Goles agónicos en el fútbol europeo

Nueva entrega de la sección que no propone ser un ranking ni ningún tipo de clasificación, sino ser un repaso de algunos recordados goles sobre el final que amargaron/alegraron a más de uno. Esta semana, los relacionados al fútbol europeo.

Hace un par de semanas dimos el puntapié inicial con una edición plagada de ascenso, en un lugar donde afloran las emociones y con su humildad toda gesta parece más heroica. Para esta semana hay un cambio de frente, donde los millonarios que corren atrás de la pelota son más millonarios que los de este lado del charco, pero de igual manera festejan y sufren cuando cualquier hijo de vecino cambia el rumbo de un partido en los instantes finales. A continuación, un par de ejemplos:

Sergio Ramos al Atlético de Madrid

Con un solo partido a todo o nada, en un estadio neutral y toda la carga emotiva de ganar uno de los trofeos más preciados del mundo, el simple hecho de jugar (y ganar) la Champions League ya es todo un hecho de una épica inconmensurable. A toda la presión de la gloria o el olvido, sumemos la primera final entre dos equipos de una misma ciudad, como hicieron Real y Atlético de Madrid en el Estadio Da Luz de Lisboa.

En los papeles, la presión recaía sobre un Real Madrid que no solo buscaba espantar sus fantasmas europeos en pleno apogeo de Barcelona, sino que además tenia enfrente al rival local de toda la vida buscando su primera Champions League tras sorprender a todos esa misma temporada al romper la hegemonía entre catalanes y merengues en la liga española. No fue sorpresa que, a los 36 minutos del primer tiempo, Diego Godín pusiera a los colchoneros al frente del marcador. Hasta ese momento, el Atlético del Cholo Simeone hacia lo que venia haciendo (y sigue haciendo), pelearle los partidos al merengue de igual a igual.

Los minutos se escurrieron en Lisboa, y el Atlético empezó a ceder ante una ofensiva blanca totalmente apremiada con el resultado y el reloj en contra. ¿El primer síntoma? Sergio Ramos de 9, bien de 9, matándose a cabezazos con Godín y Miranda en el área de Thibaut Courtois. Ya en suplementario, con el 93′ vibrando en el marcador, Modric pelea un córner y corre a acomodar la pelota. Mira al punto del penal y dispara. Atenta, la defensa del Atlético marca bien pegada a la ofensiva masiva del Real, pero Sergio Ramos salta más que todos, y, en una lección de cabezazo cruzado, hace lo que quiere: manda la pelota al ángulo inferior derecho de Courtois. 1 a 1. Otra Champions empieza.

El éxito, créase o no, depende en gran medida de un estado de ánimo. El gol de Ramos levanto a un Real Madrid de rodillas y redujo al Atlético de Madrid más poderoso de los últimos años. 110′, 118′ y 120′. Bale, Marcelo y Cristiano Ronaldo. Real Madrid volvía a levantar la Orejona tras 12 años de sequías, y comenzaba una dinastía de cuatro Champions en cinco años. El Atlético siguió a la vanguardia del fútbol europeo, incluso volviendo a otra final europea ante Real Madrid, esta vez perdiendo por penales. La Europa League  2017/18 y la Supercopa europea de esta temporada ante el Merengue son el consuelo de la era en la que más cerca estuvo de salir de la sombra del coloso de la ciudad. Casi lo logra, pero la cabeza de Sergio Ramos pudo más.

Sheringham (y Solksjaer) a Bayern Munich

Uno de los goles más recordados de este listado ocurrió el 26 de Mayo de 1999 en el Camp Nou. Bueno, en realidad fueron dos goles: ese día el mítico estadio de Barcelona fue testigo de la final de la Champions de esa temporada, a la que llegaron los grandes continentales Bayern Munich y Manchester United, de esos candidatos lógicos al título desde el primer partido del torneo. Los ingleses presentaban una de sus nóminas más emblemáticas de todos los tiempos, con figurones o referentes históricos como Peter Schmeichel, Gary Neville, David Beckham, Nicky Butt, Ryan Giggs,  Dwight Yorke o Andy Cole, dirigidos por la legendaria cabeza de sir Alex Ferguson. Los bávaros tenían lo suyo también, con tipos como Oliver Kahn, Lothar Matthäus, Stefan Effenberg o Mario Basler. 

