Pintaba para crack: Dener

Hoy les traemos la breve historia de un brasileño que a base de gambeta y velocidad supo asombrar a propios y extraños pero que en el mejor momento de su carrera la desgracia echó por tierra su progreso.

Tras la eliminación del Mundial de Italia en manos de Argentina, el fútbol brasileño comenzó a plantearse seriamente la necesidad de un recambio. Si bien aquel equipo no era viejo (los titulares de mayor edad eran Alemao y Careca), había que empezar a pensar en triunfar cuatro años después, con lo cual nombres como Ricardo Gomes, Renato Gaúcho o Ricardo Rocha podían llegar con más de 30 años. Para la Copa América ’91 cambiaron 15 de los 22 nombres que habían ido al Mundial. Pero hubo un jugador que estuvo a nada de disputar ese torneo. No lo llevaron porque “lo veían demasiado joven”, pero aquellos que tuvieron la oportunidad de verlo jugar decían que “parecía que jugaba en Primera hace diez años”. Ese jugador era Dener.

Nacido como Dener Augusto de Sousa el 2 de Abril de 1971, nuestro homenajeado no la tuvo fácil desde su llegada al mundo. Criado en Vila Ede -un barrio humilde del norte de San Pablo- el pequeño Dener pasaba su tiempo corriendo detrás de una pelota y jugando cuanto partido se presentaba en algún campito cercano a su casa. Asombraba sobre todo su coordinación de velocidad y elasticidad: eludía patadas con una plasticidad pocas veces vista, sobre todo si tenemos en cuenta su flaco y desgarbado cuerpo producto de una alimentación deficitaria acorde a la situación de pobreza en la cual vivía.

Cuando ya alcanzó los diez años, los campitos llenos de piedras y escombros en donde empezó a gambetear todo lo que se cruzaba le quedaron chicos. Lo vinieron a buscar de todos los clubes habidos y por haber en San Pablo, pero terminó yéndose a jugar a Portuguesa, el primer equipo Paulista de la historia. Comenzó jugando fútbol sala, pero en poco tiempo demostró en esas canchitas que su estilo de juego necesitaba mas espacios. Pronto pasó a desempeñarse en fútbol 11. Allí, sin que nadie se lo indicase, encontró su lugar en la cancha: un mediapunta escurridizo pero con cierta precisión para habilitar delanteros y una interesante efectividad delante del arco. Sin embargo, ese progreso exponencial se vio truncado por el hambre. Huérfano de padre desde los ocho años, Dener vio durante casi toda su infancia como su madre se desvivía por llevar el pan a la mesa para él y sus hermanos. En 1986, la madre juntó a sus hijos y les explicó que el dinero que ganaba ya no alcanzaba para vivir y que ellos también debían trabajar. Con 15 años, Dener debía dejar momentáneamente la idea de ser futbolista profesional. Pero no el fútbol.

130314-familia-dener-pg-25_arquivopessoal
El pequeño Dener con un amigo. Nunca pudo cumplir el sueño de jugar en Sao Paulo, club del cual era hincha.

Si bien en un principio sus hermanos le propusieron que él siguiera jugando al fútbol mientras ellos trabajaban, Dener consideró que eso era injusto y se negó. Por la mañana iba al colegio y por la noche trabajaba, mientras que los fines de semana jugaba por algo de dinero para Vila Maria, equipo juvenil que disputaba campeonatos intercolegiales bastante picantes. Taquá, compañero y amigo de Dener en aquel equipo, recuerda una anécdota sobre aquellos torneos: “Dener era muy pequeño físicamente y jugabamos contra equipos que no sólo tenían jugadores mayores que nosotros, sino también mejores. Recuerdo uno en particular contra un equipo que tenía un crack llamado Rodolfo. Dener sabía que para ganar había que pararlo. En una pelota dividida fue directamente con la mano hacia la cara de Rodolfo y le metió un dedo en el ojo. Rodolfo no pudo seguir jugando y ganamos el partido. Dener era muy vivo”.

