El fútbol y los elementos: el Fuego

Se vino la tercera entrega acerca de la relación entre el fútbol y los elementos, escrita por la pluma de un joven debutante en estas lides, guiado paternalmente por ese señor a mitad de camino entre genio delirante y hablador de cosas ininteligibles, conocido en el submundo de los blogs de fútbol como bad mad y en su casa como “otra vez escribiendo boludeces para esa página de mierda… a ver cuándo de ponés las pilas y traés plata, vago”. Hoy: el fuego.

El fútbol y el fuego

Por Galarza

Hace unos 800 mil años el homo erectus frotó un palo con madera seca y descubrió el fuego, lo que le permitió, a partir de la ingesta de proteínas provenientes de la cocción de carnes, desarrollar sus sentidos y musculaturas, para así dar un gran salto evolutivo en la especie, además de obtener grandes beneficios como poder protegerse de la amenaza de animales, o ver en la oscuridad, soportar mejor las bajas temperaturas, etc. El 26 de junio de 2011, Roberto, hincha de River agarra un encendedor, un papel, y una madera de una butaca de la Sívori baja y empieza a prender fuego el Monumental porque Pavone patea un penal con menos fuerza que las piernas del uruguayo Dario Silva.

Desde su invención, el fuego ha estado en el olimpo de descubrimientos de la historia de la humanidad junto a la rueda, la prensa o el bidet. Este conjunto de partículas incandescentes de materia combustible estuvo presente en el fútbol desde siempre, desde hechos concretos, hasta su utilización metafórica para nombrar diferentes situaciones relacionadas al balompie.

Sin ir más lejos, los hinchas de Huracán le deben su apodo más reconocido al fuego: “quemeros” viene a cuenta que en las proximidades de donde hoy se encuentra el Tomás A. Ducó funcionaba la Quema Municipal, espacio físico donde se quemaba a cielo abierto la basura de la ciudad de Buenos Aires. De todas maneras, el apodo que más me gusta de ellos es “tetradescendidos”.

Desde el ingenio popular podemos ver la presencia de este elemento: Si hay algo que legitima la popularidad de una canción es la adaptación que hacen las hinchadas para alentar a su equipo. La banda santafesina Los Del Fuego, sin Sandro colaron su hit Jurabas tu por todas las canchas de la Argentina (“fulano, vos sos mi vida”).  Otra melodía de tablón muy presente en este nuevo milenio fue Imposible de Callejeros, que si bien nunca hace referencia al fuego, bueno…es de Callejeros…

Los futbolistas y el fuego: hay casos muy particulares y diversos. Cristian Llama, ex jugador de Arsenal, Newells entre otros, que ha tenido una trayectoria improbable en clubes como Catania o Fiorentina, donde compartió plantel con figuras de primer nivel como Luca Toni o Facundo Roncaglia (?), hasta su presente actual, donde paseó su nula cabellera en Aldosivi, Agropecuario o Gimnasia de Mendoza. También tenemos el caso de Lucas Viatri, quien en las últimas fiestas se quemó la cara usando pirotecnia, posiblemente robada, especulo. También está el caso del Palomo Usuriaga que lo hicieron cagar fuego. Palomo BLESSED.

En algunos países al fuego se lo denomina como candela o lumbre ¿Cómo se dice fuego en francés? Candelá. Vincent, fue un marcador de punta galo que recordamos por haber jugado muchos años en la Roma (ganó la serie A en el equipo que jugaban Francesco Totti o Bati) y por ser el marcador de punta de la selección francesa campeona del mundo en 1998.

Los estadios y el fuego: más allá del mencionado caso de los millonarios, también están los que usan al fuego para recibir a sus equipos: acá se implementó esto de los fuegos artificiales, pero eso es muy de fans de Emmanuel Horvilleur. El verdadero Rodolfo Bebán de Florencio Varela recibe a su club como los del fútbol turco. Hay miles de videos que se pueden ver en youtube, pero mi favorito es este Galatasaray – Fenerbache donde en el medio del partido, los hinchas prenden bengalas, empieza a salir una marea de chispas desde el techo del estadio, todo cayendo sobre hinchas y jugadores, que encima siguen jugando, hermoso, demencial, andá a buscarla al ángulo APREVIDE.

Un caso curioso sucedió en 1929 en el fútbol doméstico cuando Rosario Central jugó contra Central Córdoba, en cancha de éste último, no como la última vez que se enfrentaron por Copa Argentina que, contra todo sentido de la lógica posible, jugaron en CHACO. En fin, parece ser que en el estadio del Charrúa entraban 5 mil personas, pero los dirigentes vendieron 13 mil entradas (Callejeros presente again), y mucha gente terminó entrando al campo de juego. Era un partido importante, ambos equipos venían peleando arriba. Situémonos en ésa época: el fútbol todavía era un deporte amateur, no se había disputado aún la primera Copa del Mundo, Alumni era un grande y los radicales terminaban su mandato. Bueno, no. La cuestión es que al ver este caos organizativo, los jueces deciden hacer pasar el partido como “amistoso”, pero que para el afuera se vea como que es por los puntos. La hinchada canalla se entera de esta farsa y comienza una seguidilla de hechos bochornosos que termina con el estadio de Central Córdoba incendiado, la cosa sana.

En lo que respecta al fuego DENTRO del verde césped, pasamos de lo real a lo simbólico.  Y ahí el habla popular nos invita a pensar en el fuego sagrado de quienes ganan en condiciones adversas y la ambivalencia de una metáfora: mientras que está “prendido fuego” significa que le anda saliendo todo bien, el famoso “on fire”, pero si el técnico saca después de las cagadas a alguien “lo prende fuego”.

Luego, y aunque está cerca no es lo mismo, el termómetro detecta distintos niveles de temperatura que tampoco son homologables: el frío en el pecho o el orto es malo, pero en la cabeza es bueno, y la calentura si es generada por otro es síntoma de inmadurez: “fulano lo hizo calentar” a mengano. —-> fulano = pillo, mengano = pelotudo.

Para finalizar los dejamos con unos indonesios que prenden fuego un coco y juegan un 25 en lo que representa una de las máximas estupideces que este cronista vio dentro de un campo de futbol, después de Gastón Aguirre.

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