Cuando comenzaba el tiempo de reposición todo olía a título de Bayern, que iba ganando 1-0 desde el minuto 6 por tanto de Mario Basler, el único en un partido intenso y parejo. Pero vino la hazaña, o debacle, depende de dónde se le mire: al minuto 91, con las papas ya quemándose en el lado de Manchester, con estos tirando ya ollazos desesperados y plenos de impotencia, con el balón ya mandado el balón al área como fuera, incluso con Peter Smeichel arriba buscando el cabezazo milagroso, viene un rebote apurado de un defensor de Bayern, lo agarra fuera del área el gran Ryan Giggs que la tira otra vez adentro a ver qué onda. Y allí, en el área chica, más solo que Sampaoli en Rusia, estaba Teddy Sheringham para meter el pie y empatar el partido de manera agónica. Lo más increíble fue que la remontada se consumió dos minutos después, en la última jugada del encuentro, gracias al noruego Ole Gunnar Solskjær… tremendo.

Sergi Roberto al PSG

No por reciente vamos a dejarlo afuera de este repaso.

Camp Nou. 8 de marzo de 2017. Días antes, el Paris Saint Germain le había dado un categórico 4-0 al Barcelona, que parecía sentenciar la serie de octavos de final de  Champions. En el cotejo de vuelta, Luis Suárez descontó a los pocos minutos de juego, mientras que Kurzawa en contra y Messi -tras un dudoso penal- siguieron achicando las distancias ante un equipo parisino que se defendía con los once jugadores.

Todas las emociones llegaron en la continuación del complemento. Primero, con el descuento de Edinson Cavani, que de derecha puso el 1-3. Este gol de visitante significaba que el local debería convertir tres goles más, ya que favorecía la regla del gol de visitante a su rival. Fue en la recta final, en los últimos siete minutos de juego, donde llegó lo que parecía imposible. El que terminó poniéndose el equipo al hombro fue Neymar, que apareció en el momento clave, donde se marca la diferencia entre un jugador del montón y uno de verdad. Primero marcó a través de un buen tiro libre y después de penal, producido por un toque no muy claro de Marquinhos a Luis Suárez.

El tiempo se terminaba y una falta de Di María le dio otra chance al Barsa, en una jugada en la que hasta Ter Stegen fue por la heroica. Después de un par de rechazos, Neymar puso una buena asistencia para Sergi Roberto, que sobre el final del partido se transformó en la figura clave. Después de una jornada más que polémica y con emociones para todos los gustos, el Barcelona se llevó el pase a la siguiente ronda.

Agüero al Queens Park Rangers

Corría mayo de 2012, en una época en que el Manchester City de Roberto Mancini buscaba gritar campeón, después de 44 años.El otro que tenía chances era el United, que se medía como visitante ante el Sunderland.

Antes de que se abriera el marcador, se supo que el otro equipo de Manchester ya iba ganando, lo que le dejaba el título casi en bandeja, a falta de una hora para que termine el juego en el Etihad Stadium. El equipo celeste pegó primero con el gol de Pablo Zabaleta a los 39 minutos, mientras que el QPR -que se jugaba la posibilidad de no descender, dependiendo de lo que hiciera el Bolton en otro partido- lo dio vuelta con los tantos del francés Djibril Cissé y del escocés Jamie Mackie, ambos en el segundo tiempo.

Faltando 20 minutos para el final de la temporada, el City fue al ataque con lo que tenía: Agüero, Tévez, Nasri, Silva, Dzeko… Justamente fue el bosnio el que encontró el gol en el minuto 90, lo que permitió llegar al empate y a la esperanza en el tiempo agregado. Cuando iban por el tercer minuto recuperado, en medio de escenas dramáticas para hinchas y neutrales, el que apareció fue el Kun, que dentro del área sacó el remate justo para el festejo de los presentes, que no era la misma cantidad del principio, porque más de uno ya se había ido con la cabeza baja.

Con este gol superaron al Manchester United por diferencia de gol y se coronaron campeones de la Premier, después de cuatro largas décadas sin dar la vuelta.

Schwarzenbek al Atlético

Vamos un poco más atrás en el tiempo. Más precisamente a mayo de 1974 para la final de la Copa de Europa entre el Bayern Munich y Atlético de Madrid. Visto con el diario del lunes de 40 años después, puede decirse que fue el primer paso de la máquina alemana tal como la conocemos hoy, al empezar a codearse con los grandes, en tanto que para el Colchonero significó un golpe del que no se pudo recuperar.

