Grandes arqueros argentinos: Alberto José Poletti

En el retorno de esta sección, hoy iremos con la historia del “Flaco”, arquero del primer equipo “chico” que logró salir campeón argentino en 1967. Uno de los mejores en su puesto durante la segunda mitad de los 60´s, Poletti es sinónimo del Estudiantes que alcanzó la gloria mundial.

Alberto José Poletti nació el 20 de julio de 1946 en la Ciudad de Buenos Aires, en esa zona donde los límites entre los barrios de Palermo y Villa Crespo se tornan difusos. Allí transcurrieron su infancia y su adolescencia, en un hogar que lejos estaba de los lujos. De hecho, en una nota brindada un par de décadas más tarde de su nacimiento al recordado periodista Osvaldo Ardizzone -cuando la fama ya golpeaba a su puerta- Poletti manifestó lo siguiente: “Yo me crié en una casa pobre y tengo un hermano mayor muy enfermo que se mata por mí; y con la guita que gané en el fútbol ya le compré una casa a los viejos y tengo ese Peugeot que usted vio en el taller (…) Pero fui reo y voy a seguir siéndolo, aunque me empilche con esta ropa y ande en este coche. ¡Usted no se imagina lo que quiero a este laburo, porque yo sé lo que es levantarse a las 6 de la mañana por un par de lucas!”.

Cabe destacar que al igual que muchos arqueros famosos, el protagonista de esta historia terminó ocupando por accidente el puesto más ingrato que tiene el fútbol. Cuenta la historia que en plena década del ´50, mientras disputaba un torneo de “baby” en el Luna Park, debió ir al arco debido a que sólo se admitían arqueros con 1,57 mts.  de estatura como máximo y el titular de su equipo se excedía por apenas un par de centímetros; así terminó su incipiente carrera de wing derecho (“Mejor, porque la verdad es que no agarraba una”) para ir a parar al puesto que le daría fama, gloria y dinero.

Elegido por sus buenas actuaciones para la selección ideal de ese campeonato juvenil, luego de algunos años en un club de su barrio (Círculo Católico de Obreros de Palermo), el paso siguiente fue ir a parar a las divisiones inferiores del Club Atlético Atlanta. No sólo se trataba de una institución que estaba asentada en la elite del fútbol nacional por aquellos tiempos, sino que además era la más cercana a su domicilio y por la cual él simpatizaba. Todo le cerraba a un Poletti que en ese entonces tenía 13 años de edad; sin embargo, jamás llegaría a integrar el primer equipo del “Bohemio” y en cambio su debut como jugador de torneos de AFA, terminaría dándose en un club que es sinónimo del ascenso.

Sacachispas: la llegada al fútbol de AFA

Fundado en octubre de 1948, a comienzos de la década del ´60 Sacachispas Fútbol Club era un equipo que alternaba entre la Primera “C” y la Primera de “Aficionados”, tal como se conociera hasta el año ´73 a la actual Primera “D” de la AFA. De hecho, tras ascender en su temporada debut (1954), pasó varios años en la “C” hasta el descenso de 1962, y tras una breve estadía de una temporada en “Aficionados”, retomó su sitial en la división superior para el torneo de 1964.

Fue en el modesto club de Villa Soldati donde debutó Poletti durante 1961, con solamente 15 años de edad… si hoy suena a una locura que un arquero tan joven pudiera jugar en Primera “C”, cuesta imaginar lo raro que era eso hace casi 60 años. Allí, en el barro del ascenso, se fue formando el arquero que muy pocos años después alcanzaría la cima mundial.

Respecto a su paso por el “Lila”, esto recordaba el arquero en la citada entrevista del año ´67 brindada a Ardizzone: “Fui aprendiendo por las mías y con la ayuda de dos grandes tipos que encontré allí, Rama y Clemens. En Sacachispas aprendí acerca del trabajo en serio y me acuerdo cuando en primera nos tiraban $ 500 por partido, en concepto de viáticos. Como dato curioso, es dable señalar que desde Sacachispas pocos años antes había surgido otro gran arquero de esa década como fue Néstor Martín Errea. Si bien no coincidirían en su paso por SFC, el fútbol se encargaría de unir a ambos goleros a fines de esa década en uno de los principales equipos de América.

Hacia comienzos de 1964, las buenas actuaciones de Poletti llamaron la atención de los dirigentes de Estudiantes de La Plata, nada menos. De esta manera, el joven arquero pegó un salto de varias categorías y pasó de jugar en los bajos fondos del ascenso a hacerlo en una institución de Primera División. Pero no lo hizo sólo: el “Flaco” se fue a la capital de la provincia de Buenos Aires junto a un compañero de equipo que también haría historia en el rojiblanco, un tal Eduardo Luján Manera.

