Grandes goleadores argentinos: Ángel Amadeo Labruna (Parte I)

Hoy en la sección nos ocupamos de un eterno símbolo riverplatense: (muy) ganador como jugador pero también como entrenador, el “Feo” está en la historia grande por ser nada menos que el máximo goleador criollo en torneos locales.

Ángel Amadeo Labruna nació el 28 de septiembre de 1918 en la Ciudad de Buenos Aires, en el seno de una familia de clase media. Su infancia transcurrió en el barrio de Palermo y cabe destacar que esa circunstancia marcaría a fuego su amor eterno con el Club Atlético River Plate. En tiempos donde el estadio del club estaba ubicado aún en la esquina de las calles Alvear y Tagle -previo a la mudanza del año ´37- el joven Angelito iba más de una vez por día desde la relojería de su padre (ubicada en la zona de la Avenida Las Heras) hasta River… aunque no para jugar al fútbol justamente.

Es que de pibe, la gran pasión de Labruna -además del turf, algo que lo seguiría de por vida- era el básquet y no el deporte con el que supo lograr fama, prestigio y dinero. Sin embargo, tenía también talento para el fútbol y llegado el momento de tener que elegir entre ambos deportes, se terminó decantando por la Nº 5 y así, a comienzos de la década del ´30, hizo su ingreso a las inferiores riverplatenses.

River Plate (I): los comienzos

El gran estreno de Ángel Labruna como jugador profesional tuvo lugar el 18 de junio de 1939, cuando contaba con 20 años de edad. Esa tarde el pibe debió reemplazar nada menos que a José Manuel Moreno -uno de los mayores talentos en la historia del fútbol local- en lo que fue derrota 0-1 en La Plata ante Estudiantes, en el marco de la fecha 14. Tras ese bautismo no del todo auspicioso, el joven atacante debería esperar casi 4 meses para volver a jugar (recordemos que hasta la década del ´60 no hubo jugadores de campo suplentes en el fútbol argentino) pero la espera valdría la pena: el 15 de octubre, por la 26º jornada nuevamente el “Charro” no pudo estar presente por una sanción interna, y así Angelito tuvo la chance de estar en el once inicial en el 4-2 logrado ante Atlanta en su pequeño reducto de Villa Crespo.

“El Feo” en 1939

Pero no sólo se trató de su vuelta al primer equipo, sino que en lo que fue el segundo partido de su campaña, logró marcar el primer gol de las casi 3 centenas que logaría por torneos argentinos en los siguientes 20 años. Fue a los 40 minutos del complemento -de cabeza- y sirvió para liquidar el pleito a favor del elenco visitante. De allí hasta el final del certamen Labruna pudo jugar en todos los partidos de River, cerrando su campaña debut con 11 presencias y 7 goles… lo cual no estaba nada mal para un novato. De esa racha con la que cerró el torneo de 1939, pueden destacarse sus primeros goles en el “Monumental” (logrados en la fecha 29 ante Platense) así como también el primero de los muchísimos goles que le marcaría nada menos que a Boca Juniors: fue en la jornada siguiente, cuando el CARP venció 2-1 al “Xeneize” que hizo de local en la vieja cancha de San Lorenzo (N.deP.: recordemos que se estaba construyendo la actual “Bombonera”) la mañana del domingo 5 de noviembre; esa fue la primera vez que un encuentro del profesionalismo argentino se jugó en horario matutino, debido a que a la tarde en el “Gasómetro” se enfrentaron el dueño de casa e Independiente.

Para 1940 Labruna demostraría que lo del año inicial no había sido casualidad, toda vez que en ese certamen jugó casi todos los partidos de su equipo (26) y anotó la nada despreciable suma de 14 goles. Sin embargo, a nivel colectivo no fue un buen año para los de Nuñez atento a que el campeón fue Boca, club que no ganaba el título desde el año ´35. Hablando del CABJ, cabe destacar que el 17 de noviembre Ángel fue el autor del gol local en el 1-1 registrado en el clásico jugado en Nuñez, marcando así el primero de los muchos goles que le haría al eterno rival en el que era el patio de su casa.