En aquellos campeonatos intercolegiales Dener era una de las figuras que todo el mundo iba a ver, pero la situación económica se volvía cada vez mas acuciante. Un hecho que nunca fue aclarado terminó por definir el rumbo que seguiría Dener. Luego de un partido en Vila Maria, fue acusado de robarse un reloj, el cual apareció en su mochila. El juró y perjuró que no había sido, que se lo habían colocado allí. Fue suspendido durante un tiempo. En ese lapso, el equipo fue un desastre. No era lo mismo sin Dener. Fue perdonado y volvió a jugar. Sus hermanos, enterados del hecho, nunca creyeron que había sido inculpado. Temían que el talento de su hermano se desviase por mal camino. Hablaron con su madre y le pidieron que permita que Dener se dedique solamente al fútbol. Ellos cubrirían la parte de su hermano. Fue así como el jovencito con pasta de campeón dejó todo y se fue a probar al equipo de sus amores, Sao Paulo. Sin embargo, allí sólo estuvo dos meses y fue dejado libre. Volvió al lugar que lo cobijó por primera vez, el Portuguesa.

dener-lusa
Dener en acción, dando sus primeros pasos como profesional en Portuguesa.

Con tan solo 17 años arribó al equipo juvenil de la entidad paulista, pero ya se notaba que por características técnicas y personalidad sería cuestión de tiempo que diera el salto al primer equipo. Tal es así que lo terminarían pidiendo los propios dirigentes del club. Así lo recuerda Antonio Lopes, el técnico que lo haría debutar: “vino un directivo del club y me pidió que lo haga jugar con la Primera. Le iba a dar el gusto, pero en un entrenamiento. Lo cierto es que lo puse a poco del final y lo primero que hizo fue tirarle un sombrero al primer marcador central y cuando el segundo se tiró con los dos pies para adelante, levantó sutilmente la pelota y lo saltó. La rompió. Terminó el entrenamiento y le pregunté a los dirigentes si el chico ya tenía contrato. Cuando me dijeron que no, les supliqué que se lo hagan firmar inmediatamente“. Tras unos meses entrenando con el primer equipo pero jugando con los juveniles, haría su debut en 1989, reemplazando nada mas y nada menos que a Roberto Dinamita, que años después declararía sobre Dener: “la primera vez que lo vi jugar quedé asombrado. No parecía de 18 años, parecía el doble”.

Sus actuaciones en Portuguesa comenzaron a asombrar a propios y extraños. Nadie tenía en el radar a este flaquito desgarbado que gambeteaba como loco. El renombre que comenzó a tomar en el mundo del fútbol le jugó en la cabeza para bien y para mal. Durante sus primeros años allí en A Lusa alternó berrinches y llegadas tarde a los entrenamientos con gestos de humildad pocas veces vistas, como gastar su dinero para comprarle comida a chicos en situación de calle o pelear un contrato de un juvenil siendo él mismo un juvenil. Pero todos sabían -desde el presidente hasta el último suplente- que Dener era un fuera de serie y le perdonaban casi todo. Capitao, uno de los jugadores más experimentados que tenía Portuguesa en aquel entonces, cuenta que “le pediamos por favor al entrenador que no lo sancione. Llegaba tarde, a veces desaparecía… pero era el que nos hacía ganar los partidos“. Uno de esos entrenadores fue José Macia, compañero de Pelé en el Santos y DT del Portuguesa en 1990. Pepe confirma lo que decía Capitao: “Dener fue el único jugador con el cual hice excepciones en toda mi carrera como entrenador. De lo que yo viví y vi jugar, fue lo mas cercano a Pelé“. Pavada de elogio. Veanlo con sus propios ojos.

 

 

 

 

 

 

Su meteórico ascenso hizo que todos los ojos se posaran en él. Lo querían todos los clubes grandes de Brasil. Dener era consciente de ello. Para 1991, el baixinho haría su debut en la Canarinha en un vibrante 3 a 3 frente a Argentina en cancha de Velez. Jugó pocos minutos pero fueron suficientes para ya trascender fronteras. Se hacía necesario mejorarle el contrato, pero las dificultades económicas del club hacían imposible pagarle grandes cifras. La personalidad díscola de Dener llevaría esa situación al límite, al punto de querer subirse a un avión e irse a Europa por las suyas. Así lo recuerda Sinval, su compañero de ataque en Portuguesa: “Bélgica era un destino codiciado en lo económico. Ellos venían a buscar jugadores de clubes sin tanto renombre. Por aquel entonces no había mediación de FIFA o la justicia, por lo que muchas veces hasta robaban futbolistas: les pagaban el pasaje, les hacían un contrato y luego resarcían al club por un precio mucho mas bajo. Lo cierto es que, sabiendo esto, nos fuimos al aeropuerto casi sin nada dispuestos a sacar dos pasajes hacia Bélgica. Al final, alguien nos identificó y dio aviso al presidente del club, nos mandó a buscarnos con un auto y nos llevó al club con la promesa de pagarnos lo que quisieramos”. Ambos permanecerían en el club dos años mas.

