Grandes goleadores argentinos: José Raúl Iglesias (Parte II)

Cerramos el recuento que iniciamos esta mañana, de la carrera de uno de los más prolíficos goleadores del fútbol argentino reciente: José Raúl “Toti” Iglesias.

Racing Club: el idilio eterno

Racing había pasado un par de años en el ascenso a mediados de los 80´s, y por eso la temporada 1986/87 fue la de readaptación a lamáxima categoría. Para el campeonato 87/88, Alfio Rubén Basile seguiría siendo el entrenador tal como venía ocurriendo desde 1985, y luego de haberlo visto a Iglesias jugando varios sábados en el “Ducó”, supo que ese era el centrodelantero que necesitaba para su conjunto, con la intención de pelear arriba: Apenas me llevó me dijo: “Tenés prohibido salir del área”. Puso a Medina Bello y a Walter Fernández por los costados y le respondí con 24 goles en un año”.

La primera etapa del “Toti” en Avellaneda duraría apenas un año, pero fue muy intensa y alcanzó para generar un romance con los hinchas que dura hasta el día de hoy. Cuando muchos jugadores dudaban en ir a un club que venía de una larguísima sequía, el tipo no lo pensó dos veces y eso seguramente ayudó a ganarse el cariño de la gente: “Yo venía de romperla en el Nacional B y me compró Racing. Me acuerdo que El Gráfico me vistió con una capa de rey tipo Freddy Mercury y una corona. “Racing compró al rey del gol”, era el título. En Racing le habían tirado un adoquín a (Roque) Avallay, les rompían el auto a los jugadores, mis amigos me decían que estaba loco, pero yo tenía buenas sensaciones, venía con una autoestima altísima. Era una parada brava para mis 29 años, y de entrada jugamos un triangular con Boca y San Lorenzo y los emboqué a los dos…La gente se abrió conmigo y a los 2 o 3 partidos me hacen ese famoso canto, no creo que haya muchos jugadores en la historia del club con cantito propio. Me lo cantaban antes de empezar los partidos y para mí era una inyección anímica monstruosa”.

Ese famoso canto al cual hace referencia Iglesias, sonó muchísimas veces en la temporada 1987/88, en la cual Racing logró un destacado 3º puesto y este artillero metió nada menos que 16 goles, siendo solamente superado por José Luis Rodríguez (18) y Mario Bevilacqua (17). ¿Y cómo era el cantito? “Vayase preparando, vaya gritando gol, porque en cualquier momento, aparece el Totigol”, siendo este un apodo que le puso el relator Juan Carlos Morales. De esa época también es el recordado festejo que incluía una cabriola medio desprolija luego de cada gol conquistado, algo que le había “enseñado” en su club anterior su compañero Ariel Paolorossi.

En aquella gran campaña “Toti” metió goles de todos los colores, pero seguramente los más recordados son los 2 que metió en el inolvidable 6-0 a Boca, el 20 de septiembre del ´87: “Metí 2, sí, pero erré 3 o 4 debajo del arco. Jamás jugué un partido tan fácil, era para meterles 12”, recordó el “9” hace un par de años consultado sobre ese famoso partido.

Además, en plena disputa del torneo local, Racing encaró también la Supercopa Sudamericana, aquel torneo que en el semestre inicial de 1988 se disputó por primera vez y que reunía a los clubes que hasta entonces habían ganado la Copa Libertadores. En octavos de final el equipo de Basile eliminó al Santos (Iglesias anotó uno de los goles en el 2-0 logrado en Avellaneda) y por caprichos del fixture se salteó la etapa de cuartos de final… pero cuando el 25 de mayo se jugó la semifinal de ida ante River, el atacante ya no formaba parte del plantel de la “Academia”.