Estudiantes de La Plata: la gloria eterna

Sin embargo, la llegada de Alberto al “Pincha” no fue para jugar directamente en el primer equipo sino para hacerlo en la Tercera División. Una categoría que quedaría en el recuerdo como “La Tercera que mata”, siendo subcampeona de su división en 1964 y coronándose monarca al año siguiente.

Respecto a la formación de aquel conjunto, que sería la base del Estudiantes que en 1968 llegó a la gloria máxima, hace pocos años esto recordaba en un reportaje Miguel Ubaldo Ignomiriello, su formador: “La base de ese equipo la integraban cuatro jugadores que estaban en el club desde muy pequeños: Eduardo Flores, Oscar Malbernat, Carlos Pachamé y Juan Ramón Verón. Y después les voy incorporando jugadores, como Eduardo Luján Manera, Alberto Poletti, Juan Echecopar y el tucumano Ramón Aguirre Suárez. Como el club no tenía aún una pensión, a los jugadores que vivían en Capital se les pagaba el tren y la comida acá. Al segundo año le dije al presidente Mariano Mangano que con el dinero de un jugador de Primera que no jugaba solventábamos todos los gastos. Y eso hicimos: todos fueron becados, siendo el primer club en América en becar jugadores juveniles.

Sin embargo Poletti fue solamente parte de este equipo a lo largo del ´64, ya que para la temporada siguiente sería promovido a la Primera, para nunca más volver a bajar. Al respecto, esto contó Don Ignomiriello en esa nota del 2015 cuando le preguntaron por el mejor jugador de ese grupo: Hubo muchos, pero Eduardo Luján Manera era un defensor extraordinario, fue un fenómeno. Pero sería injusto con el resto. (Alberto) Poletti por ejemplo era el mejor arquero del país y la muestra estuvo que cuando lo subieron a  la Primera no bajó nunca más.

¿Pero a qué club llegó Poletti? ¿Qué era Estudiantes a comienzos de los 60´s? Pongamos las cosas en contexto: luego de un descenso en el que mucho tuvo que ver la política -ocurrido en 1953- pese a su rápido retorno a la elite el “Pincha” había estado siempre de mitad de tabla para abajo, siendo lo más destacado un opaco 7º puesto en el torneo del ´57. De hecho, en los años inmediatamente anteriores a su arribo, la cosa no había andado para nada bien: en 1961 y 1962 el equipo platense fue 14º entre 16 participantes, zafando de irse a la “B” solamente gracias a los promedios. Y el tema fue peor en 1963, ya que pese al 9º lugar en la tabla de posiciones, el club terminó con el peor promedio y se tenía que ir al descenso… pero la AFA anuló los descensos por el lapso de 3 años y eso salvó al “Pincha” de la guadaña.

Y en 1964 -jugando con la tranquilidad de que no habría chances de bajar- la producción del equipo fue espantosa otra vez y solamente se logró un horrible 14º puesto. Ese sería el final de una larga etapa de sinsabores para ELP, comenzada en el momento mismo de volver a la máxima categoría en el lejano año ´54.

Por ello, y sin lugar a dudas, 1965 es EL año bisagra en la historia de Estudiantes. En enero de ese año arribó al club nada menos que Osvaldo Juan Zubeldía, un joven entrenador que registraba muy buenas campañas con Atlanta, pero que llegó a La Plata en el mayor de los silencios. Con muy pocas incorporaciones y subiendo a muchos pibes de las inferiores, el hombre logró en menos de un lustro que el cuadro platense pusiera de rodillas al fútbol argentino y por qué no, al fútbol mundial también.

Respecto a cómo fue descubrir a un DT que traía métodos novedosos, y a lo chocante que fue en un principio, en una nota de poco tiempo atrás esto recordó el ex arquero: En la época de Osvaldo, los técnicos solamente trabajaban el día del “picado”, el día que jugaba la primera contra la reserva. En cambio él, trabajaba lunes, martes, miércoles, jueves, todos los días. El preparador físico trabajaba entre 40 y 60 minutos, y él una hora y media o dos horas. Así casi todos los días… ah! Y Todos los trabajos con pelota. La primera vez que lo vimos llegar con una bolsa de 20 pelotas nos miramos y dijimos: ¿este muchacho que quiere? Había una pelota para cada jugador y cada uno tenía que entrenar un movimiento específico con ella”.