Dener la rompía casi todos los partidos. Portuguesa le quedaba chico ya. A comienzos de 1993 su socio Sinval se había marchado a Gremio Novorizontino, quien podía afrontar un sueldo mayor al del equipo paulista. El Rubro-verde ya no podría sostener por mucho mas tiempo a la joven estrella y los grandes de Brasil sabían de ello. A fines de 1992 Manoel Gonçalves Pacheco -presidente del club- y Dener se sentaron a negociar. Él ya era el jugador mejor pago del plantel. Según Pacheco, el futbolista pidió un sueldo mensual cercano a lo que hoy serían 50.000 dólares. “Con ese dinero yo pagaba los sueldos de todo el plantel”, afirma. Era imposible que siguiera en Portuguesa. Sin embargo -y a pesar que exigió una cifra irrisoria- Dener no iba a dejar tirado al club que lo cobijó y firmó una extensión de contrato por dos años más con la sóla intención de que el club cobrara dinero por prestarlo a otras instituciones. Fue así como, sin dejar de pertenecer a Portuguesa y sin que el club le pague un centavo, se fue a préstamo tan sólo por tres meses a Grémio de Porto Alegre, quien pagó una muy buena cifra por él. Allí, disputando apenas 23 partidos y convirtiendo cuatro goles, obtendría el Campeonato Gaúcho.

25781_med_dener
Posando para la foto como campeón gaúcho. La banda cruzada cual modelo Miss Universo es cuanto menos de dudoso gusto.

En apenas tres meses con la casaca tricolor se convirtió en ídolo. Dicen que allí fue donde alcanzó la madurez y su mejor fútbol. Alejado de las libertades y la sobreprotección con la cual contaba en Portuguesa, al crack no le quedó otra que enderezarse. Tras la obtención de aquel título volvió a Portuguesa para jugar el Brasileirao. Otra vez la fiesta en Canindé. Portuguesa no figuraba ni a los premios, pero ir a verlo daba gusto. Así lo deja en evidencia Oscar Roberto Godoy, árbitro brasileño en aquellos tiempos, cuando se le consulta por un famoso gol de Dener al Santos: “Claro que vi el golpe de Dener a Silva, tenía el silbato en la boca. Pero en cuanto vi que gambeteó al arquero, ignoré la falta y dejé seguir la jugada por amor al arte”. Este es el tan mentado gol:

 

 

 

 

Llegaba fin de año y otra vez tocaba sentarse a negociar con Dener. Esta vez, el futbolista no pidió más dinero: pidió un auto, mas precisamente un Mitsubishi Eclipse. La situación la recuerda nada menos que Roberto, quien fuera compañero en Portuguesa: “le habían prometido ese auto. Hasta que no se lo trajeron, no jugó. Iba a entrenar, pero no jugaba. Cuando se lo dieron, ahí volvió a jugar”. Era el niño mimado del club, pero los números no cerraban. Se dio la misma situación que a principio de año, pero esta vez fue Vasco da Gama quien puso 600.000 dólares para llevarselo a préstamo por seis meses. Para el club era un alivio. Para Dener, la oportunidad de mostrarse nuevamente en un grande a pocos meses del Mundial de Estados Unidos.

No es necesario decir que el morocho la descosió en el conjunto carioca. Alejado de las libertades que gozaba en San Pablo, Dener sólo tuvo la cabeza puesta en el fútbol. No era un goleador, pero cada vez que agarraba la bocha no lo podían parar. “Para mi es más bonito gambetear que hacer un gol”, supo decir ante los micrófonos en alguna ocasión. En todas y cada una de las imágenes -que tampoco son muchas- de sus acciones da muestra de ello. Con Vasco obtuvo la Taça Guanabara al vencer 4 a 1 al Fluminense, en un partido donde erró dos goles hechos, uno de ellos tras una apilada memorable en la cual no se puede explicar como esquiva tantos rivales en tan pocos metros.