La cuestión es que antes del final de la temporada -de hecho, no jugó las últimas 3 fechas del torneo local- lo vinieron a buscar del fútbol colombiano, y la tentación económica fue irresistible: Era goleador del campeonato pero tenía ya 31 años. Un sábado a la mañana vino Enzo Genonni, fenómeno de persona, era intermediario, y me dijo que se había caído a último momento el pase de Franco Navarro a Junior y buscaban un nueve. “Te dan 250.000 dólares por un año y medio, pero tenés hasta el domingo para dar una respuesta, porque si no el lunes salen a buscar a otro”.

Cabe destacar que el goleador ganaba en su club una quinta parte de lo que le ofrecía el Junior, era tal vez su última chance de hacer una diferencia económica, era buscar la gloria deportiva en Argentina o la salvación afuera. Y así lo recuerda en tiempo presente: “Estábamos jugando la Supercopa, le había metido un gol al Santos. Lo charlamos con mi mujer y decidimos irnos. Y después me perdí la vuelta olímpica con Racing. Es que Dios me dijo: “¿Querés el dinero? Perdete la gloria”. La noche en que Racing fue campeón en el Mineirao, lo escuchaba por radio en Barranquilla y se me caían las lágrimas… pero no me podía quejar. Al año siguiente pegué la vuelta”.

Seguramente, el hecho de que Racing terminara venciendo a Cruzeiro en la final del torneo, ayudó mucho a que los hinchas no se quedaran con una mala imagen de Iglesias, quien en definitiva aportó lo suyo para el primer título internacional del club desde 1967. Y al día de hoy, le siguen demostrando su cariño cada vez que pisa el estadio del club: “Voy seguido al “Cilindro” y aún tengo que sacarme 100 fotos y firmar 100 autógrafos. Mi nieto me dice: “Abuelo, ¿qué hiciste acá? ¡Cómo te quiere la gente!”. Y siempre le respondo lo mismo: “Esto es Racing””.

Junior: la última salida

Movido entonces principalmente por el aspecto monetario, la realidad es que Iglesias llegó a Colombia sin demasiadas pretensiones deportivas. Fue parte de un Junior que terminó en el 5º puesto el torneo de 1988, habiendo jugado solamente la segunda mitad de un campeonato que se disputó en forma anual. Sin embargo, al delantero que fue dirigido por su compatriota Miguel Ángel López, le bastó un semestre para jugar 20 partidos y anotar 8 goles.

Pero a fines del ´88, el “Toti” recibió un llamado desde la Argentina que le hizo temblar los cimientos: su anterior club jugaría la Copa Libertadores después de 21 años, y lo convocaban para ponerse nuevamente a las órdenes de Basile. ¿Qué hizo entonces el goleador? “Tardé apenas 5 minutos en aceptar el regreso a Racing”. Más clarito, échenle agua.

Racing Club (II): una breve segunda etapa

Luego de la breve experiencia colombiana, Iglesias volvió entonces a Racing seducido por participar con esa camiseta de la Libertadores, máximo torneo americano a nivel de clubes que él nunca había podido disputar, y que el club no jugaba desde el lejano 1968. Eso sí, durante el primer semestre de 1989 el tipo sólo podría jugar en esa competición, y no estaría habilitado para hacerlo en la segunda mitad de la temporada 1988/89 del torneo argentino.

Para la edición 1989 de la copa se empezó a utilizar un formato que duraría varios años: 5 zonas de 4 equipos cada una, donde los 3 mejores de ellas avanzaban a los octavos de final. La “Academia” fue emparejada con Boca y los equipos peruanos (Universitario y Sporting Cristal), arrancando su participación con un buen 0-0 en la “Bombonera”, el 12 de febrero de aquel año. Luego el equipo dirigido por Basile ganó 3 encuentros y perdió los 2 restantes, lo que le alcanzó para ser escolta -por diferencia de gol- del otro club argentino.