Poco tiempo atrás, Carlos Salvador Bilardo recordó cómo se formó el mejor equipo “Pincha” de la historia: “Osvaldo subió a ocho de ese equipo campeón de inferiores: Poletti, Aguirre Suárez, Malbernat, Manera, Pachamé, Echecopar, Eduardo Flores y Verón… empezaba la hazaña. Los refuerzos fueron Roberto Santiago, suplente en Independiente, Marcos Conigliaro de Chacarita, Hugo Spadaro de Sarmiento, Enry Barale -libre de Boca- y yo, que jugaba en la “B” con Español. Ese grupo, sumado a Raúl Madero que ya estaba en el club y había llegado de Boca algunos años antes, se hizo indestructible. En el ´67 ya no nos ganaba nadie. Luego se sumaron Felipe Ribaudo, de Ferro, y Néstor Togneri, de Platense. Grandes muchachos, sin gran fama, útiles en lo táctico. La charla que Zubeldía nos dio en Estación Constitución fue una guía”.

Cuando CSB habla de “la charla”, hace referencia a una particular situación que vivieron los jugadores estudiantiles en la previa de aquel torneo de 1965. Citados muy temprano en la mañana de un caluroso día de verano en una de las grandes terminales ferroviarias de Buenos Aires, se dio el siguiente diálogo entre el mediocampista y su DT, recordado así por Bilardo: “¿Esperamos a alguien más, Osvaldo? pregunté a las 7.50, mientras aguardábamos el tren para La Plata en medio de miles de trabajadores que corrían un lado a otro, bajando del Ferrocarril Roca …”. A lo que Zubeldía, tranquilo pero firme contestó: “No, querían que vieran esto. Gente que debe trabajar mucho y seguro ganan poco. A veces hacen cosas que no les agrada y ustedes juegan por placer y además ganan dinero. Si hacen caso, son buenos profesionales -con exigencia en doble turno, pretemporadas duras en Necochea, largas concentraciones- serán famosos. Si no, esta es la vida que les espera.

El estreno de Zubeldía no fue muy bueno que digamos: el 18 de abril del ´65, ELP perdió 0-2 como local ante Rosario Central, por lo que más de un hincha seguramente pensó que se venía otro año complicado. Esa tarde el arco estudiantil lo ocupó Juan Alberto Oleynicky, un histórico del club a esa altura… pero fue su debut y despedida en ese torneo. A partir de la semana siguiente, en la derrota 2-3 en cancha de Banfield, el jovencito Poletti se adueñó del arco y gozó de la confianza del nuevo entrenador hasta el final del torneo, en el cual Estudiantes finalizó en un destacado 5º puesto sobre 18 participantes.

Poco tuvo que esperar para terminar por primera vez con su arco en 0, dado que en la 3 fecha los dirigidos por Zubeldía ganaron 1-o en Saavedra ante Platense. Y en lo que fue su bautismo ante aquellos hinchas que el año anterior lo habían visto atajar tantas veces en la Tercera, el pibe no desentonó: fue 2-2 ante Boca, en un duelo que el “Xeneixe” ganaba por un par de goles al descanso pero no pudo aguantar la embestida local en el complemento aquella tarde en 1 y 57. Cabe señalar que el porteño tuvo su debut con apenas 18 años de edad, una edad poco habitual para estrenarse en ese puesto en cualquier época, no sólo en esos tiempos. Habiendo jugado 33 de los 34 encuentros de su equipo, recibiendo 37 goles y terminando 8 veces con la valla invicta, estaba más que claro que su primer año en la elite tenía una calificación más que satisfactoria. Además, jugó los 2 clásicos platenses y no se fue derrotado, en lo que constituyó otro motivo de alegría para él: fue 1-1 como visitante y 3-1 en casa propia.

Y si bien se “comió” algún gol por jugar demasiado adelantado para lo que eran los parámetros de la época (como el que le hizo Narciso Doval en un 2-2 con San Lorenzo en La Plata, luego que Poletti jugara mal con los pies y su arco quedara desguarnecido), en ese torneo debut tuvo una gran alegría al atajar el primer penal de su carrera: fue en la fecha 29, en un éxito 2-1 ante Chacarita en San Martín.

Para 1966, Poletti confirmó que lo del año anterior no había sido casualidad. Es que de las 38 fechas disputadas, Poletti atajó en 35 encuentros (recibiendo 32 goles) y faltó solamente en 3 encuentros por lesión, en los que el veterano Oleynicky sufrió derrotas como local ante Boca y Racing, aunque mantuvo su valla invicta en 60 y 118 para no perder el clásico ante GELP. Pero tras ese parate vivido entre las fechas 6 y 8, el “Flaco” volvió con una notable actuación -su equipo igualó sin goles en Boedo- y no largó el arco hasta el final de un campeonato en el que ELP fue 7º pero ahora entre 20 competidores.