River Plate (II): las primeras vueltas olímpicas

Sin embargo, la tercera sería la vencida para Labruna, quien en 1941 -su tercer año como profesional- pudo darse el enorme gusto de salir campeón argentino vistiendo los colores que tanto amaba.

Luego de una breve sequía de 3 años, el equipo dirigido por Renato Cesarini fue superior a todos y dio la vuelta olímpica, en un torneo en el que Ángel jugó 28 partidos y marcó 11 goles. Cabe acotar que uno de esos tantos, tal vez el más disfrutado por él, fue el primero del 5-1 que el “Millonario” le endosó a Boca en el clásico jugado en Nuñez, en lo que era la mayor goleada en la historia del clásico hasta allí y además, primera victoria local en el estadio inaugurado en el año ´37 sobre la avenida Figueroa Alcorta.

Mejor aún fue la historia para el delantero en el torneo de 1942, no sólo porque River repitió la consagración, y encima dio la vuelta tras un 2-2 logrado en La Boca a falta de un par de fechas, sino porque jugó la misma cantidad de partidos que el año anterior pero logró llegar a los 15 tantos convertidos, un par de ellos en el 4-0 logrado ante el CABJ en Nuñez. A esa altura, con apenas 4 temporadas como jugador profesional y 47 goles en su haber, sin duda Labruna se había transformado en uno de los principales artilleros del competitivo fútbol nacional.

Ese del ´42 fue el primer torneo que ganó la delantera que pasó a la historia como “La Máquina”, aunque los 5 atacantes que la integraban hayan jugado juntos en muchas menos ocasiones de lo que la gente cree. Además de los ya nombrados Labruna y Moreno, conformaban ese quinteto de excepción Adolfo Pedernera, Juan Carlos Muñoz y Félix Loustau, un wing izquierdo surgido de las inferiores que en ese campeonato hizo su debut. Era tal la superioridad de estos muchachos a la hora de vulnerar las defensas rivales, que muchas veces metían los goles cuando faltaba poco tiempo para el pitazo final: de ahí que también la historia los recuerde con el apodo de “Los caballeros de la angustia”.

La famosa “Máquina”: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau

Luego de ese par de vueltas olímpicas y pese a que la producción del delantero lejos estuvo de bajar (logró 23 goles en igual cantidad de encuentros en 1943 y 25 tantos en 30 partidos en 1944), el equipo no pudo coronarse en los siguientes torneos, con el agravante de que el dueño del fútbol argentino en ese tiempo fue Boca. Sin embargo, es dable señalar que en el certamen del ´43 Angelito no sólo se convirtió en máximo goleador argentino por primera vez en su carrera -distinción compartida con Raúl Frutos de Platense y Luis Arrieta de Lanús-, sino que además siguió agrandando su historial personal ante la camiseta azul y oro, metiendo 2 de los goles de su cuadro en la victoria 3-1 del 16 de mayo; de esta forma, en apenas 5 torneos el tipo ya les había metido 7 goles y se había ganado en buena ley el mote de verdugo “Xeneize”… sin embargo, luego de ese clásico, deberían pasar 4 largos años para que volviera a vacunar al club de la ribera.

River Plate (III):  el  final de “La Máquina”

Tras soportar ese par de festejos del eterno rival, en el lapso comprendido entre 1945 y 1947 River logró 2 de los 3 campeonatos ligueros que organizó la AFA, con excepción del conseguido por San Lorenzo en el ´46. En el torneo del ´45, ese en el que un tal Amadeo Carrizo debutó como compañero suyo, Labruna jugó 29 de los 30 encuentros del año, aportando 25 goles que fueron fundamentales para el sexto título en la historia riverplatense. Ese fue el último torneo que ganó el CARP contando con todos los integrantes de “La Máquina” en su plantel.