Ya en octavos de final, los de Avellaneda deberían verse las caras con Atlético Nacional, conjunto colombiano que no aparecía como un rival de los más difíciles que podían tocar… sin embargo, el 5 de abril Racing cayó 2-0 en Medellín, quedando complicado de cara a la revancha. Para la revancha, jugada una semana después, los muchachos del “Coco” fueron una verdadera tromba, llegando a estar 2-0 arriba con goles de Marcelo Asteggiano y el propio Iglesias, por lo que todo el mundo suponía que la serie se definiría en los penales. Pero a falta de apenas 5 minutos para el pitazo final, un gol de Pérez enmudeció el “Cilindro” y le permitió a los colombianos seguir con vida en la copa que de manera dudosa finalmente ganarían.

Tras esa eliminación copera, Basile dejó su cargo y para la temporada 1989/90 el encargado de la conducción técnica sería un ex-ladero y amigo suyo: el verborrágico Jorge Pedro Marchetta. Pero la relación del “Toti” con éste sería diametralmente opuesta de la que había tenido con el entrenador de la voz ronca… de hecho, el goleador fue “limpiado” del club antes de que empezara el torneo, algo que no parecía muy lógico teniendo en cuenta su rendimiento con la camiseta albiceleste y el idilio que tenía con los hinchas del club.

Así las cosas, varias fueron las instituciones que se interesaron por contar con los servicios del artillero, quien agarró sus valijas y se fue nuevamente al interior, tal como había sucedido en 1981. Pero esta vez no fue la provincia de Santa Fe el destino elegido, sino la de Córdoba.

Talleres: la venganza es un plato que se sirve frío

Enojado por como se había dado su salida de su anterior club, Iglesias fue a Talleres decidido a demostrar que aún estaba vigente. Varios años después, y consultado sobre la influencia de Marchetta en su ida de Avellaneda, José no mostró ninguna duda: “Fue el único técnico con el cual me pelee en mi carrera. Me cagó (sic) a mentiras para limpiarme de Racing. No le gustaba y no tuvo la valentía de decírmelo en la cara”.

Pero tanto con Roberto Saporiti primero, como con Eduardo Luján Manera después, la “T” hizo una aceptable campaña, finalizando en el puesto 11 entre 2o participantes. “Toti” se sintió cómodo con el club (“me trataron 10 puntos, es impresionante la gente que mueve”), con ambos entrenadores y anduvo bastante bien, jugando 29 de los 38 partidos de su equipo y anotando la nada despreciable cifra de 11 goles, aunque seguramente lamentó muchísimo no haber anotado apenas uno más. ¿Por qué? Mejor lo explica él mismo: Firmé el contrato y para mí era una boludez en ese momento hacer muchos goles y le propuse al presidente: “Si meto 12 goles quiero ganar 20.000 dólares más”, no me acuerdo el monto exacto. Era la primera vez que pedía algo así… y me quedé en 11 ¡vos podés creer! Nunca firmes por algo porque no se te da nunca”.

Pero sin dudas, el gol que más debe haber gritado fue el que le hizo a Racing, sí, justo a ese club donde se había recibido de ídolo poco antes. En el marco de la fecha 20, primera de las revanchas, Talleres recibió el 26 de enero del ´90 a la “Academia”, en cancha de su homónimo de Nueva Italia. Se jugaban 44 minutos de la etapa inicial cuando con un cabezazo Iglesias abrió el score; y el tipo no tuvo mejor idea que ir a gritárselo con el alma al DT visitante: “A (Jorge) Marchetta lo estaba esperando de pechito. Hice el gol al final del primer tiempo y salí como un misil a gritárselo, lo reputee en la cara… se armó un quilombo de piñas en el túnel y nos terminaron expulsando a los dos”.

Tras esa buena campaña con la camiseta albiazul, nuevamente el artillero despertó el interés de varios clubes de Buenos Aires. Y si bien no fue a parar a un club de los denominados “grandes”, se hizo de sus servicios un modesto conjunto que ascendió a la “A” en 1984 y que en la segunda mitad de los 80´s supo meter más de una campaña destacada.