Por si fuera poco, y más allá de que él como arquero era parte integrante de un aceitado sistema defensivo, cabe acotar que Poletti terminó con el arco invicto en 16 de sus 35 presentaciones, una marca verdaderamente excelente. Con 20 años cumplidos y apenas un par de temporadas como titular, estaba ya sin dudas ubicado entre los mejores arqueros del fútbol nacional.

Estudiantes en el Metro 1967

Para 1967, la AFA dispuso el desdoblamiento de su calendario: en la primera parte del año se disputaría el Torneo Metropolitano -con la presencia de los equipos directamente afiliados que venían jugando en la “A”- y la novedad llegaba para el tramo final del año, con un Torneo Nacional que le daba 4 cupos a clubes de “tierra adentro” para codearse con los habituales de la elite. Y sin dudas, fue el mejor año de Estudiantes en 36 años que se llevaban de fútbol profesional en la Argentina hasta ese momento.

Es que en el Metropolitano, el cuadro de Zubeldía se transformó en el primer “chico” en poder gritar campeón. Luego de una notable primera fase, donde clasificó como escolta del “Racing de José” y postergó las aspiraciones de los otros 9 componentes de su zona, llegó la inolvidable semifinal que le ganó 4-3 a Platense en La Boca, tras remontar un 1-3 parcial con 10 hombres por la lesión de Barale. Y esa hazaña le permitió jugar en Boedo la final ante un Racing que ya era campeón de América y que pocos meses después ganaría la Intercontinental. Aquella tarde del 6 de agosto del ´67 en el “Gasómetro”, el equipo de Pizzuti se rindió ante la superioridad de un “Pincha” notable que ganó 3-0 y conquistó la primera estrella de su historia.

Ya en el Nacional (torneo que se jugó con el sistema de todos contra todos pero a una sola rueda) ELP mantuvo un excelente rendimiento, clasificándose subcampeón de Independiente. Lo llamativo para muchos fue que los platenses no se coronaron pese a que fueron los únicos que terminaron el certamen sin derrotas y encima, recibiendo apenas 8 goles contra 14 del monarca. ¿El año de Poletti? Fue sencillamente espectacular, toda vez que -con muy buen nivel- jugó los 3510 minutos que su equipo disputó en el año. Alberto no faltó ni un segundo de los 24 partidos del Metro ni de los 15 del Nacional, por lo que los jóvenes suplentes Mario Flores y Oscar Pezzano, debieron conformarse con alternar en el banco.

La final del Metro 1968

Ya en 1968, el elenco platense volvió a tener una excepcional labor en el Metro, pero esta vez los dirigidos por Zubeldía se quedaron en las puertas de la gloria, clasificando Estudiantes como subcampeón del recordado equipo de San Lorenzo que pasó a la historia como “Los Matadores”. Hubo un par de zonas con 11 equipos cada una, el “Pincha” pasó a semifinales justamente como escolta de CASLA, y en esa instancia batió ajustadamente 1-0 a Vélez, con un Poletti notable. Pero en la final, jugada el 4 de agosto en Nuñez, los dirigidos por el brasileño “Tim” se impusieron 2-1 (en tiempo suplementario) ante un equipo que ya era el dueño de América y obtuvieron la corona.

¿Cómo es eso? Es que entre el 24 de enero y el 16 de mayo del ´68, se había jugado la novena edición de la Copa Libertadores, máximo torneo internacional de clubes de esta parte del mundo. Y en la que fue su primera incursión continental, Estudiantes se consagró campeón luego de un largo camino que fue el siguiente: debutó el 27 de enero ganándole 4-2 como visitante a Independiente, y terminó obteniendo su grupo de primera fase (compartido con los de Avellaneda y los colombianos del Deportivo Cali y Millonarios); en la segunda fase debió compartir zona nuevamente con el CAI y con los peruanos de Universitario, ganando la misma y accediendo a las semifinales, donde lo aguardaba ese Racing que era el vigente campeón de América pero al que casi un año antes había aplastado en la final del Metropolitano. Así las cosas, y al cabo de 270 minutos que fueron eternos, ELP avanzó a la final, tras perder 2-0 en el “Cilindro”, ganar 3-0 en 1 y 57 y sacar un 1-1 en el desempate jugado en Nuñez, gracias a una recordada chilena de la “Bruja” Verón.

