Los Pecados Capitales y el fútbol: La Lujuria

Arrancamos esta nueva sección donde vamos a analizar cómo nuestro sagrado deporte se ve rodeado por los 7 pecados capitales. Arrancamos por el más divertido de todos, pasen vean y si no quieren nada, tiren codazo.

Si hay algo que rodea al futbolista profesional desde un tiempo a esta parte es la sensación, la cuasi certeza de que el que juega en Primera, es gatero. Y no digo que coma en Rosario, sino que es habitué a las visitas a lugares donde hay chicas… que se desnudan… ganan plata…. donde uno va con amigos a divertirse un rato como bien lo inmortalizara el Bambino Veira. Parece algo ligado a fuego, soldado al ADN del futbolista promedio: Si está en Primera, seguro sale con algún gato.

Este fenómeno está ligado, claramente, al volumen de dinero que se maneja en el ambiente del futbol, que hace que un pibe que hubiera sido rechazado de pleno para entrar en una bailanta con piso de tierra sea recibido como un príncipe en un boliche de Costanera, con el subsiguiente harén de chicas con ganas de conocerlo y de pasar un rato con él las cuales, de no mediar dicha condición de futbolista, lo más probable es que ni siquiera los registren como seres humanos. Ya lo dijo el Turco García “Si no fuera por el fútbol, seguiría virgen” y así hay casos a los ponchazos.

Amor del bueno

Es que, seamos sinceros, ¿cuántos de los que entramos acá, si a los 18, 19 años de golpe y porrazo por tener la habilidad de más o menos saber tocar la bocha de golpe nos cae la modelito que se les ocurra, agarran viaje o no? Es una ley de la vida de que el ser humano está hecho de huesos y de carne y que, como se dice siempre, la carne es débil. El tema es que, como la evidencia empírica lo ha dejado en claro más de una vez, esas relaciones no suelen ser gratuitas. Y traen más de un dolor de cabeza, por más que la chica te dijera que no sufría ninguno cada vez que se metía en la catrera con vos.

Esto dio origen a una especie que describe y encarna en su persona la definición misma de la lujuria: La botinera. En el currículum dirá que es actriz/modelo/bailarina, pero profesionalmente hablando existe un ejército de estas chicas que entrenan su cuerpo, pero principalmente su mente, para hacer de sí misma una inversión a futuro y se depositan, muchas veces a plazo fijo, en los brazos de la estrellita de turno. Porque si encima hablamos de una estrella, no solamente hay dinero de por medio, sino también fama. Y la fama cotiza en bolsa, así que estar con un futbolista siempre suele ser un trampolín para llegar a la tele, al teatro y, quien te dice, un poco más allá.

En el libro “Boquita” de Martín Caparrós hay un párrafo que ilustra lo que venimos hablando. El autor protege la identidad del entrevistado, pero lo que cuenta resulta esclarecedor respecto a lo que le había contado una de estas chicas: “_ Si, me contaban que ellas laburaban en yunta con fotógrafos, con periodistas. Me decía vos sabés, nosotras siempre tenemos que hacer ruido, y cuando vemos que estamos abajo nos peleamos con alguna o tratamos de cazar a algún famoso, así por lo menos salimos, y se habla de nosotras. Y está el boludo del jugador, inocente, que el jugador es lo más bobo que hay en este aspecto y él va, y se cree el langa, y a la mierda…Después sale escrachado y está casado y andá a decirle a tu señora…El día que a ella la agarraron con Román y con el Chelo en la camioneta, que les sacaron fotos, ella llamó al fotógrafo, le dijo “vamos a tal lado”, tal pizzería, esperame ahí y ella ah, sorprendida.  Yo la llamé y le dije “hija de puta, mandaste a tu fotógrafo. Y ella no, lo que pasa es que…Hija de puta, mandaste a tu fotógrafo…”

No está chequeado

La clara prueba de este accionar es el nacimiento de la que hoy representa el emblema de las botineras: Wanda Nara. Esta muchacha sin talento alguno más que los dotes que la naturaleza le dieron, que no le alcanzó para la cara porque todo no se puede, se hizo famosa hace 14 años más o menos, apuntando lo más alto que se podía: Directamente a Diego Armando Maradona. Todo nació en Mar del Plata, en la fiesta que organiza la revista Gente, donde la rubia encaró al Die y sabemos de la debilidad de nuestro mártir por el rubio claro claro ceniza de Koleston. Luis Ventura luego contaría que la chica lo llamó para decirle que estaba en el hotel con el Die y como prueba salió al balcón con un boxer de Maradona. Y cuando iba a pasar a ser una más de las rubias de la vida del Die y se iba a extinguir en el medio, salió lo de que era virgen y que el Die no le había tocado un pelo. Todo lo demás, es historia.