Deportivo Español: la curva descendente

Luego de un año en Córdoba, Iglesias fue presentado como uno de los grandes refuerzos del Deportivo Español. Eran los tiempos en que el recordado Francisco Ríos Seoane era el hombre fuerte del club de la colectividad, y seguramente envalentonado por presidir a una institución que solía darle dolores de cabeza a los poderosos, intentó armar un equipo que peleara bien arriba, soñando tal vez con emular el 3º puesto conseguido en las temporadas 1985/86 y 1988/89.

Para colmo, en la campaña 89/90 el equipo de camiseta roja había ocupado el penúltimo puesto de las posiciones, por lo que, pese a que no había apremios con el promedio del descenso, su presidente contrató no sólo a este notable goleador, sino a un campeón mundial como era entonces Héctor Enrique y a un delantero que estaba bastante en boga por aquellos años, Mario Bevilacqua, quien venía justamente desde Córdoba junto al protagonista de esta historia. De hecho, tan entusiasmado estaba Ríos Seoane con el plantel que iba a armar, que hasta a punto estuvo de sacar del retiro a Hugo Orlando Gatti, quien no jugaba desde septiembre del ´88. Pero lamentablemente para los admiradores del “Loco”, la movida quedó en amagues y se quedaron con las ganas de verlo nuevamente en acción.

Trabando la pelota, cuando jugaba en Español

Sin embargo, nada salió como se pensaba en el Bajo Flores, y la realidad es que el equipo -pese a contar con jugadores rendidores como Pedro Catalano, José Batista, Carlos Bustos, José Barrella, José Fabián Albornoz y Walter Parodi, entre otros- tuvo un rendimiento flojísimo: 18º colocación en el Apertura ´90, solamente por encima de Unión y el recién ascendido Lanús. El “Toti” no pudo escapar a ese mal pasar del Deportivo Español, jugando 12 encuentros y anotando solamente 2 goles, además de sumar una nueva expulsión a su dilatada carrera.

Por ello, rescindió el contrato a fines de 1990 y buscó nuevos horizontes para su campaña, intuyendo ya que el final de la misma se acercaba.

Lanús: un retiro con descenso

La última camiseta que Iglesias vistió en su dilatada carrera profesional fue la del Club Atlético Lanús, que le abrió las puertas tras su salida del Bajo Flores.

Pero lamentablemente para él, no se trataba ni por asomo del “Granate” que conocemos hoy, ese que creció tanto en lo institucional como en lo deportivo durante los últimos 20 años. De hecho, cuando Lanús volvió a la “A” a mediados de 1990, lo hizo después de 13 largos años en el fútbol del ascenso – tras perder aquel famoso desempate del ´77 con Platense – con un largo paso por la Primera “C” incluido.

La temporada 1990/91 fue muy difícil para el “Granate”, a punto tal que en el Apertura ´90 el equipo terminó último cómodo, con apenas 11 puntos logrados de 38 posibles. Ya con el “Toti” en el conjunto del sur, la cosa cambió mucho en el Clausura ´91 para el elenco dirigido por un joven Miguel Ángel Russo, dado que terminó ubicado en el 12º puesto; sin embargo, la pésima campaña del semestre anterior terminó siendo un lastre muy pesado para un conjunto que terminó bajando al Nacional B, categoría en la que sólo permanecería un año antes de lograr un nuevo y definitivo retorno a la elite.

Tras jugar 14 partidos y meter 4 goles en ese primer semestre de 1991, José Raúl Iglesias sintió que ya no tenía nada más para aportar dentro de un campo de juego. Y ahí decidió que tras una década y media de profesión, y con 34 años cumplidos, era el momento de colgar los botines y silenciar sus gritos para siempre.