Y en la instancia decisiva aguardaba el temible Palmeiras. Los brasileños querían emular al Santos y transformarse en el segundo equipo de su país que ganaba el trofeo, mientras que en la vereda de enfrente estaba un modesto cuadro que hasta muy pocos años antes, peleaba por no irse al descenso en el torneo local. El 2 de mayo, Estudiantes ganó la primera final como local, imponiéndose 2-1 tras haberse ido en desventaja al descanso. Pero 5 días más tarde, el “Verdao” impuso condiciones en San Pablo y venció 3-1, lo que motivó la disputa de un tercer encuentro, tal como se estilaba en aquella época.

Montevideo, 16 de mayo de 1968. Un lugar y una fecha que 11 tipos transformaron en inolvidable para ELP, desde ahí a la eternidad. Poletti le bajó la persiana a su arco, y gracias a los goles de Ribaudo y Verón, los platenses alcanzaron una conquista inimaginada apenas un año y medio antes. Y ese triunfo no sólo les daba la Libertadores, sino también la chance de enfrentar al campeón de Europa, que a la sazón sería el Manchester United.

El Pincha en la Libertadores de 1968

El hecho de preparar un duelo tan importante como la Copa Intercontinental, fue clave para que en el segundo semestre del año Estudiantes dejara de lado la competencia doméstica, y por ello no sorprendió a casi nadie que el equipo terminara en un pálido 14º puesto entre 16 equipos, siendo la primera vez en 4 años que el albirrojo tenía un tan flojo campeonato. Poletti terminó el año calendario jugando 27 de los 39 encuentros que disputaron los platenses, lo que permitió que su suplente Flores esta vez tuviera su debut y terminara el año con 11 presencias. Otro que debutó, aunque jugando un solo partido del Nacional, fue un morocho llegado en silencio desde Bahía Blanca y que llevaba un par de años en el club. ¿Su nombre? Héctor Rodolfo Baley.

Lo verdaderamente importante para ELP en esa segunda mitad del ´68, fue como decíamos, el choque ante el United. En tiempos de partidos acá y allá, la ida se jugó en Argentina el 25 de septiembre: el team de Zubeldía fue local en La Boca y ganó 1-0 por un gol de Conigliaro, en otra noche de extrema seguridad para el arco del protagonista de esta historia. Luego de una espera que pareció eterna, el 16 de octubre la lluvia y decenas de miles de ingleses esperaban en “Old Trafford” por ese grupo de argentinos que iban, contra todos los pronósticos, por la gloria… y no la dejaron escapar. Recién a los 44 minutos del segundo tiempo vio Poletti vulnerada su valla por aquel disparo de Morgan, pero como el visitante ganaba desde el arranque por un cabezazo de Verón, el 1-1 final fue suficiente para ganar la Copa Intercontinental y poner broche al mejor año en la historia del club, al menos si del plano internacional se habla.

Para 1969, el desafío del “Pincha” era defender el título de América, sin resignar desde el vamos la competencia a nivel local. Y cerca estuvo de meterse por tercer año al hilo en la definición del Metropolitano, aunque esta vez fue 3º en la Zona “B” (entre 11 participantes) y vio como River y Racing se clasificaban a semifinales.

Donde no falló fue en el ámbito internacional, habida cuenta que volvió a coronarse campeón de América, con un plantel reducido pero que sabía lo que quería y no paraba de trabajar en pos de conseguirlo. Apuntalados por un estratega como Zubeldía, pero también por un preparador físico de excelencia como Jorge Kistenmacher -quien era el verdadero manejador de ese grupo de jugadores-, los tipos se pusieron un objetivo y lo cumplieron: Estudiantes ingresó en semifinales por ser monarca vigente, en una edición de la Libertadores que tuvo la particularidad de no contar con otros clubes argentinos. Los platenses pasaron a los chilenos de Universidad Católica con sendos 3-1, y luego en la instancia decisiva hicieron gala de una notable defensa para postergar a un Nacional que así perdía su tercera final en apenas 5 años: el 15 de mayo el cuadro argentino ganó 1-0 en Montevideo, mientras que una semana más tarde venció 2-0 en su reducto de 1 y 57, el cual a esta altura era una pequeña fortaleza inexpugnable.

En 1969

Sin embargo, así como Poletti vivió un excelente primer semestre del ´69, en la segunda parte del año fue protagonista de un desagradable episodio que lo marcaría para siempre. En la Copa Intercontinental de ese año, a los argentinos les tocó jugar ante el Milan, en una serie que arrancó con un rotundo 3-0 para los italianos cuando se enfrentaron en suelo europeo el 8 de octubre. Con ese resultado, teniendo en cuenta que a ELP no le alcanzaba el triunfo por cualquier resultado (como sí ocurrió en ediciones anteriores), muchos imaginaron que iba a ser imposible revertir la historia cuando se disputara la revancha en La Boca… lo que tal vez nadie imaginó, es que se trataría del duelo más sangriento en todas las ediciones de este torneo.