Fue en este campeonato de 1945 en que las dos decenas y media de goles conquistados, le bastaron a Labruna para volver a ser el goleador del certamen nacional, tal como había ocurrido un par de años antes, aunque ahora lo pudo hacer sin compartir la cima de la tabla con nadie. Fue la segunda y sería la última vez en que lograra tal distinción, algo llamativo teniendo en cuenta que se trata de un tipo que convirtió casi 300 tantos, aunque a su favor, hay que decir que eso habla de la regularidad que mantuvo a través de una carrera por demás extensa.

Luego del certamen ganado por el CASLA (con el protagonista de esta historia disputando 27 encuentros y logrando 15 tantos), River volvió por sus fueros y en el campeonato del ´47 -ya sin un Pedernera que se había ido a fracasar jugar en Atlanta- volvió a gritar campeón, con 16 goles de Ángel en 18 partidos jugados, casi 1 de promedio tuvo el tipo en esa ocasión; además, luego de una larga sequía de 4 años, volvió a marcar ante el eterno rival: metió un gol en el 2-1 local registrado ese año en el “Monumental”… más completa la alegría para él, imposible.

Ya cerrando la década del ´40, el delantero mostró toda su vigencia y en el torneo de 1948 (ganado por Independiente, luego de lo que fue la primera huelga del profesionalismo) señaló 16 goles en 22 partidos jugados, mientras que en el de 1949 (cuando Racing logró desvirgarse) disputó varios cotejos más (32) y alcanzó los 18 tantos convertidos. En esta parte de la historia, es dable señalar que el 1º de agosto del ´48 Labruna logró marcar su primer gol en la “Bombonera” -que había sido inaugurada 8 años antes-, el cual encima sirvió para colaborar con el primer triunfo “Millonario” en el nuevo estadio de Brandsen 805; y además, que al año siguiente en el clásico disputado en Nuñez por la primera rueda, fue el autor del 1-0 con el que River obtuvo su mayor alegría en un año que su eterno rival peleó hasta el final por no descender.

Hombre supersticioso al extremo, Ángel tuvo una serie de cábalas que se hicieron famosas con el paso de los años, como aquella de evitar pisar la raya de cal al ingresar a la cancha y luego seguir con un trote canchero hasta el área y mandar la pelota al fondo de la red con un sobrador remate de rastrón; esto se lo había aconsejado Cesarini en épocas de sequía goleadora, y significaba el preanuncio de los goles que iban a venir en el partido. Ese simple juego, muchas veces despertaba la euforia de sus hinchas y la furia de los simpatizantes rivales.

River Plate (IV):  la gloriosa década del ´50

Al iniciarse la década del ´50, muchos se preguntaban hasta dónde iba a mantenerse la capacidad goleadora de un tipo que ya tenía 31 años de edad. Y si bien en esta etapa sus números individuales iban a tener -lógicamente- una merma, lo real y concreto es que en el lapso comprendido entre 1950 y 1959 River se quedó con 5 de los 10 campeonatos disputados, con un aporte goleador nada despreciable de parte del experimentado Labruna.

Tras la doble coronación de Racing en 1950 y 1951, años en los que el atacante siguió con la sana costumbre de gritar ante el eterno rival (hizo un gol en el triunfo 2-1 en La Boca en el ´50 y el único gol del 1-0 registrado en Nuñez al año siguiente), dirigido por José María Minella el “Millonario” se alzó con los certámenes de 1952 y 1953, con un gran rendimiento de Angelito: 11 goles en 22 partidos en el ´52, y 16 tantos en 28 encuentros en el ´53, como para despejar cualquier atisbo de duda sobre sus condiciones y transformarse en el símbolo de un nuevo CARP.

Luego de un 1954 en el que Boca quebró una larga sequía de 10 años sin títulos (en este torneo el “Feo” anotó 8 goles en 22 cotejos) y en el que nuevamente Labruna anotó un par de goles ante el equipo que se coronaría campeón -fue en el 3-0 local jugado en el “Monumental”- en 1955 comenzó una de las mejores etapas para el club de Nuñez, habida cuenta que allí nacería el primer tricampeonato de su historia. Siempre bajo la batuta de “Pepe” Minella, el equipo de la banda roja se convirtió en amplio dominador de la escena local, consiguiendo los que serían los últimos 3 títulos en la prolongada campaña del protagonista de este post.

