados a nivel grupal, dado que de los 4 torneos jugados durante su paso con la camiseta auriazul, lo mejor fue haber alcanzado los cuartos de final en las ediciones ´81 y ´83 del Nacional: en la primera ocasión el cuadro rosarino fue eliminado por el futuro campeón -River- y él se hizo echar por protestar en el final del duelo revancha en Nuñez, cuando su equipo buscaba ese gol que le permitiera alcanzar los penales (habían perdido 1-2 en Arroyito y la vuelta terminó 0-0); mientras que un par de años más tarde el verdugo fue el sorprendente Temperley, que recién ascendido llegó hasta las semifinales, tras superar 1-0 en Rosario al equipo que ya no dirigía Ángel Zof sino Vicente Cayetano Rodríguez, y empatar 1-1 en el sur del conurbano, el día que “Toti” marcó el último de sus goles con la camiseta del CARC.

San Lorenzo (II): breve retorno y subcampeonato

Para el Metropolitano de 1983, disputado entre junio y diciembre de aquel año, José Raúl Iglesias fue adquirido por San Lorenzo, el mismo club que lo cobijó en sus inferiores durante tantos años y que le había dado la chance de debutar en la elite casi una década antes.

En el año del retorno del “Ciclón” a la máxima categoría, “Toti” logró la mejor campaña a nivel equipo de su trayectoria -en un torneo de liga-, siendo parte del equipo dirigido por Héctor Veira que peleó con Independiente y Ferro hasta el final por la corona y que por apenas un punto terminó siendo subcampeón. Y para que los que ya no tenían su estadio en Avenida La Plata tuvieran tan buena performance, fue clave el aporte goleador del temperamental Iglesias (sumó 2 expulsiones en 28 encuentros), quien marcó 13 tantos, 5 menos que el principal artillero del equipo, Armando Mario Husillos.

“Toti” en San Lorenzo

Pero si bien CASLA le había pagado un buen dinero a los rosarinos para adquirir su ficha, cuando a fines del ´83 al goleador lo vinieron a buscar desde Europa la dirigencia no lo dudó y se desprendió de él, aunque lo hizo a préstamo por 6 meses y poniendo una alta opción de compra por su pase. Sin embargo, al igual que en 1977 cuando se fue desde Boedo a España, las cosas no le saldrían bien al delantero en su periplo ibérico.

Valencia: el gran fracaso en su carrera

Habiendo convertido 99 goles en 7 años de carrera, no extrañó demasiado en aquel momento que a Iglesias lo vinieran a buscar desde el fútbol europeo. Y si bien no se trataba de un equipo de los denominados “grandes” de España, nadie puede negar la importancia del Valencia en el concierto del fútbol español, aunque en la campaña 1982/83 el equipo se había salvado con lo justo del descenso. Sin embargo, y pese a sus buenos antecedentes, su paso por el cuadro “Che” se constituiría en el mayor fiasco de su muy buena trayectoria.

Como la temporada 1983/84 no había arrancado bien para los valencianistas, los tipos no quisieron correr riesgos y terminar sufriendo como en la campaña anterior. Por eso, a mitad de camino y en pleno invierno español, llegó a la ciudad el “Toti” para integrarse a un plantel en el que jugaba su última temporada un tal Mario Alberto Kempes, y encima no tuvo mejor ocurrencia que declarar lo siguiente: “Triunfaré en Valencia y demostraré que han acertado confiando en mí”.

En su breve estadía en Valencia

La cuestión es que su paso por el Valencia fue una verdadera pesadilla, no pudiendo demostrar nada de aquello por lo cual lo habían contratado. Hoy lo recuerda con humor, pero la realidad es que en aquel momento la experiencia para el argentino fue traumática: “Tenía 99 goles en mi carrera, me hacían notas en los diarios con el 99 formado con pelotas… y me volví 6 meses después con 99 goles. Fue el único club de los 15 en que jugué donde no pude meter ni un solo gol. Increíble. Contra el Sevilla, por Copa de la Liga fuimos a los penales y pensé “Bueno, al menos lo meteré de penal”. Como los pateaba bien, el técnico Paquito me puso quinto en la lista y perdimos en el cuarto… ni así pude”.

Así, con mucha pena y nada de gloria se fue el segundo y último paso de Iglesias por España, aunque no se trataría de su última aventura en el exterior.