En efecto, el 22 de octubre el cuadro de Zubeldía venció pero 2-1, lo que obviamente no le alcanzó para forzar un desempate. Pero más allá del resultado, quedó en la historia el festival de piñas, patadas y arteros codazos que se propinaron los jugadores aquella noche en la “Bombonera”, en los que el principal lastimado resultó Néstor Combín, un franco-argentino que jugaba para los milaneses y sufrió la fractura de su tabique nasal por una agresión de Aguirre Suárez. Pero Poletti no quiso ser menos que el tucumano, y en un instante de locura, salió desde su área casi hasta la media cancha, solamente para pegarle una patada en la espalda a un rival (Pierino Prati)… que estaba en el piso.

Luego del encuentro, el gobierno militar encabezado por el dictador Juan Carlos Onganía pretendió dar un ejemplo de buena conducta metiendo presos por 30 días a Manera y Aguirre Suárez -quienes habían sido expulsados- y también a Poletti aunque su patada había pasado inadvertida durante el partido. Además, los defensores fueron suspendidos con 20 y 30 fechas respectivamente por la AFA, y al “Flaco” le dieron una sanción de por vida (!); aunque por suerte para él, cuando cambió el gobierno en la Argentina al año siguiente le llegó el indulto.

Al margen de la autocrítica por lo violento que era ese equipo de Estudiantes por momentos, el arquero más de una vez contó que en la previa del encuentro con el Milan, fue un capellán del propio ejército el que los había incitado a obtener la victoria a cualquier precio: “El cura bajó al vestuario y nos dijo: “Ganar o morir”. Nosotros éramos jóvenes, yo por ejemplo tenía 23 años… ¿Si me arrepiento de lo que hice? No, yo pagué por lo que hice. Treinta días entre rejas y más de siete meses sin jugar. Me suspendieron de por vida, pero cuando cayeron los militares me indultaron. El monseñor de ‘Ganar o morir’ no apareció para dar la cara. Querían que ganáramos porque en el país había revueltas de trabajadores, huelgas… Y querían taparlo.

En 1969, y por culpa de esa larga suspensión, Poletti jugó la menor cantidad de partidos por torneos locales desde su debut, apenas 13 sumando los 11 del Metro y los 2 del Nacional, antes de que pasara lo de la Intercontinental. Más allá de que jugaron algunos partidos los canteranos Flores y Carlos Leone -quien ese año hizo su debut-, el principal reemplazo de Alberto fue el ya nombrado Errea, quien durante años no se había podido asentar en Boca, y con Estudiantes fue titular en la conquista de la Libertadores de 1970, tercera al hilo para los muchachos de Zubeldía.

Cabe acotar que Errea gozaba de la admiración del “Flaco” desde hacía varios años. No sólo por haberlo mirado cuando llegó siendo un niño a Sacachispas, sino también porque era el “1” de ese Atlanta que a comienzos de los 60´s el seguía desde el tablón en Villa Crespo. Así lo dejó en claro alguna vez en un reportaje: Iba a ver siempre a (Néstor) Errea, quizá porque simpatizaba con Atlanta, pero Néstor entonces, allá por el 60, ya sabía cualquier cosa de este laburo…Fue uno de los primeros o a lo mejor el primero que empezó a acostumbrar a la gente a ver a un arquero parado en la raya de las dieciocho… Y le pasó lo mismo que a Hugo (Gatti). No se cuentan los goles que impide por eso, le cuentan el que le hicieron por estar adelantado…Mire, yo uso la lógica siempre, pero hasta que me sirve… Después soy capaz de cualquier cosa antes que ver la pelota adentro, y eso lo aprendí de él.

Habiéndose perdido el Metropolitano de 1970 por la comentada sanción, la amnistía le llegó para el Nacional de ese mismo año, donde Estudiantes tuvo un andar irregular. Sin embargo, y pese a la falta de ritmo después de un parate de tantos meses, disputó 13 de los 20 partidos de su equipo, en el certamen que marcaría no sólo su despedida del club, sino también la del entrenador y hasta el retiro de Bilardo de la práctica activa. Su última función con el buzo del “Pincha” en el ámbito local -la número 160- tuvo lugar en Liniers, el 16 de diciembre del ´70: fue en un partido ante Vélez que terminó 1-1 y que tuvo la particularidad de que ese animal del gol llamado Carlos Bianchi, desvió un penal.

