El amor en los tiempos del cólera

Courtois fue al Real Madrid y en su presentación posó alegremente besándose el escudo, abriendo prácticamente un debate sobre la ética profesional de un jugador de fútbol.

La presentación de un jugador en un club europeo mantiene un cierto protocolo. En caso de que éste sea catalogado como el refuerzo estrella, se abrirán las puertas del estadio, permitiendo que un grupo –bastante numeroso para una ceremonia de este tipo- vea a su nueva figura con sus colores, haciendo jueguitos, posando para las cámaras, firmando autógrafos y hasta quizás tirando alguna pelota a la tribuna (como esperan que no haga cuando juegue por los puntos, salvo motivos de necesidad y urgencia).

Claramente, estas situaciones habituales plagadas de preguntas rutinarias y respuestas con el TDK rebobinado hasta el principio no dejan demasiado para el análisis, salvo que haya algún dato de color, como la vez que el colombiano Yerry Mina pisó descalzo el Camp Nou mientras le agradecía a Dios.

Pero la presentación que nos reúne en estas líneas es la del arquero belga Thibaut Courtois, reciente incorporación del Real Madrid y uno de los grandes arqueros que tiene el fútbol mundial desde hace un par de años. La cuestión es que este sujeto, que tuvo un paso por el Atlético de Madrid del Cholo Simeone, posó para los fotógrafos besando el escudo del club merengue, algo que armó bastante revuelo.

Y como hoy en día todo pasa por tomar la decisión de permanecer a un costado de la grieta, elegimos un color para nuestro pañuelo y marcamos las posturas: en contra de la falsa desdramatización del fútbol que lleva a estas cosas o entender que el tipo cobra un fangote de guita por lo que hace y está en todo su derecho de besar los escudos que quiera.

Por un lado, podemos decir que el arquero belga, sin ser un verdadero ídolo, fue un referente del Atlético de Madrid en un momento importante para el club, como el campeonato liguero que lo puso como tercera opción cortando la dicotomía entre Barcelona y Real Madrid, siendo parte de un proceso que puso al colchonero en la agenda nacional e internacional. Si bien nadie podría achacarle el paso al Madrid, bien se le podría criticar el besar el escudo.

Si bien tampoco es que se espere que en el lavado fútbol europeo vaya una turba enardecida con antorchas a querer incendiar su casa usando su camiseta para arrancar el fuego, pero podría decirse que en la teoría de desdramatizar el fútbol todo lo que se pueda, se puede perder el foco sobre ciertos gestos simbólicos que atañen a la identidad de un club.  El tipo es un futbolista profesional y como tal debe rendir en el máximo nivel posible junto a sus nuevos compañeros, pero eso no impide ciertas normas no escritas que debe respetar, que sería algo como “si te fue bien en un club y te vas a un rival con el que hay pica, no beses el escudo a los 10 minutos de ponerte el buzo”.

Pero por otro lado, también se puede decir que fue un mero jugador a préstamo en el Atlético y que su paso por la institución no le prohíbe la libertad de ir a la otra vereda a besar el escudo. Distinto sería un Messi desembarcando en la Casa Blanca, un Cristiano en Barcelona o un Facundo Oreja en Estudiantes. Desde hace ya un tiempo, se podría decir que la acusar de pesetero a un futbolista solamente merece como respuesta un “y, si” por parte del señalado, mirando con la condescendencia con la que se mira a un idiota.

Además, business is business. No es que el pobrecito de Courtois fue obligado a firmar con el Real ni debió escaparse de la concentración del Atlético –donde, remarcamos, estaba a préstamo- sino que es un jugador por el cual se pagó una cierta suma de dinero y se espera que el valor sea amortizado. Tan simple como el propio capitalismo.

Sobre la cuestión de “respetar” al club anterior, también hay que tener en cuenta que no meó la camiseta del Niño Torres ni hizo dibujitos obscenos sobre la figura del oso del escudo del Atlético, sino que solamente besó el escudo del que le depositará la plata en su cuenta durante las próximas temporadas. Si esto es una falta de respeto, deberíamos buscar algún nuevo sintagma que pueda definir el gestito de Latorre.

Acá radica otro punto, el hecho de tomar el gesto como la clásica vendida de humo. Es como la marea, no se puede evitar. No nos alcanzarían los días que quedan del año para nombrar jugadores que prometen dejar la vida, defender los colores y jurar que darán todo para ir a por la copa de este año. Eso se da en un cálido ambiente previendo un reconocimiento a cuenta de una posible futura idolatría, por eso no sería extraño que aparezca algún gesto del tipo del beso o decir que soñaste de chiquito con ponerte esa camiseta. Si esta humeada se llega a dar en el minuto 89 de un clásico por la final de la Copa del Rey, bueno, ahí ya sería otro cantar, pero en el mientras tanto no se lastima a nadie.

Pero por suerte el bueno de Thibaut fue a la rueda de prensa y tiró ciertas cosas como:

“Todos sabemos cuando somos niños que hay un club que llama la atención. Tenía una camiseta de Iker de un Madrid-Anderlecht en la Champions de 2002, creo que tenía 10 años. Siempre tenía regalos del Madrid”

“[En el Wanda Metropolitano] Seré recibido como todo el mundo que juega para el Madrid. Tengo el máximo respeto al Atleti. Apostaron por mí, pero estaba cedido y era diferente. Nunca hasta hoy había besado el escudo, hoy sí, porque llego donde quiero estar”

“Mi objetivo siempre ha sido venir aquí. Eso está claro, todo el mundo lo sabía, aunque no se podía decir en la prensa”

En fin, es un jugador profesional que sabe lo que hace, por más que uno como persona consumidora de fútbol común y corriente tome la posición de atacarlo o defenderlo. Pensemos que peor la pasó Culio en su momento.

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