San Lorenzo (III): toco y me voy

Con la cola entre las patas (?) tras su fracaso en el extranjero, el “Toti” debió volver al CASLA, club que aún era dueño de su ficha. Pero tras permanecer allí apenas 6 meses más -durante el segundo semestre de 1984- un nuevo equipo llamaría a su puerta y en lo que ya era una constante en su carrera, él aceptaría el cambio de aire.

Luego de aportar apenas un gol en los 9 encuentros disputados con un San Lorenzo que terminó en la mitad de tabla en el Metropolitano ´84 (cabe destacar que lo hizo en el 2-2 registrado en Parque Patricios en el clásico ante Huracán el 29 de julio), el tipo cerró su tercer y último ciclo en la institución que lo vio nacer, pasando a jugar en uno de los equipos que sin dudas había dominado el fútbol argentino en el período 1982/84.

Estudiantes: goles no siempre son amores

Luego de esa corta y frustrante etapa española, sumado a su gris semestre en CASLA, en enero de 1985 Iglesias llegó a Estudiantes buscando nuevos aires y decidido a relanzar su carrera. Y la verdad es que, pese a que el “Pincha” ya no sería el team poderoso de temporadas anteriores, su rendimiento a nivel individual fue muy bueno: en el Nacional ´85 el goleador aportó 6 tantos en los 12 encuentros disputados; mientras que en la primera mitad de la temporada 1985/86 -aquella en que la AFA dispuso sincronizar su calendario con los países de Europa-, jugó 16 partidos y anotó 5 goles. La verdad, el porteño había tenido un buen año con la camiseta albirroja y nadie podía reprocharle nada.

Pero al margen de lo bien que rendía en el verde césped, el “Toti” estaba sufriendo un calvario fuera de la cancha. Sucede que en aquellos tiempos donde la Autopista Buenos Aires-La Plata era un sueño lejano, realizar en auto un trayecto que en estos días insume apenas 30 o 40 minutos de viaje, demandaba no menos de 2 horas.

Así las cosas, a fines del ´85 el goleador se sentó con el presidente de ELP y le fue muy sincero: Todos los días tengo que ir y volver en auto a La Plata, llego a casa a las 4 o 5 de la tarde, no sé si almorzar o merendar… el primer club que venga, por favor, véndanme.

Y el primer club que puso la platita para llevárselo fue nada menos que el eterno rival de su club de origen, cosas que tiene el fútbol. ¿Y cómo se tomó el hincha sanlorencista su decisión de ir al bando contrario? No muy bien que digamos, claramente: En ese momento me recontra putearon los hinchas de San Lorenzo, me mandaban cartas a mi casa, pero lo que la gente no entiende es que uno trabaja de esto. Yo estaba en Estudiantes y tenía un quilombo grande en mi cabeza, con mi señora y mis hijos chicos acá, entonces le pedí a la gente de Estudiantes que me vendiera. El primero que apareció fue Huracán, que estaba muy comprometido con el descenso y ni lo dudé. Solo quería salir de ese quilombo.

Consultado 30 años después de esa movida, acerca de si no había sentido que traicionaba a los de Boedo, Iglesias dejó de lado la corrección política y respondió con la misma honestidad que lo hacía en sus tiempos de jugador, hablando de paso de uno de los temas que más debate suele generar en el mundo del fútbol: Para mí no fue una traición. Es lo mismo cuando un jugador dice que no le gritaría un gol a su ex club, ¿pero entonces no le estás faltando el respeto al que te está garpando el sueldo? Lo tomé como un laburo, yo me brindaba y me dejaba la vida por la camiseta que tenía puesta.

Huracán: un descenso y un récord

Pero si el hecho de que desde el “Pincha” lo transfirieran a Huracán aparecía como un verdadero problema teniendo en cuenta sus antecedentes, eso en realidad no era lo peor: el “Globo” estaba hasta las manos con el promedio del descenso y habiendo pasado más de la mitad de la temporada 1985/86, el delantero tenía apenas 12 encuentros para tratar de contribuir con sus goles para evitar el primer descenso en la historia del club.

El primer objetivo fue cumplido -en buena medida gracias a los 8 goles que aportó el “9”- ya que el único descenso directo fue para Chacarita. Pero los dirigidos por Don Pedro Dellacha no pudieron evitar quedar con el penúltimo promedio, lo cual los condenó a jugar un octogonal junto a 7 equipos de la Primera “B”, principal torneo del ascenso por aquellos años… y sólo habría lugar en la elite para el club que ganara ese torneo reducido.

