Television vs hinchas

En consonancia con los dichos del presidente del Atlético de Madrid, el fútbol es cada vez mas un negocio y cada vez menos un sentimiento. But who’s buying?

Febo asoma, mas los rayos catódicos ya no alumbraran el histórico Calcio italiano que se viene. En una de las ya tantas insólitas decisiones que escapan a la voluntad de los que religiosamente pagamos 40 dólares para mantener la señal de cable, no se podrán ver los partidos del futbol tano en la república Argentina ya que la nefasta señal Fox no consiguió los derechos mientras que la empobrecida ESPN solo los consiguió para Estados Unidos. Es decir que salvo subiéndose a la ola de la gloriosa Giostra del gol de la RAI o consiguiendo links como este u este otro, no podrás ver un torneo que pintaba para levantar el nivel con un Milan renovado, un Nápoli revolucionado, un Inter recargado y una Cristiano Ronaldo FC Juventus dispuesta a quedarse con la Champions.

A esto se le suma la escasa cantidad de partidos que se televisan de la Premier League (de hecho ESPN aprovechará durante todo el año para rellenar con los partidos del Leeds United, cosa que saludamos desde aquí ya que el Championship es un torneazo) que con el tiempo han sido reemplazados por la insípida Ligue 1 o hasta por peleas de UFC (!).

En el plano local, el panorama es aún peor: pasan los años pero el campeonato de primera división se pauperiza aún mas, mientras que el ascenso muere lentamente entre la desorganización planificada y la ausencia de hinchadas visitantes, que van quitandole la pasión a los partidos. Esa misma pasión ausente en los partidos de Copa Argentina debido a la clara inclinación a jugar los partidos en sedes cercanas al equipo con mayor convocatoria. Para peor, verlo por televisión no ayuda. Las transmisiones se quedan cada vez mas atrasadas debido a la evidente falta de inversión, sumado al pobrísimo nivel de los periodistas, redondeando un cóctel desagradable.

Los resultados están a la vista: la insólita decisión de cobrar 10 dólares extra para ver los partidos redujo la audiencia en un 90%, lo cual dificultó que varios equipos grandes pudieran conseguir sponsor en su camiseta (!) y que las regalías por dichos espacios sean menores. De hecho, gran cantidad de los que aún miran los partidos se inclinan solo a ver los partidos de su propio equipo. Pero mas irrisorio aún es que un servicio que ofrece una amplia comodidad de contratación -el servicio se puede dar de alta hasta incluso por sms- no ofrezca una plataforma en streaming acorde para ver los partidos en otro dispositivo que no sea el televisor, en un mundo que ya se está volcando hacia eso: tanto la Champions League como la Copa Libertadores empezarán a ser transmitidas por facebook, mientras que el mundial de Rusia tuvo números impactantes de personas que lo vieron a través de su celular.

Inmediatamente surge la pregunta entonces: ¿a quien le sirve este modelo de negocios? Hay un millón y medio de abonados a un altísimo costo (un poquito mas de 40 dólares mensuales), pero el espectáculo sigue siendo el mismo que en la década anterior (en realidad es cada vez peor porque los buenos jugadores emigran cada vez mas jóvenes). Hay partidos a toda hora, pero solo unos pocos generan interés para tener una alta audiencia tanto televisiva como presencial. Hay partidos a las 11 de la mañana, pero se superponen con los de ligas europeas que ya tienen un nivel de instalación muy fuerte tanto en cuanto a derechos televisivos como en internet. Hay una alta competitividad y una gran pasión, pero cada vez se agiganta la brecha entre unos equipos y otros y la gente se va alejando de las canchas, ya sea por el precio o por el pobre espectáculo. No parece ser un modelo de negocio muy perdurable en el tiempo. Las ligas a las que se pretende copiar empezaron por el camino inverso: a traves de haber logrado en primer lugar un futbol mas atractivo, comenzaron a venderse primero en su pais de origen y luego en el resto del mundo.

Un modelo de negocios puramente cortoplacista y extractivo puede dar réditos inmediatos, pero si estos se diluyen entre la inflación y el desinterés, la gallina de los huevos de oro terminará tomandose el buque y enfilando hacia otros destinos.

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