En el ´55, torneo en que River dejó muy lejos a su escolta Racing -le sacó 7 puntos-, Labruna jugó 25 partidos y anotó 10 goles. En el ´56, con la férrea oposición del sorprendente Lanús, los de Nuñez volvieron a coronarse y el aporte del “9” fue de 9 tantos en 22 encuentros disputados. Y ya en el ´57, otra vez con suma holgura (el CASLA subcampeón terminó a 8 unidades) los de Minella se coronaron de la mano de un Ángel que pese a sus 39 años de edad, mejoró su buena producción de los años anteriores: señaló 13 goles en los 29 partidos que disputó.

Con Enrique Omar Sivori

Ese equipo de River pasó a la historia como “La Maquinita”. Porque no sólo se destacaba el veterano Labruna en la delantera, sino que estaba acompañado de tipos muy talentosos como el uruguayo Walter Gómez, Roberto Zárate y Norberto Menéndez… y a eso, se le sumaba el aporte de un pibito llamado Enrique Omar Sivori, quien entre su debut en 1954 y su venta a Italia en 1957 la rompió toda, para luego emprender una carrera excepcional en el fútbol italiano.

Cabe agregar que en ese período del tricampeonato, llegaron los últimos 2 goles del “Feo” en su vasto historial ante Boca: el último en la “Bombonera” lo marcó el 8 de diciembre de 1955, cuando su equipo venció 2-1 al dueño de casa y se dio el enorme gusto de dar allí la vuelta olímpica, tal como había sucedido a fines del ´42; y el 22 de abril de 1956 marcó por última vez en un  clásico jugado en Nuñez, anotando uno de los goles con que el “Millonario” se quedó con el clásico por el mismo marcador. De esta manera, la cifra llegó a 16 goles oficiales, por lo que aún a más de 55 años de su retiro, Labruna sigue siendo el máximo goleador en la historia del superclásico nacional.

Y luego de esa última conquista de 1957, llegaría a Nuñez una noche que pareció eterna. Deberían pasar largos 18 años cargados de frustraciones para que el CARP volviera a dar una vuelta olímpica, en un lapso en el que sumó varios subcampeonatos, algunos más increíbles que otros. Y el Labruna jugador fue parte de los 2 primeros años de esa negra etapa de la historia riverplatense: en 1958 metió los últimos 9 goles de su campaña (en 19 partidos jugados) y en el torneo de 1959, ese en el que sumó la tercera y última expulsión de su carrera, disputó 12 encuentros sin poder anotar goles… siendo este el único de sus 21 campeonatos en que no pudo marcar siquiera un tanto.

Sus últimos goles con la camiseta que tanto quiso los metió el 12 de noviembre del ´58, cuando por la fecha 22 River vapuleó 5-1 en Nuñez a Rosario Central; esa tarde Ángel marcó el primero, el segundo y el quinto tanto del equipo que todavía dirigía Minella. Mientras que la última vez que se puso la banda roja en el pecho fue exactamente 11 meses más tarde, pero en circunstancias diametralmente opuestas: el 12 de octubre del ´59 el “Millonario” llegó hasta Boedo, donde fue cacheteado 3-0 por un San Lorenzo que poco después se coronaría campeón.

Ya con Minella fuera del cargo tras 12 años ocupando el mismo, la renovación en el CARP no alcanzó solamente al entrenador. En la Navidad de 1959, y en medio de aquel proceso que los presidentes de River (Antonio V. Liberti) y Boca (Alberto J. Armando) dieron en llamar “fútbol espectáculo” -que consistió básicamente en llenar a sus equipos de jugadores extranjeros- al “Feo” le comunicaron que su ciclo en Nuñez -ese que parecía eterno- había llegado a su fin. Si quería seguir jugando se iba a tener que buscar otro club.