Huracán: un paso efímero

Habiendo sido durante un lustro el arquero titular del equipo que pasó a la historia como “el antifútbol”, llama mucho la atención -al menos viéndolo a la distancia- que tras irse de La Plata el siguiente destino de Poletti fuera nada menos que Huracán, un club que por su filosofía está en las antípodas de ELP. Pero el fútbol tiene esas cosas caprichosas a veces, y así fue como en el verano del ´71 el arquero llegó a la institución de Parque de los Patricios, aunque su ciclo sería muy breve si se lo compara con el que tuvo en la ciudad de las diagonales.

Es que el “Flaco” permaneció en el “Globo” solamente durante el Metropolitano 1971, un torneo en el que su equipo finalizó en la 9º posición entre los 19 postulantes a un título que agónicamente Independiente le sacó del buche a Vélez. El arquero estuvo presente en 14 de los 36 cotejos disputados por un plantel en el que ya estaban tipos como Alfio Basile, Daniel Buglione, Carlos Babington, Miguel Brindisi y Roque Avallay… nadie lo imaginaba en aquel entonces, pero un par de años más tarde, con esos jugadores y algunas otras figuras, el cuadro huracánense ganaría el único título del profesionalismo con un equipo que quedó en la historia.

Huracán en 1971

El debut con su nuevo club, como si de una broma pesada del destino se tratara, tuvo lugar nada menos que en el viejo estadio de 1 y 57, ese lugar que había sido su casa durante tantos años. El 7 de marzo de aquel año, en el marco de la fecha inaugural del certamen, Estudiantes igualó 1-1 con Huracán, siendo su verdugo un amigo como el “Bocha” Flores, quien lo batió con un cabezazo; luego empataría Héctor Rodolfo Veira para la visita, por lo que los dirigidos por Alberto Rendo (quien aún era futbolista profesional) rescataron al menos un punto en su excursión a La Plata. Ya en la fecha siguiente debutó como DT del “Globo” el mismísimo Zubeldía, en una movida que al día de hoy a muchos les sigue llamando la atención… pero el paso por allí del estratega juninense no fue muy largo, despidiéndose del equipo tras golear 4-0 a Newell´s un par de meses después. En la 13º jornada agarró la batuta César Luis Menotti, el técnico que pese a un estreno espantoso (0-3 en La Boca) un par de años más tarde le daría la gloria máxima a Huracán.

Justamente fue el entrenador campeón del mundo en 1978, quien se decantó por Néstor Hernandorena para la titularidad en lugar de Poletti. De hecho, el protagonista de este post entre las fechas 24 y 36 estuvo ausente hasta del banco, para volver a ser titular en la 37º y penúltima fecha del certamen: la tarde del 26 de septiembre del ´71, en la derrota 2-1 sufrida ante Atlanta en el “Tomás A. Ducó”, el polémico arquero disputó el último de sus 174 partidos por campeonatos locales.

Grecia: el adiós prematuro

Ya sin ganas de continuar atajando en la Argentina, cansado de las polémicas y también aquejado por algunas lesiones, el destino final de Poletti fue el fútbol griego, más precisamente para defender los colores del Olympiacos.

Allí el argentino mostró destellos de su talento, y fue parte del equipo que consiguió ganar la liga en la temporada 1972/73. Pero ni siquiera la “zanahoria” de jugar la Copa de Campeones de Europa 73/74 fue suficiente, y debido a un grave problema lumbar y a una rodilla que lo tenía a maltraer -en tiempos en que la medicina deportiva estaba a años luz de ser lo que es hoy-

De su paso por Grecia, queda esta gran anécdota: cuenta la leyenda que al llegar a Atenas lo esperaba el empresario que había posibilitado su llegada a su nuevo club. Y que este buen hombre encaró a los periodistas que estaban en el aeropuerto aguardando por el arquero y les dijo: “Y ahora, señores periodistas, tenemos que dejarlos, porque el jugador lo primero que quiere hacer es depositar flores en la tumba de su abuela”. A esa altura, la cara de (?) de un Poletti que no entendía demasiado era para retratarla en una foto.

La cuestión es que jugador e intermediario llegaron al cementerio, junto a un nutrido grupo de reporteros que querían retratar un momento tan humano, buscando y encontrando posteriormente una lápida a nombre de “Panaitonias Poletti”. Mientras depositaban un ramo de flores en la tumba, el argentino no pudo evitar decirle a su agente que él no tenía ninguna abuela griega y que no entendía nada. ¿La respuesta que obtuvo de su interlocutor? “Shhhh… callate que vos tenés un falso pasaporte griego, gil, ¿si no cómo pensas que te íbamos a traer?Desde hoy y mientras estés en Atenas, esta es tu abuela”.