La historia empezó bien para Huracán, que eliminó en cuartos de final a Lanús y en semifinales a Los Andes, con marcadores globales de 5-2 y 4-1, respectivamente. A priori, parecía que el objetivo de salvarse estaba al alcance de las manos, dado que el rival de la final -Deportivo Italiano- no tenía antecedentes tan buenos como el “Granate” y el “Milrayitas”. Sin embargo, los dirigidos por Ramón Cabrero fueron un hueso durísimo de roer para Iglesias y sus compañeros, a punto tal que debieron jugarse 300 minutos para dirimir la permanencia del CAH o el ascenso del ACIA: el 18 de junio ganó 1-0 (en Ferro) el equipo proveniente de la división inferior, en tanto que 3 días más tarde en campo de Vélez, se impuso 2-1 el elenco de Dellacha (ver video abajo), encuentro en el que Iglesias puso el 2-0 parcial que le daba la permanencia al “Globo”, pero que sus compañeros no pudieron sostener.

Eso llevó a la realización de un dramático tercer partido, disputado nuevamente en Liniers el 24 de junio del ´86, en pleno tramo final del Mundial de México. Aquella fría noche de invierno, miles de hinchas “Cuervos” llegaron hasta el “José Amalfitani” no sólo para hacer fuerza por el equipo de la colectividad italiana, sino también para ver morder el polvo al traidor de Iglesias, quien no conforme con haber pasado al eterno rival, pocas semanas antes y en ocasión de jugarse la última fecha del torneo 85/86, les había gritado con todo el gol del 1-0 parcial en el “Tomás A. Ducó”, en un duelo que el azulgrana luego empató gracias a Blas Giunta.

Con el score igualado 2-2 y con 119 minutos ya jugados, Claudio García fue barrido en el área de Italiano, pero Patricio Sinnot se hizo el gil y no le otorgó al “Globo” un penal que probablemente le hubiera dado la permanencia: ante esa resolución, Iglesias protestó en forma muy vehemente ante el juez y vio la tarjeta roja.

Con Huracán

Instantes después llegó la definición por penales, el hasta entonces ignoto Alejandro Lanari se convirtió en héroe y así quedó decretado el único ascenso del ACIA a la “A” y simultáneamente el primer descenso de Huracán en 55 años de fútbol profesional. Al día de hoy, más de un hincha del club cree que el “Toti” se hizo echar para no tener que patear un penal, pero eso nunca jamás podrá comprobarse.

La cuestión es que Iglesias se sentía en deuda con la institución de Parque de los Patricios, y por ello -pese a tener muchas ofertas de equipos de la “A”- se quedó a jugar el primer Nacional B de la historia, el de la temporada 1986/87. Y en la que quizás haya sido la mejor campaña de su extensa trayectoria, el animal este jugó 37 partidos y marcó nada menos que 36 goles, logrando una marca que no ha podido ser igualada al día de la fecha.

Y si el delantero jugó 37 de las 42 fechas de aquel torneo, no se debió a ninguna lesión o suspensión. Sucede que tras ver la roja en el desempate para no irse al descenso, al tipo le dieron 5 fechas de suspensión que debió cumplir en la nueva categoría: En el desempate contra Italiano, el árbitro no nos dio un penal grande como una casa en el minuto final. El “Turco” García se iba derecho al gol y (Juan) Kopriva se le tiró en tijera desde atrás, cayeron los dos rodando y dijo “siga siga”. Lo recontraputeé, me echaron, perdimos por penales y nos fuimos a la B. El martes fui a declarar al Tribunal de Disciplina y los tipos me preguntaron: “¿Usted dijo ladrón hijo de puta chorro sinvergüenza?”, se me caía la cara de vergüenza. “Si este informe es real, le tenemos que dar 12 fechas”. Me disculpé y me dieron 5 como haciéndome un favor”.

Sin embargo, tantos goles del “Toti” no bastaron para que el club lograra un rápido retorno a la elite: finalizó en el 4º puesto entre 22 equipos (a 8 lejanos puntos del sorprendente campeón Deportivo Armenio), siendo eliminado por los cordobeses de Belgrano en las semifinales del reducido por el segundo ascenso; de hecho, Huracán debería jugar 2 ediciones más del NB antes de lograr el ascenso recién en la temporada 1989/90.

Pero casi por decantación, luego de ese año magnífico jugando en el ascenso, se caía de maduro que el tipo no podía seguir jugando en el fútbol de los sábados. Así fue que apareció el polémico Juan De Stéfano con U$S 250.000 en la mano -una verdadera fortuna en ese tiempo y más para un jugador del ascenso- y se llevó sus goles para la mitad blanquiceleste de Avellaneda.

(Continuará… a la tarde)

Anuncios