Sin resignarse a tener que abandonar el fútbol porque otros se lo decían, Labruna agarró los botines y emprendió nuevos rumbos. Tal vez, luego de 20 años jugando con la misma camiseta lo mejor hubiera sido retirarse allí mismo y ser un one-club-men, pero él sentía que aún tenía cosas para aportar dentro de un campo de juego y por eso cruzó la Cordillera de Los Andes.

Chile y Uruguay: el exilio en el ocaso

A comienzos de 1960 y con 41 años de edad, un veteranísimo Labruna fue presentado en el Rangers, modesto conjunto de la ciudad chilena de Talca. Allí el argentino llegó junto con su compatriota Vicente Cantatore -ex jugador de San Lorenzo y Tigre que años más tarde se nacionalizaría trasandino y tendría destacada carrera como entrenador-, alcanzando a jugar 5 partidos oficiales y marcando un gol.

El Rangers terminaría en el puesto 11 entre 14 competidores en aquel torneo de la Primera División, pero Angelito se fue antes de terminar el torneo. ¿Qué fue lo que pasó? Afectado por el gran terremoto del 22 de mayo (N.deP.: que dejó 2.000 muertos y 2.000.000 de damnificados) rescindió el contrato y agarró sus valijas, profundamente impresionado por la experiencia que acababa de vivir.

En Uruguay

Sin embargo, el “Feo” sentía que le quedaba algo de hilo en el carretel. Así fue que en junio firmó para Rampla Juniors, el humilde equipo de Montevideo que tiene su estadio al borde del Río de la Plata. En el torneo uruguayo de 1960, se dio el gusto de jugar con Oscar Míguez -uno de los héroes del “Maracanazo” del ´50- y anotó 3 goles en los 16 encuentros que disputó.

“Era como un sueño ver a Labruna con la camiseta de Rampla. Era un tipo al que reconocíamos por su enorme historia. Y además verlo junto a Míguez era algo increíble”. Ese testimonio pertenece a Rubén “Lele” Cabrera, un ex-presidente del club que varias décadas más tarde del paso del argentino, recordó lo que significó en ese momento para los hinchas del club ver a una gloria del fútbol rioplatense vistiendo la camiseta rojiverde, que terminó el torneo ubicado en el 7º puesto entre 10 participantes, logrando así el objetivo de zafar del descenso.

Platense: la última estación

Sin embargo, el último club en la carrera de Labruna no iba a ser uno del exterior, sino uno que estaba cerca, demasiado cerca quizás de su amado “Millonario”… su nuevo destino fue Platense, la institución que hacia 1961 aún tenía su cancha en el porteño barrio de Saavedra.

Cabe señalar que el “Calamar” no jugaba en la elite del fútbol nacional para ese entonces: el cuadro de camiseta blanca y marrón se había ido a la Primera “B” a fines de 1955 y pese a reiterados intentos, no había podido lograr el ascenso en los años subsiguientes. Sin embargo, el torneo del ´61 no sería la excepción y Platense debió ver como Quilmes, con 45 unidades se llevaba el título y el único ascenso en juego. Los subcampeones -a solamente un punto- fueron Banfield y Nueva Chicago, mientras que el CAP cerró una destacada campaña con 41 puntos.

Con el Calamar

Lo más llamativo del caso, es que en realidad Angelito llegó al club para ser entrenador, no para desempeñarse como futbolista… pero en un par de ocasiones y ante la falta de jugadores, se involucró al punto de volver a ponerse los pantalones cortos.  Sus últimos 2 encuentros  vestido como jugador, fueron los de las fechas 19 y 20 de aquel campeonato, sin poder marcar gol alguno: el 19 de agosto su equipo empató 1-1 como local ante Tigre, mientras que una semana más tarde, cayó 1-2 en Rosario ante Central Córdoba.

Luego de ello volvió a retomar sus funciones de entrenador full-time, llegando a ese  destacado 4º puesto que se citaba previamente. Ya en el torneo del ´62, un nefasto arranque con 3 derrotas al hilo (una de ellas un 0-6 en casa justamente ante los rosarinos) determinó su salida del “Calamar” y un parate de casi un lustro en su actividad como DT.

(Espere Parte II a la tarde…)

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