Después cayó Maxi Lopez y cuando ya se había vuelto una mujer de su casa y un ejemplo de madre, vino la Icardiada y ahí sigue, ahora como la manager de su nuevo esposo. Una que apuntó alto y lo logró, de las tantas que hay dando vueltas en el ambiente del futbol. Del mismo libro que cité antes extraigo la declaración del Pepe Basualdo que resulta bastante gráfica respecto al conocimiento que se tiene en el ambiente del accionar de estas chicas: “_ Las minitas ya empiezan a preguntar cuál es el mejor jugador que hay, listo, pum. Apuntan a ese. No sólo las pibitas, las familias de las pibitas empiezan a decirle “Andá a Boca, fijate cuál es el mejor y enganchalo porque nos salvamos. Es así. Y el pibe que viene de una provincia caza la pendejita que se viste un poquito bien, está alzado, y bueno, ya está, meten la pata. Ahora vienen un poquito más avivados, pero antes se casaban con una pibita de dieciséis o diecisiete años, los jugadores tenían dieciocho, la dejaban embarazada y ya está. Por eso a los veintidos se divorcian, cuatro años de convivencia, y obvio, si son nenes de pecho. Ahora se avivaron un poquito y aguantan un poco más, pero bueno…”

Debe ser que como el libro era de Boca hay muchos jugadores que no lo leyeron, porque pasan los años y siguen cayendo en el mismo vicio, en la misma tentación, en el mismo error. Ejemplos hay a montones y en los últimos días se supo lo de la joven promesa de River Exequiel Palacios, que habiendo dado las primeras muestras de una habilidad que lo puede colocar tranquilamente en Europa en un corto tiempo, terminó cayendo en las redes de Sol Perez, otrora Chica del Clima de TyC y ahora buscando su lugar en el medio y qué mejor que apuntar a un chico de River y si tiene novia mejor, que el escándalo suma, como dijimos más arriba. Todo ganancia. Para ella, claro, para el pibe una sobreexposición innecesaria pero parece que inevitable, porque las chicas andan rondando y tienen claro el objetivo.

¿Alguien puede negar que les atrajo su sex appeal?

Porque muchas veces resulta evidente que su profesión, su verdadera vocación no era ni el baile ni el teatro, ni las luces de la tele, basta un pase a Europa para que la chica deje los escándalos, la vida licenciosa, las fotos dejando menos a la imaginación que un sketch de Sin Codificar. Cuántas pasaron de la Paparazzi a la Hola? ¿Cuántas siguieron su carrera después de enganchar, pero bien enganchado a un futbolista? Tenemos el ejemplo de Evangelina Anderson, que pasó de ser una bailarina de Siempre Sábado a una lady europea, o la de Eliana Gercio que dejó de ser vedette en una obra de Corona a ser la vocera oficial de su esposo Sergio Romero, al que defendió más que lo que él mismo hizo por el arco argentino.

Ojo que muchas veces no les sale igual, sino pongamos como ejemplo de una mala inversión al Ogro Fabbiani, donde primero la que puso acciones fue Amalia Granata (con una hija de por medio) y después Victoria Vanucci, ésta con una suerte diferente a su predecesora, dado que si bien no pudo tener un hijo con el jugador, su paso siguiente fue mucho mejor dado y ahora es la señora de Garfunkel y no sabe qué hacer con la torta que tiene. Otra que no supo elegir bien fue Cinthia Fernandez, quien se hiciera conocida primero como Abbey Diaz y después con su nombre real. Cuando empezó su relación con Matías Defederico el delantero era una de las figuras del Huracán de Cappa y parecía que tenía un futuro sin techo. Casamiento y trillizas fue el fruto de dicha relación, pero una serie de decisiones desafortunadas sobre los clubes que fue eligiendo el jugador llevaron a una ruptura de la relación y a Cintia con la sensación de haber apostado por los patacones. A veces, no sale.

No hay caso, la lujuria y el fútbol parecen ir de la mano y retroalimentarse, formando parte de una maquinaria que ensucia y bastante al futbol. Eso no quiere decir que solamente con una relación estable un futbolista puede alcanzar su potencial, se puede putanear y romperla tranquilamente, ¿no señor?. Pero lo cierto es que los romances duraderos y las relaciones formales parecen un rara avis en el ambiente. Tal es así que se cuenta casi como excepción cuando algún futbolista tiene una relación estable con una mujer que no es “del medio” o si logró mantener el romance que arrancó allá lejos y hace tiempo cuando salía de madrugada para el entrenamiento con la Octava y la vecina lo acompañaba hasta la parada. Y a veces, a la del colectivo. Pero bueno, salir con la misma piba desde adolescentes tampoco te asegura salir campeón del mundo.

Y es algo que se da a nivel global, porque es raro ver a un futbolista en el mundo rodeado de una chica que no encuadre dentro de los standards de belleza más altos, por más que él a duras penas llegue al 4. Las tentaciones siempre están rondando y se alimentan de la necesidad, de la fama y de las inseguridades de los jugadores que parecen precisarlas como al agua y caen, sistemáticamente, ante la misma piedra, a pesar de conocer las consecuencias.  No hay caso, contra la lujuria parece que no se puede…

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