El retiro: la profesión tóxica y la representación de jugadores

Una vez que el “Toti” se alejó de los campos de juego, al igual que a tantos colegas suyos el retiro no le pegó de la mejor manera. El mismo lo explica de la siguiente manera: Es muuuy difícil. El fútbol es tan lindo que cuando lo dejas, notas que te sacaron el juguete de toda la vida, entonces no sos feliz, te levantás todas las mañanas con un vacío en el pecho. Al principio te comés los 3 asados y 4 huevos fritos que no podías el fin de semana, pero cuando pasa, te levantás y decís: “¿Y ahora qué carajo hago?”. Todos laburan y vos no sabés qué hacer”. Iglesias se dedicó a diferentes actividades no vinculadas con el fútbol, ese espacio donde había pasado 25 años de su vida, teniendo un local gastronómico y un puesto de diarios, entre otras inversiones. Pero la cuestión económica nunca fue un problema para él, el tema radicaba en otro lado: No pasaba por ahí, sino por llegar a casa y estar amargado, con cara de culo. Estaba triste porque no tenía más mi juguete. Me costó un par de años hasta que empecé con la representación de jugadores”.

Pero antes de representar futbolistas, la primera vinculación que tuvo con el mundo del fútbol ya sin los pantalones cortos, fue la muchas veces denominada “silla eléctrica”. Arrancó a mediados de la década del ´90 en el Nacional B como ayudante de Hilario Bravi en Almirante Brown, y luego dirigió en la misma categoría a Tigre y Cipoletti (Río Negro). Pero la experiencia no le gustó mucho que digamos, y a más de 20 años de aquello, estas sin algunas de sus reflexiones: “Comprobé que es una profesión altamente tóxica, tenés todo para perder y nada para ganar. Sos el padre de las derrotas: cuando ganan, ganan los jugadores y cuando pierde, pierde el técnico. Cuando ganas, el lunes ya es tarde porque tenés que planificar la semana y cuando perdés, la calentura te dura toda la semana. Horrible”.

Su última experiencia como DT, curiosamente, fue en el exterior. Tal vez alguno recuerde al Badajoz, aquel modesto equipo del ascenso español que fue moda a fines de los 90´s en la Argentina por culpa de cierto animador televisivo. Bueno, el que dirigió a ese equipo en la temporada 1998/99 fue -en dupla con Bravi- el homenajeado de hoy, quien así recuerda aquellos tiempos: Hugo Issa me comentó que querían gerenciar un club de España con un grupo inversor acercado por (Marcelo) Tinelli. Fui dos semanas a conocer la ciudad, el club, e hice un informe. A los 10 días me confirmaron que lo comprarían y me preguntaron si podía dirigir el equipo. Es jodido el campeonato de Segunda en España y terminamos en mitad de tabla (N.deP.: 14º puesto entre 22 equipos). Luego, lo vendieron”.

Una vez alejado de la dirección técnica, y mientras arrancaba en el tema de la representación de jugadores, durante algún tiempo Iglesias dio clases en escuelas de periodismo deportivo (“Tenía facilidad para expresarme, y siempre me gustó mucho leer sobre fútbol, entonces tenía libros sobre los orígenes, sobre táctica y estrategia”), aunque aquella actividad le empezó a demandar cada vez más tiempo y se abocó full time a la misma.

Metido en ese mundo por su gran amigo Hugo Issa -a quien conoció en 1985 en ELP-, comenzó trabajando con futbolistas de inferiores, sobre todo de San Lorenzo. Así fue que pasó a ser una especie de tutor de Gonzalo Rodríguez, Jonathan Botinelli y Nereo Champagne, entre otros, además de tener que ir a partidos de juveniles y luego redactar informes. “Llegado el caso, hablaba con el chico, con los padres, y eso me gustó mucho. No tenía que rendir examen ni bancarme a los hinchas que me venían a apretar. En la empresa me daban autonomía, empecé a llevar jugadores afuera, y comencé a sentirme feliz. Esa sería la definición: otra vez fui feliz con algo tangencial al fútbol, que no era dirigir, pero sí es estar relacionado: hablar con un dirigente, con un jugador, con un padre…”, afirmó en una ocasión quien también representó a jugadores como Nicolás Frutos, de destacada campaña en Independiente y el fútbol belga.