 

 

 

Tras la obtención de esa copa, se venía la definición del Campeonato Carioca: un cuadrangular bastante chivo entre Vasco, Fluminense, Flamengo y Botafogo. O Almirante arrancó bastante bien, venciendo al Fogão 2 a 1 como visitante y sacándole un puntito inteligente a Fluminense. En la cabeza de Dener sólo estaba la idea de salir campeón, ni siquiera la chance de ser convocado al Mundial le interesaba. “Lo más importante es el Vasco, solo pienso en eso. La selección es solo consecuencia del trabajo que haces en el club”, había dicho en su presentación. La frase de cassette se había hecho carne. Estaba en el punto más alto de su carrera. Tras el partido con el Flu, los dirigentes de Vasco le avisaron que debía ir rápidamente a San Pablo a reunirse con los directivos de Portuguesa, dueño de su pase: emisarios del Stuttgart habían estado siguiéndolo por recomendación de un compatriota suyo que jugaba allí, Dunga. Esa misma noche, junto a su amigo Otto Gomes, subió a su Mitsubishi Eclipe y partieron hacia San Pablo. Las negociaciones llegarían a buen puerto y tras la finalización del Mundial, Dener sería jugador del conjunto alemán. Pero nada de eso terminaría ocurriendo.

Con la intención de descansar en el viaje y llegar bien temprano a Rio para el entrenamiento, Dener le pidió a su acompañante que condujera todo el camino. En la mañana del 19 de abril de 1994 y a tan sólo 15 minutos de llegar a destino, Otto Gomes se quedó dormido al volante y el auto terminó impactando contra un arbol lindero a la laguna Rodrigo de Freitas. Dener tenía el cinturón de seguridad puesto, pero había inclinado el asiento al máximo para ir acostado. Con la frenada brusca, el cinturón impactó en su cuello y le destruyó inmediatamente la laringe y la traquea. Las imágenes hablan por sí solas.

dener
Sin palabras

Rio de Janeiro se transformó en un velorio. Sus compañeros -que ya estaban levantados para ir a entrenar- oyeron la noticia y fueron todos al lugar del hecho. Uno de los mas impactados fue Luisinho. “Lo ví dentro del auto y no tenía ni un rasguño, parecía dormido. Yo estaba en tal estado de shock que llegué a decirle que se despierte, que había que ir a entrenar”, recuerda con angustia. La joven promesa del fútbol brasileño se iba de una manera absurda.

En el accidente, Otto Gomes perdió las dos piernas. Cuando recuperó el conocimiento, aclaró que Dener le pidió conducir para poder descansar, ya que el jugador no quería llegar tarde o ausentarse del entrenamiento, ya que le preocupaba que volvieran los rumores de su indisciplina. A dia de hoy a muchos de sus compañeros les queda en el aire la sensación que Gomes era una mala influencia, ya que años después fue asesinado en un tiroteo relacionado con el tráfico de drogas. Muchas preguntas quedaron en el aire. ¿Por qué no se tomó un avión para regresar a Rio de Janeiro? ¿Por qué no pidió autorización a Vasco para llegar mas tarde? Las dudas serán tan eternas como su fútbol.

Su muerte dejó a su novia y a sus tres hijos sin sustento. Tras años y años de una lucha judicial que tardó en determinar a qué club le correspondía pagar y a quién debía hacerlo, fue Vasco da Gama quien debió hacerlo ya que no había contratado seguro de vida para el jugador. Tanto Portuguesa como su familia fue indemnizada. Incluso su novia tuvo que proseguir judicialmente la lucha ya que, al no estar casada con Dener, no se le reconocía derecho alguno sobre la indemnización. Tras trece años de insistencia, ella y sus hijos recibieron su parte.

Vasco finalmente saldría campeón del Carioca tras vencer en la fecha final 2 a 0 a Fluminense con un doblete del chico que reemplazaría a Dener, un tal Mario Jardel. Las lágrimas y las dedicatorias no faltaron. El paso del tiempo no hizo que Dener quedase olvidado. Cuenta la historia que, en sus comienzos, Neymar tenía graves actos de indisciplina cuando se frustraba y lo marcaban con rudeza. A Paulo Jamelli, director deportivo del Santos, se le ocurrió que viera videos de grandes jugadores que -además de ser desequilibrantes- supieran defenderse con los brazos y los codos. Fue así como un día lo sentó y le puso un compilado de jugadas de Pelé, Maradona… y Dener. Quizás pueda parecer exagerado, pero si hasta el mismo Diego pudo dar fe cuando en 1994 Vasco fue a Rosario a jugar un amistoso con Newell’s y Pelusa, tras ver como Dener se sacó cinco tipos de encima como conos, en el medio del partido se acercó al banco brasileño y dijo alucinado “che, ¿quien es este negrito? ¿de donde lo sacaron?”.

 

 

Estaba llamado a ser un distinto. Pudo haber jugado un Mundial, quizás dos. O varias Copa América. La desgracia se le cruzó en el camino. Por estos pagos no se lo recuerda mucho como a tantos otros. Pero vale la pena hacerlo.

 

 

 

Anuncios