El retiro: la representación de jugadores

Retirado en forma demasiado temprana de la práctica activa (lo hizo antes de cumplir los 28 años de edad), Poletti pasó a ser un jubilado muy joven. Buscó entonces con distintas actividades la forma de matar el tiempo y ganarse la vida, lo cual hizo principalmente en el rubro inmobiliario, en el cual comenzó a incursionar mientras purgaba aquella suspensión de 1969.

En lo relativo al fútbol, cabe señalar que intentó trabajar como entrenador, pero luego de una breve experiencia en Almagro desistió de esa idea. Así fue como después de varios años de retirado, formó una dupla de exitosos representantes de futbolistas junto a su amigo Enzo Gennoni, quien en la década del ´60 había vestido las camisetas de Vélez, Platense y Rosario Central, teniendo luego pasos muy breves por River e Independiente. Con Gennoni arrancó a fines de los 80´s, y siguió a su lado hasta la muerte del ex delantero ocurrida en diciembre de 1998.

Los últimos 20 años de Poletti han transcurrido con un muy bajo perfil, siendo invitado cada tanto a algún evento por parte de la gente de Estudiantes de La Plata, ese club en el que él contribuyó a su crecimiento deportivo y que si algún mérito tiene, es que sabe reconocer a los jugadores que le han dado gloria dentro del verde césped.

Poletti con Mariano Andújar

Cultor de un estilo arriesgado, fue de los primeros arqueros que se animó a usar mucho los pies para jugar, en una época en que eso era visto como una locura prácticamente. En tal sentido, siempre consideró un referente a Hugo Orlando Gatti, a punto tal que en plena década del ´60 una vez dijo: -¡Es un fenómeno! Las sabe todas, las viejas y las nuevas. Inventa todos los días y va a seguir inventando…”. Por ello, y más de una vez incentivado por Zubeldía debido al recurso permanente de jugar al achique por parte de su equipo, debió fungir como un líbero improvisado, saliendo casi siempre airoso.

Respecto a su forma de jugar y a qué pensaba de aquellos colegas más timoratos, bien vale la pena repasar lo que declaraba en una entrevista del año ´66, cuando asomaba con fuerza en el plano nacional: “¿Sabe cuál es mi opinión? Que con los arqueros juiciosos no pasa nada, los que se ajustan al reglamento nunca van a llegar a nada…por eso tuve alguna contra cuando llegue a Estudiantes. Porque a la gente le cuesta habituarse a ver un arquero que use los pies o la cabeza o lo que fuera. ¿No ve lo que pasa con Hugo (Gatti)? Siempre va a tener contra y sólo ahora le está ganando a la tribuna…a mi me resistían, me decían “loco”, “atrevido”, cualquier cosa”. Y agregó, citando a ese entrenador que terminó siendo clave en su carrera y en su vida: “(Osvaldo) Zubeldia se la jugó por mí; y se la jugó enseñándome muchas cosas… corrigiéndome, sí, pero sin sacarme lo que yo traía adentro, lo que ya era mío. Yo estoy convencido de una cosa: el arquero no puede quedarse a ver qué pasa, sino que tiene que ser el primero en resolver, porque cuando un arquero duda, hace dudar a todo el equipo…Y aunque es el que menos juega puede llegar a ser clave, por la confianza que transmite desde el fondo”.

Dueño de un particular sentido del humor, basta como muestra señalar que alguna vez, cuando le recordaron su retiro tan prematuro y sus lesiones, sin hacerse mayores problemas dijo: “Es que tengo más operaciones que el Banco Central”. O cuando en una nota reciente, declaró: “Pensar que ahora el metro cuadrado de mi barrio sale como U$S 10.000… Esto de Hollywood no tiene nada. De ser así, me hubiera criado con Paul Newman”.

Siempre fue así, ácido, frontal, directo. ¿Hacía tiempo cuando podía? Claro que sí, de hecho fue uno de los precursores en el tema. ¿Sacó de quicio a más de un rival boqueando? También es verdad. Pero fue un guapo dentro de su área y también fuera de ella; en época de notables arqueros (a los ya citados en este post podemos agregar los nombres de Amadeo Carrizo, Antonio Roma, Carlos Buttice y Agustín Cejas), se midió todos los domingos con ellos durante varios años y no desentonó, sino más bien todo lo contrario. Y para eso no bastaba con hablar, había que tener condiciones debajo de los tres palos y dominando el área también.

Alberto José Poletti es un símbolo del Estudiantes más glorioso, ese que desde la nada misma conquistó el mundo a base de sacrificio. Pero también, es uno de los mejores arqueros de nuestra historia, motivo por el cual es más que merecida su inclusión en esta humilde sección.

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