Pero luego de varios años dedicado a esta tarea con éxito, en la que sin embargo alguna que otra vez tuvo un trago amargo (“Me han robado jugadores, sí… recuerdo a (Gustavo) Cabral, el que era 2 de Racing. Te dejan porque les ofrecen más plata o el botín último modelo. ¿Sabés qué te duele más de todo eso? La decepción como persona. Un contrato más o menos no te cambia el balance ni a la empresa ni a vos, pero cagarte de frío un sábado, llevarle los botines a la loma del orto un miércoles a la noche y que te dejen por esa pavada, te genera una gran decepción”), recientemente ha declarado que está en el tramo final de su carrera como representante de futbolistas. Con ganas de disfrutar de hijos y nietos, a los 61 años de edad ya no quiere andar corriendo y viajando tanto y el mismo lo ha contado de la siguiente manera: “Hoy solo estoy con Gonzalo (Rodríguez) y Nereo (Champagne). Me fue bien, quiero estar tranquilo, pero nobleza obliga: voy hasta el final con ellos, excelentes tipos que confiaron en mí siempre, así que cuando ellos terminen sus carreras como futbolistas, terminará la mía también.

“Toti” Iglesias nunca fue un dotado, es cierto. Pero tampoco era un burro como más de uno puede llegar a pensar, sin perjuicio de que el mismo alguna vez declaró que todos sus goles fueron “feos”. Tipo veloz con las piernas pero -sobre todo- también con la cabeza, siempre tuvo en claro que debía perfeccionarse constantemente si quería mejorar, más allá de haber nacido con cierta facilidad para perforar las redes: “Yo creo que el goleador nace y se hace, ambas. Vos no vas al almacén y pedís “deme un kilo de goles”, tenés que nacer con el gen, como (Ricardo) Bochini gambeteando o (Ubaldo) Fillol atajando. Yo tenía ese don y después, practicando, lo mecanicé”.

Y respecto a ese oficio que tan bien desempeñó a lo largo de 15 años de trayectoria, vale la pena repasar algunos conceptos vertidos recientemente por el protagonista de esta historia, que deberían ser leídos por cualquier pibe que aspira a jugar arriba. ¿Egoísmo sí o no? “El goleador debe ser “buen” egoísta; es decir, no podés patear desde el banderín del corner, ese sería un mal egoísta. Yo les decía a mis compañeros: “Muchachos, dentro del área déjenme decidir a mí, que de esto algo sé. En cualquier caso, vayan a buscar el rebote, no me empiecen a romper las bolas con que se las pase apenas entro al área”. Eso es ser buen egoísta”. ¿Qué es imprescindible en un goleador?El estado de ánimo, la confianza, el creer que siempre te va a llegar la pelota a vos y vas a marcar el gol. El día que perdés la confianza, no hacés un gol ni con el arco vacío”. ¿Y la técnica? “El goleador tiene que tener la frialdad para que no se le baje la cortina, siempre pensar en buscar los sectores vulnerables del arquero: primer palo arriba, segundo palo abajo, agarrarlo a contrapierna, hay que pensar continuamente. Y lo que el jugador hace en tres tiempos, el goleador debe hacerlo en dos, con un control orientado”.

José Raúl Iglesias nunca pudo ser campeón argentino, dirán sus detractores. Y no deja de ser cierto. Pero tratándose del máximo goleador de los torneos domésticos en la década del ´80, no había manera de dejarlo afuera de esta sección, se hubiera tratado en ese caso, de una omisión imperdonable.

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