En el Estadio Heysel de Bruselas, de un lado estaba Juan Carlos Lorenzo, al frente de un equipo comandado dentro del campo de juego por Luis Aragonés. En la vereda de enfrente, los de Udo Lattek partían como favoritos, con grandes jugadores como Gerd Müller, Paul Breitner y Franz Beckenbauer.

En un partido cerrado, el 0-0 fue inamovible en el tiempo reglamentario. En el tiempo extra apareció Aragonés, que con un tiro libre puso el 1-0 a los 114 minutos, lo que parecía sentenciar la historia. Pero a falta de un minuto para que el equipo de Madrid levantara la copa, apareció Georg Schwarzenbeck, sin dudas un actor de reparto entre tanta figura alemana. Pocos podrían adivinar que a la salida de un lateral, el defensor trasladaría la pelota ante la pasividad de un equipo más atento a los jugadores de peso, como el ya mencionado Müller.

Años después, la explicación del gol sorprende a propios y extraños: “No lo pensé, hice lo que tenía que hacer, disparé a puerta porque el tiempo se acababa”, dijo el central. En aquel momento, le salió un remate desde casi 30 metros que esquivó varias humanidades dando pie al mito: el de la supuesta responsabilidad de Miguel Reina. Se dice que se comió el gol porque, suponiéndose campeón -a falta de 30 segundos para dar la vuelta- se distrajo regalándole los guantes a un amigo fotógrafo. Los amigos del arquero aducen que era un tiro difícil y que no llegó. Como dijo un tal Gatti, los arqueros son un poco boludos, por lo que no podemos descartar nada.

Después de ese gol llegado desde lejos y por lo bajo que pasó por tantas piernas, 48 horas después se jugó el partido de desempate. Animados unos por el resultado y desmoralizados los españoles, el asunto terminó en baile de los alemanes, que hicieron cuatro goles y entraron al Olimpo de los grandes de Europa.

(Bonus track) La remontada de Watford a Leicester City

El Vicarage Road fue el escenario de una definición infartante en el partido de vuelta de las semifinales por el ascenso a la Premier League. Fue un domingo 12 de mayo de 2013, antes de que Leicester City entrara a la historia con Claudio Ranieri y después que Watford fuera revivido por Elton John. La ida había sido ganada por los Foxes 1-0, por lo que el local debía obtener la victoria para llegar a la final de Wembley.

Leicester ganaba 2-1 y clasificada por su mejor posición en la tabla general (3° el local y 6° la visita). El árbitro Micheal Oliver hacía la gran Pablo Lunati y daba 2 minutos adicionales a los 4 que ya había agregado para desesperación de los Hornets. Una caida en el área de Watford provocó la pena máxima señalada por el referí. Los azules tenían la chance final para clasificar. El francés Antony Knockaert, a quien le cometieron la falta, se paró junto al punto del penal, del otro lado estaba el arquero español Manuel Almunia, quien supo estar en el plantel de Arsenal de Arsene Wenger. El remate fue al medio justo para los pies del guardameta. En el rebote, Knockaert apuntó nuevamente y el navarrense volvió a tapar. Marco Casseti logra alejar el peligro con un largo despeje. Allí comenzó la segunda parte del milagro.

La pelota llegó hasta el sector izquiero del mediocampo donde la recibió el escocés Ikecho Anya que inició un furibundo contraataque. Pase al rosarino Fernando Forestieri quien encaró al área y lanzó el centro. El arquero danés Kasper Schmeichel, el hijo del mítico Peter, queda a mitad de camino ante el cabezazo al medio del área de Jonathan Hogg. Allí Troy Deeney remató con el alma fuerte y al medio para el 3-1 y desatar la locura total. El gol más gritado de los 81 que convirtió con la camiseta del Watford. Gianfranco Zola, mítico delantero italiano y entrenador del local, salió deseperado a festejarlo con una hinchada que invadió el campo de felicidad. Un festejo no apto para cardiacos. Tal vez por eso el arquero Almunia debió retirarse al poco tiempo por problemas en el cuore. Watford fue a la final en Wembley donde fue despachado por el Crystal Palace pero quien le quita lo bailado a los amarillos.

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